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en el pais un triste legado de desolacion, horrores y miseria, cuyos rastros aun se conservan, cuya memoria durará siempre. Tan pronto como Palacios tuvo conocimiento de este accidente trató de contramarchar y refugiarse en Francia á ejemplo de Balmaseda; pero no fué tan dichoso, pues que ha-biendo perdido por defecciones sucesivas toda la gente que llevaba hasta quedar reducido al escaso auxilio de 50 hombres (sufriendo por ser desgraciado) hasta la traicion de las fuerzas de su caballo al que hubo de pegar un tiro por no poder ya andar, y no pudiendo ya él hacerlo con toda la priesa que se necesitaba para huir el cuerpo á los enemigos, se vió por fin alcanzado y hecho prisionero en el pueblo de Lanz, desde donde fué condacido á la ciudadela de Pamplona.

La guerra de las provincias de Aragon y Valencia quedaba concluida con estos últimos golpes y la paz asentada sobre bases tan sólidas como la habia sido en Navarra por el acierto del DUQUE DE LA VICTORIA. Regentando ahora esta provincia el general D. Felipe Rivero, virey en cargos, la mantenia en completa tranquilidad, persiguiendo y pulverizando las pequeñas partidas que se habian levantado y haciendo sentir el suave freno de la ley á los antes rebeldes armados, retirados á sus hogares é imponiendo respeto á los refugiados en unos paises estrangeros, aceleraban tal vez la ocasion de penetrar segunda vez en España á cubrir nuevamente de luto sus poblaciones, empapar en sangre sus fértiles campiñas y gozarse en la ruina y miseria de sus hermanos. La columna al mando de Azpiroz ocupó las fortificaciones de Castiel, el Collado, Cañete y Beteta que abandonaron los rebeldes á principios de junio. Los campos de Guadalaviar fueron teatro sangriento de una accion, en la cual estas mismas fuerzas leales golpearon tan terriblemente à las enemigas que las ocasionaron mas de cuarenta muertos. El Principado catalan era el último asilo de los carlistas, el rincon en que sus últimos restos habrian de dar un á Dios eterno á sus quiméricas esperanzas, á sus doradas ilusiones, à esos para ellos tan magníficos ensueños en qué mas de una vez habian creido ver á once millones de españoles arrastrarse tras el carro del despotismo ocupado por un príncipe imbecil y fanatizado; pero'ese último lugar de refúgio habíales tambien de faltar muy en breve, porque la hora de su total destruccion habia ya sonado sobre sus rebeldes cabezas.

Despues de la accion de la Cenia se habia retirado Cabrera á Cherta, en cuyo punto descansó con su gente y aterrado á la vista del porvenir, desesperanzado de hallar remedio á los muchos males que complicaban su causa y la habian reducido á un estado de completa agonía, reunió en un consejo ó junta magna á sus gefes y oficiales con el objeto de discutir sobre su situacion. Hízosela ver Cabrera en toda la deformidad que presen

taba, no saliendo aquella vez de su boca, como otras aconteciera, los pomposos alardes de fuerza, los desprecios, las imprecaciones hacia el enemigo,. sino palabras dirigidas á proponer un sistema tal en el corto tiempo de vida que les esperaba, que ya que no pudiese proporcionarles un triunfo completo, hiciese menos vergonzoso su vencimiento. El resultado de esta junta fué la determinacion de pasar el Ebro y abandonar aquel antiguo teatro de sus proezas. En el mismo pueblo de Cherta y á muy poco de haberse celebrado esta junta se presentaron á Cabrera algunos cuantos soldados dispersos, los que pudieron salvar la vida en la salida que hizo la guarnicion de Morella. Iba á su frente el gobernador carlista de aquella plaza D. Pedro Beltran, á quien apenas divisó Cabrera cuando revocando en su mente el recuerdo de los males que habia sufrido aquella su preamada fortaleza, los estragos que en ella habia causado el enemigo y la impremeditada fuga de la guarnicion y de tanta gente como la acompañaba, se irritó fuertemente y en tales términos que sin poderse contener se levantó de su asiento y encarándose con el D. Pedro le dijo: «¿Cómo tiene V valor para ponerse delante de mí? ¿Qué ha hecho V. de la numerosa y brillante guarnicion que le confié? ¿Cuál es la bandera que ondea en el baluarte de que V. era gobernador? Quítese V. de mi vista, vaya V. à recoger sus dispersos y no se me vuelva à presentar mientras no venga acompañado de toda la fuerza que le entregué. » Este D. Pedró Beltran marchó efectivamente á cumplir las órdenes de su general, pero habiendo vagado algun tiempo perseguido por los enemigos y mal visto entre los suyos tomó el partido de presentarse a las autoridades de la Reina, quienes le condujeron á Valencia donde fué fusilado al estallar una conmocion popular.

Nada quedaba ya que hacer al terrible caudillo de Tortosa sino poner en obra el proyecto que habian aprobado el dia anterior, emprendiendo la marcha por la ribera derecha del Ebro en direccion á Flix, á cuyo efecto reunió toda su gente: mas antes de salir yen atencion á ser dia festivo hizo que su tropa oyese misa, concluida la cual, dirigió á sus soldados una breve pero enérgica arenga, recordándoles sus hechos antiguos, el valor que siempre habian manifestado y animándoles à que le empleasen de nuevo en aquella circunstancia en que tanto le necesitaban. Preciso es confesar que la resolucion de Cabrera era acertada respectivamente al menos á la situacion en que se hallaba, pues que si sus intentos no le salian fallidos y lograba verse con su gente allende el Ebro era muy difícil que las divisiones constitucionales pudiesen darle alcance y menos aun cortarle la retirada. Pero estas ventajas eran problemáticas, porque el paso de aquel rio presentaba dificultades de consideracion nacidas las unas del mal estado de los pasages, de la misma situacion del ejército carlista las otras, y sobre todo

de la acertada colocacion de las tropas leales. Una fuerte columna de estas subia por la parte de Horta en observacion del enemigo: el intrépido brigadier Zurbano se habia apoderado de los puertos de Beceite: el activo general O'Donell picaba la retaguardia de los carlistas. En tan críticas circunstancias, y cuando las fuerzas de Cabrera venian á estar en razon inversa de las de sus contrarios no tanto por el número como por los obstáculos que le embarazaban, cuales eran una porcion de familias comprometidas por don Carlos que habian resuelto seguir la suerte del ejército y que sin servir ellas para nada privaban del auxilio de muchos brazos útiles, en semejantes circunstancias, decíamos, y con tantos impedimentos aun quedaba el mas grave, el de mas trascendencia que era la falta de medios para trasladarse á la otra orilla, pues solo existian cuatro barcas viejas que el padrastro de Cabrera en los dias de sus correrías en aquel pais habia tenido la precaucion de esconder, sumergiéndolas en el agua cargadas de piedra. El valor entendido, el valor verdadero que siempre va unido con la prudencia hubiera desmayado áà la vista de tantas dificultades; pero fuese que á Cabrera no se le alcanzasen todas las que en realidad se presentaban ó que desesperado ya no creyese que su suerte pudiera ser mas acerba, de lo que era en realidad, ora cayese en manos de sus adversarios, ora pereciese en el rio, es lo cierto que se resolvió á pasar y despues de haber conseguido des cargar las barcas por algunos muchachos las sacó á flor de agua y dió órden para que se principiase la operacion del paso del Ebro.

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Lo primero de todo debia de ser el contener à las fuerzas de O' Donell que mas que a paso acelerado venian echándose sobre los carlistas, y para eso dispuso Cabrera que una buena parte de su infantería las entretuviese mientras la demas verificaba el movimiento. Poco tardaron en presentarse los cazadores de la vanguardia de O'Donell y emprender el ataque con la infantería carlista; pero como aquellos no formaban una fuerza capaz de oponerse á la operacion protegida por esta que constituyendo todo el grueso del ejército rebelde, ascendia á unos 40,000 hombres, no pudieron evitar el paso del Ebro, y el resto de la division constitucional por mucho que aceleró la marcha tampoco tuvo tiempo de impedirle.

La escena que este presentaba infundia serios temores, y pudo ser tan trágica como la de la salida de la guarnicion de Morella. Alli las familias comprometidas, niños, mugeres, ancianos, rivalizaban y aun disputaban entre sí sobre quienes habian de tener la preferencia en el paso: todos querian ser los primeros porque nadie se consideraba seguro hasta no verse en la orilla opuesta, la izquierda. Los gritos, la confusion crecian por cualquier circunstancia la mas insignificante: el menor movimiento de los cazadores de vanguardia de O'Donell que por casualidad llegara á su noticia era sufi

TOMO III.

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ciente para considerarse perdidos. Entretanto sostenian aquellos el fuego con la fuerza de infantería destinada á proteger la operacion. El resto segun iba pasando formaba á la orilla izquierda adelantándose alguna para descubrir terreno. La caballería à nado conducia á la gurupa algunos infantes y los bagageros bregando con sus acémilas procuraban trasladar los equipages. Cabrera daba vueltas aqui y allá ya dirigiéndose al sitio del combate, dictando disposiciones para el paso y trasladándose con frecuencia de una á otra orilla. Por fin en el dia 2 de junio logró ver su gente al otro lado del Ebro y en seguida destruyó las barcas; apresurándose en medio del alborozo de los suyos á ganar las montañas de Cataluña.

Marcharon los carlistas á paso muy acelerado hasta llegar á Ernia en cuyo punto pernoctó Cabrera el 5 de junio acantonándose sus divisiones en Arbi y la Juncosa. El 6 siguió por la sierra de Liena cruzando en el dia siguiente la carretera de Barcelona por los Hostalets, tres horas al oriente de Cervera y el 8 se dirigió à Berga. La division aragonesa no siguió la misma ruta sino que luego de haber pasado el Ebro tomó la derecha de Lérida para llegar á Pons; en este punto descansó algunos dias y desde el se dirigió hacia el rio Noguera Pallaresa, pasó el Segre y volvió por Oliana. Al llegar á este punto se le presentó Cabrera y la dirigió una arenga corta en estos términos: «Aragoneses, no desmayar ni temer á nuestros enemigos porque me cabe la satisfaccion de decir que sois valientes soldados, hombres que defendeis con todo honor una justa causa; yo no os desampararé y perderé la vida con vosotros;» acto continuo se dirigió á Berga á donde tambien le seguiremos tan luego como nos hagamos cargo de los movimientos del vencedor de Morella.

Despues de la conquista de este famoso é importantísimo baluarte partió aquel para Cataluña, último rincon de la Península en que se alojaba el carlismo y de donde tambien debia aventarle su espada triunfadora. Llegado á Lérida, se ocupó de la organizacion de los cuerpos que componian el ejército espedicionario del Norte, el cual quedó arreglado del modo siguiente: La brigada de vanguardia al mando del brigadier D. Miguel Osset se componia de dos batallones del regimiento de la Princesa, dos de cazadores de Luchana, un escuadron maniobrero de la Reina y media batería de á lomo. El general D. Diego Leon mandaba la primera division y esta constaba de tres brigadas: la primera á las órdenes del general D. Francisco Javier Ezpeleta con dos batallones del segundo regimiento de la Guar dia Real de infantería, y dos idem del tercero; la segunda á las del brigadier D. José María Puig, con dos batallones del primer regimiento de la Guardia Real de infantería, y uno del cuarto; la tercera á las del brigadier D. Rafael Mahy con dos batallones de granaderos de la Guardia Real

provincial, otros dos del primer regimiento de cazadores de la misma, cinco escuadrones uno de la legion auxiliar británica y los restantes de húsares de la Princesa, una compañía de ingenieros y una batería de á lomo. Comandante general de la segunda division era el mariscal de campo don Ramon Castañeda y esta division se componia tambien de tres brigadas, la primera formada por dos batallones del regimiento infanteria de San Fernando y provincial de Jaen y la segunda por otros dos del regimiento infantería de Almansa y el provincial de Valladolid eran mandadas por los gefes á quienes correspondia por ordenanza; la tercera estaba á cargo del brigadier D. Juan Durando y constaba del regimiento provincial de Oviedo, el de Avila, el de cazadores de Oporto; la fuerza de caballería de esta division eran cuatro escuadrones del regimiento del Príncipe tercero de linea; la de artillería, una batería de á lomo: à todas ellas iba ademas agregada una compañía de zapadores. Mandaba la tercera division el general D. Joaquin Ayerbe. Distribuíase aquella en tres brigadas, compuestas la primera de un batallon del regimiento infantería del Rey y dos idem del de Mallorca á las órdenes del brigadier D. Federico Roncali; la segunda de tres batallones del regimiento infantería de Borbon á las del de igual graduacion D. Atanasio Alesson; la tercera de dos del regimiento infantería segundo de ligeros y el provincial de Alcazar de San Juan á las órdenes del gefe á quien correspondia por antigüedad; tres escuadrones de Borbon, una batería de á lomo y una compañía de zapadores completaban esta division. La cuarta dirigida por el mariscal de campo D. Santiago Otero se componia de otras tres brigadas. Mandaba la primera el brigadier D. Manuel Crespo y tenia dos batallones del regimiento infantería del Infante y el provincial de Murcia; la segunda dos batallones de Soria y el provincial de Málaga; la tercera, dos del tercero ligero y el provincial de Málaga; estas dos últimas brigadas iban regidas por los gefes á quienes correspondia por ordenanza. Las fuerzas auxiliares de esta cuarta division se reducian á dos escuadrones del regimiento caballería octavo ligero, una batería de á lomo y una compañía de ingenieros. La brigada de Zurbano que no estaba afecta á division determinada se componia del regimiento provincial de Ciudad Rodrigo, del de Logroño, un batallon franco de la Rioja alavesa, otro id. de la castellana, un escuadron de la Rioja alavesa, otro id. de la castallena y media batería de á lomo. Otra brigada de caballería, suelta tambien como la de Zurbano marchaba á las órdenes del coronel don José Leimery: llevaba éste una compañía de tiradores de húsares de la Princesa, otra idem del regimiento del Príncipe, otra idem de Borbon, otra del octavo de ligeros y el escuadron de este regimiento. El cuartel general tenia afectas una compañía de zapadores y las baterías rodadas. Otras cuatro com

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