Album literario español

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Estab. tip. de D.F. de P. Mellado, 1846 - 320 páginas
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Página 155 - Aquilones; El estrépito y temblor De los cables sacudidos; Del negro mar los bramidos Y el rugir de mis cañones. »Y del trueno Al son violento, Y del viento Al rebramar, Yo me duermo Sosegado, Arrullado Por el mar. »Que es mi barco mi tesoro, Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.
Página 57 - Soy, señor, vuestro vasallo; vos sois mi rey en la Tierra, a vos ordenar os cumple de mi vida y de mi hacienda. «Vuestro soy, vuestra mi casa, de mí disponed y de ella, pero no toquéis mi honra y respetad mi conciencia. »Mi casa Borbón ocupe puesto que es voluntad vuestra, contamine sus paredes. sus blasones envilezca...
Página 54 - El emperador un punto quedó indeciso y suspenso sin saber qué responderle al francés, de enojo ciego. Y aunque en su interior se goza con el proceder violento del conde de Benavente. de altas esperanzas lleno por tener...
Página 152 - La luna en el mar riela, en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul...
Página 48 - ... una corona de tristes siemprevivas ; y los ojos apenas alzas, descubrir temiendo el monumento de perpetua pena que de tu esposa las cenizas guarda... Tanto infeliz como acorrió piadosa, tanto huérfano pobre y desvalido de que fue tierna madre, los que un día su bondad y sus prendas admiraron, en largas filas, silenciosos, mustios, tus pasos lentamente van siguiendo, y cercan su sepulcro...
Página 154 - Que es mi barco mi tesoro. . A la voz de "¡Barco viene!" es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer. En las presas yo divido lo cogido por igual: sólo quiero por riqueza la belleza sin rival.
Página 51 - Toledo, cuyas paredes adornan ricos tapices flamencos, al lado de una gran mesa que cubre de terciopelo napolitano tapete con borlones de oro y flecos, ante un sillón de respaldo, que entre bordado arabesco los timbres de España ostenta y el águila del Imperio, de pie estaba Carlos Quinto, que en España era primero, con gallardo y noble talle, con noble y tranquilo aspecto.
Página 1 - AL MAR. Calma un momento tus soberbias ondas, Océano inmortal , y no á mi acento Con eco turbulento Desde tu seno liquido respondas.
Página 10 - Sabaoth su espada ardiente. Venció la excelsa cumbre de los montes el agua vengadora ; el sol, amortecida la alba lumbre que el firmamento rápido colora, por la esfera sombría cual pálido cadáver discurría. Y no el ceño indignado de su semblante descogió el Eterno. Mas ya, Dios de venganzas, tu Hjo amado, domador de la muerte y del averno, tu cólera infinita extinguir en su sangre solicita. ¿ Oyes, oyes cuál clama : «Padre de amor, por qué me abandonaste?
Página 8 - ¿Y eres tú el que velando la excelsa majestad en nube ardiente, fulminaste en Siná? Y el impío bando, que eleva contra ti la osada frente, ¿es el que oyó medroso de tu rayo el estruendo fragoroso? Mas ora abandonado, ¡ay!, pendes sobre el Gólgota, y al cielo alzas gimiendo el rostro lastimado.

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