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Tengo seis pajes, gente de posicion y en condiciones de ser caballeros de Malta. El jefe de ellos me servia de limosnero; omito el mencionaros una série do oficiales de todas clases; añadid doce criados que llevo y aun los que en España me dispongo a tomar en cuanto me encuentre en la córte. Me bago construir una bellísima carroza, sin oro pi plata, y llevo otra dorada que me servirá para mis paseos fuera de la ciudad y será conducida por seis caballos. Creo necesario ir a Madrid con cierla pompa para hacer el conveniente honor á mi empleo... No temais por cierto que nada pida al rey; estoi miserable en verdad, pero aun soy mas orgullosa y hago cuestion de honra el no pedir nada y sin embargo haré los gastos proporcionados al rango de mi cargo y que pueda hacer admirar á los españoles la grandeza de su rey...» El siglo y la corte de Luis XIV, no se hallan condenados por entero en estas líneas?

Antes de la llegada de la princesa á Madrid , no cra el rey ni la reina los que gobernaban, sino el cardenal de Porto-Carrero, bajo el pretesto de que la monarquía nueva, cra creacion suya, haciéndole pagar caro el servicio que le habia preslado. El partido austríaco y sus jefes Oropesa, Melgar, el principe Darmstadt, Mendoza, habian sido echados de la corte con la reina viuda, que se encontraba regelada en Toledo, bajo la vigilancia mas severa. Luis XIV, ingerlando á csla vieja monarquía una rama mas viva, hubiese querido rehacer al sud de los Pirineos, un reino verdaderamente español, en que todas las provincias, olvidando las tradiciones del reino y sus instintos de separacion, se fundieran en una gran unidad nacional. Sin embargo para eslo, eran necesarias dos cosas; que la Francia renunciara á reinar en Madrid, cosa bien difícil obtener de Luis; y que Castilla renunciase á su aspiracion de supremacia sobre las demás provincias y no quisiera ser por sí sola España entera. Ahora bien, Porto-Carrero era castellano y no queria emplear mas que franceses ó castellanos como él. Así es que el embajador de Francia era admitido en el Despacho en que los mismos grandes de España eran escluidos. El cardenal ministro era pues mas francés que Luis y mas castellano que Isabel y esla actilud del nuevo reinado, contribuyó no poco á echar a Cataluña, Aragon y Valencia en brazos del pretendiente austriaco. Duro y sin piedad Porto-Carrero no habia hecho mas como dice Louville « que quitará á todo el mundo sin dar nada a nadie » La casa del rey con su fasto insensalo, era llamada á grandes reformas, que fueron hechas sin discernimiento alguno y con implacable dureza. Las mas poderosas familias arruinadas que se sostenian de estas pompas, habian quedado por decirlo asi casi en la calle; por lo mismo la corte estaba llena de enemigos del cardenal, de la Francia y todos los que la representaban en Madrid.

La princesa de los Ursinos lenia grandes defectos que podemos sintelizar en uno, el desco de dominar y en cambio tambien grandes cualidades de entendimiento mas bien que de corazon. Lo que llamó su atencion sobre todo á su llegada á Madrid, fué encontrar á los franceses delestados, gracias al cardenal, que con sus ciegas preferencias, por ellos habia sublevado á toda la grandeza. Entre el partido francés de que Porto-Carrero era el alma, y el parlido aus tríaco anulado por el momento sc habia formado un tercer partido puramente nacional bajo los auspicios del conde de Montellano, el hombre mas distinguido de la corte despues que Oropesa faltaba de ella. La princesa resolvió apoyarse en este partido, sin rehusar a los franceses. «No escribió ella á Versalles, no imilaré al cardenal, no dejándole de mirar apesar de esle comomi principal amigo. Procuraré grangearme la amistad de los españoles, y no seguiré los ódios de este prelado.» Y lo mismo que decia cumplió; los pajes franceses cl rey, fueron vestidos á la española; Felipe mismo adoptó la golilla, verdadero distintivo del trajo nacional, y para decidirle a ella la reina le persuadió de que no le gustaba mas que vestido de aquella manera. Empero digámoslo en honor de Felipe V., por mas resuello que estuviera á hacerse español, rehusó siempre autorizar con su presencia el horrible uso de los autos de fé. En fin, por una idea que revela en ella un escelente hombre de Estado, insistió cerca de su principal amigo para que los calalanes, aragoneses y valencianos, fuesen llamados á los empleos del pais sin

distincion de origen. Pero aquí tropezó con prevenciones demasiado arriesgadas para ceder à la voz de la razon ó del interés público. Porto-Carrero, Arias arzobispo de Sevilla , su alter ego resistieron como se resiste en España, no obedeciendo sin rehusar obedecer. La princesa se apercibió bien pronto que el único medio de vencer su oposicion, era alejarlos de los negocios, y desde aquel momento su separacion fué un cosa decidida.

En la córte de Francia, despues de Richelieu, no habia mas que un amo y lacayos; en la de España por el el contrario, los grandes servian y mandaban a la vez. El país estaba dominado, pero la grandeza no lo era aun; y mientras se disputaban los cargos de la real servidumbre, admira ver estos mismos servidores, humildes casi siempre delante de sus amos, erguirse de pronto para hablar de sus derechos. De ello encontraremos mas de un ejemplo duranle el ministerio de la princesa de los Ursinos. Mas su crédito naciente no habia dado tiempo de sembrar la inquietud entre la pujanle grar deza que ella aspiraba a dominar. Lo que instaba mas era el establecer su imperio sobre la jóven reina y conducirla de manera que a su vez dominase á su esposo. La reina se imponia como obligacion el asistir al despacho; y no queriéndose encontrar sola con lantos hombres, tuvo que dar entrada en él á la princesa, lo que puos á esta en conocimiento entero de los regocios. Por un momento Maria-Luisa tuvo celos de su camarisla, apesar de su edal ya un poco avanzada ( tenia entonces cincuenta y nueve años. Empero dotada de una rara perspicacia cuando no le ofuscaba el entendimiento, la pasion, la reina no tardó en apercibirse que lejos de disminuir el cariño de su esposo por ella, aumentaba, por el contrario, a medida que daba la coincidencia de ver mas amenudo a la de los Ursinos. Así en esta córle extraña en que todos los papeles estaban trocados, el crédito de la camarista sobre su ama se afirmaba al mismo tiempo que el do esta sobre el jóven monarca; y el verdadero rey de España en último análisis, era la princesa de los Ursinos.

Ello llamó la atencion del embajador de Francia, Noailles y cscribió á su señora que queria estar al corriente de lodo: « Preveo que la reina gobernará á su marido sin que esto pueda impedirse; debe hacerse de manera que le gobiernc bien y nadie mas apropósito que la misma princesa; sus progresos son nolables. No se pueden emplear otros medios con la reina; pues por poco que se la conozca, se vé bien que quiere ser tratada como niña.»

En cuanto á Felipe V., su carácter se esplica por su historia. « Menor de una rama primo génita, dice Saint-Simon, cra vivo, violento, impetuoso, de un humor negro y de voluntad decidida; Felipe habia sido sin embargo educado en un estado de dependencia, necesario para cvilar disenciones en la familia real. Así lo queria la razon de Estado que es la suprema ley.» Para alcanzar mejor este fin, se le habia estremado tanlo la obediencia, entre su abuelo y su hermano, que Felipe sc hizo una especie de hábito de obedecer. Luis XIV lo sabia perfectamente, cuando dirigia á su nielo ya casado y con corona pero no emancipado, estas instrucciones lan reclas y dignas, pero que forman con su educacion un estraño contraste. Atended, pero decidid solo. Dios que os ha hecho rey, sabrá concederos las luces necesarias para llenar vues Iros deberes. «Yen otra parte: « casado, no os dejeis dominar; es una debilidad y un deshopor á la vez, no se perdona á los particulares y los reyes, colocados á la vista del público, sufren aun más este desprecio, cuando consienten que sus mujeres les supediten. » ( Mem. de Noailles, t. II, p. 2 y 76.) « Decididamente aí de Saint-Simon, habia sido formado para dejarse dominar. » Y este horóscopo, se cumplió punto por pronto; con cualidades positivas del corazon é inteligencia, Felipe estaba destinado á ser gobernado toda su vida, por su mujer por la princesa de los Ursinos, por ol cardenal Alberoni y por lodos aquellos en fin, que le lrataron muy de cerca para apercibirse y esplotar su debilidad. (Se continuará.)

M. ROSSEEUW Saint-Hilaire.

De la Academia de ciencias morales y políticas de Paris, y correspondicate de la de la Historia de Madrid,

EL PRIMER LIBRO IMPRESO EN ESPAÑA .

(RÉPLICA)

Li licencia de creer lo que quiera el Sr. Torres nadie se la disputará, y puede asimismo repelir la palabra acaso tanto como le plazca, pero la deduccion lógica de los antecedentes que sienta no parece, por mas que las resmas de papel sean de forma mayor, sobre todo callando, como calla, la fecha de la impresion de la citada biblia, (acerca de la cual nada podemos calcular por no haber lenido la ocasion y el gusto de verla,) pues del mismo modo pudiera servir aquella cantidad de papel para impresiones, como para todo lo que expresa antes al hablar del papel que mandó reformar el rey don Pedro, esto es, para registros y cabreres (cabreos?) de los tribunales y notarios, para libros de particulares y para procesos, escrituras elc. Alienda el Sr. Torres que no negamos la posibilidad de lo que él cree, y sí la certeza de la deduccion, pero con la misma licencia que el tiene de hacerla, permita que nosotros hagamos otra de los mismos antecedentes: «En sentir nuestro (dice) aunque pruebas terminanles no lo confirmen, las de induccion hacen presumir con baslante fundamento, que Lamberto Palmart, aleman, y el maestro Alfonso Fernandez de Córdoba, castellano, fueron los primeros impresores que en Valencia se establecieron, mandados llamar por Jacobo Vizlant, mercader tambien aleman residente en esta ciu lad desde algunos años antes al de 1474 etc.» Si, pues, Jacobo Vizlant necesitaba resmas de papel para imprimir en 1475, si este Jacobo era residenle en Valencia desde algunos años antes de 1474 y fué el que envió á buscar como primeros impresores á un aleman y á un castellano, si, en fin, el magisterio que esos señores ejercian no podia ser otro que la imprenta, y así él como los llamados, al titularse maestros, solo con relacion a la impren!a debe entenderse el título, inos podrá decir el Sr, Torres cuanlos años de anterioridad al 1174 podrá conceder al Jacobo Vizlant, aleman, que residia en Valencia y lenia por magisterio hacer imprimir libros? Nos parece que con media docena de años que le conceda de anterioridal, residencia ó vida, no será pecar de sobrado, y con este cálculo resultaría sin dificultad, rebajados los seis, la existencia de imprenta en Valencia en 1468; con que, aplicando ahora la razon de esta posibilidad á Barcelona, he'aquí por tierra lodas las conjeturas y argumentos que se han inventado para combatir á nuestro precioso libro solo por causa de su fecha, pues el mismo Sr. Torres ha venido á hacer luz con sus inducciones y deducciones, concediendo al cabo la posibilidad de imprenla en aquella fecha hasla á su patria Valenciana. No dejó de prever el Sr. Torres la objecion de que el papel que se importaba de Italia podia aprovechar lo mismo para la impresion que para otros usos, ya que nunca se habla de imprenta ni se dice qué aplicacion tenia el papel de forma mayor, y apelando á un nuevo recurso ó comprobanle, coa tal seguridad lo anuncia, que el lector espera ver desde luego trocada en verdad indisputable la anterior conjetura, cuando lee despues de aquellas palabras del Sr. Torres las siguientes: «pero todas cuantas objeciones se presenten, ceden ante la realidad de los hechos. »Y la realidad consiste en hacernos saber que los primeros libros impresos en Valencia, les Trobes, el Comprehensorium, el Salustio y otros , lo son en papel que contiene la marca de la mano con estrella, marca de que no se habla en la cuestion entre el aleman y el genovés, y que en el año 1476 hubo otra cuestion entre el genovés y un compatricio suyo, tambien sobre papel que tenia aquella marca de la ma ab estrella, y valia mas de precio que olro marcado con el cap de bou, lo que nada liene que ver con los libros citados, porque el Comprensorium se imprimió un año antes, en 1475, y les Trobes no tienen fecha,'de lo que infiere, (y nosotros no sabemos ver cómo, ni lo inferirá nadie,) «que el papel que mas precio alcanzaba era el de la marca de la mano con estrella, el destinado cabalmente con preferencia para la impresion. » Toda la reproduccion de documentos que hace el Sr. Torres, curiosos pero supérfluos respecto de la cuestion que sostenemos, pues no quilan ni ponen locante á desvirtuar el carácter de nuestro libro, que era lo que al parecer intentaba dicho señor en su último artículo, no prueba mas sino que se compraba y vendía papel en Valencia, que lo habia de varias formas (como en lodos tiempos), que unos tenian unas marcas y olros olras y que su precio era diverso, mas nó que tal ó cual papel, ni por su forma, ni por su marca, fuese el preferido para la imprenta, ni que la forma mayor indique el uso de esta, como la verán nuestros lectores por las noticias que les vamos a dar, transcribiendo ante todo, conforme prometimos, la interesante disposicion de Pedro IV, cuyo conlenido es como sigue:

«Petrus etc. fideli nostro baiulo Xalive salutem et graliam. Cum Nos cum alia nostra litte ra sub presentis dala confecla duxerimus providendum quod per universos et singulos papiri Magistros moderne forme papiri que sunt antiquis el pristinis multo minores ad formas antiquas et prislinas sub cerla pena ibi apposita reducantur. Ideo vobis dicimus et mandamus qualenus sub indignationis nostre incursu provisionem caudem per diclos Magistros et alios inviolabililer faciatis juxta sui seriem observari. Et hoc nullatenus immutetis. Datum Valencie II kalendas novembris anno Domini millesimo trecentesimo quadragesimo primo.—A. Vi cecancellarius, » Este documento auténtico, que se conserva entre la inmensa coleccion de cartas Reales del Archivo de la Corona de Aragon, y que lleva en el dorso el sello grande de cera encarnada, dice bien terminantemente que la forma antigua (y antigua de aquel tiempo!) del papel era la mayor, y que siendo mucho menor la del que entonces se fabricaba moderne forme, multo minores, se fabrique en adelante como las antiguas y primitivas usadas en los antiguos y primeros tiempos, antiquis et pristinis, y ad formas antiquas et pristinas reducantur, y esto lo manda el rey á los maestros papeleros, universos et singulos papiri magistros. Queda tan importante dato comprobado en el mismo Real Archivo con solo mirar la rica, ordenada y no interrumpida série de los registros de cancillería de nuestros antiguos monarcas, pues sobresalen de gran tamaño los pertenecientes á Jaime I y á su hijo el Gran Rey don Pedro, so achican luego alternativamente en los reinados de sus inmedialos sucesores, y en el de Pedro IV los hay de tamaño mucho mayor que cuanlas obras existen impresas en el siglo xv, y son sus marcas una granada con dos granadinos pendientes de un círculo (año 1351.) Del mismo rey hay carlas Reales mucho mayores todavía, y es su marca dos círculos separados que atraviesa una linea rematada en cruz, (año 1353.) Esto prueba el poco significado de la forma mayor, respecto de las impresiones, tan poco, que á la legua se descubre ser menor el tamaño de los registros del tiempo de la imprenta á muchísimos de tiempos anteriores; bastando saber que el último papel que indicamos, con todo y ser recortado, liene 60 centímetros de largo y 12 de ancho; y en cuanto a la observacion de las marcas, para que se vea cuán aventurado es dar preferencia á una sobre otra, podrá contemplar quien lo desee, en el mismo Real Archivo, la innumerable y variada multitud que allí existe en documentos y registros, innumerable, porque se cuenta por miles, y variada por figurar como tales marcas toda suerte de animales, flores, armas, objetos de vestir, muebles, letras de diversos tamaños y caprichosas combinaciones, entre ellas la citada mano con estrella, que no confundimos con otras muchas manos con

guante, mas o menos adornado, y sin él, manos con letras ó media luna, y el cap de bou que cuenla sobre doce variantes. No confundimos el primero, que es el importante para nuestra cuestion, y para que lo compruebe el Sr. Torres, le dirémos, que está la mano abierta, semicircular por la parte inferior y del ancho de una peseta, la muñeca en forma de peana que se extiende por ambos lados hacia la base, el dedo pulgar desproporcionado, delgado el índice, sin proporcion de grueso al inmediato, mas delgado el cuarto que el índice y mas separado que esle del tercero, y el meñique de forma puntiaguda y ancho en el arranque, y es la estrella, aislada, en la parte superior, de cinco puntas, una de las cuales cae perpendicular sobre el dedo mas largo. Este es el signo ó marca que ha ayudado á fundar la conjetura del Sr. Torres sobre ser el papel preferido para las impresiones, y aunque no lo negaremos que para ellas se aprovechase, compare ahora su tamaño con el de los papeles que describimos, muy anteriores á la imprenla, y se convencerá de que es mucho menor, pudiendo con eslo reconocer la poca fuerza de los argumentos que presenta sobre papeleria y sus marcas y lamaños para las deducciones que intenta hacer respecto del maravilloso arle.

Va la última novedad del Sr. Torres, ó sea los descubrimienlos portentosos que ha hecho para enseñarnos con ellos, que si residencia y corte era Barcelona de los reyes de Aragon, residencia y córte era tambien Valencia, que si á aquella alabó Cervantes en el Quijoto, tambien alabó á esta en los Trabajos de Pérsiles y Segismunda, que si no niega la maternidad adoptiva de Cataluña ó Barcelona, no consiente que un hijo postizo dispute las glorias de la hija, al paso que se jacta de que en el siglo XV, (precisamente en el siglo XV, cuando la iniroducion de la imprenta!) era-Valencia igual á aquella en importancia mercantil y politica, que las comparaciones, «por lo que de provincialismo tienen, suelen degenerar casi siempre en pueriles, y á voces odiosas, que el amor pátriu (-no dice provincialismo aqui, - ) nos hace perder los estribus, y por ende, caer (sic) grandes batacazos,» y otro sin fin de cosas, que, á manera de leccion nos dirige con el mayor aplomo, no obstante de vacilar, al decirlas, entre el desden y el ardor de la allivez. Nosotros preguntamos cri que vienen todas estas enseñanzas para quien, si no liene tanto saber como el Sr. Torres, tiene quizá tanta ó mas experiencia, para quien no ha ofendido comparando, pues citar verdades reconocidas universalmente por la Historia, cuando no se ponderan, nies puerilidad, ni vavidad, ni ofensa, para quien no ha tratado de rebajar á Valencia, por mas que, en noble liligio, le haya negado ó dispulado el usurpado derecho que se atribuye, y para quien no ha perdido en esta cuestion los estribos, suponiendo que con esta frase quiere significarse proceder con ligereza, imprudencia, ira, vanidad ú otros vicios que no descubrirá nadie en nuestro sencillo articulo sobre mera posibilidad de imprenta en 1468? Si nuestro ánimo fuese do enconar la cuestion, examinariamos bajo esto punto de vista las contestaciones del Sr. Torres, y quizá encontrariamos algo que nos dejara, cuando menos, en mejor puesto, pero ni aquella ganaria nada con tales acusaciones, que podrá hacer el loclor imparcial comparando nuestros escritos, ni fuera agradable para nadie hacer degenerar la cuestion de imprenta en otra cueslion histórica que precisamente habia de ser muy larga, y que aceptariamos desde luego si la discusion hubiese de ser oral en vez de escrita. Prescindiendo, pues, de lo que á nuestra personalidad aludo, nos limilaremos a ampliar algunos de los asertos históricos que emitimos y, como remate, á transcribir lo que autorizadas voces dijeron de nuestra patria catalana, para que el Sr. Torres saque de ellas la natural consecuencia, ó mas bien para que la saquen los espectadores imparciales que á uno y otro nos contemplen.

Mostrando el Sr. Torres cierta condescendencia irónica y desdeñosa no quiere disputar que en el siglo xv la ciudad de Barcelona «escediera á la de Roma, Paris, Londres, Pekin ó Constantinopla. »cxageracion burlesca que no empleariamos nosotros contra ciudad alguna, puesto que una ciudad no puede tener la culpa de que uno de sus hijos ó habitantes la defienda bien ó mal; y tomando la palabra corte bajo la acepcionquo mas le conviene, confunde la residoacia temporal

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