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ve mil y ochocientos reales de plata (de los dichos), el cual dicho precio es el que tienen de valor intrínseco, considerando el valor de cada perla de por si.

A las dichas doscienlas perlas se las añade por valor extrinsico (que se llama por la union) una cuarta parte del todo de su valor. La cual dicha cuarta parte monta cuarenta y siete mil cuatrocientos y cincuenta reales de plata.

Las cuales dichas dos canlidades el intrinseco y cxtrinsico sumadas en una, montan doscientos y treinta y siete mil doscientos y cincuenta reales de plata, el cual precio es todo cl valor de las dichas doscientas perlas aqui declaradas.

Y estos dichos reales de plata son de los que treinla y dos de ellos hacen un doblon de á dos escudos, y al dicho respecto, hacen siete mil cuatrocientos y catorce doblones de á dos escudos, y mas dos reales de plata.

Otras cincuenta y una perlas que tiene S. M. Tiene S. M. (Dios lo guarde) un hilo ó gargantilla con cincuenta y una perlas redondas, que la mayor de ellas, que hace medio a la dicha gargantilla, es de treinta y cụatro granos de peso, y de ahí van las dichas perlas en disminucion hasta las dos que son de á Irece granos, escepto una que es la mas pequeña de todas las demás. Y en los trechos que hay desde la perla de el medio por ambos lados hasta las de los extremos, hay perlas de á veinle y cuatro y de á veinte granos. Y pesan todas doscienlos y selenta y ocho quilates que correspondo á ser á reinte ị dos granos sebles cada una, la una con la otra. Y valen conforme al dicho tamaño, y considerándolas en toda perfeccion, lienen de valor, ciento y cualro mil y quinientos reales de plala de los antiguos, de los que treinta y dos reales de plata de ellos hacen un doblon de á dos escudos de oro.

Y porque de mas del precio dicho se debe considerar y dar por mas valor de las dichas perlas, lo que las loca, y pertenece por la union de ellas, y trabajo y tiempo de haberlas junlado, por

la cual razon á estas dichas cincuenta y una perlas se las añade y acrecienla una cuarta parte de todo el dicho valor, y dicha cuarta parte monta, veinte y seis mil ciento y veinte y cinco reales de plata, los cuales juntos con los dichos ciento y cuatro mil y quinienlos reales de plata, que tienen de valor las dichas perlas, sin la cantidad que se les dá de mas valor por la dicha union, montan ambas partidas cienlo y treinta mil seiscientos y veinte y cinco reales de plata de los antiguos.

Los cuales dichos ciento y treinta mil seiscientos y veinte y cinco reales de plata reducidos à doblones de å dos escudos, contando treinta y dos reales de plata por cada doblon, haco cuatro mil y ochenta y dos doblones y mas un real de plata de los antiguos.

Estas dichas cincuenta y una perlas fueron del Principe de Piombiu, el cual (con otras cosas) las tenia empeñadas en una cantidad muy considerable, en poder de Pedro de Llanos, platero, y los herederos de dicho Pedro de Llanos, se las vendieron á Su Majestad (Dios le guarde) con consentimiento de dicho Príncipe.

Mas tiene el rey nuestro Sr. (Dios le guarde) las arracadas de perlas siguientes :

Dos arracadas de oro esmaltadas de blanco y negro y guarnecidas ambas con ocho diamantes jaquelados prolongados : otros tres diamantes almendrillas, pequeños, cada uno en un pendienle y no son mas de tres los dichos entre pendiente, por cuanlo falta uno en una de las dichas arracadas, y otros seis diamantes muy pequeños que están en el medio de un lacilo que sirve de copete á seis pendientes que tienen las dichas arracadas : dos asientos en los copeles de las dichas dos arracadas, y seis pendientes perillas de perlas, tres en cada una de las dichas dos arracadas, de forma que las dichas dos arracadas están guarnecidas de diez y siele diamantes, los ocho grandes jaquelados prolongados, los tres pequeños almendras, y los seis diamanles restantes son rosas muy pequeñas, y con dos asientos en los medios de los copetes y con seis perlas perillas grandes por pendientes de las dichas arracadas, ralo todo lo dicho, po1 pesa 19

.

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.

niendo el valor de las dichas seis perlas conforme á su tamaño por lo que se les dá de valor en toda perfeccion y con la union, y en los diamantes conforme a su tamaño y bajando de su precio los defectos que tienen, los cuales precios son los siguientes: 1 pesa 22 quilates, 28 granos.

38,720 Reales. 1 pesa 18 id. 72 id.

25,920 id. 1 pesa 18 id. y medio, 74 id.

27,380 id. id. y medio, 17 id.

30,420

id. 1 pesa 21 id. 84 id.

35,280 id. 1 pesa 20 id. 80 id.

32,000 id.

189,720 Reales.
Prosiguen las arracadas de perlas.
Asienlos 2.0
1 Area, 10 quilales : á 20 reales el quilale.

2.000 Reales.
1 Area, 9 id. á id. id.

1,620 id.

193,340 Reales. Monta todo el valor de las dichas seis perlas y de los dichos dos asientos, ciento y noventa у tres mil trescientos y cuarenta reales de plata, el cual precio es todo su valor, considerándolas en toda su perfeccion.

Y porque se les debe dar mas aumento de valor por la union, se considera el darlas una cuarta parle de mas de los dichos cienlo y noventa y tres mil trescientos y cuarenta reales de plala que tienen de valor sip la dicha union, y la dicha cuarta parte monla cuarenta y ocho mil trescientos y treinta y cinco reales de plata, los cuales juntos y sumados con los dichos ciento y noventa y tres mil trescientos y cuarenta reales de plala, montan ambas partidas doscientos y cuarenta y un mil seiscientos y setenta y cinco reales de plata, el cual dicho precio es todo el valor de las dichas seis perlas y dos asientos, considerándolas en toda perfeccion.

Los diez y siele diamantes dichos que tienen las dichas arracadas, los ocho de ellos son de á siete granos fuerles el uno con el otro y los nueve diamantes reslanles son pequeños y se considera el valor de todos los dichos diamanles y el oro de las dichas arracadas, scis mil seiscientos y veinte y cualro reales de plata, el cual dicho precio es la mitad de toda la tasacion de los dichos diamantes.

Monla todo el valor de las dichas dos arracadas en la forma dicha, doscientos y cuarenta y ocho mil doscientos y norenta y nueve reales de plata. Y estos reducidos á doblones, contando á treinta y dos reales de plata de esta por cada doblon de à dos escudos, hacen siele mil selecientos y cincuenta y nueve doblones y mas once reales de plata.

(1)

Biblioteca Nacional. X-21=M. S. S.

Copiado por Antonio do Torros,

Archivero, bibliotecario y anlicuario.

DISCURSO LEIDO ANTE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA, POR EL EXCMO. SEÑOR

DON ALEJANDRO LLORENTE.

21 DE JUNIO DE 1874. Tambien puede ocurrir alguna duda acerca del origen de la prosperidad de aquella República, nada semejante por cierto a otros Estados á que se dio igual nombre en la antiguedad, y menos aun á los que llevan en nuestro siglo. Bien lejos

rarlos; y

que inten

estaba en convertirse en República del ánimo de los habitantes de Amsterdam, de Midelburgo, de Leyden y de Groninghen cuando comenzaron sus alteraciones, pues ni siquiera fué su propósito romper el vínculo que de antiguo los unia con el heredero legítimo de la casa de Borgoña; y aun es de advertir que en los primeros tiempos no mostraron particular repugnancia á someterse á la dominacion de Felipe II, bajo condiciones que dejando á salvo sus fueros y franquicias hicieran tambien desaparecer la causa borrando el rastro de los precedentes disturbios. Ni menos con la forma monárquica debian de hallarse mal avenidos, pues que á tantos Principes hicieron luego ofrecimiento de la corona, entre ellos á la Reina Isabel de Inglaterra que les dispensaba una proteccion altanera, lasada y onerosa, al Rey de Francia aun cuando pertenecia á tan desventurada casa como era la de Valois, y aun llegaron á proclamar Soberano con título de Duque de Brabante á Francisco, Duque de Anjou, que tambien pertenecia á la misma raza, y solo por su falsedad y veleidades era notable; ni faltaron partidarios dentro de Holanda al Archiduque Matías, Principe de la estirpe austríaca, que sólo les llevó por auxilio la espada sin gloria de un fugitivo aventurero; los tuvo el Rey de Dinamarca, cuyo escaso poder no alcanzaba á ampa

el Conde de Leicester, á quien el favor de Isabel con ser tan grande no consintió que se elevase hasta el punto de ceñir una corona. Acaso los taban ofrecerla al Príncipe Guillermo de Orange hubieran llevado a cabo el propósito á pesar de la emulacion de otros magnates, si entre la paciente y disimulada ambicion de aquel Príncipe y el Trono que le proponian el asesino puñal de Baltasar Gerard no se hubiera interpuesto. Y si estos diversos proyectos no acreditaron la vocacion republicana de los neerlandeses, pues que solo por falta de un Rey á quien pudieran aclamar adoptaron la nueva forma de gobierno, menos la demostraron posteriormente la facilidad y prontitud con que fué creciendo el poder del Stathouderato al mismo compás que el lustre ya antiguo y la popularidad de la casa de Orange Nassau, fundada en los servicios de tan grandes Principes, político el uno, guerreros los otros, como fueron el mismo Taciturno y sus hijos Mauricio y Federico, Enrique, hasta que llegó la hora de acomodar el título á la esencia de las cosas, y decorar la Autoridad Suprema con el que habitualmente usan las Monarquías. Ciñéndome á los tiempos á que me refiero obliga la fuerza de la verdad á reconocer que el régimen establecido en los Paises-Bajos aun despues de su revolucion, en nada se asemeja el que lleva el nombre de democrático en nuestros dias, pues que si bien residia en los estados generales la potestad superior, aquellos se componian de representantes de los estados de provincia, y estos de delegados de los Municipios, los cuales eran corporaciones revestidas de verdadero privilegio, segun la acepcion que dan hoy muchos á esta palabra, aunque no en provecho de ellas, sino con ánimo de esta blecer el mejor Gobierno en beneficio de todos. Y como estas corporaciones, compuestas de los mas acaudalados, se completaban con nombramientos que ellas mismas hacian al ocurrir vacantes, resulta que en aquellos grados de delegacion sucesiva no habia sombra ni asomo de eleccion popular ni intervencion de la muchedumbre; y que no manejaban el Gobierno otras clases sino los magistrados, los Profesores de artes liberales, los que habian ganado caudal en el ejercicio del comercio

y

la industria en cuanto a las ciudades y lugares populosos, en union de ciertos nobles y señores que por derecho propio se arrogaban el de representar á las poblaciones rurales: de tal manera, que si era sobradamente crecido el número

personas que manejaban los negocios del Estado para que pudiese cuadrar á

de

este el nombre de oligárquico, tampoco se podia confundir con repúblicas democráticas como la de Atenas ú otras de Grecia, y menos con las que llevan hoy igual denominacion. Y aun cuando es árduo apuntar en breves frases cual es el origen de la grandeza o decadencia de cada estado, si se me estrechase á explicar como fué tan alto el vuelo de aquella naciente república, contestaria sin vacilar que se hubo de atribuir, mas bien que á causas misterosas, ni á la mágica virtud de las palabras, ni aun á la menos quimérica de las formas políticas, á resortes harto mas poderosos, como fué, sobre todo, el ordenado concierto de las voluntades y de los esfuerzos, ayudado con patrióticos sacrificios, con el amor al trabajo, fuente de todo linaje de grandezas en los pueblos modernos y con cierto instinto práctico reñido con las quimeras y apreciador exacto del límite de las cosas posibles, á cuyas dotes suelen ir reunidas ciertas virtudes modestas, que con ser subalternas no por eso dejan de ser provechosas para su felicidad y solidez asi de las monarquías como de las repúblicas; aunque en el caso á que me refiero po fué poco lo que ayudaron luego á realzarlas el brillo de las artes y el lustre de rasgos heroicos, como respectivamente lo acreditan la fama de Rembrant y de Hemskerque.

Se me ha de perdonar esta digresion á que ha dado origen mi propio convencimiento, autorizado ciertamente con el ejemplo y práctica del personaje á quien he consagrado mi discurso. Pero nada mueve á que se haga aprecio de las partes de un combatiente quien pasa por alto las de su contrario, cualesquiera que sean el origen y justicia de la contienda ó el término final de la misma, y así es, que para poner de realce el valor y proezas de los españoles, nunca desaprovechó Coloma las ocasiones que a su notoria imparcialidad se ofrecieron al referir aquellas guerras, con cuya memoria para siempre quedó tan relacionada su propia reputacion militar y literaria.

Ya es tiempo de que volvamos a hablar de este último, á quien nombró el Rey Gobernador de Perpiñan, Lugarteniente de Capitan General de los Condados de Rosellon, Puigcerdá y Cerdania, en Junio de 1600, es decir, dos años despues de la muerte de Felipe II. Doce habian sido los que pasó asistiendo á las continuas campañas de Francia y de los Paises-Bajos, y tiempo era que reposara de tanto cansancio y peligro en su nuevo empleo, donde sin embargo no habian de escasear las inquietudes. Si á costa de largos tratos habia sido posible a los Gobiernos situados á uno y otro lado del Pirineo firmar las paces de Vervins, mas difícil era avenir las ánimos de entrambos pueblos al cabo de tan largas y sangrientas discordias, por cuya razon quedaron en disposicion indecisa entre la a venencia

у el resentimiento, dudándose cada dia si al siguiente no renaceria la guerra, y sobre todo, en aquellas fronterizas comarcas del Rosellon colocadas entre los dos Reinos en posicion tan poco segura y resguardada de la ajena codicia, como luego lo acreditaron los sucesos. Aun durante los años mas tranquilos del reinado, antes y despues del doble casamiento que pareció prenda de paz entre una y otra corona, se encuentran en las correspondencias del nuevo Gobernador curiosas noticias acerca de sus forzadas relaciones con varios de los personajes, cuyas inquietudes ocasionaron tantos disturbios del lado allá de los Pirineos durante la minoría de Luis XIII. Con igual cargo pasó luego á Mallorca, pero necesito del breve espacio que los límites de este discurso consienten para referir mas graves sucesos. De las treguas de Holanda habia corrido gran parte del plazo; hablábase mucho de su terminacion próxima; hacia aquel mismo lado era posible saltase alguna chispa del incendio que levantaron en el Imperio aleman las materias de religion y la rebelion de Bohemia, y comenzaron á correr rumores de nueva guerra en Flandes cuando fue llamado Coloma á aquel teatro famoso de sus primeras campañas.

Habíale nombrado el Rey General de Cambries y Castellano de aquella misma ciudad de Cambray, de cuyo sitio en 1595 hizo tan fiel y animada relacion en su libro, y como no era en aquel puesto su asistencia precisa antes de que comenzaron las hostalidades, y parecia ocasion por otra parte de que fuesen oidos los consejos de su esperiencia, mandole el Archiduque Alberto que para en: trar en la Junta de guerra pasase á Gante, á cuyo lugar desde Bruselas se habia trasladado en nuestros dias la corte, pues lo era y no poco lucida la de los Paises-Bajos, aunque de ella suelen hablar nuestros historiadores menos de lo que su importancia reclama. Era además imágen fiel de la union de la casa de Austria representada en el casamiento del Archiduque Alberto con la hija de Felipe II; venia á ser como vanguardia de la Monarquía de España en medio de Europa, y como centro de las más interesantes negociaciones y de las más activas campañas, por cuya razon allí concurria un gran número de personas ilustres por las armas, por su rango, ó por el manejo y práctica de los negocios. Sobresalia y ocupaba el primer puesto entre los militares, como el mas insigne de todos, el genovés Ambrosio Espínola, que comenzando á ser soldado a los 30 años, de repente habia subido á los mas altos grados y cargos de la milicia, pero dando tan buena cuenta de ellos, que desde el prolongado sitio de Ostende, á principios del siglo, ganó celebridad en toda Europa, confirmada más adelante con diferentes campañas, durante las cuales se mostró digno competidor de tan prudente y experto General como era el Príncipe Mauricio de Nassau, y no eclipsada despues por ninguno de cuantos Generales extranjeros estuvieron al servicio de España durante el Siglo xvii.

Al mismo tiempo que General en aquellos ejércitos era Ambrosio Espinola Consejero de los Archiduques, depositario de su confianza, Mayordomo mayor de su palacio. Sostuvo con Coloma durante largos años relaciones de buena amistad y si bien no se logró su deseo de que fuera este último su cuartel Maestre general en la anurciada campaña, y aunque los tuvo alejados la diversidad de sus cargos, medió entre ellos por entonces continua y activa correspondencia.

Asi como este era el principal personaje en la corte y en los campamentos, de la misma suerte lo fué en los consejos el Marqués de Bedmar luego que llegó á Flandes, algunos años mas tarde que Coloma, concluida su embajada que le hizo famoso en Venecia, de donde trajo mortal ódio contra aquellos republicanos, у le duró hasta el último dia de su vida, de lo que he hallado repetidos rastros en su correspondencia con Coloma. Eran irregulares y extrañas antes de quedar viuda la Infanta las relaciones entre la corte de Madrid y la de Bruselas, sin que atinaran á determinarlas claramente los tratados, sin encerrarse esta última en los límites de la subordinacion, ni rayar en los verdaderos de la independencia, tampoco se acierta á comprender cuales fueron despues las funciones del Marqués de Bedmar si era Embajador del Rey de España, como lo rezaba su titulo, cerca de la Infanta, ó si de esta era como tutor o principal Ministro; pero seguro es que sin noticia

у

dictámen suyo no se adoptaba resolucion alguna que fuera de carácter grave y que con él habian de contar y tratar los Generales Españoles y los enviados Extranjeros . Por razones fáciles de comprender no podia menos de inclinarse aquella corte á cuentos partidos y resoluciones estrecharan la amistad y la alianza de España con Austria; pero aun mas austríaco que

lo

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