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Demostró la importancia de esta lápida que dá mucha luz sobre varios puntos de la organizacion civil romana, con particular sobre un sistema de correspondencia naval cuyo centro estaba en Ostia. Ademas, N. Helbiz leyó un curioso estudio sebre un asunto muy especial, ó sea sobre el uso de las carajas de afeilar en los pueblos primitivos y su difusion, (mostráronse en la sala algunos hierros encontrados en Saboya) sentó la opinion de que probablemente provinieron del Asia dichos instrumentos, se adoptaron en Grecia en tiempo do Homero, siendo el uso de afeitarse la barba muy generalizado entre los romanos; la curiosidad del lema y la riveza y erudicion con que fue tratado, valieron á su autor prolongados aplausos. - F. P.

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samente de la obra de M. J. Quicheral lan yo objeto es combatir la escuela histórica recomendable á historiadores y artistas; iniciada por Tocqueville. Histoire du costume en France. Abarca hasta el final del siglo pasado.

En la biblioteca del Museo Británico se

ban descubierto dos manuscritos muy cuLa Revolution francaise et la Feodalité por

riosos del siglo once conteniendo dos cartas M. H. Doniol ha visto la luz esta obra cu- de Ciceron ad familiares.

BOLETIN BIBLIOGRÁFICO.

Apuntes de Historia de Lerida ó sea compendiosa reseña de sus mas principales hechos desde la fundacion de la ciudad hasta nuestros tiempos, por don José Pleyan de Porta.Lérida, imp. de Carner.—1873.-Un vol. en IV.-679 pág. en 4.0

Esta obra comprende en XXIII capilulos la his. toria de la ciudad de Lérida desde su fundacion hasta la guerra de la Independencia; sigue en capilulo a parle una suciuta nolicia biográlica do los escritores leridanos, y á este la Historia cclesiástica, descripcion de monunientos civiles y religiosos de dicha ciudad; termina la obra con un apéndice en que el Sr. Pleyan ha reunido curiosos é ignorados documenios y aclaraciones para su obra.

Los Apuntes de Historia de Lérida es un trabajo histórico curioso y digno de recomendacion të niendo en cuenta que su autor no tu o pretension de escribir una historia de aquella ciudad, pues como indica en su prólogo el Sr. Plevan la deja «para aquel que contando con recursos suficienles, y con tiempo para registrar archivos y bibliotecas.) La Historia del movimiento obrero en Europa y

América durante el siglo xix. Parte 1.Francia.-Por don Martin Oli:s.-Madrid.Imp. de Medina y Navarro.-Un vol, Uno do los problemas sociales mas frascendentales que se agitan en los presentes tiempos es sin duda el movimiento politico de la clase obrera, y

á historiarlo se ha dedicado el jóven lileralo
Sr. Olias conocido ya por olros lrabajos de la
misma indole. La primera parte de la Historia del
cierlemente se ha puesto en venta, ya la había-
mos leido inlegra en la Revista Europea.
Historia de la villa de Ocaña.–Ocaña.-Imp.

de A. Puigrós.-1874.-Dos vol.

Ulil para ilustrar la historia de la antigua y célebre villa de Ocaña la obra que recientemente ha publicado en el establecimiento de Puigrós. Un soldado español de veinte siglos, relacion ve

ridica por don José Gomez Arteche, de la Academia de la Historia.-Madrid.--1874.

El objeto de este libro es trazar sunariamente la historia militar de nuestra patria desde la dominacion carlajinesa hasta el siglo pasado, para darle forma amena y entrelenida cl Sr. Arleche imagina la existencia de un soldado que ha vivido veivte siglos y que ha asistido á los hechos mas nolables de la historia de España, al que di el nombre de Masverus. Las páginas mas polables de la obra quo pos ocupamos son los en que se ocupó de las balallas de Guadalele, Simancas, Callañazor y Cerinola, no solo por la erudicion y dalos hasta ahora desconocidos que contiene sino tambien por la animada y bien escrita relacion de los mismos. La obra en general es dig a de la nombradía que goza el Sr. Arteche como profundo historiador y escritor castizo,

SU MARIO.

Tomo II.-Núinero I. 1. El cerro de los Santos.- Una aclaracion.- Por D. Juan de Dios Aguado. II. Exámen histórico-critico de las leyes romanas relativas á la familia.-Por D. Francisco Rome

ro del Castillo y Peroso, individuo del cuerpo de Archiveros-Bibliotecarios. III. Patria de Arnaldo de Vilanova.- Por D. Manuel Milá y Fontanals; caledrático de la Univer

sidad de Barcelona y presidente de la Academia de Buenas Letras. IV. El primer libro impreso en España.- Réplica.-Por D. Antonio de Bofarull; oficial del cuerpo

de bibliotecarios-Archiveros.

CORRESPONDENCIAS.-Granada.-Valencia.- Madrid y Roma. VI. Crónica general. VII. Boletin bibliográfico. VIII. Historia de las Bellas Artes. Por Jaime Merault Daussy; Profesor de literatura estranjera en

el Liceo Imperial, y en la escuela de oficiales de artillería de San Petersburgo.- Traduccion dedicada á los artistas españoles, por D. J. E. de M.

LA CORTE DE FELIPE V.-LA PRINCESA DE LOS URSINOS.

(1701 Á 1706.)

Toda historia tiene dos fases: una que se muestra al público, otra que trata de ocullárselo. Visto desde la escena, el espectáculo es mas imponente; empero una ojeada sobre los bastidorés es ulilísimo, para estudiar los secretos resortes que ponen en movimiento la máquina y rer á los actores en reposo cuando se han despojado de sus vestiduras leatrales. No tratamos ahora de ocuparnos de Felipe V con relacion á las demás naciones con las que estaba en guerra, ni aun con la que sostuvo con la tercera parte de España; á pesar de que en una y otra estuvo muy por debajo de su mision, no. Queremos dedicarnos á presentar al Rey en su palacio, en lucha con un enemigo lan peligroso como los esteriores. Este enemigo era la grandeza española que acoslumbrada a dominar bajo un monarca que habia quedado en su menor edad loda su vida, se inclinaba con despecho delante de un principe extranjero, odiando sobre todo á los franceses que invadieron la Península en seguimiento de aquel y á la Reina, que gobernando á su marido, era gobernada á su vez como España, por la princesa de los Ursinos.

Detengámonos un momento delante de este nuevo actor que acaba de aparecer en la escena y que va á ocuparla por mucho tiempo. Ana-Maria de la Pre-mouille, hija del duque do Noinmonliers, el más antiguo duque de Francia, habia nacido en Paris en 1642 (otros dicen en 1633.) Muy jóven, se habia casado con Adriano de Talleyrand, principe de Chalais. En 1663, su esposo, compromelido por uno de estos duelos insensatos, en los cuales los testigos lonjaban parle como si fuera una partida de placer, se vió precisado para salvar su vida á emigrar á España. Su esposa le siguió, pues le amaba liernamente, y ambos vivieron allí el suficienle liempo para dar lugar a la princesa á esludiar el idioma y las costumbres del pais y de bacerse española en la apariencia, sin embargo de que permanecia francesa en el fondo. D: España, se trasladó a Italia, en que su marido trataba de establecerse con ella, continuándole vedado aun el territorio francés; empero al reunirselo el Principo falleció poco despues súbitamento cn 1670. La jóven viuda (tenia entonces 28 años), herida en una de sus mas caras afecciones se reliró á un convento de Roma y allí permaneció en el reliro mas absoluto duranlo los primeros años de su viudez. Empero bella, inteligente, ávida de toda clase de conquistas, no debia tardar mucho tiempo en consolarse. Los Cardenales de Estrées, embajador do Francia en Roma y el de Porto -- Carrero, embajador de España, la lomaron bajo su proteccion; y aun se asegura que suplieron la modlicidad de sus rentas ya que su forluna no estaba á la altura de su rango y mérito. Sin embargo, la posicion de su protegida era equívoca, y hacia preciso la presencia de su marido para legitimarla. La noble viuda, por la mediacion de sus dos prolectores y con la aprobacion del Gran-Rey, que hizo casi de su casamiento un negocio ile estado, se unió con un gran señor italiano, Flavio degli Orsini (de los Ursinos), duque do Bracciano y grande de España.

No era la dicha la que solicitaba la Princesa con esta union, "que por otra parte no obtuvo, sino una posicion. La brilianto viuda tenia ya un manto en que abrigarse. Los dos esposos viTOMO II.-NÚM. II.

1.° DE FEBRERO DE 1875.

vicron como vive la nobleza en Italia juntos de nomb e, separados de hecho. La señora de los Ursinos desde entonces se dividió para sus dos patrias Italia y Francia, aguarılando hacerse de España una tercera Roma y Versalles la vieron una tras otras brillar en sus córles, en que sus notables cualidades le aseguraban un distinguido lugar. Calculándolo todo, hasla sus amistades, luvo por medio de su intimidad con la Sra. de Noailles, acceso cerca de la última favorila del Gran-Rey, la Maintenon, llegada sin estrépito á una gran pujanza, y por ella se aseguró de la benévola atencion del monarca.

Empcro, para dar a conocer a nuestros lectores á la Princesa de los Ursinos, lo mas sencillo es mostrarles su retralo, y existe Irazado de mano maestra por Saint-Simon: «Era mas bien alta que baja, con ojos azules que lomaban la espresion que queria darles, con un talle perfecto y un rostro que sin ser bello era encantador. Su aire era noble, y su poslura lenia algo de magesluoso; en todas sus cosas, hasta en las mas indiferentes, se nolaba tanta gracia, que pocas personas he visto la aventajasen en el cuerpo y en espíritu; halagadora, cariñosa, cortés, queriendo agradar por agradar, con gracias a las cuales era imposible resistir cuando ella se proponia seducir. Con esto y una conversacion deliciosa, inagotable, y una voz y una habla de las mas agradables... y con un talenlo prodigioso para la intriga y mucha ambicion, pero no una ambicion cualquiera sino vasta, por encima de las de su sexo y de la ordinaria de los hombres. Nadie poseia como ella la finura del espíritu y las mas intrincadas combinaciones en la cabeza; ni tenia lanto talento para conocer a la gente que trataba y saber como llevarla.... En el fondo era orgullosa, altiva, dirigiéndose á sus fines sin reparar mucho en los medios..... buena y generosa, pero muy exigente y queriendo que sus amigas lo fueran con ella sin reserva; asi es que era tan constante y buena amiga, como implacable enemiga.

En fin, con un arte especial, una clocuencia sencilla y natural, no diciendo nunca mas de lo que queria decir, sin escapársele jamás la mas pequeña palabra, el mas lijero gesto, que no quisiera; muy reservada, fiel con sus amigos, con una alegria que no traspasaba los límites de lo conveniente, una estrema decencia en su esterior y una igualdad de humor que la hacia siempre dueña de sí misma; tal es esta mujer célebre.»

El segundo marido de la princesa murió en 1698, dejándola inmensos bienes, pero gravados con hipotecas y en una situacion bastante embarazosa. Desde aquel momento comenzó para ella su independencia, uca vida nueva, mas conforme a sus gustos que la llevaban hacia los negocios mas sérios de la vida, la politica, el gobierno de los imperios, despues del de los salones donde se habian limilado hasta entonces sus ambiciones. La cuestion española empezaba a preocupar á los hombres de estado del continente. La princesa habiendo continua do siendo francesa de corazon aun en Roma mismo, no deseaba otra cosa que servir á su Rey y á su país. Porlo-Carrero, su prolector cerca de la silla apostólica, le hizo obtener la espléndida fortuna que heredó, reconciliándola con su marido; ella lo recompensó ganándole para los intereses de la Francia, en la cuestion de sucesion al trono de España, puesto ya sobre tapele aun antes de la muerte del Rey. Este fué su debuto en la diplomacia, como ella se complacia en repetir su comienzo en su profesion « Luis XIV, que queria asenlar á su nieto en el trono de Carlos II, dirigiéndose á este fin por Roma, tambien como por Madrid, agradeció infinitamente á la princesa tan preciosa recluta que de hecho, hizo obtener el trono á Felipe V. El ministro Porcy, escribia á la de los Ursinos: « que se veia en la precision de humillar el pabellon ante ella y de constituirse en discípulo suyo. » El rey le acordó la pension que solicitó á causa de sus enormes gastos. Esta pension, por otra parle, distaba mucho de pagar los inmensos servicios que prestaba; pues mientras aguardaba la hora de gobernar á España, era de hecho la embajadora de Francia en Roma, y lodas las pensiones secrctas que Luis pagaba al Sacro Colegio, de lijo no eran lan merecidas.

Luis XIV queria dotar á España de una reina despues de haberle dado un roy. Habiendo

elegido á la hija del duque de Saboya, debia tratar de buscar otra persona para un cargo casi tan importante como el de reina, esto es el de camarera mayor; sabido es ya el imperio que la duquesa de Versanneor ejercia sobre la infeliz esposa de Carlos II. Ni un momento se pensó en elegir para aquel puesto de confianza á una española. La princesa de los Ursinos, francesa de nacimiento, y afiliada á csla grandeza española tan esclusivista y desconfiada, parecia nacida espresamente para un cargo tan difícil. Mas lanto cuanto ambicionaba csla alta posicion, menos ella se aventuraba á pedirlo. El arte supremo de una solicitadora de tan buena casa, es hacer de manera que se pensase en ella, sin que apareciera que lo deseaba.

La de los Ursino3, lejos de presentarse como candidato para un pueslo al cual su nacimiento y sus talentos le daban derecho de preteniler, se contentó con reclamar el privilegio de acom · pañar a la fulura reina hasta Madrid. «Mi designio, escribia á la Sra. de Noailles, su intermediaria habilual, será do vivir alli hasta que así plegue al Rey y despues venir á darle cuenta de mi viaje. Soy viuda de un grande de España, sé el español y soy querida y estimada en esle país; tengo en el muchos amigos, entre los cuales se encuentra el cardenal Porto-Carrero. Juzgado por esto, si algo puedes hacer en esta córle y si es sobrada vanidad ofreceros mis servicios.» Por medio de esta habil táctica y favorablemente dispuesto por otra parte por la princesa de los Ursinos, el Gran Rey, obedeciendo, cuando creia ordenar, concluyó por nombrar a la de los Ursinos camarera mayor.

La princesa no se incorporó con la fulura reina hasla Villefranche, cerca de Niza; desde alli se dirigió con ella á España por el mediodia de Francia, en medio de fiestas conlinuadas. Llegada á la frontera, la reina se separó, no sin pesar, de sus damas piamonlesas, y Francia tomó posesion antes que España de esta reina de catorce años, pasablemente prevenida contra ambas naciones. Durante este largo viaje, la princesa tomó asiento al lado de S. M. en la lilera real. No era necesario tanto liempo, para que con todas sus gracias y su deseo de agradar, conquistase el corazon de su futura señora, que antes de comenzar su cargo de reina debia empezar por aprenderlo de su camarista. Pronlo veremos los recursos de corazon y de espirilu de esta jóven reina que Luis, al lanzarla sobre una mar lempestuosa, no habia querido dejarla sin piloto. Conocemos la corte de Madrid, la hemos descrito, bajo el reinado de Carlos II, entonces que lodo el mundo gobernaba escepto el Rey, empero aun es necesario recordar algunas líneas de la de los Ursinos para que se sepa á que precio de innobles servicios le cra necesario pagar el poder y comprar sirviendo como los de César el dia de reinar á su vez.

«En que puesto, Dios mio mo habeis colocado, escribia á la duquesa de Noailles; ni tengo tiempo para descansar despues de haber comido, ni de comer cuando tengo hambre y me con• sidero muy dichosa si puedo lomar algun bocado. La señora de Maintenon reiria grandemente si supiera todos los detalles de mi cargo; soy yo quien liene el honor de tomar la bala del rey de España cuando se acuesta y le entrego las zapatillas al levantarse. Todas las noches cuando el Rey entra en el cuarto de la reina para acostarse, el condo de Benavente pone a mi cuidado la espada de S. M., y una lámpara cuyo contenido á menudo vierto sobre mis vestidos; esto es demasiado grotesco. No se levantaria el Rey si no fuese á descorrer las cortinas de la cama y seria un sacrilegio que otra entrasc en la cámara de la reina cuando están en el lecho... Aun no poseo la confianza que aquella olorgaba á sus camaristas piamonlesas, de lo que estoy admirada, pues le sirvo mejor que ellas y estoy bien segura que no le lavaban los piés con la limpieza que lo hago yo.» (Madama de Noaille, l. 11, p. 172).

La princesa, al llegar a Madrid como una segunda reina en seguimiento de la primera, habia sido alojada en el Palacio Real, en donde se le babian reservado sunluosas habilaciones. En cuanto al tren de su casa puede juzgarse por el pasaje siguiento: «lengo cualro gentil-hombres, escribia ella desde Francia á madama de Noailles; aquí tomo otro español, y cuando llegaré á Madrid, añadiré dos o tres que conozcan la corto y sean gente que me hagan honor.

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