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muerto

antes

te el señor Abad se presentó en el ministerio á

tomar posesion de su destino, y halló un decreto Un ministro de destitucion, alegando que el obispo pendia del de nacer.

fallo que pronunciase en su causa el Consejo supremo de la Inquisicion. Ruborizado del doble juego que habia empleado con él un monarca poderoso, retiróse á su alojamiento, y no volvió a palacio, donde tantos lazos habia siempre tendidos contra los que no profesaban las ideas de sangre y horror que distinguian á los individuos de la camarilla. Redoblaron estos sus manejos, hasta que en 29 de Enero de 1817 elevaron en alas de su

favor al ministerio vacante á don Juan Esteban Lozano de Lozano de Torres, el hombre de la adulacion, de Torres.

la ignorancia y de la vileza. De la clase mas huinilde habia trepado al poder, no para defender al pueblo de que era hijo, ni en alas del mérito, sino por las gradas de la hipocresía y de la degradacion, divinizando á un príncipe que oprimia á su patria, y fingiendo con arte y falacia un amor á la real persona que rayaba en la ridiculez y el sarcasmo. Y sacrificando tambien al marques de

Campo Sagrado, que no quiso ser el ludibrio de Egula otra sus artes, sentaron segunda vez en la secretaría vcz ministro.

de la Guerra á don Francisco Eguía, á quien reemplazó en la capitanía general de Castilla la Nueva don Gaspar Vigodet. En la noche del 19 de Junio, en que firinó el rey la destitucion de Campo Sagrado, habíale regalado dos horas antes un magnífico canastillo de cerezas, y colmádole de agasajos.

Poner al lado de Garay á Eguía y á Lozano de Torres, para que pugnasen sin descanso contrariando los planes del ministro de Hacienda y anulando de hecho sus providencias, era burlarse de la moribunda nacion repitiendo la fábula de aquellas dos inugeres, de las cuales una destruía

1817.

Inntilidad de

por la noche la tela que la otra habia tejido durante el dia. De aqui es que Garay intentó en vano, apremiado por los asuntos de América, plan- los esfuerzos de

Garay. tificar medidas aisladas que ningun resultado produjeron, porque de nada sirve dorar la fachada del crédito público cuando el alcázar está arruinado ó no se apoya sobre sólidos cimientos. Para aumentar su oscilacion venian á combatirlo las olas de las conspiraciones, que aunque se estrellaban contra la apatía del pueblo y la fortuna del monarca, no por eso dejaban de anunciar á lo lejos una borrasca.

Habíase fraguado en Cataluña una conjuracion con numerosas rainificaciones, y se contaban en Conspiracion ella gefes militares de alta graduacion, einplea- taluña.

de Lacy en Cados y comerciantes de mucho inAujo en el Principado. Los generales don Luis Lacy y don Francisco Milans andaban enredados en sus hilos; y creíase que esta vez triunfaria la libertad, porque sus amigos no temian una grande resistencia en don Francisco Javier Castaños, que inandaba las armas de Cataluña, engañados con la tortuosa política que empleaba. El general Lacy, que habia derramado su sangre en la batalla de Ocaña, en los cainpos de Cádiz y en tantos puntos del reino peleando en favor de la independencia nacional, viose con disgusto pospuesto y arrinconado á la vuelta del monarca, porque no habia sido de los que aprobaron con viles lisonjas la abolicion del gobierno representativo. Y habiendo hecho un viaje a Madrid , y asistido á varias juntas secretas de los liberales, en las que figuraba el conde de La Bisbal, ofrecióles tomar parte en el alzamiento proyectado, y desenvainar su espada contra la tiranía, que asi yermaba y destruía á España. Hallándose pues al comenzar la primavera de este año 1817 en los baños minerales de CalT. II.

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Castaños.

1817.

detas, donde se habian congregado los principales corifeos del levantamiento, decidióse unánimeinente que habia sonado la hora de la esplosion. Dos oficiales conjurados, ó por cobardía, ó por el vil estímulo del interes, denunciaron el plan de sus compañeros, al propio tiempo que en una cena que dieron en la fonda de lord Wellington de Barcelona varios jóvenes, dejaron traslucir el pro

yecto, que llegó á noticia del capitan general. Inaccion de Castaños, juntamente con la denuncia de los dos

traidores. Sin embargo, el astuto Castaños no se dió mucha prisa á dictar providencias, porque temia

que todas las tropas tomasen parte en el restablecimiento del gobierno representativo, y porque queria jugar con seguridad , mucho mas cuando la delacion era vaga, y no daba toda la luz necesaria. Lució pues el dia 5 de Abril fijado para el estallido, y el comandante del batallon ligero de Tarragona don José Quer partió á Caldetas al frente de dos compañías, dando orden de que le siguiesen las restantes. El coronel del cuerpo supo la partida de Quer, y ayudado de otros oficiales impidió la salida de las compañías que debian seguir las huellas de las primeras; y frustrado el plan en el batallon de Tarragona, frustróse igualmente

en los demas cuerpos, donde Castaños bajo mano Frústrase el habia sembrado la cizaña. Asi descubierta la consproyecto.

piracion, y cortados sus brazos, Lacy quedó aislado en Caldetas con algunos amigos, y las dos compañías que mandaba don José Quer.

Entusiasmados los soldados con la presencia del general don Luis Lacy, juraron morir en su defensa, y colocado el bravo guerrero á su cabeza, dirigiéronse á una casa de campo de don Francisco Milans, punto de reunion adonde debian acudir diferentes cuerpos. Pasaron la noche entre zozobras é inquietudes, porque ninguno venia y el

tiempo era precioso: al despuntar la aurora llegaron varios oficiales iniciados en la trama huyendo de Mataró y de Barcelona, y declararon que todo estaba descubierto. Resolvió Lacy dirigirse á Mataró, y sublevar la guarnicion y el pueblo ; pero ya entonces los agentes de la tiranía habian ganado con el oro á inuchos soldados de las dos compañías de Tarragona, y el iniedo dominaba á otros: en vano Milans opuso sus esfuerzos y promesas para impedir la fuga: los soldados se dirigieron á Areñs de Mar, donde se presentaron á las autoridades, dejando abandonados á sus gefes. No quedó mas recurso á Lacy y demas compañeros que pensar en ponerse en salvo; pero ya era tarde, porque ademas de varias partidas de paisanos enviados en persecucion de los fugitivos, Castaños, que vió eclipsada la estrella de la libertad, mandó salir de Barcelona algunos destacamentos de tropa para que acosasen y prendiesen á los sublevados. Milans tomó una senda y Lacy otra: el primero con los que le seguian logró escaparse; pero el segundo, delatado por el dueño de una quinta donde descansó breves instantes, se vió cercado por los paisanos. No quiso rendirse á quien no perteneciese á la milicia; y durante esta porfia llegó un piquete de soldados mandado por el alferez de Almansa don Vicente Ruiz; y Lacy iba á entregarle la espada, cuando Arresto de Lael oficial le dijo: "V. E. me dispensará que no za del oficial. acepte su acero, porque en ninguna mano está mejor que en la suya.” No debemos pasar en silencio que el mismo oficial Ruiz fue ascendido á capitan por haber prendido al general Lacy, y que restablecido en 1820 el gobierno representativo, renunció el nuevo grado en las Cortes "por no ser compatible con su delicadeza."

El general Castaños dio cuenta á los catalanes

Proclama de Castanos.

de los anteriores sucesos en la siguiente proclama.

"Una conspiracion, al parecer por individuos de varias clases, en que se hallan mezclados los generales don Luis Lacy, y don Francisco Milans, que en otro tiempo han hecho servicios tan singulares á la patria, debia llevarse á efecto la noche del 5 del corriente , siendo su objeto el trastorno del gobierno, el restablecimiento de la abolida Constitucion, y el despojo de la autoridad que el rey me ha concedido: pero las enérgicas providencias que tomé desde el momento en que por especial favor de la Providencia tuve la primera indicacion de tal atentado desbarataron en su origen las quiinéricas maquinaciones de los sediciosos, y acosados por todas partes estan ya en prision casi la mayor parte de los que hasta aqui pueden calificarse como tales: se practican diligencias activas para el descubrimiento de sus cómplices ó cooperadores, y se persigue muy de cerca á los que momentáneamente han podido abrigarse en las montañas.

En medio de las aficciones que me han rodeado estos dias, he tenido el particular consuelo de que no solo el pueblo de Barcelona, sino todos los de la provincia , lejos de haber tomado la menor parte en las ideas de los sediciosos, los han mirado con el horror que merecen, y auxiliado eficazmente á los encargados de su persecucion y arresto: conducta que igualmente ha observado el ejército y sus gefes, poniendo en el último grado de perfeccion la disciplina de los regimientos, puesto que solo dos compañías del batallon ligero de Tarragona, engañadas por su segundo comandante don José Quer, fueron las que por pocas horas fundaron todas las esperanzas de estos desgraciados, que, a pesar de sus esfuerzos, no han conseguido ni aun por un

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