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La infanta

talento y fátua presuncion, convirtiéronle en un personage de farsa, que al paso que servia á los fines de los otros, escitaba la risa del rey con sus dislates y estravagancias. No tardó en desaparecer de la corte, para que todos se hundiesen por turno en aquel peligroso teatro, el nuncio del Papa

don Pedro Gravina, quien se despidió del rey en 1817. 1.° de Agosto y regresó á Roma á presentar a los Despídese Gravina.

pies de su amo los títulos que habia adquirido á su gratitud trabajando en Madrid á favor del santo oficio y de la intolerancia religiosa.

La reina dió á luz en 21 de Agosto una inLija de la reina fanta, á quien pusieron por nombre María Isabel Isabel María Luisa. Rodearon en el parto los mayores peligros

á la esposa de Fernando, acrecentados con los errores que cometió un cirujano poco práctico, quien aturdido y fuera de sí condenó á la infeliz a un cruel martirio. Los cortesanos prevenidos contra su esposo, al que la opinion pública suponia entonces atado con cadena de rosas á una deidad de Sacedon, sospecharon del cirujano; pero no existian motivos fundados para tan negras suposiciones, que no obstante divulgó la fama por los salones. Los españoles amaban á la reina, y los que conocian sus prendas y cuán digna era de ser feliz lastimabanse de su triste situacion. La princesa recien nacida, esperanza de la nacion que pensaba que al dulce nombre de padre se borrarian en el pecho del mo

narca los afectos menos nobles, no prometia larga Fallecimien- vida, y murió en 9 de Enero de 1818.

A pesar de Garay y de sus denodados esfuerzos los atletas mas exaltados del realismo puro nadaban en el favor y levantaban la cabeza, sumergiendo bajo sus plantas á los que intentaban

hacerles rostro. Lozano de Torres, aclamado regiPremios ra- dor por muchos ayuntamientos, condecoraba su

pecho con la cruz de Carlos III en premio de ha

to de la infanta.

TOS.

ber publicado el embarazo de la reina (*): Elio (* Ap. lib. 8.

núm. 13.) ornaba el suyo con la grande de Isabel la Católica por resucitar la tortura en su provincia, y don Carlos España, despues de haberse perfeccionado en el oficio de verdugo al lado de Elío y haber demostrado su crueldad en Tarragona, cuya plaza gobernó, fue nombrado segundo cabo de Cataluña, y mas adelante elevado á conde de España en un decreto autógrafo que le llainaba descendiente de los condes de Cominges y de Foix. La palanca pues con que Garay queria levantar el crédito rompíase herida por el acero proscriptor de los palaciegos. La agricultura, empobrecida con las agonías del comercio, bloqueado por los corsarios americanos desde Cádiz à la Coruña, cortaba los brazos Estado de Esá la industria: la desconfianza crecía, y el ministro paña. de Hacienda veía cegados los manantiales de la pública riqueza, sin que el ingenio humano bastase para hacerlos brotar de nuevo.

Entre tanto el rey habia entablado y concluido por sí mismo en su correspondencia autógrafa con el emperador Alejandro la compra de una ar- Compra de la mada rusa, compuesta de cinco malísimos navíos de línea de 74, y tres fragatas de 44, cuya armada, que mandaba el almirante Moller, fondeo en Cádiz el 21 de Febrero. El bailio Tattischeff, que habia trabajado en el asunto con suino ardiiniento, privaba entonces con el monarca español, como llevamos dicho, constituido centro de la camarilla, la que, derribados casi todos los consejeros de Valencey que le hacían soinbra, se enseñoreaba en palacio, árbitra de la voluntad y del poder de Fernando. Ni el mal estado de la escuadra le perinitia darse á la vela, ni se hallaban preparadas las tropas para el embarque, pues llegaban lentamente al campamento á causa de la falta de recursos: inútilmente luchaba Garay con la mise

armada rusa.

1818.

1818.

tierro de los

ria del pais, el descontento de la clase media y el egoismo del clero: tuvo el ministro que confesar su iinpotencia cuando todos los eleinentos conjurados contrariaban sus ideas. La camarilla, que acechaba este momento, representó al rey la inutilidad de los servicios de Garay; y en la mitad de

la noche del 14 de Setiembre fueron arrancados Caida y des de su lecho y de los brazos de sus familias don ministros Ga- Martin Garay, don José García Leon Pizarro y ray, Pizarro y don José Vazquez Figueroa, ministros de Hacienda,

Estado y Marina, y condenados al destierro. Salieron de Madrid escoltados por fuertes piquetes de caballería, y la esposa de Pizarro, embarazada y enferina, se vió á pocos dias comprendida en el confinamiento y obligada a dejar la corte. Ocuparon sus resa pectivos asientos don José Imaz, el marques de Casa Irujo y don Baltasar Hidalgo de Cisneros.

El infante don Francisco de Paula, que sepaEl infante rándose de sus padres en Italia habia regresado á don Francisco

España en Mayo, estaba destinado á dar su mano á la princesa Carlota, hija de los reyes de las dos Sicilias, cuyo enlace se verificó en los primeros me. ses del siguiente año. La ninguna parte que por su tierna edad habia tenido el infante en los sucesos de Bayona, y el haber seguido hasta entonces la suerte de sus padres, despertaban sumo interes en favor de don Francisco.

Un funesto acontecimiento llenó de luto los corazones de los españoles sensibles: la virtuosa

Isabel, cuya dulzura y amabilidad hacian retoñar Muerte de la secas esperanzas, murio súbitamente en 26 de Direipa Isabel,

ciembre de una alferecía. Como falleció preñada sacáronle despues de su inuerte una niña tainbien sin vida; y divulgóse la voz de que habia espirado atosigada, y que al estraerla el feto lanzó un ay agudo que manifestaba no haber, dado todayia el último aliento, como los inédicos creían.

de Paula,

Ninguna prueba tenemos que acredite hecho tan
atroz, forjado sin duda por la malevolencia y por
la desventajosa opinion que merecia el rey á sus
cortesanos cuando se trataba de las virtudes mora-
les
у

de los tiernos sentiinientos del alma. No obstante tan injusta sospecha Fernando pagó el debido tributo á la naturaleza en la muerte de su Dolor de Feresposa Isabel, pues si hemos de prestar fé á una nando, persona de elevada esfera que vivia en palacio, fue esta la vez única en que le observó inas enternecido y angustiado. La nacion sintió la desventura de su reina, porque el inonarca quedaba desde entonces entregado de todo punto en manos de sus favoritos de antesala, que lejos de contener la propension de su carácter le despeñarian en mayores desaciertos, Era Isabel de mediana estatura, los Retrato de ojos hermosos y azules, la fisonomía noble y es

Isabel. presiva, y tenia unas manos muy lindas.

Todas las plagas amagaban infestar el reino: la peste llamada el Bubon asolaba el Africa, y el cordon sanitario tendido por la costa de Andalucía era la única barrera opuesta al contagio. Desde que en Granada se fundó la primera sociedad secreta posterior á la vuelta del rey habíanse der- . rainado por las provincias y principalmente por el ejército sus afiliados, y inultiplicado las logias, como otros tantos rayos que partian del gran oriente granadino. Las conspiraciones apagadas en un pun- Agitacion. to renacian en otro como la hidra de la fábula; y lo peor es que el pueblo carecia de la ilustracion necesaria para el cambio que se meditaba, y que cuando la lana no está preparada con las tintas primeras no toma la tela el color perfecto de púrpura en su grado inas alto de hermosura. Habíase cogido en Murcia el hilo de una de estas sociedades, y á consecuencia de las revelaciones de un individuo eran encerrados en el castilo de Alicante

Valencia.

y en los calabozos de la inquisicion el entonces brigadier Torrijos, Romero Alpuente, Lopez Pinto y otros ciento.

En Valencia el general don Francisco Javier Elio, al paso que construía caminos, proyectaba canales de Cullera á la capital que cruzasen el la

go de la Albufera, y limpiaba la provincia de laArbitrarieda- drones, llevaba al mas alto grado la tiranía. Disdes de Elio en tintas veces habia condenado al patibulo, bajo

el pretesto de conjuraciones descubiertas, á varios habitantes del pais, inocentes casi todos, desnudando el proceso de las formas legales. Bastaba una sospecha leve de liberalismo para que enviase sus satélites á los pueblos y caseríos, los cuales, arrebatando de la cama donde reposaba el sospechoso, solíanle arcabucear á la puerta misma de su casa, propalando despues que lo habian muerto por ladron. Asi sin causa, ni defensa, ni fallo alguno judicial, disponia de la vida de los ciudadanos,

dando la orden de muerte en un simple y mezquiSentencias no' retazo de papel. A otros mas calificados acosilegales.

tumbraba llamarlos á su palacio y reconvenirles

golpeándolos con sus propias manos, afrentándolos Inicuos atro con bofetadas y dicterios á uso de verdugo, coino pellos.

hizo en 1814 con el inmortal don Leandro Fernandez de Moratin, á quien osó el monstruo sacudir

con su sacrílega diestra. En los calabozos del castiTormentos. llo de Murviedro renovó los tormentos prohibidos

por las leyes, arrancando con la fuerza del dolor delaciones falsas que servian para condenar á ciudadanos tranquilos que descansaban en la inocencia. La audiencia de Valencia se opuso á los llamados apremios ó tormentos de Sagunto, y representó al monarca sobre aquel quebrantamiento de las leyes; pero como Elio conservaba tanto prestigio en el ánimo del rey desde los sucesos de 1814, recibió la audiencia una real orden para

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