Revista de Madrid

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Página 335 - ¿Adonde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huíste, habiéndome herido ; salí tras ti clamando y eras ido. Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero, si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero.
Página 67 - Pusa! , baña susurrando. Déjame un rato olvidar en tus orillas mis penas, y el sediento labio en tus ondas mojar, y en tus húmedas arenas dame asiento. Tu raudal de ese elevado monte al Tajo, en raudo giro se derrumba, tan humilde que sentado desde aquí su cuna miro y su tumba. No importa que al Tajo ufano tu breve curso no iguale; corre ledo; y que nunca un cortesano en la carta te señale con el dedo.
Página 70 - Pusa humilde, manso río, tu dichoso apartamiento le procura contra el ardor del estío al peregrino sediento agua pura; y al pastor que a tu campiña desde ese monte desciende, y al rebaño, que...
Página 331 - Allí, cuando el jardín del rico Oriente Abra la clara aurora, y enfrenando Los caballos del sol, saque el luciente Carro, tú y yo, mi amigo, madrugando Saldremos...
Página 320 - ... tan extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno al otro polo; de donde se seguirá que la gloria que nos han ganado las otras naciones en esto, se la quitamos, como lo hemos hecho en lo de las armas.
Página 68 - Tajo, en raudo giro se derrumba, tan humilde, que sentado desde aquí su cuna miro y su tumba. No importa que al Tajo ufano tu breve curso no iguale; corre ledo; y que nunca el cortesano en la carta <• te señale con el dedo. ¡Feliz quien encuentra un llano donde los cerros evite de la vida; y allí, del mundo lejano, tu breve carrera imite y escondida! Ese Tajo caudaloso, en cuyo profundo seno vas a morir, ya con puente ponderoso su terso raudal sereno siente oprimir. Ya la artificiosa presa...
Página 320 - ¿Qué ha de hacer la doncellita que apenas sabe andar y ya trae una Diana en la faldriquera?
Página 325 - Y cuando al mediodía tienes la siesta junto a las corrientes del agua clara y fría, del amor impacientes ciñen en derredor las claras fuentes. Porque las arrebata el dulce olor que el ámbar tuyo espira, y el blando amor las ata, que en sus pechos aspira, pues siempre te ama el que una vez te mira.
Página 321 - Tan bellas son, y tan limpias, por lo general, de afectación y culteranismo, que mucho más parecen del siglo XVI que del XVII, y más de algún discípulo de San Juan de la Cruz y de Fr. Luis de León que de una monja ultramarina cuyos versos se imprimían con el rótulo de Inundación Castálida.
Página 323 - sentado sobre las coronillas de los ángeles, y á los santos »vestidos de resplandor y llenos de alegría? Para qué nos los »representan muriendo y padeciendo trabajos? yo creo que es • porque entendamos, que por los tormentos que sufrieron en »la tierra, llegaron á la gloria que tienen en el cielo, y asi »los sigamos en los trabajos, si queremos ser sus compañeros »en el descanso.

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