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de los que le rodeaban. Refiere al propósito el arzobispo don Rodrigo, que aprovechando una ausencia del rey el antiguo abad de Sahagun, y alentado por la reina doña Costanza, hízose acompañar de muchos cristianos, y entrando con ellos de rebato en la mezquita mayor de Toledo, no solo se atrevió á purificarla, sino que puso campanas en el más alto minarete para convocar á los fieles. Sabido el suceso por el rey, mostróse indignado y lleno de dolor, por cuanto pactara con los mudejares la conservacion de la mezquita; y apresurando la vuelta desde Sahagun, donde se hallaba, hizo el viaje en tres dias, no sin anunciar por todas partes, que iba á quemar al electo Bernardo y á la misma reina 2. Mas como llegase la noticia de su furor á los árabes toledanos, salieron así los grandes como los menores con las mujeres y los niños para recibirle y calmarle, hasta la villa de Olias (Magan dice la Estoria de España): los cuales vistos por el emperador, juzgando que venian en son de queja, trató de desarmarles, diciendo: No han injuriado á vosotros, sino á mí, que he mostrado una fé inviolable hasta ahora; mas ya que no pueda encarecer en adelante mi lealtad, cúmpleme satisfaceros con castigo severo de los culpados». Los árabes, no obstante, reflexionando lo que les estaba mejor, como cuerdos, levantaron la voz y pidieron hablar. Entonces el rey se detuvo un poco, con lo cual los árabes se expresaron de esta suerte: «Bien se nos alcanza que siendo el arzobispo jefe y príncipe de vuestra ley, cuando fuésemos causa de su muerte, ocasionada con motivo de su celo por la fé

فتعجب منه المسلمون وضحك عليه الكافرون وبسط الكافر العدل على اهل Cuando el ene» المدينة وحبب التنصر

migo se hizo dueño de Tolétula y colocó los habitantes de ella bajo su autoridad, salió de la ciudad Aben-Dzi-n-Non en estado sumamente deplorable y de manera harto bochornosa, viéndole las gentes llevar un astrolabio en la mano con que tomaba el momento de su partida, con asombro de los muslimes y risa de los infieles. El infiel, no obstante, administró justicia en Tolétula é hizo amable el cristianizar á la muchedumbre abyecta».

1 De Rebus gestis Hispaniae, lib. II, cap. XXV.

2

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proponens Bernardum electum, et reginam Constantiam incendio concremare. Ibidem. De imparcialidad semejante da testimonio nuestro antiquísimo poeta Berceo en su Vida de Santo Domingo de Silos (Coplas 733–750); describiéndonos el castigo que impuso Alfonso VI á unos caballeros, que hicieron cabalgada contra los moros de Guadalajara. Hablando de la condicion de estos, dice el poeta:

Ribera de Henares dende á poca iornada
Yace Guadalfaiara, villa muy destemprada,
Estonz de moros era mas bien asegurada,
Ca del rey don Alfonso era ensennorada.
A él le servia la villa é todas sus aldeas;
La su mano besaban, dél prendian halareas;
Elli los amenazaba de meter en ferropeas,
Si revolver quisiesen con christianos peleas.

cristiana, no escapariamos de ser maltratados algun dia; pues si muriese la reina por nosotros, no es menos cierto que nos hariamos aborrecibles á su descendencia, la cual habria de vengar el derramamiento de su sangre en lo venidero: por tanto, es nuestra voluntad rogarte encarecidamente que los perdones, á cuyo fin te alzamos desde ahora el juramento que nos tenias empeñado». Llenóse con esto de regocijo don Alfonso, viendo ya sin falsía la mezquita convertida en iglesia y entró muy alegre á ordenar las cosas de Toledo. Quizá todo no era más que un drama hábilmente ejecutado, llevada la habilidad hasta el punto de hacer servir la infraccion de las capitulaciones para representar á los muslimes, que vivian bajo su poder, que tendrian proteccion en la defensa de sus fueros y garantías, aun contra las personas más altamente colocadas. Mas sea como quiera, las historias árabes refieren el hecho con pormenores que por ser en alguna manera diferentes, no dejan de tener probabilidad en alto grado. En primer término colocan el acontecimiento de la purificacion de la mezquita á principios del año 1103, estando casado don Alfonso con Isabel Zaida, hija del rey de Sevilla, época que coincide con corta diferencia con la en que se otorgan los primitivos fueros de mozárabes castellanos y francos (1101). Demás acompañan su narracion con circunstancias muy curiosas, que demuestran la tolerancia de los cristianos 1.

Volvamos ahora al último rey de Toledo, que acompañado de gentes que le facilitó don Alfonso, capitaneadas por Alvar Fañez, se dirigió á

1 Tal es la narracion de Al-Maccari

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له احد بمكروه -Tratose de con» ولم يعرض vertir la aljama en iglesia en el mes de Ra وشرع في تغيير الجامع :(lugar citado) primero del aio 496 de la hegira (1103 de كنيسة فى ربيع الاول سنة ٤٩٦ ومما جرى في ذلك اليوم ان الشيخ الاستاذ المغامي -azala y mando a un su discipulo que leye صار الى الجامع وصلى فيه وامر مريدا

J. C.); y entre las cosas acaecidas aquel dia, merece citarse que habiendo llegado el jeque y doctor Al-Moguemí é la mezquita, hizo su

ra, á punto en que llegaron los cristianos

cambiar la alquibla ó frente del santuario,

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Dios los maldiga en gran nimero para) له بالقرأة ووافاه الفرنج لعنهم الله وتكاثروا على ازعاج منهم . sin que ninguno le arrancase de alli vio التغيير القبلة فما جسر احد الى ان الشيخ ولا معارضته وعصمه الله منهم

lentamente, ni le causase molestias, sino que el señor le defendió de ellos hasta que acabada la lectura se prosternó en tierra

mente. Luego salió sin que nadie le inco

-una vez, alzi la cabeza y lloro abundante اكمل القرأة وسجد سجدة ورفع راسه

, modara con pretextos وبكى على الجامع بكاء شديدا وحرج

la conquista de la ciudad y reino de Valencia. No fué poca dicha para Al-Cadir llegar á tiempo que pudieron favorecer grandemente sus intentos las divisiones intestinas que devoraban aquel reino infortunado. Aprovechando tan buena coyuntura, entró en la ciudad con los castellanos, auxiliares costosos, que debieron pagar harto caros sus servicios. Viéndose sin recursos, propuso Yahia á aquellos guerreros el que se estableciesen en el país, donde les repartiria dilatadas propiedades; mas no dándose por pagados, sobre hacer cultivar sus campos por siervos, cometieron todo linaje de excesos, robando, matando y recorriendo con sus algaras todo el territorio. Llamó el atractivo de semejante género de vida á su alrededor multitud de esclavos y gente baldía, que no tenian de mahometanos sino el nombre, quienes con fingida conversion al cristianismo, ó á favor de cierta indiferencia religiosa, harto comun entre gente de armas, aumentaban cuotidianamente el número de aquellas temidas bandas. Una palabra ó un deseo de Alfonso hubiera bastado para hacerle dueño de Valencia; pero encerrado en la habitual reserva de su carácter, aguardaba á que le abriesen fácil camino las hazañas, los castigos y aun las violencias de Alvar Fañez y del Cid. Retirado el primero de estos caudillos á la aproximacion de los almoravides para acudir á la defensa de su patria, y repuestos los cristianos de la jornada de Badajoz, volvieron sus esfuerzos contra los soberanos de la España Oriental. En tanto que las gentes del Cid se mantenian en Valencia, habíanse atrincherado en el castillo de Aledo algunos almogavares castellanos, los cuales, dirigiendo su terrible algara á los reinos de Murcia, Almería y Granada, tenian en conturbacion toda la tierra de Andalucía. La reputacion de aquellos guerreros los hacia á tal punto respetados, que no se atrevian los muslimes á hacerles frente, por mucha superioridad que tuviesen en número. Venia el rey de Sevilla con grueso ejército de sus gentes y de almoravides para auxiliar al señor de Lorca Aben-Al-Yaia, cuando tuvo noticia de que divagaban por el país trescientos castellanos. Lleno de confianza Al-Mutamid, llamólos á la pelea; pero no pudo contener la fuga de los suyos.

Era, pues, difícil hacerse ilusiones sobre las esperanzas de los sarracenos, sin el auxilio de los almoravides. Solicitáronlo otra vez los notables de Andalucía, y ahora Al-Mutamid pasó con este fin al África en persona. Fué, sin embargo, aquella expedicion tan deseada muy fatal para los soberanos árabes españoles; porque no solamente no alcanza

ron ventaja alguna sobre los cristianos, sino que fueron víctimas de la soberbia de los almoravides, quienes á pesar de su arrogancia, alzaban el campo de Aledo, al acercarse el rey don Alfonso con diez y ocho mil de los suyos. En cambio, dada la vuelta por los castellanos, que abandonaron y asolaron el castillo de Aledo, comenzó á dar rienda el almoravide á sus ambiciosos planes; y cediendo á las sugestiones de fanáticos faquíes, que preliminarmente le absolvieron de sus pactos, en otro viaje que hizo á España en 1090, despues de una expedicion hasta Toledo, cuyas murallas destruyó en parte, se apoderó de los reinos de Abdalláh y Temim, hijos de Badis, que teniendo los estados de Málaga y de Granada, habian implorado en vano el auxilio del rey de Castilla. Entonces, comprendiendo el monarca sevillano la suerte que le aguardaba, se apresuró á hacer alianza con Alfonso, á quien dió una hija suya por esposa.

De esta alianza, cuyo motivo real hemos expuesto, han formado algunos cronistas el argumento de una leyenda amorosa, cuyos pormenores pueden presentar con todo algunos elementos de autenticidad probable 1.

Como quiera que sea de estos pactos, intentando el general almoravide Sir Ben-Abí-Bequer apoderarse de los estados de Al-Mutamid, entrando y conquistando las ciudades de Jaen, Córdoba, Baeza, Úbeda y Carmona, pidió el rey de Sevilla auxilio á don Alfonso, que le envió el general Alvar Fañez con un ejército de veinte mil ginetes y cuatro mil

1 Cuentan algunas crónicas castellanas que deseando el rey de Sevilla dar una colocacion brillante á su hija Zaida, doncella tan hermosa como discreta, le ofreció en dote número considerable de poblaciones, cuyo señorío disfrutaba, residiendo en Cuenca. Que allí, teniendo nuevas de la bizarría de don Alfonso, le manifestó por mensaje cuántos eran sus deseos por verle, á lo cual accedió el emperador, acudiendo á Cuenca, despues de aconsejarse de sus grandes; y quedando muy pagado de la discrecion y prendas de la infanta, resolvióse á tomarla por esposa, si queria abrazar la religion del Mesías. Refieren asimismo que, aceptado el partido por la don

cella, vino en ello muy alegre Al-Mutamid, quien le dió en dote Cuenca, Huete, Ocaña, Uclés, Mora, Consuegra, Alarcos, Caracuel, con otros pueblos de importancia.

Observan, sin embargo, diligentes historiadores que tal casamiento no pudo verificarse hasta la muerte de doña Berta, acaecida en 1097, seis años despues que Al-Mutamid perdió el trono, lo cual hace pensar que hasta aquella época, en que tuvo lugar probablemente su conversion, no la hubo por esposa; mas sí por amiga, que con las fortalezas expresadas debia servir de rehenes y garantía de la lealtad del príncipe sevillano.

infantes; mas derrotado este ejército en Almodóvar, fué tomada Sevilla por capitulacion y conducido á Tánger su soberano.

Al siguiente año de 1092 apoderábanse los almoravides de Valencia, con muerte de Al-Cadir, que reinaba allí con apoyo de los cristianos; pero en breve fueron atajados sus progresos en esta parte por las no interrumpidas victorias del Campeador, Mio Cid Ruy Diaz.

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