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Tres siglos han pasado desde la muerte de la Reina católica

Doña Isabel , y el cuarto empieza con los públicos y solemnes loores

que la Académia consagra á su memória. Mientras el tiempo consumidor oscurece poco á poco , y borra la de otros personages ruidosos un dia , se aumenta por el contrário y extiende la veneracion de la posteridad á nuestra princesa; y la glória que derrama sobre su nombre el grato recuerdo de sus virtudes, va creciendo cual rio caudal á proporcion que se aparta de su origen.

Doña Isabel nació en Madrigal , pueblo pequeño de Castilla la vieja , pero destinado por la Providencia á ser pátria de sugetos notables é ilustres. No habia cumplido aun cuatro años , cuando la muerte de su padre el Rei Don Juan el II la condujo al retiro de Arévalo , en compañia de su madre la Réina viuda Doña Isabel de Portugal. El nuevo Rei Don Enrique , nacido de otro matrimónio , indolente y flojo por condicion , olvidó con facilidad los postreros encargos de su padre , desatendiendo la suerte de aquella desgraciada família y dejándola padecer ménguas y escaseces aun de lo necesario : y la Reina

que
habia

ya algun tiempo estaba lastimada del juicio , acabó de perderlo á manos de la soledad у

Privada Isabel por la enfermedad de su madre del único arrimo de su niñez , á la vista de un hermano menor todavia , sin otro espectáculo que el de la afliccion y sin otro maestro que la adversidad , pasó sus primeros años alternando entre las inocentes ocupaciones de la infancia y el aprendizage de las labores mugeriles. Lejos del fúusto , de los placeres de la lisonja y demás atractivos del vício , se labraba en silencio aquella piedra preciosa que después debia brillar tanto en el trono.

de los pesares.

Á los diez años de su edad, el Rei Don Enrique, ó reconociendo el poco decoro con que se criaban sus hermanos, ó mas bien por asegurarse de sus personas, los traslado de Arévalo á su palácio. Las costumbres de Isabel , en quien la oscuridad y el abstraimiento habian madurado anticipadamente la reflexion y formado un alma fuerte y austera , pudieron resistir al áire inficionado de una corte corrompida y á los ejemplos de la Reina Doña Juana , á cuyo lado la puso el Rei su hermano. Tuvieron campo en que lucir sus nacientes virtudes. Entre ellas no fue la menor el respeto y deferéncia á su cuñada, á pesar de la emulacion esencial en el sexo, de la diversidad de princípios y de conducta , y de la oposicion de los mútuos intereses , señaladamente después que la Reina dió á luz aquella hija , ocasion de tantas turbulencias y desgracias. Siguióse la escandalosa escena de Ávila , la batalla de Olmedo y la sorpresa de Segovia por el Infante Rei Don Alonso , proclamado y sostenido mas que por el amor de sus partidários , por el odio á los desórdenes de Enrique. Isabel que entonces se hallaba en Segovia , volvió a reunirse por este médio con su hermano después de algunos años de separacion: pero no fue sino para breves dias , al cabo de los cuales le vió espirar en sus brazos, herido de la peste ó del tosigo, á primeros de Julio de mil cuatrocientos sesenta y ocho.

La Infanta , retirada en un monasterio de Ávila , trataba solo de buscar algun alívio á su dolor у de cumplir con lo que

debia á la memoria de su desventurado hermano, cuando los magnates que habian llevado su voz , y al frente de ellos el Arzobispo de Toledo , vinieron á ofrecerle el cetro de Castilla. Isabel desecho resueltamente la propuesta. Llena de las máximas de una moral severa , á presencia del último desengaño en la triste suerte del joven Don Alonso , lastimada profundamente de las ruinas y estragos de la guerra civil de que habia sido testigo , siguió con docilidad los impulsos de la sangre , y del amor y reveréncia á su hermano el Rei Don Enrique : y en una edad , en que la razon todavia mal formada apenas tiene que oponer a la seduccion y ataques de las pasiones , sola y sin consejo , dió esta leccion memorable de moderacion á un prelado , que debiendo por su ca

rácter predicar la tranquilidad y la concórdia ,cara por el contrário uno de los principales autores de los distúrbios del reino.

Accion tan generosa facilitó la reconciliacion de Isabel con Don Enrique , y proporcionó el famoso congreso de los Toros de Guisando , donde el Rei la proclamó heredera de sus reinos у

domínios. Los Grandes , los Prelados , la Corte , la Nacion entera celebró y aplaudio la feliz determinacion del Monarca : Castilla empezó á respirar de las pasadas calamidades , y despues de tantas inquietudes creyó que podria gozar finalmente dias de sosiego y de paz.

Pero fue de corta duracion esta calma. Apenas habia salido Isabel de la niñez, cuando fue otorgada por esposa á un Príncipe ilustre en nuestros fastos por su literatura y por sus desgracias , á Don Carlos de Viana , hijo primogénito del Rei Don Juan de Aragon. La arrebatada muerte del novio deshizo unos tratos en que tenia menos parte el corazon que la conveniencia y el estado de los negócios políticos. Víctima del amor de los pueblos y del odio de su madrastra , dejó el campo a otro hermano mas venturoso , á quien la Providencia habia reservado la union con Isabel

у el cuinplimiento de sus designios para el engrandecimiento de la monarquía española. Aragon, Portugal, Inglaterra y Fráncia se disputaban el provechoso honor de dar esposo á la Infanta heredera de Castilla. El Rei su hermano, que unas veces por influjo de su muger apadrinaba el partido de Portugal, y otras el de Frá ncia por sugestion de sus validos , habia llegado entre estas alternativas á prometer la mano de Isabel á' un vasallo; á un vasallo revoltoso y perverso, que habiendo querido otro tiempo manchar la castidad de la madre, osaba ahora poner su pensamiento en la hija. España estuvo á pique de perder sus altos destinos : la reunion de Aragon y Castilla, el esplendor y poderio que le estaban destinados y que se acercaban á largos pasos , hubieron de ser sacrificados á la timidez y mezquina política de Enrique. Pero el cielo propício lo dispuso de otra manera; y la muerte imprevista del Maestre de Calatrava , saco á Isabel y á España de la crítica

у

casi desesperada situacion en que se hallaban. Por último la Infanta , conociendo lo poco que podia esperar del Rei su hermano, deliberó

se

no contar ya con su voluntad, y atender solo al bien del Estado que á grandes voces pedia su enlace con el Príncipe de Aragon Don Fernando.

Celebróse el fáusto matrimonio en Valladolid corriendo el mes de Octubre del año mil cuatrocientos sesenta y nueve. Le precedieron y acompañaron circunstáncias extraordinárias , mas mejantes á lo caprichoso de las aventuras caballerescas que á la grave y ceremoniosa etiqueta de reales bodas : un Rei de Sicilia, Príncipe heredero de Aragon, entrando por la frontera de Castilla en compañia de pocos servidores leales , disfrazados de mercaderes : las primeras vistas de los novios en hogares privados ante pocos testigos : sus desposórios desautorizados, sin preparativos solemnes, sin festejos ni regocijos costosos : escasez, dificultades pecuniárias para la union de dos personas que iban á ser en breve los mayores y mas ricos potentados del universo; y la causa pública reducida á una existencia furtiva y á tomar las apariencias del crimen. Ni los aplausos que resonaron en toda la nacion ni las ventajas visibles del reino tuosas y humildes demostraciones de los Príncipes bastaron á aplacar el ánimo irritado de Enrique: mas lo que no pudieron al pronto consideraciones tan poderosas , lo consiguieron poco después las insinuaciones de algunos cortesanos bien intencionados. Vió y acogió favorablemente en Segovia á sus hermanos, dioles señales de una reconciliacion sincera ; pero lo mudable de su condicion rompió luego la buena armonia , y pasando del cariño y amistad á la desconfianza , llegó á peligrar la libertad de los Príncipes. Asi vivió el Rei , fluctuando siempre entre los intereses opuestos de su inclinacion y de su sangre , de su corte y de su hermana hasta que finalmente le cogió la muerte en Madrid á fines del año de mil cuatrocientos setenta y cuatro.

Ya ha llegado el tiempo de que Isabel sentada en el trono de sus mayores

ofrezca al mundo el admirable espectáculo de sus talentos y virtudes. Pero antes de entrar mas en lo dificil de nuestro enipeño , será bien que demos una ojeada sobre el estado en que se hallaba á la sazon la monarquia.

El Rei Don Enrique el Enfermo habia encontrado á Castilla

ni las respe

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