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Fernando de Rojas! ¡Qué espontaneidad tan amorosa 'en Fr. Luis de Granada el pollico que nace luego se pone debajo de las alas de la gallina... y lo mismo hace el corderico; en Men doza las mañanicas del verano á refrescar y almorzar; en Santa Teresa al primer airecico de persecucion se pierden estas florecicas; en Guevara lo demas

que

callandico me pedisles en la oreja etc.; en Avila cuando aconseja conservar esta centellica del celestial fuego; en Lope para quien la constelacion de S. Telmo era una estrellica como un diamante! (81) ¡Qué disíciles son de enmendar aquellas tajadicas subtiles de carne de membrillo con que se atendia a la voracidad plebeya de Sancho el Gobernador, aquellos zapaticos para sus hijos que echaba de menos su muger, y, entre muchos pasajes de la GITANILLA DE MADRID, aquel «Preciosica, canta el romance que aqui va porque es muy bueno»! y ¡cuán superior es en la misma novela aquel cabo de romance (82) «Gitanica que de hermosa te pueden dar parabienes» sobre el que le sigue «Hermosila, hermosila, la de las manos de plata!» ¡Qué tono de familiaridad en aquella carta de Caballero de la Tenaza «Ahora es, y aun no acabo de santiguarme de la nota del billetico de esta mañana!" (83)

(81) En un ligero Estudio que el autor de esta Memoria consagró no ha mucho à los diminutivos y sobre todo al terminado en ico, citó, ademas de estas autoridades, á Lúna, Timoneda, Jáuregui, Quevedo, Calderon, Moreto, Iglesias y Miñano, pudiendo ofrecerse otras muchas sin mas dificultad que la de abrir nuestros clásicos.

(82) Romance se llama alli (y romance debe llamarse) aquella agradable composicion de Cervantes, por mas que se halle escrita eo redondillas. En efecto, ademas de su ligereza y de su aire cantable y popular, que es lo que constituye su fondo, de donde toma nombre, no hay sino abrir el Romancero español en donde se verán, junto al monorrimo característico del romance, la redondilla, la quintilla, el pie quebrado y otras combinaciones métricas

(83) Eo el P. Isla es muy frecuente ese diminutivo y pudieran citarse de él muchos pasajes sin salir de sus famosas Cartas de Juan de la Encina,

Y viniendo todavía más á nuestros tiempos, cuando la lengua y la poesia tocaban el último grado de la perfeccion, el principio ya de su inminente decadencia, léanse nuestros grandes poetas dramáticos y líricos, y veremos que, cuando el asunto les consiente cierta familiaridad, prefieren el ico para denotarla mas fielmente, como en los versos de Calderon

La ropilla ancha de espaldas,
derribadica de hombros,
y redondica de falda;

como en Moreto, en quien todavia resulta mas terminantemente nuestro aserto cuando entre sus personajes de TramPA ADELANTE pone á Jusepico y Manuelico

pages,

á la manera de Quevedo que llama Pablicos al héroe de su novela el Buscon (84).

Tan admitido era entre los mas serios escrilores aquel diminutivo, que en el testamento (verdadero ó falso) del Brocense, el cual inserta é impugna con sn exquisito natural buen juicio el Sr. Marqués de Morante en la escelente vida de aquel humanista publicada como apéndice al tomo V de su Catálogo, hay una cláusula que dice «Item, Mando á Antonila mi nieta el mi lignum crucis con su cristalico y

las seis esmeraldas de que está cercado»; y, lo que es mas reparable, Covarrubias, cuyo lenguage didáctico parece que habia de escluir lodo diminutivo, dice al esplicar (bien ridículamente por cierto) la etimologia del gavilan «củasi cavilan por la astucia y sutileza con que hace presa en las avecicas,» cuya frase le copia y prohija la Academia en la primera y mas completa impresion de su Diccionario (85).

como el «casico curioso de aquella dama púdicas que no consiente la última edicion de la Academia.

(84). Algunos personajes han pasado a la historia con ese diminutivo de su nombre como Artalico de Alagon á quien dan á conocer de ese modo Zurita, Blancas, Carbonell y otros autores.

Y para que se vea con otro género de prueba la importancia que tuvo ese diminutivo, obsérvese que hay palabras de que no ha quedado, segun la Academia, sino el diminutivo en ico, por ejemplo bolsıco, calecicu, doselico, farandulica, sonelico, fuellecico y zamarrico, á las cuales pueden añadirse las locuciones y refranes veranico de S. Martin, mañanicas de abril buenas son de dormir, Romero ahilo saca zatico etc.: hay algunas que no admiten otro que él, como Perico, borrico, gemidicos y lloramicos; otras que han venido à determinar una nueva significacion perdiendo absolutamente la diminutiva, como acerico, pellico , velico , villancico, farolico, (en sentido de yerba), frarlecico (en el doble de ave y pieza del torno de la seda), besicos de monja (en el de planta), palmadica (en el de baile), y tal vez espacico sinónimo de aciago en los antiguos escritores.

La segunda ventaja que abona el uso del diminutivo en co es su particular significacion, pues aunque parecen sinónimos los en ico, illo é ilo, que la Academia agrupa concediendo la eleccion al buen gusto del escritor, es lo cierto que el diminutivo aragones (permítasenos esta frase) tiene dos diferencias con aquellos otros, una que podemos llamar gramatical y otra moral, una que se resuelve como todas

(85) Tɔdavía en la última (1852) se ve usado, aunque escasamente, el diminutivo de que hablamos; nosotros lo hemos sorprendido en la definicion de la palabra poro que es «Ag ejerico ó hueco que deja la naturaleza entre las partes de cualquier cuerpo etc.» y en la de pierna que ven el arte de escribir se llama el palico que va hacia abajo y compone algunas letras como en la mi y la n.»

as cuestiones de sinónimos, otra que tiene relacion con el carácter del pais en que principalmente se conserva generalizado aquel diminutivo. La diferencia gramatical, á la verdad no muy marcada desde que la supresion del diminutivo en ico ha refundido en los otros su verdadero significado, consiste en que la terminacion en illo tiende visiblemente al desprecio, al achicamiento voluntario de un objeto, por ejemplo, chiquillo, capitancıllo; la en ilo tiene algunas veces carácter depresivo y no pocas denota cierta repugnante hipocresia, como se observa por ejemplo en las frases ¡liene una risita! ¡mosquita muerla!; la en ico demuestra cariño ó predileccion, siendo á lo menos un aditamento inofensivo, como nos lo declara prácticamente el ejemplo que llevamos citado de la CELESTINA, en el cual se vé que prepondera aquella espresiva terminacion para la alabanza, angelico, perlca, simplecica, gestico, y se reservan otras para lo que puede indicar detraccion, como nezuelo, loquito y lobilos. En cuanto á la diferencia moral, estriba en que el diminutivo en ico representa el lenguaje de la familiaridad, de la conversacion, de la intimidad, y por decirlo asi, de la buena fé, fuera del cual apunta en cierta manera el estudio, el disimulo, la desconfianza , la reserva, la falta de espontaneidad.

Hemos espuesto, sucintamente algunas veces, y otras con mayor difusion, los caractéres esenciales del idioma aragonés, mal apreciado en general, tan poco estudiado aun por los mismos aragoneses, pero tan digno de un examen Lodavía mas lato

que

el
que

le hemos consagrado. Las fuentes de donde procede, que son las mas puras; la respetuosa conservacion de voces latinas, y sobre todo de españolas antiguas; la asimilacion que se ha procurado parca y atinadamente con las arábigas y lemosinas; la suma de sus palabras técnicas, compuestas, derivadas y aun onomatópicas, en todo conformes con el carácter de la lengua española; la espresion genial, candorosa y fácil que distingue

á muchos de sus vocablos y á no pocos de sus modis, mos; todo contribuye á darle un conjunto inesplicable de belleza que, si no se ha beneficiado todo lo posible, consiste en que la sumision aragonesa y la tirania castellana puede decirse que han concurrido á eliminar de la literatura los elementos mas útiles del idioma aragonés, que viene á ser una variante cuando no un complemento del impropiamente llamado castellano.

De las ventajas que á este mismo lleva, algo es lo que ya tenemos indicado, pero todavía podemos añadir tal cual observacion que se compadece muy bien con nuestro objeto. Hay palabras, como ababol, que, no desmereciendo en suavidad de sus respectivas castellanas, obedecen mas á su etimologia: hay otras, como abortin, que conforman mejor con el génio de la lengua, si bien ya sabemos que por uno de los muchos secretos de la española los diminutivos tienen á veces desinencia aumentativa (á la hebrea y griega) como sucede en anadon y liebraton , verdadera antitesis de otros, como tordella que es aumentativo: hay otras, como remoldar, que son mas concretas, pues en ese mismo ejemplo vemos que Castilla hace sinónimos á remoldar y podar, mientras en Aragon lo uno se refiere a los árboles y lo otro á las vides: hay otras, como corlada y huevalera, muy superiores á sus análogas corte y huevera, que en castellano son ambiguas y confusas por sus diversas significaciones:

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