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solemoe acto, y por otra no ignorais que no siempre al blanco el tirador acierta (3).

La idea de la justicia, señores, supone la de los deberes que existen entre los hombres. Son ideas relativas: no puede concebirse la una sin la otra. Los primeros, los mas esenciales de estos deberes son los naturales, los que tenemos por solo el hecho de ser hombres; todos los otros no han sido establecidos sino para asegurar á estos su mas exacta ejecucion. Si existen, pues, deberes necesarios, absolutos, existe con anterioridad á toda asociacion una justicia absoluta é independiente de las civiles instituciones (4). Don é invencion de Dios y no del hombre, pues que, como dice Platon, no termina con la muerte de los hombres: idea tomada del sagrado testo (5) en que está escrito que la justicia es perpétua é inmortal.

Si fijamos nuestra vista sobre todo lo que nos rodea, sobre esa multitud de seres cuyo admirable conjunto nos ofrece la naturaleza, observarémos que no hay uno que no tenga con los otros relaciones de utilidad. Todas las partes de la prodigiosa fábrica del universo llevan impreso el sello de la sabiduria del Altisimo; y á pesar de su número infinito y variado, todas están concertadas (6). Ninguna existe que no tenga marcado su fio y su destino; y el hombre que en el plan de la creacion ha ocupado el lugar preeminente, no podia menos de tener tambien el suyo (7).

La organizacion que distingue su especie, los medios que le son propios para conservar su existencia, sus facultades y sus inclinaciones, anuncian bastante que su destino, acá en la tierra, fué para vivir con sus semejantes, para reunir sus fuerzas con las de ellos, para socorrerles y ser socorrido á su vez, aumentar por este medio sus conocimientos , perfeccionar su espíritu, procurar su felicidad, y ejercer sobre toda la naturaleza el dominio é imperio de que siempre ha disfrutado. Hagamos al hombre, dijo el Supremo Hacedor del universo, á nuestra imagen y semejanza: y tenga el domi

(3) Nec semper feriet quodcumque minabitur arcus. Horat. (4) Dei donum et inventum. Summi Rectoris et Domini numen. Cic. (8) Sapient., cap. 1.o

(6) Nihil est in rerum natura io quo ordo locum non habeat. Ad unum namque coordinata sunt omnia. Aristot.

(7) Et ipso mandante omnia creata sunt..... præceptum posuit, et non proeteribit. Psalm. 148.

Non solum homini lex sui officii data fuit in creatione, sed etiam rebus omnibus. Pet. Greg.

nio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo y sobre las bestias y sobre toda la tierra... añadiendo despues de haberle creado (macho y hembra) y bendecido: creced y multiplicaos y henchid la tierra, y sojuzgadla y tened señorío sobre todo: y ved que os he dado las yerbas fructiferas y todos los árboles que tienen en sí mismos la simiente de- su especie para que os sirvan de alimenlo (8).

Es, pues, la sociedad el primer destino y el estado natural del hombre. La historia, que es la esperiencia de los siglos, corrobora esta verdad. Todos los animales desconocidos que se han descubierto, se ha observado que vivian aislados en las selvas ó en cavernas; por do quiera que se han hallado hombres, se han visto reunidos en familias.

Destinado el hombre para la sociedad, tiene obligacion de ayudar á los demás hombres y de trabajar de consuno para la comun felicidad: de ahí derivan sus derechos y sus deberes; cuyo conocimiento y ejercicio no le fuera posible, sin tener un evidente criterio del bien y del mal: una norma cierta é invariable á que poder arreglar sus acciones; y por eso le ha dado Dios su ley divina na tural, que puede conocer por solas las luces de la razon considerando atentamente su naturaleza y su estado: esa ley, que como dice Ciceron, es inmutable como su autor, comun á todo el género hamano, y la misma en todos los tiempos y en todos los paises (9).

A la luz de esa ley reconoce el hombre que sus derechos no son mas que el poder natural que le pertenece, de usar de todos los sé. res segun su destino y el de ellos: que sus deberes no son olra cosa que la obligacion que ese destino le impone de reglar de tal manera el uso de sus derechos, que no perturbe á sus semejantes en el uso de los suyos; porque la reciprocidad de esos poderes es la que forma la balanza y la regla: y en mantener esa reciprocidad, en coDocer sus derechos y sus deberes, en respetar los unos y llenar los otros, es en lo que consiste la justicia.

A la justicia, señores, es á quien luego que Dios concluyó su prodigiosa obra de la creacion, confió el gobierno y cuidado del

(8) Genes., cap. 1.o

(9) Huic legi nec abrogari fas est, nec derogari ex hac aliquid licet... Nec erit alia lex Romæ, alia Athenis, alia nuac,

alia posthac, sed et omnes gentes et omni tempore una lex continebit..., Cic.

orbe (10). Es la primera soberana del Universo. La utilidad, la ne. cesidad de esta escelsa virtud no hay quien pueda dejar de reconocerla. Ella contiene en sí las demás virtudes; sin ella de nada sirven estas; y los lazos con que somos estrechados y unidos por medio de la misma se rompen y disuelven necesariamente (11). Hasta los que se alimentan, dice Ciceron, del crimen y de la maldad, no pueden vivir sin ella (12), pues al que hace de jefe ó cabeza entre los ladrones, si no reparte con igualdad la presa, ó le asesinan, ó le abandonan 'sus compañeros. El poder de la justicia es, segun el dicho de un célebre escritor, ese dulce y vivificante calor del sol que comunica a la vez á toda la naturaleza el movimiento y la fecundidad; él es, quien no solo procura al género humano todos los bienes de que goza, sino que le escusa los males que no sufre. La justicia, dice el proemio de la Partida 3.', es una de las cosas por que mejor é mas enderezadamente se mantiene el mundo. E es así como fuente onde manan todos los demás derechos.

En la infancia del género humano las primeras sociedades fueron familias que vivian separadas é independientes las unas de las otras: y la primera autoridad, la mas antigua entre los hombres, fué la de los padres sobre sus hijos. Sin mas ley que la práctica de los deberes grabados en el corazon, vivian esas primitivas sociedades tranquilas y seguras, y dirigiendo siempre sus pasos por la senda de la virtud, se procuraban con qué satisfacer abundantemente á sus necesidades y naturales deseos (13). Mas, sea porque las grandes empresas que debia el hombre acometer, exigiesen el concurso de un mayor número de fuerzas, sea porque llegada la edad llamada de bierro, en la que fué avasallado el linaje humano

(10) Cum Deus inmensam libravit in aere molem

Confusumque chaos, divisaque corpora rerum,
Ad concors sociavit opus, præfecit in orbe

Justitiam, stabili terras quæ lege ligaret.... Balth. de Vias. (11) Me sine nulla domus, Respublica pulla senectam

Ferre, nec ulla diu possunt consistere regna. M. Præt.

Justitia elevat gentem; et miseros populos injuria facit. Prov., 14. (12) Tantam vim esse ejus, ut ne illi qui maleficio et scelere pascuntur, sine aliqua ejus particula vivere possunt; nam et princeps latronum, uisi æqualiter prædam dispartiatur, aut interficielur á sociis, aut relinquetur.

(13) Aurea ætas, vindice nullo, sponte sua, sine lege fidem rectumque colebat,... eraut sine judicie luti.... Ovid.

por toda clase de vicios y maldades (14), quisiesen poner sus personas y propiedades á cubierto de las agresiones, insultos y violencias, de los males, en una palabra, que podian temer los unos de los otros, puesto que así como despues de Dios de nadie pueden los hombres aguardar mas bien que de sus semejantes, de nadie tampoco puede venir al hombre mas mal que del mismo hombre (15), se reunieron esas pequeñas sociedades y formaron cuerpos políticos, ó sociedades civiles, á que se les ha dado el nombre de Estado por escelencia: y siendo necesaria para su gobierno una fuerza mas temible que el poder paternal, de ahí la institucion de una autoridad suprema que cuidase de su defensa, y que mirando a todos con imparcialidad, les distribuyese sus derechos y los conservase en paz y en justicia (16).

Ningun otro medio, en efecto, seria tan eficaz para reprimir la malicia humana. La ley natural prohibe las menores ofensas, las menores injusticias; pero la sancion penal de la misma que consiste principalmente en las recompensas y penas de la otra vida, no es bastante fuerte para contener á ciertos hombres dentro de los límites del deber; pues se vé una infinidad de personas audaces é inso lentes, que huellan los mas sagrados, siempre que creen hallar provecho en violarlos, y se sienten con suficiente fuerza ó sagacidad para burlarse de aquellos a quienes desean hacer mal (17). Movidos

(11) Protimus irrupit venæ pejoris in ævum

Omne nefas, fugére putor, verumque fidesque. Ovid. (15) Ut magnas utilitates adipiscimur conspiratione hominum adque consensu, sic nulla lain detestabilis pestis est, quæ non homini ab homine nascatur. Cic.

Cum tibi proponas animalia cuncta timere, unum præcipio tibi plus hominern esse timendum.

(16) Grot. lib. 1.° C. 2.° Nam societas eo tendit ut suum salvum sit com puni ope et conspiratione. Pufsend. lib. 7.° C. 1.'—Genuina igitur et princeps causa quare patresfamilias, deserta nalurali libertate, ad civilates constituendas descenderint, fuit ut præsidia sibi circumponerent contra mala quæ homini ab homine inminent. * Id. lib. 2.° C. 2.° Heinec. Prælec. academ.

Justitiæ fruendæ causa videntur olim, bene morati , Reges constituti. Cic. 2, de offic.

LL. 7.', iit. 1.2. lit. 10, P. 2.
(17) Sunt qui io fortunæ jam casibus omnia ponant,

Et nully credunt mundum rectore moveri,
Natura volvente vices et lucis et anni,
Algue ideo intrepidi quæ:umque altaria tangunt. - Juven.

TOMO XXII.

solo de lo que hiere sus sentidos, se ocupan únicamente de lo presente y no llevan sus miras mas alto. En las sociedades civiles hay un medio sensible y proporcionado á la naturaleza de los hombres para refrenar su maldad, é impedir el efecto de los depravados deseos que ella les inspira: es la ley con su sancion, ó sea, la intimidacion por el temor de un mal presente, de la pena que señala y deben sufrir irremisiblemente los infractores de la misma (17).

Faltando las leyes, no habria diferencia entre los hombres y las fieras: bastante parece lo conocieron los Reyes de Persia, que verificada la muerte del que ejercia el poder supremo, permitian que el pueblo viviese, por algunos dias, libre de la observancia de las mismas, para que la esperiencia de los males y horrores que le ocasionaba semejante libertad, le enseñase melius esse earum vinculis compeliri, et libertatem libertate nimia perire solére.

Conviene, empero, no perdamos de vista que el primer legislador de los hombres fué Dios mismo: que ofuscada por las pasiones la luz de los preceptos de su ley, que habia impreso en su corazon, los grabó sobre la piedra (a), repitiendo al género humano entero por la voz de Moisés lo que habia dicho al hombre en el momento de su creacion, y se contiene en estas breves palabras: Adorarás al Señor tu Dios de todo tu corazon y de toda tu alma. Amarás á tu prójimo, como á tí mismo (18).

Los preceplos del decálogo son las mas antiguas, las mas justas y las mas santas leyes que el hombre ha conocido. No ha Rey alguno que pueda dispensar de ellas á sus pueblos. No hay uno que haya prescrito lo contrario de esas reglas sagradas, ni juzgado necesario corroborarlas con el sello de su autoridad para obligar á los hom

(17) Odérunt peccare mali formidine pænæ

Oderunt peccare boni virtutis amore.- Horat.

Ibi esse pænam ubi et noxia est. L. Sancimus C. de poonis. E con estas dos cosas se endereza el mundo, faciendo bien a los que bien facen, e dando pena é escarmiento a los que lo merecen... Ley 3. ii. tulo 1.', P. 1.a

Nihil est civitate præstantius quam leges
Recte positæ : nam et inferioris homo sortis,
Et qui ditior est, æquale jus experiuntur... Eurip.

Inde lalæ leges, ne fortior omnia posset... Ovid. (a) Deuteron. C. 4, v. 12 y 13.

(18) Diliges Dominum Deum tuum ex toto corde tuo, et ex tota anima tua... et proximum tuum sicut te ipsum.

Ab istis duobus præceplis tota lex pendet. Math. 22, 37, Luc. 10, 27.

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