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CAPITULO II.

SUNIARIO.

El papa Pablo IV.-Rigores de la Inquisicion en tiempo de este Papa.- Tumul.

tos en Roma á la muerte de Pablo IV.-El pueblo prende fuego al palaciode la Inquisicion y arrastia la efigie del l'apa.-Juan Paleólogo, quemado en Roma.- Votines en Mántua.-Nuevos rigores de la inquisicion de Roma.La inquisicion de Venecia.

I.

El cardenal Caraila fué elegido papa en 23 de mayo de 1550, lomando el nombre de Pablo IV, y como era de esperar, los rigores de la inquisicion de Roma crecieron al llegar al poder el que habia sido su institulor y padre amoroso.

Una serie de persecuciones y suplicios señalaron el pontificado de Pablo IV, y su tiranía llegó á ser tan insoportable, que exasperó al pueblo y fué causa de diversos motines.

Por último, a la muerte de este Papa, ocurrida en 19 de agosto de 1559, la revolucion estalló formidable en Roma. El pueblo hizo pedazos las estátuas de Pablo, arrastrándolas por las calles duranle muchos dias y arrojándolas despues al Tiber, y para evitar que el cadáver del pontifice corriera la misma suerte, fué necesario enterrarlo sin ninguna ceremonia.

Uno de los primeros actos del pueblo romano el mismo dia de la

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muerte de Pablo IV, fué acudir al palacio de la Inquisicion, derribar las puertas, sacar los presos de que estaban llenos los calabozos y pegar fuego al edificio, con todos los libros y papeles que encerraba.

Las tropas que acudieron á Roma pudieron impedir que quemaran asimismo el convento de los dominicos, cuyos frailes ejercian el cargo de inquisidores.

II.

Una de las víctimas de la inquisicion de Roma, libertada por el pueblo a la muerte del papa Pablo IV, fué el célebre Juan Paleólogo, beresiarca griego, nacido en la isla de Scío en 1520.

Juan Paleólogo habia ido á Italia á estudiar teología, y babiendo tenido trato frecuente con los principales protestantes de la época, concluyó por adoptar las opiniones de Lutero, y las predicó publicamente.

Escapado, como hemos dicho, de la inquisicion de Roma, refugióse en Alemania, sucediendo a Juan Sommer, como rector del gimnasio de Chausemburgo, poniéndose en contradiccion por sus doctrinas, con católicos, luteranos y socinianos. Fausto Socin escribió para refutarle un largo tratado, que se halla á la cabeza de sus obras. ΕΙ papa Pio V hizo vanas dilijencias para prenderle; pero lo

que este papa no pudo lograr, lo consiguió Gregorio XIII.

Paleólogo fué conducido á Roma y condenado por la Inquisicion á ser quemado vivo, cuya sentencia sc ejecutó el 22 de marzo de 1585, delante de la Minerva.

III.

En 1568, Mantua sué teatro de una conmocion popular semejanle á la de Roma, excitada por los rigores del sanguinario tribunal. Por un momento hubiérase creido que la Inquisicion habia dejado de existir en Italia; pero el pueblo, que olvida pronto, dejó forjar de nuevo las odiosas cadenas que en su cólera habia roto.

Algun tiempo despues del incendio del palacio del Santo Oficio de

Roma, la Inquisicion de aquella ciudad alzaba de nuevo su asquerosa frente, y se entregaba á horribles y crueles venganzas.

Grande fué el número de los que perecieron en los calabozos de la Inquisicion romana ó fueron entregados a las llamas, é innumerables los condenados á tormento ó penitencia por la mas leve sospecha. Entre ellos citaremos al célebre filósofo Jordano Bruno, quemado en Roma; Marco Antonio Dominis, arzobispo de Spalatro, uno de los hombres mas sabios de su siglo, envenenado en los calabozos de la Inquisicion, y el gran Galileo Galilei, atormentado y condenado á retractarse de sus opiniones astronómicas. A estas ilustres víctimas dedicarémos capitulos especiales en el libro de los Filósofos.

IV.

Demos ahora una breve noticia de la inquisicion de Venecia, para ocuparnos despues del famoso veneciano Fra Paolo, otra de las víctimas ilustres de la inquisicion de Roma, que por las extraordinarias circunstancias de su vida, y los importantes sucesos en que tuvo parte merece que le dediquemos algunos capítulos de esta historia.

Las luchas que la república de Venecia venia sosteniendo desde muy antiguo contra el predominio en sus Estados del poder de los papas, contribuyó mucho á modificar el rigor de las instituciones inquisitoriales, que no por eso dejaron de establecerse en aquella república. Siempre que Roma adoptaba una nueva medida, el Senado la acojía con circunspeccion, y ante todo trataba de penetrar el secreto pensamiento que habia en el fondo de aquellas bulas, en la persuasion de que todos los actos del Vaticano llevaban siempre un objeto opuesto á los intereses de los estados seculares.

Así sucedia que, cuando el Papa lanzaba una bula comun á muchos príncipes, los venecianos eran siempre los últimos en recibirla: querian de esta manera tener el tiempo necesrrio para

descubrir las miras y fines de la corte pontificia. Empleaba el Senado tantas precauciones en esta materia, que nunca pudo ser sorprendido.

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