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romano se regia como una sola casa. Estaba escrita en el libro del destino la última hora del imperio más grande del mundo, porque como dice el economista Blanqui en su Historia de la economia politica de Europa: «¿Qué organizacion política hubiera podido resistir á las extravagancias de monstruos como Caraca. lla, Comodo y Heliogabalo? Cuando semejantes séres aparecen sobre la tierra, no pueden figurar sino como elementos de disolucion..... Roma moribunda se extinguía en una mortaja de monumentos; Constantinopla naciente se elevaba sobre montones de libros; el sordo murmullo de los alegatos sucedió á los gritos de las batallas; cada dia se introducía algo de las costumbres asiáticas en el gobierno, en la hacienda y en los hábitos del imperio.)

La invasion wisigothica del siglo v, comparada con mucho acierto con el desbordamiento de un torrente, fué un movimiento de avance irresistible hacia el corazon del imperio, y realizado, comenzó un trabajo lento pero continuado de reconstruccion, de asimilacion, de organizacion. La civilizacion romana' comenzó á influir sobre la barbarie, no sin que ésta obrase tambien sobre aquella, y aunque en un principio se inició un período de retroceso, bien pronto recobróse el terreno perdido, y la esclavitud tan dura, tan terrible entre los antiguos, a pesar de los paliativos de los últimos legisladores romanos, segun la opinion del Sr. Gil Maestre, fué endulzándose poco a poco hasta trasformarse en servidumbre. Los hombres de ciencia concluyeron por dominar en los Consejos de los Monarcas. El espíritu independiente de los germanos se comunicó a los vencidos. La propiedad adquirió más regulares formas, desapareciendo cuanto tenía de odioso la administracion romana, y segun dice San Isidoro y con él otros escritores, «los pueblos querian mejor vivir pobres bajo el yugo de los bárbaros, que poderosos y sujetos á los tributos gravísimos de los romanos.)

El pueblo visigodo, sobre cuyo origen y hábitos tanto han escrito los eruditos y tanto resta por averiguar, modificó al entrar en España sus costumbres, y adoptó muchas de los vencidos. El clero, que en aquella época desempeñaba una mision civilizadora, contribuyó en alto grado al progreso de la sociedad hispano-goda; conquistó a los Reyes para que secundasen sus propósitos; guardó en sus santuarios el tesoro de las ciencias; perpetuó el conocimiento del derecho romano; y agotó, para templar la rudeza del pueblo vencido, todo el prestigio que rodeaba en aquellos apartados tiempos al Cristianismo.

Cúpole la honra de recopilar las costumbres godas á Eurico, por más que el texto de este Código, segun la opinion de los Sres. Marichalar y Manrique, con la cual estamos conformes, esté revelando por su carácter general, que debió obligar tambien á los hispano-romanos, tarea que terminó despues Alarico mandando publicar la Lex romana. Despues comenzó á realizarse el trabajo de asimilacion entre vencedores y vencidos, hasta que segun lá respetable opinion del Sr. Lafuente, Leovigildo, el monarca poderoso que tomó de los romanos el esplendor de la corte y el brillo de los atributos de la majestad , pasó por cima de la Ley casándose con una española, tendencia a la union que las leyes no podian ya contener, y Recaredo, que se propuso uniformar los dos pueblos por la fe, promulgó leyes nuevas, que mandó fuesen obligatorias para las dos naciones.

Tácito habla extensamente de la celebridad de las asambleas de los germanos tenidas de noche en medio de los bosques para resolver todos los puntos graves é importantes de la gobernacion del país, y aunque esta institucion ó costumbre se pudo modificar, no se perdió del todo, cuando aquellos pueblos abandonaron su patria nativa y buscaron otra que - les fuese más agradable, á este lado del Rhin y del Danubio. No podía olvidarse un hábito tan natural en la gente de guerra, y la historia de los Francos, que no fueron más que una reunion de tribus germánicas, confirma esta idea que ha dado origen a la denominacion de campos de Marzo y de Mayo, tan repetidos en la historia. Ignórase que esta costumbre se guardara en la tribu ni en el imperio godo, pues segun afirman los Sres. Pacheco y Puente Apezechea, jamás ni en la Tracia ni en la Yliria, ni sobre las dos vertientes del Pirineo, se reunieron en asamblea los hombres libres de aquella nacion. Sabemos que eran elegidos los Reyes, aunque ignoramos como esto se verificaba: de ninguna otra reunion tenemos noticia, y bien debiéramos tenerla, si por ventura las hubiese habido. No se puede decir aquí, como dice Tácito, de majoribus omnes; porque semejante acuerdo no se verificó nunca, al ménos con las formas solemnes y deliberativas con que lo acostumbraban los germanos. La monarquía goda en su primer período hasta Teodoredo, y en su segundo período hasta la muerte de Leovigildo, fué completamente ilimitada y absoluta; desde Recaredo en adelante, los Concilios y el poder episcopal, sino de derecho, de hecho la limitaron. Mientras fué nómada y arriana, los Reyes ejercieron un completo y omnimodo poder, sin más correctivo que los movimientos anárquicos y el puñal de las conjuraciones. En la última época del Estado, convertidos ya sus jefes al catolicismo, por más que ninguna ley concedió autoridad temporal á la Iglesia, es cierto que los Monarcas se la dejaron tomar; y que depusieron su corona y entregaron su cetro en manos de aquellas orgullosas asambleas, tan célebres en nuestros antiguos anales.

En una obra de todos bien conocida, ha consignado el Sr. Marqués de Pidal, que es hoy una verdad importante, admitida sin contradiccion en las ciencias históricas, que las naciones europeas en que se verificó la singular amalgama del elemento romano con el

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