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AL LECTOR.

Quan

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uando dí á la luz pública el apéndice á la crónica del rey D. Juan el II, en que traté del valor de las monedas que tuviéron curso en su reynado, informado el Consejo real por la censura de la real Academia de la Historia de que desempeñaba el objeto con exâctitud y felicidad, y que la obra era de mucha utilidad é importancia, se dignó honrarme con el distinguido encargo de que continuase mis tareas en el descubrimiento de los valores que tuvié ron en los otros reynados. Reconocido á tan especial favor, y deseando dar pruebas de mi ciega obediencia á la órden de aquel supremo tribunal, y dél amor que profeso al bien público, trabajé la Demos tracion del que tuviéron las monedas del rey D. Enrique III, y presentadas al propio tribunal á fin de solicitar la licencia para su impresion, la admitió con igual agrado, concediendo el permiso necesario, y reiterándome el encargo de que continuase.

El mismo distinguido testimonio de aprecio po dia prometerse la Demostracion del valor de las mo nedas de D. Enrique IV, que es la que ahora publi si la real Academia de la Historia, siempre so

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IV

lícita en promover y fomentar los trabajos literarios de sus individuos, no me hubiera excusado el recurso al Consejo, adoptándola por suya, y publicándola á sus expensas, porque en nada á la verdad desmerece de las anteriores; ni realmente es otra cosa que una mera continuacion de ellas, igual en el estilo igual en la disposicion y método, igual en la comprobacion de los asertos, y en la calidad de las pruebas las quales se han sacado todas de los ordenamientos de los soberanos, de los documentos del archivo de la cámara de reales comptos de NavarLa de escrituras entre particulares, y de los ensayes de las mismas monedas, practicados con la mayor diligencia y exâctitud por D. Manuel de Lámas, Ensayador mayor de los reynos, que son las claras fuentes y orígenes seguros de donde se ha de derivar el acertado conocimiento de su valor.

Creyendo que la obra saldria de igual tamaño que la de D. Enrique III, pensé exôṛnarla con notas á breves discursos, ya útiles ya curiosos, para hacer mas agradable su lectura; pero habiendo visto que por salir bastante abultada no podian tener lugar, las he reservado para otro tomo, supliendo esta falta con la curiosísima noticia de los precios que tuviéron los granos, carnes, pescados, jornales de labradores y artistas, y otras cosas len tiempo de

D.

D. Enrique IV, y de su correspondencia con la moneda de nuestro augusto soberano el señor D. Cárlos IV. Sobre cuyo particular no sé que se hayan exercitado las plumas de nuestros autores numismáticos, sin embargo de que tales noticias son tan útiles en sí, y no ménos conducentes para arribar al verdadero conocimiento del valor de las monedas, por la íntima relacion que estas tienen con las cosas, y de què facilitan el único medio para que los jueces eclesiasticos moderen con acierto las cargas de las fundaciones pias, equilibrando los gravámenes con los emolumentos, para lo qual no es bastante el solo conocimiento y cotejo de las mone+ das antiguas con las presentes. Es pues necesario exâminar y combinar las que corriéron en cada tiempo con los géneros, comestibles, ropas, calzado y demas necesario, su abundancia ó escasez, baraturà y carestía, porque miradas baxo este aspecto, varía enormemente su valor; de modo que si por exemplo los maravedises y reales de D. Enrique IV, considerados precisamente como moneda, están en razon de uno á tres ó quatro con los del señor D. Cárlos IV, mirados con respecto á los géneros, se hallarán en la de uno á veinte, ó á treința, ó á mas; lo qual todo es preciso que se atienda y reflexîone para que salga cabal el ajustamiento.

La

La noticia del precio del trigo y cebada es por sí sola bastante para que qualquiera comprehenda si son proporcionadas ó desmedidas las porciones de estas semillas, que rinden en el dia las cantidades de dinero ó capitales que se impusiéron á censo en los tiempos de que tratamos.

Acompañan á esta noticia de los precios dos inventarios, el uno de las alhajas, ropas &c. que D. Rodrigo Ponce de Leon, marques de Cádiz y conde de Arcos de la Frontera, dió á Doña Beatriz Pacheco al tiempo que casó con ella; y el otro de las armas, preseas, ropas, menage y otras cosas que tenia el conde de Plasencia D. Alvaro Lopez de Zúñiga en el año 1468; con los quales, y con la razon sobredicha de los precios, podrán formar los curiosos un cálculo, sinó lleno y cabal, á lo ménos bastante aproximado de la pobreza ó riqueza, fausto ó moderacion, delicadeza ó tosquedad de aquellos tiempos y los nuestros; y los autores del Diccionario de la lengua castellana enriquecerle con las voces nuevas que encontrarán en ellos.

Los versos que siguen á los inventarios referidos, compuestos por el famoso poeta Juan de Mena, prueel rey ban concluyentemente que en la batalla que D. Enrique IV, y su hermano el infante D. Alonso se diéron en la villa de Olmedo, se declaró la vic

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