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los detenidos en las prisiones. Ferri emitió, en nombre de M. Tarde, la idea de que los estudiantes no deberían ser admitidos á los cursos de derecho criminal, de psichatría y de medicina legal, sino con la condición de hacerse inscribir como miembro de una sociedad de patronato de prisioneros, presidida por sus profesores. En tal cualidad serían conducidos á las visitas hebdomadarias, á las prisiones, sobre todo a las prisiones celulares más cercanas al lugar de sus estudios, y aprenderían de esta suerte á conocer a los delincuentes y criminales al mismo tiempo que á practicar y extender uno de los remedios más eficaces contra el flujo de la reincidencia. La utilidad sería triple para los estudiantes, para los condenados y para el público.

Después de una viva discusión sostenida por MM. Albrecht, Lacassagne, Moleschott, Lombroso, Mazza, etc., Ferri contestó á la duda manifestada por Lacassagne acerca del provecho que los estudiantes en Derecho podrían sacar de las observaciones de antropología criminal, haciéndole observar que los profesores de Derecho criminal, que siguen el método experimental, pueden suministrar, como lo han hecho ya, las nociones principales sobre los caracteres orgánicos y psíquicos de los criminales, aparte de las enseñanzas que se dan en los cursos de medicina legal y en los cursos libres de antropología criminal.

Tras de esta discusión, el Congreso adoptó por unanimi. dad la orden del día propuesta por Ferri, en estos términos:

«El Congreso, coherente en la dirección científica de la antropología criminal, emite voto que la administración de las prisiones, tomando las precauciones de disciplina interior aconsejadas por la seguridad social y por la independencia personal de los detenidos condenados, admitirá al estudio clinico-criminal los profesores y las personas idóneas en los estudios relativos á la ciencia penal, así como a los estudiantes en derecho criminal, en psichatría y en medicina legal, estos últimos bajo la vigilancia y la responsabilidad de sus profesores, y preferentemente bajo forma de sociedad de patronato de prisioneros y de los licenciados de presidio.»

Para concluir la relación, M. Ferri relató las comunicaciones científicas dirigidas al Congreso en el curso de sus trabajos. El Congreso escuchó sucesivamente á MM Albrecht, Bertillon, Magilot, Tamburini, Giam prietro, Teuchini, Ronkavitclunikoff, Todaro, hablar de lo que en sus estudios especiales tiene relaciones más directas con la antropología criminal. Estas diferentes comunicaciones de un interés tan elevado, tan variado, tan humano, aparecen in extenso en los comptes rendus de las sesiones y aumentarán su valor á los ojos del público sabio ó estudioso.

Nuestra ciencia es tan vasta y tiene enlaces tan estrechos con otras, que aun las cuestiones de un orden á primera vista puramente filosófico, han estado desde luego sobre el tapete. Así, la cuestión del libre albedrío ha sido elocuentemente debatida entre Righi y Moleschott. El primero, aceptando la mayor parte de las conclusiones prácticas de la nueva escuela de Derecho criminal, no puede admitir la premisa de la negación absoluta del libre albedrío, que está, según él, suficientemente demostrada

por

el testimonio de la conciencia interior. Á este testimonio afirmativo oponía Moleschott, vivamente aplaudido por la Asamblea, el testimonio negativo de su conciencia y de la de todos los que han estudiado esta cuestión á la luz de la fisio-psicología científica.

Del propio modo levantaron fuerte polémica las conclusiones generales con que terminaban su comunicación M. Albrecht sobre anatomía comparada, de parte de Lombroso; Lacassagne, Benedikt, Motet, acerca de la descendencia directa del hombre de los insectívoros antes que de los simios o de los prosimios.

Á la afirmación antropológica de Albrecht que, en el respecto de las ciencias naturales, el hombre criminal sería el tipo normal, en tanto que las gentes honradas serían los hombres anormales, Ferri responde que, aparte la forma paradógica de su conclusión, si el criminal se aproxima más al tipo normal en la naturaleza, es decir, que se acerca á los animales que matan para vivir, .esto quiere significar que desde el punto de vista de la humanidad, el criminal reproduce justamente el tipo bestial, mientras que el hombre honrado se ha alejado más y más física y psíquicamente de este tipo inferior.

La cuestión de la pena de muerte, puesta por MM. Lioy y Venturi, estuvo á punto de apasionar al Congreso. Lioy y Venturi consideran esta pena para los delincuentes vulgares como un medio de eliminación de los criminales más peligro808, de acuerdo con los principios antropológicos. M. Venezian propuso otros puntos de vista. Pero el Congreso descartó esta tesis, que le fué propuesta incidentalmente, y que no figuraba en el programa de sus trabajos.

Fué notable la bienvenida elocuente y los sabios consejos que dió al Congreso uno de los maestros más ilustres, M. de Holtzendorff, que se felicitaba de la alianza estrecha entre la ciencia jurídica y las ciencias médica y antropológica; alianza existente ya en el pensamiento de Gall, Friedreich, Mitter. maier, pero que hasta nuestros días no había producido efectos útiles en el dominio práctico; alianza feliz y fecunda, que, capitaneada por Lombroso, cuenta en Holtzendorff, uno de los partidarios más convencidos, un defensor de los más calurosos, pues que tal nos lo muestra la importancia que siempre concedió en sus obras magistrales sobre el derecho y la ciencia penal a la psicología del criminal.

Se ve por esta síntesis que los trabajos del Congreso han sido considerables y concluyentes. Han establecido y afirmado el acuerdo unánime que reina entre los antropólogos acerca de los principios fundamentales en que se inspira la nueva escuela. Pero los hechos más elocuentes por ellos mismos, han sido la reunión de tantos documentos antropológicos en la Exposición, tan fina y concienzudamente ilustrada por M. Motet, el de la reunión en este núcleo de sabios ilustres, de jóvenes deseosos de aprender y de luchar en el campo impersonal de la ciencia, todos aportando a la comunidad las cualidades propias para el afianzamiento y difusión de las ideas, ayer aun despre

y ciadas ó puestas en duda, hoy seriamente discutidas, llamadas mañana á ser dogma del legislador y dominio del público.

El primer Congreso internacional de Antropología criminal, no sólo ha afirmado altamente la nueva escuela, sino que por un dichoso cambio de simpatías personales y de ideas cien

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tíficas, ha abierto una serie de reuniones, de las que será la primera en París en 1889. Estas reuniones serán cada vez más fecundas en resultados en la lucha contra el mal bajo sus diferentes formas, el crimen, la locura, la ignorancia y la miseria.

y

Para completar este relato expondremos á la ligera los componentes de la Exposición internacional de Antropología criminal. Es como el descubrimiento de una tierra nueva, virgen de explotación, que van cubriendo los positivistas del Derecho penal de la riquísima investigación científica. Es como los primeros ensayos de la aplicación del vapor á la locomoción. Es abandonar el mitológico espíritu y la metafísica alma, y trabajar sobre el cuerpo comenzando á explicar los hechos de la vida. Es una gran revolución.

Por ser la primera de las exposiciones de esta clase, no había todo lo que da de sí la ciencia. Pero el material era importante y rico. Habían expuesto más de 300 cráneos, más de 60 cerebros preparados, casi 500 fotografías y 2.300 pinturas del cuerpo de criminales (tatuaggi).

Laschi presentó, en colaboración de Lombroso, 36 fotografías de criminales políticos, distribuídos en reos por pasión y ocasión (Orsini), criminales natos (Marat), locos (Lazzaretti), chiflados ó mattoidi (Guiteau), con una lámina ilustrativa de los reos políticos; dos mapas geográficos del delito político colectivo (las revoluciones), una de Europa, otra del Asia, Africa y América, en las que se puede ver al primer golpe de vista el número de las revoluciones y cómo predominan en los países más meridionales.

Con el título de Ruffianesimo y prostitución, el profesor Scarenzio, de Pavía, exponía cráneos y cabezas de prostitutas y rufianes, y hasta cinco cerebros conservados por el método de Giacomini, y 42 fotografías de rameras. La importancia científica de estos preparados resulta una verdadera antropología de la prostitución. Así es que figuraba en la Exposición como una historia cranométrica de la especie zoológica social en que están las prostitutas.

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Lombroso, sacado de su obra L'Uomo delinquente, 3a edición, presentó cabezas de locos y delincuentes en número de 70, de epilépticos sobre 30. Allí estaba un esqueleto entero de un ladrón. En una pared de la sala pendían los retratos al natural de los más célebres criminales italianos, como Cavaglia, asesino; Boggia, asesino y falsario; Giocondina Marini, etc. También estaba el grupo de los tres asesinos raveneses, que se ve en su libro, en aquellas actitudes tan trágicas. Añádase una colección de 300 fotografías de epilépticos, una rica serie de láminas del Album criminal germánico, y con 300 retratos una tercera lámina de brigantes italianos y la biografía ilustrada de los unos y de los otros. Notable era el conjunto de tatuaggi, los 200 escritos é impresos de maltoidi, ilustrados en el libro Genio e follia, una larga serie de láminas idrosfigmográficas y pletisfigmográficas de locos y criminales. Por todas estas cosas descollaba Lombroso entre los expositores.

Expusieron cráneos en que había algo de anormal y muy señalado, Tamburini, Roggero, Leuhossek, Flesch, De Albertis, Ronuti di Siena, etc.; es decir, que la casi totalidad de profesores de Italia, y bastantes de otros países, contribuyeron con su colección particular. Por ejemplo, exponían la escultura de un loco pederastra, exponían cráneos en que los senos frontales eran enormes, presentaban los cráneos de ladrones de todo un país, cabezas conservadas en alcohol, como la de Giona la Gala, cerebros de delincuentes preparados según prescribe Giacomini, etc.

Notabilísima era la colección del profesor Gamba, compuesta de cráneos de ajusticiados en la Edad Media. Los cráneos fueron sacados del triángulo de San Pedro, en Vincoli, donde se enterraban hasta la abolición de la pena de muerte. Acompañaba algunos de gaillotinados en París. Todos estos cráneos tenían un enorme aplanamiento occipital.

El Dr. Giachi, del Manicomio de Racconigi, presentó una numerosa colección de cráneos de locos y epilépticos, muchos specimen de escritos simbólicos, uno de los cuales, ilustrados en el Genio, de Lombroso, tenía extraños caracteres, medallas, etc. No menos rica era la parte de la sala ocupada por el Dr. Frigerio, Director del Manicomio de Alejandría, donde se

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