La Araucana

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Pasajes populares

Página 44 - Y el bárbaro en el hombro la gran viga, sin muestra de mudanza y pesadumbre, venciendo con esfuerzo la fatiga, y creciendo la fuerza por costumbre, Apolo, en...
Página 13 - Por falta de pilotos, o encubierta causa, quizá importante y no sabida, esta secreta senda descubierta quedó para nosotros escondida, ora sea yerro de la altura cierta, ora que alguna isleta removida del tempestuoso mar y viento airado, encallando en la boca, la ha cerrado.
Página 23 - No ha habido rey jamás que sujetase esta soberbia gente libertada, ni extranjera nación que se jactase de haber dado en sus términos pisada; ni comarcana tierra que se osase mover en contra y levantar espada: siempre fue exenta, indómita, temida, de leyes libre y de cerviz erguida.
Página 13 - Digo que norte sur corre la tierra, y báñala del oeste la marina; a la banda del este va una sierra que el mismo rumbo mil leguas camina...
Página 4 - ... della, veremos que muchos no les han hecho ventaja, y que son pocos los que con tan gran constancia y firmeza han defendido su tierra contra tan fieros enemigos como son los españoles.
Página 11 - No las damas, amor, no gentilezas de caballeros canto enamorados; ni las muestras, regalos y ternezas de amorosos afectos y cuidados: mas el valor, los hechos, las proezas de aquellos españoles esforzados, que a la cerviz de Arauco no domada pusieron duro yugo por la espada.
Página 3 - ... se hallaron, y el agravio que algunos españoles recibirían quedando sus hazañas en perpetuo silencio, faltando quien las escriba. No por ser ellas pequeñas, pero porque la tierra es tan remota y apartada, y la postrera que los españoles han pisado por la parte del Perú...
Página 28 - Crecían los intereses y malicia a costa del sudor y daño ajeno, y la hambrienta y mísera codicia con libertad paciendo iba sin freno; la ley, derecho, el fuero y la justicia era lo que Valdivia había por bueno, remiso en graves culpas y piadoso, y en los casos livianos riguroso.
Página 377 - Aquí llegó, donde otro no ha llegado, Don Alonso de Ercilla, que el primero En un pequeño barco deslastrado, Con sólo diez pasó el desaguadero; El año de cincuenta y ocho entrado Sobre mil y quinientos, por Hebrero, A las dos de la 'tarde, el postrer día, Volviendo a la dejada compañía.
Página 345 - No la muerte y el término excesivo causó en su gran semblante diferencia, que nunca por mudanzas vez alguna pudo mudarle el rostro la fortuna. Pero mudóle Dios en un momento, obrando en él su poderosa mano, pues con lumbre de fe y conocimiento se quiso baptizar y ser cristiano...

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