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ra de experimentar el primero los efectos de aquella política al monarca toledano. Vejado Al-Cadir de Toledo por sus vecinos de Sevilla, Badajoz y Zaragoza, hecho odioso y mal quisto entre sus propios vasallos, acudió en su debilidad al rey don Alfonso, quien prometió enviarle gente, no sin estipular de antemano que habria de recibir por el servicio sumas harto considerables.

Para satisfacer los deseos de su interesado protector, recurrió el mísero rey á los ciudadanos de más riqueza; y como rehusasen estos facilitarle lo que necesitaba, amenazóles con la pérdida de sus hijos, que serian depositados en calidad de rehenes en poder del rey de Castilla. No pudiendo sufrir tamaña flaqueza, ni exigencias tan intolerables, echáronle de la ciudad los habitantes de Toledo, mientras buscaban amparo en el rey de Badajoz, príncipe belicoso á quien juraron obediencia. Imploró nuevamente Al-Cadir al rey de Castilla, y empeñóle este su palabra de ir á poner cerco á Toledo, para restablecerle en el trono, á condicion, sin embargo, de que le diese cuanto dinero tenia, con oferta de entregarle en lo sucesivo cantidades de más consideracion, y algunas fortalezas en prenda. Consintió en ello Al-Cadir, y las hostilidades contra Toledo comenzaron en 1080. Llevaban dos años de sitio, cuando Alfonso envió, segun costumbre, una embajada al sevillano AlMutamid para reclamar las párias anuales. Iba de embajador encargado para percibir el dinero el judio Aben-Xalib con algunos caballeros castellanos. Sucedió que rechazando las monedas por parecer de baja ley, el judio repitió con altanería: «Yo no recibo más que oro puro: el año que viene tomaré ciudades». Tales palabras encendieron el ánimo no muy sufrido de Al-Mutamid, quien mandó prender á los caballeros comisionados y crucificar al judio 1.

Juró don Alfonso por la Santa Trinidad tomar venganza de la afrenta; pero hubo de resignarse por el momento á solicitar el cange de los prisioneros, que obtuvo mediante la entrega de la villa de Almodóvar. Desquitóse en breve asolando el reino de Sevilla, sitió la capital, devastó la tierra de Medina-Sidonia, y llegando á la playa de Tarifa, metió su caballo en el mar, á ejemplo de otros conquistadores, para declarar asi su poderío, que tocaba por esta parte en el último límite de España.

1 Dozy, Abbad, t. II, págs. 174, 187, 231, Histoire des Musulmans, t. IV, pág. 192.

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Satisfechos con este alarde su orgullo y su venganza, volvió á continuar el sitio de Toledo.

Perdida por el de Badajoz la esperanza de mantenerse en la ciudad régia, apresuróse á evacuarla con sus huestes, dando lugar por este medio á que volviera á ocupar Yahia Al-Cadir el trono de sus mayores. Tornó Alfonso á sus acostumbradas exigencias, y pareciéndole poco el dinero que alcanzó á reunir aquel rey de sus esquilmados muslimes, exigióle en rehenes fortalezas, villas y lugares. Sometióse á todo el desgraciado príncipe, menospreciado por sus súbditos, que emigraban en número considerable á los estados de los reyes vecinos. Para mayor confusion, apenas se hubo retirado el ejército de don Alfonso, comenzaron á correr impunemente sus tierras los ginetes de Al-Mutamid y del zaragozano Aben-Hud. Desesperanzado, en fin, de sostenerse en lo sucesivo, vista la gravedad de los males que trabajaban sus estados, resolvióse á escribir á don Alfonso, ofreciéndole la entrega de Toledo, con tal que le ayudara á recobrar el reino de Valencia.

El de Castilla, que no deseaba otra cosa, no se hizo esperar muchos dias. Voló con alas, dicen los cronistas árabes, juntando la mañana á la tarde, y cuando hubo llegado á la ciudad, quedó evacuada y á su disposicion, entrando en ella con su familia é hijos, no sin haber estipulado y jurado anteriormente pactos con los muslimes moradores, cuyo tenor era aproximadamente como sigue:

1.0 Que los habitantes muslimes tendrian seguridad para sus vidas y haciendas, así como para sus mujeres é hijos.

2.0 Que á nadie se impediria salir de Toledo segun su voluntad. 3.0 Que no se impondria contribucion á los que permanecieren, fuera de la capitacion de costumbre.

4.0 Que en el caso de volver un muslim despues de haber partido, pudiera recobrar sin dificultad la mayor parte de su hacienda 1.

المسلمين فى الانفس En el Kitebo-l-iktifa, codice de don 1 فيها من يومن من

Pascual Gayangos, utilizado por Mr. Do

se lee:

والاموال والاهلين والبنين وان من احب فطار 100 ,18 .zy, Abbadid, t. II, pig

منهم

لم يمنع منه ومن احب المقام اليها الفنش بجناح، ووصل الغدو بالرواح

التنقل لم يمنع فحين وافاه اخلی له البلد، وحصل فيها یلزمه سوی اداء الجزية على عدد الاشخاص وإن رجع بعد بالاهل والولد، بعهد انشرط عليه أن من

ما عنده

Á estas capitulaciones, señaladas menudamente en los historiadores árabes, añaden los nuestros otra, á que hacen frecuente alusion los escritores de los muslimes sobre la conservacion de la gran mezquita aljama 1, materia que volveremos á tocar más adelante.

Parece asimismo que por entonces se contentó Alfonso con habitar en el alcázar, dejando casi enteramente la ciudad en poder de los antiguos mozárabes y de los muslimes. La entrega de las fortalezas tuvo lugar el 25 de Mayo de 1085.

Pero si las ventajas de estas capitulaciones anuncian á las claras cuán grande era el anhelo del monarca castellano, por poseer la antigua capital del reino visigodo, nada impide que las consideremos tambien en otro sentido como una invitacion adelantada, dirigida por don Alfonso VI á los muslimes que en adelante se sometieran á su dominio. Á tener este carácter, como todo parece indicarlo, es indudable que el monarca castellano se hallaba á la altura de las circunstancias rodeaban, las cuales utilizó pasmosamente.

que le

رحيله نزل على ما كان بيده من عقار دون تعرض عليه في كثيرة فعاهدهم على ذلك وعطاهم صفقة اليمين واقسم لهم انه لا يغدر

في ذلك

1 De esta manera expone los mencionados pactos el arzobispo don Rodrigo: Cepit itaque Toletum, aera millessima centessima vigessima tertia, multis pactionibus interpositis, videlicet ut sarraceni haberent plene et integre domos, et possessiones, et omnia quae haberent, et Regi remaneret praesidium civitatis cum viridario ultra pontem, reditus autem qui antiquo iure dabantur regibus, se persolverent Agareni, et etiam quod maior Mezquita, eis in perpetuum remaneret». De Rebus gestis Hispaniae, lib. VI, cap. XXIII.

2 Refiérelo así el cronista Pero Lopez de Ayala, que memorando la entrega de Toledo, dice: «Ovieron (los moros) su pleitesía con el rey don Alfonso de esta manera: Que todos los moros vecinos de la ciudad que entonce allí vivian, fincasen en

sus casas, é con sus heredades, é con su mezquita mayor, é con sus alcaldes é oficiales, segun primero estaban en tiempo del rey moro cuyos eran: empero para se apoderar de la dicha cibdad, que el rey ficiese un alcázar en alguna parte della, é tomase con él algun apartamiento, dó toviese gentes suyas por ser seguro dellos y de la cibdad. É el rey don Alonso por cobrar una cibdad tal, que era tan noble, é tan grande, é tan honrada conquista, ovo gelo de otorgar á los moros que estaban en Toledo, segun lo demandaban... é mandó facer un alcázar, el cual es hoy allí, é un muro dende el alcázar fasta el monasterio de San Pablo. É tenia aquel muro el andamio de la parte de fuera, é las almenas contra la cibdad, é ficieron en él torres... É por esta razon... esta costumbre fincó así que nunca se llamó consejo, nin fabló en manera de consejo, nin eran razon de llamarse consejo; en los moros que tenian toda la cibdad eran el consejo (concejo). Año II de la Crónica de don Pedro I, cap. XVII. Sobre este punto insistiremos más arriba.

Cumple demás de esto observar que la mala administracion, que pesaba sobre los desgraciados súbditos de los reyes de taifas, era una tentacion constante al mudejarismo. Incomodados aquellos por contínuas exacciones, para pagar el tributo á los cristianos, de quienes eran vasallos sus reyes, veíanse forzados tambien al sostenimiento de córtes, que hacian gala de suntuosas y magníficas. En tal estado, la sumision á los cristianos mediante un solo tributo, no debia parecer antipática, dada la expectacion de vivir bajo un príncipe aficionado á las costumbres árabes y habituado á vivir entre muslimes. Comprendiéndolo así Alfonso VI, redujo toda la máquina de su política á dos principios únicos, que así revelan la profundidad de sus miras como su tacto admirable. Pensó sériamente en sujetar á su poderío directo la Península Ibérica, haciendo amable su dominacion al pueblo sarraceno, y convirtiendo en odiosa y despreciable la dominacion de sus reyes.

Conforme á este plan, la conducta de don Alfonso con aquellos soberanos, de amistosa y al parecer benévola en un principio, fuése haciendo cada vez más dura y exigente. Despues de la conquista de Toledo, recibió embajadores de todos los reyes de taifas, que le daban el parabien y se ofrecian á pagarle tributo. Llegó entre ellos á prestarle homenage en persona el señor de Albarracin Hosam Ad-daula, haciéndose preceder por regalos de gran precio. Como se divirtiese el emperador á la sazon en que entró Hosam-Ad-daula, contemplando los gestos de un mono, luego que le vió, díjole en son de befa: «Llévate esta alimaña en trueco de tus presentes». La alusion no podia ser más descarada; con todo, el príncipe, haciendo ademan de no entender el desprecio, aceptó el regalo, mirándolo como prenda de que no seria despojado de sus estados 1.

No guardó más respetos al poderoso monarca de Sevilla. Arreglado lo conveniente á la conservacion y defensa de la ciudad de los Benu-Dzin-Non, envió don Alfonso sus mensajes á Al-Motamid-ben-Al-Motadidben-Abbed, requiriéndole para que satisficiese el tributo anual y varias fortalezas, extremando la osadía con exigir que le fuera permitido á su esposa Costanza pasar á Zahra con motivo de su próximo alumbramiento, como asimismo efectuarlo en la mezquita aljama de Córdoba, por los puros aires de aquella ciudad y la virtud del lugar de la mezquita, en cuya parte occidental hubo un templo muy venerado de los cristia

1 Abbad, t. II, pág. 18.

nos 1. Esto era arrojar el guante á la desesperacion de los muslimes, que hacia tiempo tomaban sus medidas, á fin de parar el golpe que les estaba preparado. Con motivo de la última conquista del castellano, habia escrito el poeta Aben-Al-Gassel:

<Andaluces, tomad vuestras monturas, la permanencia aquí es un

error;

>El collar de la Península se desgrana por sus cabos: su hilo se halla roto por el medio;

› Vémosnos rodeados de enemigos que nos acosan; ¿cómo vivir en un saco de culebras?» 2.

Estos versos hicieron viva impresion en los reyes de taifas, que aceptando la frase de Mutamid:-Vale más guardar camellos al rey de Marruecos que cerdos al monarca de Castilla,-enviaron un mensaje secretamente á Yusuf-ben-Texufin, pintándole con vivos colores el estado de la Península, y encareciéndole la necesidad de que viniera en su ayuda. La invitacion, firmada por Al-Motaguaquil de Badajoz, Al-Mutamid de Sevilla y Abdallah de Granada, era tanto más lisonjera para Yusuf, cuanto que con la ocupacion de la ciudad de los concilios y la posesion de importantes desmembraciones del antiguo califato, creció el poder y ostentacion de don Alfonso hasta nombrarse emperador de los dos cultos, lo cual á los ojos de los muslimes, envolvia cierto sacrilegio, como que parecia ambicionar el título de Califa ó Amiramomenin de Occidente 3.

Sabedor el rey de Castilla de cuanto se negociaba contra él, encargó á literatos árabes, de los que vivian bajo su gobierno, redactar

4

1 Abbad, t. II, pág. 239. Al-Maccari, t. II, pág. 676.

2 Al-Maccari, t. II, pág. 672.

3 Se lee en el citado Kitebo-l-iktifa:

La verdad es que sin ceremonias tan solemnes como las usadas años adelante por Alfonso VII, solian apellidarse emperadores los soberanos de Castilla y de Leon desde Fernando I, circunstancia que ex

,plica Sandoral no may satisfactoriamente وتسمى بالانبرطور وهو بلغتهم اميرالمومنين diciendo que tomaban tal titulo por ser ويجعل يكتبه فى كتبه الصادرة عنه من

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principales sucesores en el imperio que los godos tuvieron en España, despues que los emperadores romanos cedieron y traspasaron en ellos el mismo derecho y suprema potestad que como reyes emperadores tenian (Cuatro Reyes, cap. 1).

4 Al-Maccari, t. II, pág. 679.

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