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de instalarse las Córtes, para Oficial mayor de la Secretaría.

El Director y Maestros consultores del Real Colegio de medicina y cirugía de Cádiz no se allanaron desde luego á entregar al Sr. Gallardo los libros que habia escogido, por lo cual recurrió a la Comision de Biblioteca de Córtes, y ésta presentó dictámen, que fué aprobado en la sesion pública de 19 de Marzo de 1811, proponiendo que se entregaran inmediatamente al repetido Sr. Gallardo los libros expresados en el catálogo que presentaba pertenecientes á la Biblioteca de marina y á la de D. Francisco Cea, adicto al Gobierno intruso, destinados por las Cortes para su Biblioteca y depositados en dicho Real Colegio; y que se reencargara al Director del mismo que respondiera del catálogo de los libros y cartas de marina, sobre lo cual se le habia oficiado varias veces, sin que hubiera contestado. En la misma sesion se acordó que la Biblioteca de las Córtes estuviese abierta para el público en las horas y modo que resolviera el Congreso, en vista de lo que

al efecto

propusiera la Comision.

Informada ésta por el mismo Bibliotecario Sr. Gallardo, de que

entre los efectos de casas francesas secuestradas en la plaza de Cádiz por el Tribunal de represalias, se habia encontrado un número considerable de libros sobre varias materias, algunos de los cuales podrian acaso ser útiles para la que se llamaba ya Biblioteca Nacional de Córtes, les propuso, y acordaron en sesion pública de 8 de Abril de 1811, que se diera la orden correspondiente, á fin de que al expresado Bibliotecario se le facilitara nota de dichos libros, en vista de la cual pudiera dar cuenta de los que considerase útiles para aquel objeto; resolviendo tambien en 12 de Mayo del mismo año de 1811, y á propuesta de aquella Comision, que se trasladaran á la Biblioteca de las

Córtes los libros escogidos por el Sr. Gallardo de entre los que se encontraban reunidos en el Juzgado de represalias. Por orden de 28 de Agosto de 1812, incluida entre los textos de la primera época con el número XXXVIII, se dispuso que no se procediera á la venta de libros y manuscritos resultantes de represalias y confiscos en todos los pueblos de la Monarquía, sin pasar antes nota de ellos á la Biblioteca de Córtes para entresacar los que convinieran.

Antes de la última de esas fechas, en 10 de Marzo de 1811, habian acordado las Córtes que, de conformidad con lo dispuesto en las antiguas leyes, se depositaran en su Biblioteca y Archivo dos ejemplares de cuantos escritos se imprimiesen, segun ya estaba mandado

por

lo respectivo à códices y documentos pertenecientes á Córtes, desde las primeras de que hubiese memoria hasta las generales y extraordinarias de 1810; pero aquel acuerdo no fué obedecido; y, en vista de esta inobservancia, la Comision de Biblioteca de Córtes, reunida con los Secretarios de éstas, presentó en la sesion pública de 21 de Abril de 1813 la minuta, que fué aprobada, del decreto que se incluye entre los textos de la primera época con el núm. xl, reiterando y reglamentando la órden expedida en virtud de dicho acuerdo de 10 de Marzo de 1811.

Por consecuencia de las indicadas disposiciones, á principios de Marzo de 1812 la Biblioteca de Córtes constaba ya de cerca de 10.000 volúmenes, y procediendo entonces á completar su formal arreglo con la dotacion del personal correspondiente, se señaló al Bibliotecario Sr. Gallardo, no retribuido hasta entonces, el sueldo anual de 15.000 reales v'n., á contar desde que obtuvo el destino, sin perjuicio del mayor á que se le consideraba acreedor, cuando fueran menores los apuros del Erario. Se destinó como subalterno del Bibliotecario en calidad de Oficial estacionado,

para que ayudara al Bibliotecario en las ocupaciones de su cargo, á D. Gregorio Cabañas, escribiente que era de la Biblioteca Real de Madrid, y en clase de portero ó mozo de oficios

para la limpieza y servicio de la misma Biblioteca, á Juan Martinez, criado de la Casa Real, continuando estos dos últimos en el percibo de los sueldos, que venian disfrutando por sus anteriores destinos.

En la sesion pública de 12 de Setiembre de 1813 se fijó en 24 rs. diarios el estipendio del Oficial subalterno Sr. Cabañas, quien venia solicitando el aumento desde Julio de 1812.

Desde la creacion de la Biblioteca de Córtes hasta la mencionada fecha de 12 de Setiembre de 1813, el Bibliotecario Sr. Gallardo habia corrido con los gastos de aquel establecimiento, y antes de que se disolvieran las generales y extraordinarias, presentó sus cuentas á la Comision de Biblioteca, que extendió dictámen favorable á las mismas; pero no habiendo llegado á presentarlo, lo remitió á los Secretarios de las Cortes ordinarias, las cuales acordaron en 5 de Octubre del mismo año de 1813 se comunicase órden á la Regencia, para que fuese satisfecho el importe de aquellos gastos.

Otro dictámen habia dejado tambien extendido la Comision de Biblioteca de las Córtes generales y extraordinarias, y del cual se dió lectura en la sesion pública de las ordinarias celebrada el 27 del mismo mes de Octubre de 1813; dictámen que merece ser conocido, porque revela el pensamiento de sus autores acerca de lo que debia ser la Biblioteca de Córtes.

Pero antes de copiar ese dictámen, y para que se pueda

apreciar desde luego la importancia del mismo, no estarán demás algunas breves indicaciones, acerca de lo que aquellas Córtes habian encontrado establecido respecto á

Bibliotecas destinadas principalmente al servicio del público.

Cupo la honra de iniciar la realizacion de esta idea en 1711 al primer Monarca de la dinastía de Borbon en España Sr. D. Felipe V, quien, reuniendo los libros

que

él trajo de Francia y los que se conservaban en la llamada Biblioteca de la Reina Madre, en el antiguo Alcázar con el título de Real librería y en un edificio estrecho de la calle del Tesoro, frente al sitio que hoy ocupa la Biblioteca Nacional, lo abrió al público en Marzo de 1712, y por decreto fechado en Madrid á 2 de Enero de 1716 acordó por más solemne manera establecer una Biblioteca ó Libreria pública, colocándola en su Real Palacio de Madrid

y

sirviéndola de base, además de la ya indicada, el mayor número de libros que hasta entonces habia podido reunir, con algunos manuscritos, varios instrumentos matemáticos, monedas, medallas y otras curiosidades; dotándola con 8.000 pesos al año, asignados sobre la renta del tabaco naipes del Reino, y encargando á su confesor las constiluciones por que debia regirse aquel establecimiento, y que, compuestas de 20 artículos, se publicaron á continuacion de dicho Real decreto.

Por auto del Juez de imprentas de 10 de Julio de 1713 se habia prevenido que, el portero que corria con la comision de ellas recogiese de los libros que se imprimieran un ejemplar con destino al Escorial, otro para el Presidente y cada uno de los Ministros del Consejo, otro para el Secretario de Gobierno, otro para el de la Cámara por refrendata del privilegio y otro para el portero; y por

decreto fecha en el Buen Retiro á 26 de Julio de 1716 dispuso el mismo D. Felipe V que, de todas las impresiones nuevas, que se hicieran en los dominios españoles, se hubiera de colocar en la Real Biblioteca un ejemplar encua

la

dernado en la misma forma

que

el
que

recibian los Ministros del Consejo, haciendo extensiva aquella disposicion á todas las obras que se hubieran dado á la estampa desde el citado año de 1711.

El Sr. D. Carlos III, por Real cédula fecha en el Buen Retiro á 11 de Diciembre de 1761, aprobó las nuevas Constituciones formadas por

el Bibliotecario mayor, previniendo

que los caudales de la dotacion de la Real Biblioteca y sueldos de sus indivíduos se pagaran por tercios

por la Tesorería general, y declarando criados de la Real Casa á todos los empleados en la repetida Biblioteca.

Segun estas nuevas constituciones, de todas las obras, libros, papeles y escritos de cualquiera clase y por pequeños que fueran, que se imprimieran ó reimprimieran en los Reinos y dominios de España, se debia entregar un ejemplar á la Real Biblioteca, á cuyo efecto debian todos los impresores reservar en su poder un ejemplar de cualquiera obra, libro, mapa o papel que imprimieran, y enviará le dicha Real Biblioteca, sin cuyo recibo no pasarian á entregar la obra ó libro á su autor ó al dueño de la impresion, ni se podria poner en gaceta, ni hacerse uso alguno de ella. Esta obligacion se hacia extensiva a los que imprimieran por mandato de las Secretarías del Despacho universal, Consejos y Tribunales, cualquier ordenanza, reglamento, pragmática, cédula, decrelo, etc. Disponíase además que,

en consecuencia del privilegio que gozaba la Real Biblioteca, todos los tasadores de librerías, que quedaran de venta por muerte de sus dueños ó por otros motivos, la dieran puntual noticia de la tasacion que hubiesen hecho para que pudiera tratar de su compra, imponiendo a los expresados tasadores la precisa obligacion de pasar dicho aviso de todas las que se tasaran al Bibliotecario mayor, previniendo á los dueños ó sujetos que las tuvieren á su

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