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tos, empero, siempre y en todas partes quedan en igual número, probándose así la inmensidad de tales séres que cada año mueren. Por fuerza no viven más que los robustos, pereciendo cuantos son impropios para resistir el combate por la existencia. Semejante lucha contra el hambre y otros enemigos, reduce constantemente los individuos de cada clase, destruye á los más débiles ó a los menos á propósito para prosperar y mejorar en las circunstancias donde se hallen. Subsisten, empero, las razas favorecidas, cuyos caractéres distintivos heredan y mejoran los descendientes de aquellas.

A los resultados de la competencia vital hay que añadir las pequeñas variaciones que diferencian á cada sér de su genitor y las que imprimen las condiciones exteriores (clima, etc.) Lamarck, por ejemplo, supone que las girafas consiguieron pescuezos largos, porque á los animales ascendientes suyos obligaron las circunstancias á arrancar hojas de árboles para pasto, cuya práctica constante hizo que se prolongaran los pescuezos á fuerza de estirarlos. Darwin admite algo parecido, añadiendo que, cuando semejante ejercicio empezó á dar resultados, las girafas que consiguieron pescuezos de longilud suficiente, con que subir la boca hasta poder cojer la manulencion, lograrian mayor vigor y vida más larga; tales girafas, privilegiadas al reproducirse, en virtud de la fuerza inherente á todo sér, por la cual los padres se repiten en su prole, trasmitirian á sus hijos los rasgos ó caracté.. res peculiares adquiridos.

Estos rasgos ó matices se perpetuarian en los descendientes de los hijos. Dichos caracteres excepcionales, al elevarse de continuo á mayor grado de singularidad, han convertido al grupo ó familia en casta ó linaje; y á la raza ó variedad en especie, ó sea en conjunto de individuos del mismo tipo, con rasgos comunes.

La seleccion natural, segun las anteriores observaciones, presenta cierto intrincamiento; mas como á aquella se debe, en opinion de afamados naturalistas, el origen de cuantos seres hay que suponen producidos por los anteriormente existentes, durante un tiempo casi ilimitado, juzgamos ahora oportuno apuntar un resumen de los fundamentos donde descansa semejante teoria, y discutir después su aplicacion al hombre.

1. La progénic de todas las especies de animales y plantas son diversas unas de otras; no hay dos individuos completa y exactamente iguales; y cuantas parles de su organismo se examinen y comparen, siempre presentan diferencias. Diciendo esto con otras palabras: en cada especie los individuos, merced á ciertas variaciones, se dirigen constantemente á divergir del tipo de sus padres, adquiriendo diversos caracteres especiales.

2. Dichas variaciones pueden ser trasmitidas á generaciones venideras en virtud de las leyes fijas y definidas, propias de la facultad de heredar.

3. Mediante seleccion artificial y cruzamientos, hechos por la mano del hombre, se consiguen perpetuar ciertos caractéres particulares en los ganados, produciéndose animales, con diferencias tan grandes cual son las que tienen las especies salvajes ménos parecidas.

4.' Los animales experimentan grandes variaciones por el clima (por frio, calor, presion atınosférica), la altura é indole de los terrenos que habiten y por todos los demás agentes naturales físicos y químicos.

5.° El número de animales que nacen es muchisimo mayor que el de los que crecen y alcanzan completo desarrollo.

6.° Ninguno de cuantos nacen son exactamente iguales. Sólo pueden continuar viviendo los animales que estén dotados con rasgos propios para subsistir dentro de las condiciones donde se encuentren. Cuantos individuos carezcan de tales rasgos favorables lucharán con desventajas para vivir y quedarán gradualmente exterminados.

7.° Los individuos que sobrevivan después de la lucha por la existencia, si continúan sometidos á condiciones ventajosas, trasmitirán á generaciones futuras las variaciones y caracteres á que su preservacion es debida.

8. Repitiéndose continuamente tales procedimientos resultarán, en primer lugar, variedades de tipus. Éstas se perpetúan y así originan razas especiales, las que por último, en el trascurso de mucho tiempo llegan á formar diferencias tan grandes, que constituyen especies totalmente distintas (1).

A todo lo anterior añade ahora Darwin la teoria de la Seleccion sexual con la que ocupa cerca de 500 páginas de su última obra. Fúndase tal teo

(1) Véase la obra clásica de Nicholson sobre zoologia: Advanced Tert Book of Zoology, Lóndres. Octubre de 1871. Compárense además la breve Reseña del darwi. nismo por el catedrático doctor Dub; Kurze Darstellung der Lehre Darwin's (Stutt. garda, 1870'; los tres tomos del doctor Rolle sobre la doctrina de Darwin; Valroger en la Revue des questions historiques, tomo VI, pág. 369; Ghiringhello en las Memoric della Realle Academia delle scienze di Torino, segunda série, tomo XXII y los siguientes; Esimen du livre de Mr. Darwin sur l'origine des expèces, por P. Flourens, Paris, 1364; Contribuciones para la crítica del darwinismo en aleman, por Askenasy, Berna, 1872; la Revista alemana Das Auslanıl de Enero y Febrero de 1872, que p'llblica un estudio curioso sobre el combate por la existencia entre hombres y pue. blos, etc.

ria en el hecho de que siempre luchan por las hembras los animales de sexo masculino, peleándose realmente ó rivalizando al cantar y embellecerse, á fin de conseguir el triunfo. Asi resulta que, cuantos vencen, se apoderan de las hembras más vigorosas, naciendo después animales con ciertas modificaciones.

La teoria de la seleccion sexual es difícil, y aunque Darwin presenta innúmeros detalles curiosisimos, para explicarla, aqui han de callarse porque no son propios para lectores de cualquier edad y estado. Dicha teoria depende del éxito de ciertos individuos sobre otros del mismo sexo respecto á la propagacion de la especie; mientras que la seleccion natural se refiere al triunfo de ámbos sexos, durante todas edades, relativamente a las condiciones generales de la vida. La lucha sexual es de dos clases: una, entre in. dividuos del mismo sexo, generalmente el masculino, á fin de ahuyentar o destruir á sus rivales, quedando pasivas las hembras; otra, tambien por parte de los mismos, con objeto de excitar ó embelesar al sexo contrario, comunmente el femenino, quien no permanece pasivo, segun Darwin, sino que escoge la pareja que más le agrada. Esto último, no siempre sucede, puesto que, en consiguiendo poseer á una hembra, ésta no puede escaparse y sobre que carece de medios para rechazar al del sexo contrario que la ha vencido, acontece prácticamente que ella admite caricias cuyos resultados sobrelleva (1).

Sumarísimamente quedan apuntadas las teorias de Darwin, quien admite que se verifica una inmensidad de variaciones continuas en animales y plan. tas cuyo resultado produce, al cabo de mucho tiempo, completisimo cambio en sus extructuras; pero en vez de explicar tales trasformaciones como hizo Lamarck, es á saber, por las necesidades y costumbres de aquellos séres, nuestro naturalista ha introducido en la ciencia el muy ingenioso concepto de la competencia vital. En los combates perpétno; por la vida donde cada sér pelea á fin de conseguir mantenimiento, cualquier cambio accidental, con que se logra escapar de la muerte, se convierte para quien

T La parte del libro último de Darwin sobre seleccion sexual forma un estudio cientifico tan lleno de atractivos y encantos, que dificilmente podrá idearse cosa alguna más deliciosa y perfecta. El abuelo de aquel naturalista escribió un poema di. vertido sobre Los amores ole las plantas; pero Los amores de los animalny, que publica el nieto, embelesan y arrastran muchísimo más que el citadlo poem 3. Tienen, de otra parte, inmenso valor cientifico, cual asevera autorizadamente Wallace (pág. 177, The Academy, tomo II; porque forman una nueva rama de las ciencias naturales, creacion completa y exclusiva del gran ingénio de Cárlos Darwin,

le tiene, en manantial de ventajas acarreadoras del triunfo, quedando vencidas las especies que á la postre perecen, por faltarles superioridad para

á sostenerse. Naturaleza, en virtud de esta seleccion fatal, confiere a las especies mejor dotadas, el poder sobrevivir y propagarse heredando la poste

y ridad de aquellas ventajosas variaciones que tambien producen lógica y permanentemente continuadas trasformaciones.

Calificase la anterior doctrina unánime, universal é incontestablemente, cual la más nueva entre cuantas producen extraordinaria admiracion. Aunque haya oposicion a todas las consecuencias del darwinismo, ningun inteligente niega que deje de presentar grandisima originalidad ni de ser refiejo de nna observacion muy ingeniosa, sagáz y profunda. Aquella doctrina enseña que naturaleza es órden, regularidad, concierto; mas todo lo alcanza dando muerte á cuántos séres carecen de constitucion propia para sostener continuas y ardientes luchas.

Y Reflexionando sobre tales hechos, fácil es deducir las numerosas aplicaciones que entrañan para

ciencias fuera del círculo de las naturales como las morales, políticas y otras; pero aqui nos limitamos á una pequeñísiina parte de las primeras.

La consecuencia lógica de tantas trasformaciones incesantes, arrastra á considerar la especie como variable, mientras que los naturalislas, en gran mayoría, sostienen que siempre es fija é incapaz de experimentar cambio alguno. Hoy dia de la fecha se debate semejante asunto con lanta pasion como en los tiempos de Lamarck y de Geoffroy Saint-Hilaire. Darwin con sus teorías imprime al inodo, segun el cual se verifican las trasformaciones, una forma sistemática, lógica y científica; pero no prueba de una manera directa y positiva la variabilidad de la especie, ni los cambios indefinidos de la materia organizada.

Nuestro naturalista observa que cuanto obra la mano del hombre mejorando animales y plantas, es copia inconsciente de la naturaleza; y deduce que las necesidades de la competencia vital por procedimientos análogos originan continuamente variedades, cuyas divergencias engendran nuevas especies.

Aquí debe observarse una desconformidad en la teoria de Darwin, quien exige dos proposiciones contradictorias, es á saber: que la especie puede variar de un modo indefinido, y que un rasgo ó carácter que se adquiere ha de perpeluarse constantemente en la posteridad. Aquel sábio, empero, intenta vencer cuantas dificultades objetan á sus teorias; invoca el estado ac.

á tual de las ciencias, poco satisfactorio; certifica que los naturalistas no pueden con frecuencia distinguir la especie de la variedad; considera perfecta á la geologia cuando le suministra argumentos favorables, y en caso contrario la declara ciencia incompleta (lo cual es cierto). Saca hechos convenientes para su objeto de la distribucion geográfica de plantas y animales, de la paleontologia, morfologia y taxonomia; pero recurre á su imaginacion á las veces, de la que deduce argumentos favorables á sus fines. La teoría de Lyell respecto á los grandes efectos por causas pequeñas é infinitamente continuadas encanta á Darwin, quien, con cuanto queda árftes puesto, la utiliza para su doctrina, afirmando que si no se admite su teoría de que todos los seres provienen de un gérmen único de vida, habremos de reconocer que la estructura del hombre y de los demás animales es una trampa puesla para que en ella caigan la razon y juicio humanos. Dia llegará, segun Darwin, en que ha de parecer una maravilla que sostengan los naturalistas, buenos conocedores de la estructura comparativa y desarrollo del hombre y demás mamíferos, que cada uno de estos es obra de un acto separado de creacion.

III.

Tralemos ahora de apuntar las principales deducciones que de sus doctrinas hace Darwin al origen del hombre. La fábrica y armazon del cuerpo humano son perfectamente comparables, hueso por hueso y músculo por músculo, á los de cuantos animales vertebrados se conocen. Prueba Darwin esta semejanza de un modo nuevo é inesperado, con tanta sutileza y maestría, presentando tal número de ejemplos, hechos y láminas, que no sólo hace al entendimiento, sino tambien á los ojos testigos y jueces de la doctrina. Mas aqui debe notarse que ya todos los médicos y teólogos de antigüedad remotisima tenian por cosa segura la semejanza entre cuerpos de hombres y animales brulos (1). Que estos engendraron al hombre lo sostiene Darwin, alegando primero que el feto humano en ciertas épocas, al desarrollarse en nada difiere del de los demás animales.

Efectivamente, la Embriologia comparada enseña que trascurridas tres

(1) La verdad de esta indicacion puede confirmarse con textos innúmeros; mas sólo ponemos el siguiente de un autor que todos conocen:. Y para que se abaje la soberbia y vanidad de los gentiles hombres y mujeres, y vean de qué se vanaglorian, sepan que los cuerpos que los antiguos hallaron más semejantes á los nuestros (aunque sea vergüenza decirlo) fueron los de las monas y puercos. Y así Galeno, que más divi. na y largamente trató esta materia, se rigió en todo lo que escribió por la fábrica de los cuerpos de las monas." Fray Luis de Granada, Del Símbolo de la . Parte 1.", capítulo XXIV.

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