Imágenes de páginas
PDF
EPUB

Mientras así triunfante en Portugal, hacia pedazos el reino de los Benu-l-aftas, rindiendo y sometiendo á sus gualíes, penetraron los moros toledanos en Castilla la Vieja, cometiendo todo género de excesos. Voló al socorro de sus estados el soberano de Castilla, y poniendo sitio á San Esteban de Gormaz, plaza de mucha fortaleza, llamada tambien Castro-Moros, la rindió en breve, con lo cual, y habiendo dejado guarnicion en ella, pasó á la conquista de Vado del Rey y de Verlanga, apoderándose asimismo de Santa María de Aben-Razin (Albarracin). Despues corrió el campo de Tarazona, y paseando la Carpetania, llevó el pavor á lo interior del reino de Toledo, asolando los territorios de Talamanca, Uceda, Guadalajara y Alcalá de Henares, y cayendo sobre Madrid. Estaba sobre esta villa, cuando Al-Memon, rey de Toledo, vino á rogarle que le aceptase por vasallo, ofreciéndole dones de gran precio, con lo cual se templó la cólera de don Fernando, quien dió la vuelta á su reino ufano y victorioso.

Más adelante, ya en el año 1063, internóse dicho príncipe en el territorio de Almotadid, rey de Sevilla, el cual, con ser el más poderoso de los soberanos de taifas, tuvo que seguir el ejemplo de Al-Memon, sometiéndose á venir en persona al campo del castellano para ofrecerle párias y presentes. Y aunque le recibió la obligacion de párias anuales, por consejo de sus grandes y obispos, no fué esto obstáculo para que realizase sus pretensiones sobre Coimbra, tomándola en 1064, despues de un sitio de seis meses: allí quedaron cautivos en poder del vencedor más de cinco mil habitantes, y obligados los demás á abandonar sus hogares con solo lo necesario para el camino.

Estaba sitiando á Valencia (1065), cuando le atacó la enfermedad que le condujo al sepulcro.

La lápida de su mausoleo dice que hizo tributarios á todos los sarracenos de España 1.

Breve y casi desnudo de importancia para el asunto que nos ocupa el reinado de su hijo mayor don Sancho, dió lugar, sin embargo, al logro de una expedicion dirigida contra el rey de Zaragoza, que se declaró su vasallo.

1 Sandoval, Cuatro Reyes, cap. 1.

CAPÍTULO III.

Carácter oriental de la córte de Alfonso VI.—Alianzas del rey de Castilla con el soberano de Toledo.-Conquista de Córdoba.-Expedicion contra Sevilla.-Toma de Toledo.Capitulaciones otorgadas por el monarca castellano.--Política de Alfonso VI con los árabes de la Península.-Batalla de Zalaca.-Purificacion de la mezquita de Toledo.-Fuero de mozárabes.-Triunfos de los cristianos en tierra de Valencia.-Conquista de Sevilla por los almoravides.

Debilitados cada vez más los musulmanes con la ruina del califato de Córdoba, consumada la obra de disolucion emprendida por la aristocracia sarracena, manteníanse dificilmente sobre tronos, creados por la anulacion del patriotismo y sostenidos por la precaria alianza de los reyes cristianos, la efímera soberanía de los príncipes conocidos en la historia con el sobrenombre de reyes de taifas. Época calamitosa para los fervorosos muslimes la en que se realiza la caida de los Omeyas españoles, vino, sin embargo, á satisfacer las inclinaciones de los verdaderos árabes, quienes disgustados del absolutismo de los monarcas de Córdoba, no menos que del fanatismo intolerante de africanos y convertidos, habian anhelado en todo tiempo dar expansion á sus liberales instintos, ora en la elegancia suntuosa de sus costumbres, ora en el cultivo de las ciencias y de las artes. Como en los antiguos pequeños estados de la Grecia, y algun tiempo despues en las repúblicas que se formaron sucesivamente en Italia, cada reino musulman, aunque débil en la relacion política, se convirtió en un centro de ilustracion y de cultura, que multiplicaba hasta lo infinito las variadas producciones del talento. Por tales causas, contendiendo las córtes de los nuevos soberanos en el esplendor con que revestian su aparato de grandeza, daba lugar aquella inmoderada pretension á una perpétua enemiga entre los príncipes, receloso cada cual de que su émulo aspirase á restablecer el

califato. Agréguese á estas mudanzas el descrédito creciente de los faquíes, que eran las columnas del antiguo edificio gubernativo, y se comprenderá el provecho, que un príncipe cristiano, belicoso y tolerante podia sacar hábilmente de tal estado de cosas.

Á dicha acertó á reunir estas prendas, con la rica herencia de Fernando I, un monarca afortunado, el más á propósito por su carácter para levantar la ya presentida unidad española sobre la diversidad de intereses y de creencias. Las circunstancias históricas vinieron igualmente en su apoyo.

Habíase familiarizado Alfonso VI, durante su residencia en Toledo, con las costumbres de los alárabes, bajo cuya proteccion viviera en el destierro. Conocedor por este medio de la lengua é iniciado acaso en la literatura de los muslimes, protector él mismo de los literatos árabes, ofreció en breve la córte castellana no escasa analogía con una córte oriental. Fiel á las tradiciones de la política de su padre, reducida á empobrecer á los moros, antes de conquistarlos, puso á su servicio los recursos de un talento diplomático á la manera de aquel siglo, manifestado con éxito en muy afortunadas negociaciones.

Comenzó á dar pruebas de su sagacidad exquisita en la expedicion que hizo á principio de su reinado, con el objeto de acompañar á su aliado Al-Memon á la conquista de Córdoba; pues si bien fueron rechazados en las primeras tentativas por el valor de los que defendian la plaza, no tardaron en conseguir sus deseos, merced á los tratos secretos que mantuvo con Hariz Aben Oquexa, gobernador de un castillo puesto en las cercanías, el cual dió auxilio y traza para entrar en la ciudad. Ayudóle á continuar en este camino, que emprendió con suerte, la confianza que inspiraba á los muslimes, los cuales acudian á su córte, seguros de obtener análoga proteccion y aun más segura que en las córtes sarracenas. Como muestra del aprecio y honras que dispensaba á algunos árabes, pueden servir las anécdotas siguientes.

Avanzaba don Alfonso por las tierras de la morisma, cuando el citado Aben Oquexa, no inficionado todavia por el contagio de la defeccion, le escribió en estos términos:

Ninguno entre los hombres es poderoso para destruir y asolar; y es seguro que si pudieran presentarse en tu camino diez como yo, no encontrarias la tierra desierta». Recibida la carta, avergonzado el rey ó picado en su amor propio (escriben los autores árabes), despachó un mensaje á Hariz, rogándole que pasase á su campo y ofreciéndole se

guridades por rehenes, que entregaria en su lugar de grandes señores y aun príncipes cristianos. Aceptó el campeon, y vínose para Calatrava, fortaleza situada al poniente de Toledo. Allí encontró á los cristianos, que no dejaron de admirar su estatura, gentileza y porte belicoso, como quienes conocian (dicen los mismos historiadores) la bravura de su prosapia 1. De los reales salió á recibirle el rey, muy afable y lleno de regocijo, mientras Hariz se apeaba y clavaba su lanza en tierra. Luego que Alfonso hubo contemplado su apostura, notable indicio de la verdad de cuanto le habian referido sobre el terror que infundia á los guerreros, condújole á un lugar donde estaban sus valientes y le dijo: Hariz, deseo ver tu modo de mantener campo». Á lo cual respondió Hariz con estas palabras: Este campeon no pelea sino con quien pueda hacerle frente; y para mi tengo la evidencia de que en cuantos me miran, no hay uno siquiera que pueda arrancar la lanza que he clavado en el suelo. Con todo, si alguno lograre, yendo á caballo, desprenderla, dispuesto estoy á lidiar con él cuerpo á cuerpo. Cabalgó entonces uno de aquellos valientes, y ni aun llegó á moverla de su sitio. Renovóse la prueba varias veces; pero sin resultado. Al fin dijo el rey al mantenedor:-Veamos, Hariz, cómo consigues remover la lanza». Hariz cabalgó y la hizo girar con la mano hasta sacarla del suelo. Admiróse la concurrencia y el rey se fué para él y le colmó de obsequios 2.

Ni es menos característico el suceso que se refiere del mismo soberano al negociar con él el celebérrimo literato de Silves, Muhammad Aben-Ámmar, ya que no sea su fondo una ficcion poética, como parece el de algunos romances castellanos, á que se asemeja en el argumento.

Era Al-Mutamid de Sevilla, segun refieren los historiadores antiguos, el más poderoso de los sultanes de España, y no faltaba á Alfonso VI en el pagar el tributo con que habia servido á Garcia y Sancho, hermanos de este príncipe en tiempos anteriores. No satisfecho aun el monarca cristiano, invadió el territorio de aquel príncipe, con grandes fuerzas y con propósito de agregarlo á su reino. Á dicha suya tenia Al-Mutamid por guazir en aquella sazon al poeta Aben-Ámmar, varon de mucho ingenio, y que conocia perfectamente el carácter de don Alfonso, como

1 Descendia de Oquexa-ben-Mohim, 2 Al-Maccari, t. II. compañero de Mahoma.

1

quien habia frecuentado su córte. Advirtiendo (observa Mr. Dozy) 1 que el rey de Castilla estaba arabizado, comprendió que no le seria difícil el atajar sus planes, si alcanzase á lisonjear sus aficiones ó sus caprichos. Á este fin, cuenta Abdelguahid 2, hizo labrar un hermoso ajedrez, que no tuviera par para uso de los reyes de la tierra, con piezas de ébano y madera de sándalo, incrustadas de oro. Con él se dirigió al campo de don Alfonso, alegando un motivo estudiado, para utilizar la estimacion con que dicho rey le honraba. Comenzó por mostrar el ajedrez á cierto magnate favorito del monarca, con lo cual, llegada la nueva de tan sorprendente maravilla á oidos de don Alfonso, manifestó su deseo á Aben-Ámmar de contemplar por sí propio el tablero admirable, que habia traido consigo. Accedió á mostrárselo el ingenioso guazir, bajo promesa de que jugaria con él dicho príncipe al interés que él señalase á trueco del tablero; pero aunque agradó muchísimo la obra á don Alfonso, codicioso ya de poseerla, meditando sobre las condiciones probables del juego, no quiso ratificar su empeño inconsideradamente. Ben-Ammar ganó, sin embargo, á algunos palaciegos á quienes confió en secreto el objeto de sus pretensiones, y siendo vehementísimo el deseo de don Alfonso por adquirir aquella joya, á excitacion de aquellos servidores venales, consintió en jugar. Perdido el juego, significóle Ben-Ámmar que pedia se retirase con sus huestes. Tan mal pareció la propuesta á don Alfonso, que estuvo á punto de no respetar el concierto; pero representándole sus nobles lo indigno de tal conducta, contentóse con recibir doble tributo al año 3.

El carácter, sin embargo, de Alfonso VI no se prestaba á repetir la escena, y fueron vanos los esfuerzos del mismo Aben-Ámmar, cuando arrojado del reino de Murcia, con cuya soberanía se habia alzado, solicitó la proteccion de dicho príncipe. Atento este al fin político de su preferencia, no levantaba mano en su propósito de adquirir el dominio directo en los estados muslimes de la Península, deshaciéndose de los soberanos feudatarios que tenia entre los sarracenos. Cupo la desventu

1 Histoire des Musulmans, t. IV, pági- juego de ajedrez solo presenta la máquina na 163.

2 Historia de los Almohades, texto árabe publicado por Mr. Dozy, pág. 83.

3 Á la verdad la concesion del doble tributo, explica suficientemente la retirada, en la exposicion de la cual la historia del

ó el adorno del cuadro. Con todo, esta narracion llama la atencion sobre el colorido etnográfico y temporal de historias moriscas semejantes, que se reproducen en el conocido romance castellano de don Pedro Fajardo, en los de Moriana y otros.

« AnteriorContinuar »