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Nuestro archivo nacional, formado sobre el de la real audiencia de Charcas, a pesar de las destrucciones que ha sufrido por la acción del tiempo y de las guerras civiles, como tenemos dicho, contiene riquezas de un mérito inmenso para la historia. Basta recorrer el «Boletín y Ca tálogo» en los 106 números que se han publicado para poder apreciar los tesoros que guarda el archivo general de la nación y de cuya existencia poco se han apercibi do los gobiernos de Bolivia, y al que se acercan conta. dos hombres de letras a tomar notas.

V.

La historia general de una nación, por corta que sea la vida política que ésta ha tenido, exige una prolija y extensa investigación, y no puede ser la obra de un solo hombre, por más que existan estudios parciales que hayan preparado una parte considerable del trabajo de comprobación y esclarecimiento de los hechos, que es la parte fundamental de toda obra histórica. Como dejamos anotado, son todavía pocos los ensayos de esta clase sobre la historia boliviana, sin que ninguno haya abarcado en toda su extensión la historia general.

Es preciso bosquejar en conjunto la vida de la nación, haciendo conocer los diversos elementos que la han formado y la han seguido en su desenvolvimiento. No. basta para nuestra historia nacional la relación y el juicio crítico acerca de la sucesión de sus gobernantes, de las guerras que sostuvieron, y de las aparatosas manifestaciones de la vida política; es necesario remontarse a las relaciones del pasado, que hagan conocer y expliquen su espíritu y las diversas fases por que ha pasado la sociedad en el transcurso de los siglos.

Con modestos propósitos, aspiramos a escribir la historia nacional, evitando esos cuadros aparatosos y deslumbrantes, adoptando, con deliberada intención, el sistema narrativo, investigando los hechos con toda proligidad y refiriéndolos naturalmente, con el orden, el método y la claridad que nos sea posible, para ponerlos al alcance de todos.

Si solo el estudio y comprobación de los hechos materiales presenta dificultades enormes, se requiere una penetración verdaderamente superior y un constante hábito de estudios históricos para penetrar en su espíritu y pa

ra juzgar el carácter de los hombres y de los tiempos pasados.

Nos parece imposible cumplir en toda su extensión el vasto y difícil programa que nos hemos trazado; pero nos proponemos seguir nuestro trabajo con todo el esfuerzo posible.

La historia de nuestro pasado es en su mayor parte de carácter militar: las guerras de la conquista del suelo y de las razas, primero, y más tarde la guerra de la independencia, las guerras fratricidas, llamadas internacionales, entre pueblos hermanos, y las guerras civiles, forman el material preferente de la trama histórica, como que era también la guerra el asunto que más preocupó la atención de nuestros antepasados; pero ella era sostenida para operar una transformación social que ha dejado hondas huellas y la constitución de nuestra nacionalidad, que el historiador debe estudiar a la luz de la verdad, siguiendo los hechos en su verdadera génesis y sin cimentarse sobre declamaciones.

Pero al lado de estos sucesos estrepitosos, que los historiadores llaman acontecimientos importantes, hay otros que no los ejecutan los ejércitos, y que influyen con más eficacia en la felicidad de los pueblos: los cambios en las costumbres y en la moral; el trabajo del hombre y las riquezas del suelo; la vida económica que constituye la fuerza de los estados; el grado de instrucción de la sociedad y todos aquellos adelantos que se operan sin ruido y que el historiador debe estudiar con impar. cialidad de espíritu.

VI.

La historia de Bolivia, antes Alto Perú, se divide naturalmente en cinco épocas:

La primera comprende las tradiciones anteriores al descubrimiento y a la conquista de los españoles. La segunda, la conquista.

La tercera, la época colonial.

La cuarta, la guerra de la independencia.

La quinta, la República desde su fundación hasta nuestros días.

Estas grandes épocas pueden subdividirse en varias otras; pero nos limitamos a ellas que son las precisas para establecer el método.

El campo es inmenso y se desalienta el espíritu al

solo recorrerlo con la imaginación. Podemos repetir las palabras de don Vicente Ballivián y Roxas, cuando desistiendo de su propósito de escribir la historia de Bolivia publicó en París, en 1872, el tomo primero y único del Archivo Boliviano, y dijo que la empresa «exige la vida de un hombre en el vigor de la juventud, de que ya estamos distantes.>>

La empresa es grande y la acometemos sin desaliento, en cuanto y hasta dónde nos sea posible.

Nada encontramos nuevo en nuestros estudios y en nuestras prolijas investigaciones. Ordenar el material y metodizar su desarrollo, será nuestro empeño.

Mucho se ha escrito sobre la primera época-las tradiciones anteriores a la conquista de los españoles-y nos empeñaremos en condensar los principales relatos históricos, principiando esta parte por el descubrimiento de Colón, para apuntar en seguida las principales doctrinas que se han présentado en las investigaciones científicas sobre las transformaciones que se han operado en nuestro continente, desde las primeras edades hasta que fué descubierto por los europeos en su estado actual; sobre la procedencia del hombre americano; el origen de la civilización de los grandes imperios; el estudio de sus monumentos y ruinas, que dan el testimonio de una civilización prehistórica, sin que los sabios hayan podido llegar a conclusiones satisfactorias, quedando todas sus doctrinas o pretendidos principios científicos como simples hipótesis.

Corresponde a esta parte de nuestros estudios, la historia del imperio de los incas, que tenía por capital el Cuzco. Esta historia ha sido formada sobre las tradiciones que hallaron en el Perú los conquistadores europeos y que no resiste al análisis de la crítica. El origen de los incas es misterioso: su aparición, como su poder y autoridad se atribuye a un pretendido orígen divino.

Fuera de ese carácter mitológico y cscuro, está su dominio y su poder conquistador, que se extendió por el norte hasta Quito, y por el sud hasta la Argentina y Chile. Las leyes y las instituciones sobre las cuales se fundó la grandeza y la prosperidad del imperio fueron admi-. rables. Esto pertenece a la historia positiva.

Un estudio comparativo de la legislación española de las Indias con la legislación de los incas, demostraría que la mayor parte de las leyes de Indias, especialuiente las primeras ordenanzas de los virreyes, no eran,

sino las leyes y usos que seguían en vigor desde la época del imperio incaico y que los españoles trataron de conservar. «Tres legisladores fundamentales tuvo el Perú indígena: Manco-Capac, Santo Toribio (concilios) y Toledo.>>

Todo esto constituye la historia de un pueblo, como estudio de su origen, de su civilización y desarrollo.

La segunda época, que comprende la conquista, cuenta con muchos historiadores: los héroes o aventureros que la ejecutaron, han relatado sus hazañas, desde el admirable diario de Colón.

Preciso nos será al principiar esta parte volver a los primeros viajes del descubrimiento, que agrandaban y poblaban el nuevo continente, para ingresar en la relación del descubrimiento y la conquista del Perú por Francisco Pizarro; en la división del territorio conquistado, en la guerra civil y los crímenes que le siguieron.

El descubrimiento de América que llenó de asombro al viejo mundo, dilató el espíritu por horizontes desconocidos, agitó la imaginación de los pueblos, impulsó las artes y las ciencias y abrió nuevos rumbos a la marcha de la humanidad. Tras de aquel acontecimiento, que indudablemente es en lo humano el más grandioso que registran los fastos de la historia, vino otro que bien merece el nombre de admirable, singular y de consecuencias decisivas para los destinos futuros de los americanos. Puñados de aventureros se derramaron por regiones desconocidas, trastornaron instituciones seculares, derribaron imperios poderosos, midieron el nuevo mundo con sus pies y se adueñaron de él.

Más ámplio es el campo que ofrece la época colonial, que abraza la tercera época de nuestra historia. Mucho hay adelantado al respecto con las relaciones de los primeros cronistas, con los informes de los virreyes y la publicación de documentos que han hecho notables y laboriosos historiógrafos que ha tenido el país.

La historia eclesiástica y de las misiones religiosas es casi completa, cuenta con gran acopio de libros y documentos que nadie se ha ocupado de ordenar. No hemos de pretender realizar esta obra que llenaría muchos volúmenes, y seguramente, sin agotar la materia. Nos limitaremos a notas generales y de compendio.

Después del estudio de la organización de las colonias, de su legislación, de sus autoridades, los virreyes, las reales audiencias, los intendentes gobernadores, etc;

del sistema de administración, del dominio señorial de las tierras, de su división; de la recaudación de los impuestos, de las cargas y tributos que pesaban sobre la población indígena, se llega con avidez a las postrimerías coloniales, al período de preparación, donde principian a revelarse los conflictos de sentimientos inveterados, las nuevas opiniones, los nacientes intereses, «próximos ya a saltar de las conciencias a la palestra política.»

Cabe aquí describir las circunstancias de índole y condición de los precursores, las propicias del ambiente social, las concurrentes de ocasión que brindaron grandes acontecimientos históricos en la Metrópoli, en la capital del virreinato y en la capital de la real audiencia de Charcas, que generaron y precipitaron el movimiento americano de la revolución, al grito de «¡Viva Fernando VII!»

«En Chuquisaca, la capital eclesiástica universitaria, esas ideas asomaban cabeza desde principios del siglo. Fué ello a virtud del desenvolvimiento que naturalmente alcanza por si solo el espíritu humano en la gimnasia de la discusión y el estudio.

«Cierto es que allí la explosión del 25 de mayo de 1809 estalló al calor de discordias locales y careció de fuerzas y de recursos; pero el hecho es el hecho, y este acontecimiento provocó el 16 de julio inmediato en La Paz, y fué causa de la revolución de todo el Alto Perú ese mismo año. Esa revolución, aunque pronto develada y hoy ignorada, tiene una grande importancia histórica» (1). Los materiales son abundantes y siguen acumulándose con trabajos importantes que a diario se publican y que se dirigen a construir la historia colonial.

La guerra de la independencia, que forma el cuarto período de nuestra historia, es una grande época, es la epopeya maravillosa de los héroes y de los mártires, que requiere un atento estudio. atento estudio. Destácase en ella la figura modesta y pura del gran Sucre, que constituyó Bolivia.

Esa historia, si es de la mayor importancia para todos los pueblos de América, tiene un colorido más vivo, una acción más intensa en Bolivia, aquí donde germinaron las ideas de independencia, donde los letrados se pusieron alertas después de haber escuchado los ecos de li

(1). G. R. Moreno-Don Benjamín Vicuña Mackena según su libro reciente).

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