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dos del Concejo, y además, las cuentas, las Ordenanzas, los titulos de propiedad de los montes y bienes de propios y comunes, y cualesquiera otros documentos y papeles de interés. Cerraban generalmente estas arcas con tres llaves, que se hallaban en poder de igual número de personas, y cuya reunión era precisa para su apertura. Tan luego como los Concejos perdieron sus atribuciones, algunos Ayuntamientos se incautaron de dichos papeles, que en los más de los pueblos han quedado abandonados y á merced de personas desconocedoras del interés que ofrecen aún, dándose lugar por esto á que se vayan extraviando. Otro tanto sucede con los archivos de los Ayuntamientos, que, salvas algunas excepciones, se hallan en total abandono, y conservan muy pocos documentos de interés referentes á los pueblos de sus distritos respectivos.

Tales son las funciones que en el régimen antiguo se hallaban confiadas en esta provincia (1) á los Concejos y Ayuntamientos, y su comparación con las que desempeñan actualmente nuestros Municipios.

Conclusiones.

De esta comparación se desprenden clarísimamente las principales causas que motivan el malestar profundo que se siente en la sociedad española (2): ese desaliento general para la vida pública se explica tan luego como se conoce el estado anárquico á que ha quedado reducida la administración en lo que va de siglo.

La perturbación, como se ve, ha sido producida exclusiva

(1) Las funciones de los organismos locales, eran análogas en las demás de España, en lo esencial: pues existia cierta autonomía en los pueblos en todo lo de interés local, desaparecida después por la centralización y el embrollo legislativo á ella consiguiente.

(2) Por cierto que las conclusiones finales del estudio muestran evidentemente que en el fondo, si bien con formas más aparentes y menos duras que las nuestras, la vida pública en todas las demás naciones va por el mismo derrotero que en España: la centralización les impone fatalmente un procedimiento torpe y radical, debido á lo oscuro que está aún el concepto del Dorecho; así el organismo juridico se debilita y descompone progresivamente, como en todas las civilizaciones precedentes, y por igual causa.

mente por reformas administrativas inadecuadas a la tradición у á las costumbres, y más aún á las condiciones de cultura en que se hallaban los pueblos. El criterio que ha preponderado entre nuestros legisladores y gobernantes, especialmente desde 1845 hasta el presente, ha sido contrario al estudio y ejecución de un plan serio en el que, partiendo de lo bueno de otros tiempos y de lo posible en éstos, se hubiesen realizado aquellas reformas que la agricultura y la administración local exigen, en consonancia con los progresos modernos. Destruyeron lo antiguo tan sólo por serlo, y no se han preocupado de edificar. A su vez, los pueblos, acostumbrados ya á la tutela gubernamental impuesta por la nueva tendencia centralizadora, y viendo los desastrosos efectos producidos por las innovaciones, han caído en la postración más lamentable; sufriendo resignados el daño que éstas les han ocasionado, no han buscado su remedio, como debieran hacerlo, pues siendo ellos los únicos perjudicados, fácil les era alcanzarlo por el camino de las soluciones locales.

Puede servir de estímulo en tan importante empresa, que sin apelar á ideales que pudieran tildarse de utópicos, podemos hallar en la administración que hemos perdido, restableciéndola y aun mejorándola, los medios necesarios para ponernos al nivel de los pueblos cultos, cuya administración local, en los que más se distinguen, concuerda bastante con aquélla, tanto en su fondo como en su forma.

No es de extrañar, pues, el desconcierto en que viven nuestros pueblos, faltos de vida administrativa; pues los Ayuntamientos actuales, que absorbieron totalmente la que disfrutaban los antiguos Concejos, se ocupan tan sólo ahora en los estériles trabajos que se les exigen por nuestras leyes vigentes, las cuales no son prácticas ni realizables-excepción hecha de la de reemplazos,-cubriendo absurdas y complicadas formas que dan lugar á dificultar las operaciones de cada servicio para realizar siempre una ficción, hasta el punto de llepar en apariencia dichas formas y de eludir el fondo, por impracticable. El esfuerzo de pensamiento, la habilidad y el arte que reclaman estas operaciones por parte de los secretarios, únicos sobre quienes pesan, en verdad,-son admirables, y no se disculpa que habiendo tantas atenciones abandon adas, se vean precisados dichos funcionarios á gastar su actividad tan estérilmente.

Conocida la desorganización de los Municipios, y el atraso y disculpable desaliento de las personas acomodadas de los pueblos de España-grandes y pequeños, que los males son generales,-á nadie causará extrañeza que las gentes honradas huyan de los cargos concejiles, por absorberles todo el tiempo necesario para sus asuntos propios, que se ven en el caso de abandonar. Comprenden la imposibilidad en que se hallan de realizar bien alguno en dichos cargos, atendido el embrollo y anarquía que sufre nuestra moderna administración, y por otra parte, el peligro de contraer, sin poder remediarlo, responsabilidades inevitables, sobre todo con motivo de las cuentas municipales; responsabilidades que les coartan después la libertad para la política y para los asuntos locales. Por estas causas, y como consecuencia lógica de las mismas, se apodera de los Municipios aquella gente que no se preocupa de su buena dirección y que los explota para su medro personal. Así se explica que los Ayuntamientos se hallen anulados para la administración, y convertidos en sucursales de los Gobernadores civiles y de algunos señores influyentes que viven en las capitales y que utilizan estos organismos para que les sirvan de apoyo en las elecciones de Diputados provinciales, Diputados á Cortes y Senadores.

Precisa poner remedio eficaz á los males citados, despertando el espíritu de asociación, elemento indispensable para que puedan realizarse todas las reformas que demandan la agricultura y la administración municipal, reformas que á nuestro entender pueden llevarse á cabo aun sin necesidad de nuevas leyes,-á pesar de ser tan necesarias ;-pues caben aquellas dentro de la centralización actual de las leyes locales que existen, si bien se necesita para ello un esfuerzo superior al que sería necesario en otro caso si el legislador ayudara. Hay que renunciar al infecundo sistema de esperarlo todo de los Gobiernos y de los Ayuntamientos; que ha demostrado ya una larga experiencia que el remedio á dichos males únicamente puede encontrarse dentro de nosotros mismos. Así como los asuntos de la familia, - primer organismo social,-sólo á la familia incumbe gestionarlos y dirigirlos con interés y asidoidad, de igual modo los asuntos locales que interesan muy inmediatamente a unas cuantas familias, asociadas legalmente en el Municipio-segundo organismo de la sociedad, y cuyo funcionamiento desembarazado y perfecto es esencial,-deben ser completamente atendidos por el esfuerzo exclusivo de los mismos. No se pretexte, pues, la imposibilidad de salir de este estado. Avivándose la voluntad y desenmoheciéndose la inteligencia, -no ejercitada en tantos años de inercia administrativa, -y eligiéndose el camino de la asociación, mucho podrá realizarse desde luego: lo demás vendrá después, sin duda alguna.

GERVASIO GONZÁLEZ DE LINARES,

OTRAS PROVINCIAS.

Sorteo periódico de las tierras de labor.

De una autobiografía inédita del presbítero gallego Don Juan Antonio Posse, ha publicado el Sr. Azcárate dos párrafos de extraordinario interés histórico, en que se describe la organización comunista de las tierras de labor, que encontró vigente en la parroquia de Llanabes (Ayuntamiento de Roca de Huérgano, provincia de León), cuando desempeñó aquel carato, de 1793 á 1796. Dice así:

«La policía del pueblo es admirable y digna de ser imitada... El cirujano, los pastores, el herrero, la botica, las bulas, letanías, etc., todo se paga de Concejo. La sal, el trigo y lo sobrante de Propios, á todos se les reparte igualmente y con la mayor fidelidad. Tienen casa de Concejo con su sala de Ayuntamiento; cárcel bien cuidada y surtida de todas las cosas necesarias, aunque esta parece ser de sobra, porque á na die he visto llevar á ella. »Las tierras son comunes y se reparten cada diez años por TOMO 68

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partes iguales y por suerte entre todos los vecinos. Cuando er el intermedio de estos años fallece alguno, su porción vuelve al Concejo, á no ser que haya algún vecino nuevo, en cuyo caso recae en él, ó en el más antiguo si son varios. Reparten lo mismo que la tierra, dos carros de hierba' á cada vecino. Hay un mayorazgo en el pueblo, y una sola tierra que tiene está fuera del pueblo, en Portilla. Son las tierras un sagrado donde nadie entra. Para cultivarlas, siempre llevan uncidos ó atados al carro los bueyes. Las cuidan con esmero, así como el camino que conduce á ellas. Por este camino se va también á los prados de Naranco y á Liébana; pero castigan severamen-te á los que se apartan y hacen daño. Tocó á mi tiempo la repartición de los diez años, y no he visto variedad ninguna en el cultivo de las tierras ni antes ni despaés: lo cual falsifica lo

que dicen los defensores de la propiedad tocante al mejor cultivo y mayor producto de las cosechas y labores. Además ¿vemos que las heredades de los frailes y de otras corporaciones estén mal trabajadas, mal cultivadas, o no den tanto ó más producto que las de rigurosa propiedad? Los prados son propios, y no por eso están mejor cultivados que las tierras comunes. Aun en la misma clase, los prados del foro у

los

que reparten entre sí, como las tierras. (de labor), he observado que producen más y se cultivan mejor...

»Siendo yo cara, tuvieron por conveniente sortear el palmiento de dos o más carros de campera para los vecinos, á fin de tener más hierba para sus ganados, en lo cual consiste la primera riqueza. Querían seguir la regla general de la pradería y hacerlos propios. Se lo disuadí y logré que los dejaran comunes en la misma clase que las tierras; y con efecto, no. quise disponer de mi porción, lo cual imitaron mis sucesores, hasta que un lebaniego, más interesado que prudente, la vendió á un feligrés.

»;Pueblo venturoso! Tú me has hecho conocer que es muy practicable la comunidad de bienes que Licurgo estableció. en Lacedemonia. Sin haber sido tu párroco, jamás habría conocido lo que era la igualdad... De tí he aprendido que la propiedad, acumulando poco a poco en un pequeño número de manos las heredades de todo un pueblo, deja á todos los demás:

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