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casa en que vivió, escribió y murió, uno de los más grandes ornamentos de la pátria.

Dediquemos ahora algunas consideraciones á la excelente publicacion que motiva estas líneas, á vuela-pluma trazadas, ya que nos reservamos para muy pronto decir algo respecto de la incuria desdeñosa con que nuestra ciudad trata á los próceres de su historia política y literaria.

Nadie conoció mejor que nuestro insigne compatricio los casi invencibles obstáculos que era necesario superar para poner mano en la composicion de una Biblioteca de autores aragoneses; Biblioteca que pudiera servir en cierto modo de historia literaria de este reino antiquísimo, conservando la memoria de los autores conocidos, asegurando la autenticidad de las obras, librando de fácil olvido у

de su total ruina textos ignorados o de autor anónimo, descubriendo ocultas composiciones, y recabando para su pátria nombres de hijos ilustres

que desde apartada y extranjera region habian enriquecido las glorias de la minerva aragonesa.

Al leer las sencillas páginas del hermoso y sentido Prefacio puesto por el Doctor Latassa al frente de su Biblioteca Antigua, el ánimo se siente tomado de admiracion que subyuga, considerando la grandeza del pensamiento acariciado y sostenido con incesantes estudios, durante largos años, por el cultísimo sacerdote; porque séame lícito apuntar mi sospecha de que si bien Latassa escribió la Biblioteca de Aragon, la empresa que amaba y para la cual se sentía con poderosos alientos, y aun llegaba á pedir disculpa por no haberla realizado, es la empresa de escribir la Historia de nuestra literatura; obra para la cual le sobraba entendimiento, y no le faltaban ni estudios de crítica, ni instruccion literaria, ni conocimiento de los preceptos didácticos y demás disciplinas, indispensables en tal linaje de libros, ni el sábio amor á la pátria; amor que suple

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muchas veces con sus maravillosas adivinaciones las insuficiencias de la propia cultura; amor pátrio que constituyó el emblema de todos los trabajos que absorbieron la vida laboriosa del Dr. Latassa: Amemus patriam, posteritati et gloriæ serviamus; id esse optimum putemus, escribia al frente de su “ Biblioteca Antigua »; y Sed tamen exiguo quodcumque e pectore rivi fluxerit, hoc patriæ serviat omne mece, escribia al frente de su opúsculo “Indice cronológico,, que luego mencionaremos.

De cómo realizó tan hermosos sentimientos, cuán ímprobas tareas se impuso en aras de su entusiasmo ferviente por Aragon, lo ponen bien de manifiesto los ricos volúmenes de sus Bibliotecas Antigua y Nueva; lo declaran más todavía las solícitas investigaciones que casi solo, y sin otro auxilio (segun ya tradicional costumbre de nuestro reino), que el de muy contados amigos, que no fueron desleales con su amistad ni con su pátria, hubo de practicar durante largos años para componer su obra, y conseguir la realizacion de la única esperanza, de la sola ambicion que mantuvo toda su vida.

Ya desde remotas edades “la codicia ó malignidad de algunos», como escribe el Canónigo honorario de nuestra Iglesia Metropolitana, las anexiones é inventarios, como diríamos hoy y sucedió ayer, habian casi agotado las fuentes originales de la Historia y Literatura aragonesas; los acuerdos de los Magnates y de los Príncipes habian enriquecido otros archivos y bibliotecas con los documentos

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códices de nuestras bibliotecas y archivos; la rapacidad

; de bibliófilos-mercaderes, plaga incomprensible jamás extinguida, se habia encargado de que cambiasen de pátria y de señor manuscritos preciosos y ejemplares rarísimos; sólo copias de algunas obras, y esto por “feliz casualidad,, pudo consultar nuestro bibliógrafo aun respecto de libros y papeles raros que confiaran al Archivo del Reino, víctima de “Mayores disipaciones, “muchas personas celosas de la buena custodia , de los mismos; careció el Dr. Latassa de los medios necesarios para visitar las grandes bibliotecas del extranjero, con lo cual se hubiera hecho mucho más fácil

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más perfecta la composicion de la suya, dadas sus noticias y sus sospechas; y si á la carencia de tales medios de instruccion, indispensables tratándose de inquisiciones literarias, se agrega que ni dispuso de obras que el ilustre Racionero de Mensa sabe están colocadas en “parajes inaccesibles á mi corto valimiento y á las circunstan

y

á cias y ocupaciones de mi destino ,; si todo esto es considerado atentamente, no menos que la general decadencia en que nuestro Reino y todo el de España, sus artes, sus letras y los principios de gobierno yacian, en los mismos instantes en que el humilde aragonés acopiaba con verdadera labor benedictina los elementos de su obra, y emprendia la publicacion de su Biblioteca, se comprenderá fácilmente qué suma de indecibles dificultades hubo de vencer para componerla, y cuán grandes son los merecimientos que publicándola contrajo.

Dificultades que con modesta verdad consignó el mismo Latassa; y no con el fin de ponderar sus trabajos, sino con el muy humilde propósito de explicar la razon de las imperfecciones, la causa de las lagunas que más felices bibliófilos pudiesen advertir en sus dias ó en los venideros.

Todo, sin embargo, las oscuridades de los más remotos tiempos, y las omisiones que forzosamente habia de producir su imposibilidad de visitar las bibliotecas y archivos extranjeros, todo lo habia dominado hasta cierto punto el tenaz esfuerzo del antiguo Párroco de Juslibol; y su obra estaba concluida, cuando debió asaltarle grave temor de que sus manuscritos sufrieran los rigores que hado infausto habia tenido para obras no menos dignas de correr impresas. Porque

es el caso que en 1789 publicó el opúsculo Indice cronológico de los Escritores Aragoneses, que componen la Biblioteca Antigua de este Reyno, folleto rarísimo, con el cual quiso prevenir los peligros de que se perdiera de nuevo la memoria de insignes literatos, y resultasen de ningún provecho las fatigosas indagaciones del Catedrático

у Doctor de nuestra Universidad literaria. “Pero, siendo impracticable, refiere el Prólogo del citado Indice, en el dia, el dar á la estampa una obra tan voluminosa, y entre tanto que se me proporcionan los medios de superar esta, y otras dificultades, que retardan su publicacion, he tenido por acertado el imprimir un Indice Cronológico de solos aquellos Escritores que comprende la Biblioteca antigua de este Reyno desde la venida de Jesu-Christo hasta el año de 1500: lo uno porque siendo dichos Escritores de más difícil investigacion, y muchos de ellos poco ó nada conocidos, era justo el precaver á lo menos sus nombres de la obscuridad en que tal vez quedarian sepultados: y lo otro, para que, dando un testimonio público de mi aficion á las cosas de este Reyno, vean los buenos patricios, si el número de Autores antiguos, que llevo recogidos, corresponde al desvelo y diligencia que debe poner quien toma á su cargo el ilustrar la Literatura de esta provincia, que ocupa un lugar muy señalado por el número y calidad de los Escritores

que

ha producido, Los temores que movieron á nuestro diligente bibliógrafo á imprimir el Indice Cronológico no se realizaron por fortuna; y pocos años despues las prensas de Medardo Heras editaban en Zaragoza los dos tomos de la Biblioteca Antigua, y las de Joaquin de Domingo

los seis de la Biblioteca Nueva. Pero como si avara envidia de que hubieran sido puestas al alcance de todas las riquezas literarias de Aragon, acechase momento propicio para sepultar nuevamente en injustificado olvido los tesoros descubiertos por la suma pericia y diligencia del doctor aragonės, muy pronto los terribles acontecimientos, la desolacion y el espanto de la invasion francesa, que puso en peligro nuestra nunca dominada nacionalidad, destruyeron los monumentos y Bibliotecas, saquearon archivos y librerías, y lo

y confundieron todo en Zaragoza; todo menos el heroismo épico y la tradicional independencia de sus indomables hijos. Los efectos de esta general devastacion alcanzaron desgraciadamente a las Bibliotecas de Latassa; gran número de ejemplares fueron destruidos ó dispersados; la penuria ó la rudeza de sus herederos ayudaron, seguramente sin quererlo, á la destruccion de una obra á costa de tantos estudios y privaciones escrita, y despues de tantas dificultades editada; y no pequeña parte de la misma fué en rama, por ignorancia, por incuria, por rapiña ó por venta, á desempeñar servicios de industriales y tenderos. Con todo lo cual resultó que las Bibliotecas de nuestro gran bibliófilo comenzaron á escasear desde aquellos dias, nada remotos, en tales términos, que son muy raros los ejemplares de tan útil obra; y los últimamente vendidos, casi á peso de oro en nuestra capital, fueron adquiridos, segun nos cuentan, por los Sres. Cánovas del Castillo y Duque de Villahermosa, que tienen la fortuna del dinero, y la fortuna, más envidiable todavía, del buen gusto literario que tales adquisiciones revelan.

Ofenderíamos á nuestros lectores si nos entretuviéramos en demostrar el valor literario de la obra de Latassa, y la utilidad suma que para el historiador, el erudito y los simplemente curiosos encierran las páginas “de tan insigne monumento, levantado en honor de las letras de aquel reino con amorosa perseverancia y diligente crítica», como escribió D. Toribio del Campillo, uno de los eruditos contemporáneos que rinden más honroso culto á la Literatura Aragonesa. Cuantos conocian, pues, el tesoro legado por Latassa anhelaban poseerlo, cosa cada dia menos fácil; el inmenso tra

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