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las escitaciones dirigidas por los generales que sostenian la causa de la lealtad pudiera encontrar favorable acogida, les dirigió desde Mirambel una alocucion con fecha 7 de octubre, que aunque con pretensiones de refutadora de las de ESPARTERO у Cabañero, venia á revelar el miserable estado Y del que la dictaba, en los mismos recursos estremos á que tan inútilmente se apelaba.

Decia de este modo:

«Voluntarios: Las armas alevosas de que la revolucion se vale contra los valientes, han alejado al rey de nuestra patria y cogido en redes infames un ejército de héroes. ¡Eterna ignominia cubrirá á los indignos españoles que con descarada impudencia y á una con los enemigos han trabajado por mas de dos años para inutilizar la noble sangre, que con envidiable gloria ha derramado la fidelidad en los campos vasco-navarros! Si las palabras venenosas de paz, hermandad y humanidad, etc., con que los traidores han podido engañar á nuestros hermanos, llegaren à vuestros oidos, abominar de ellas y avisarme. ¡No hay otra paz que la que no tardará en dar á la España entera nuestro amado soberano el señor D. Cárlos V, nunca mas ilustre que cuando parece mas desgraciado! »

«Voluntarios: me conoceis y os conozco. La indignacion, no el desaliento se ha apoderado de mi corazon como de los vuestros al saber los sucesos del Norte, y ansio el momento en que poder deciros desde el campo: ese que teneis en frente es el ejército que envanecido con sus glorias postizas, pretende asustaros con su número y aparato: aquel es el general á quien una vil traicion hizo conde, y manejos todavia mas traidores y torpes han prestado el titulo ridículo de duque de la Victoria. »

«Voluntarios, me engañaria mucho si el corage que siento en mi pecho no le viese hervir en el vuestro en el momento, que ya tarda, de medir vuestras armas leales con las traidoras de la revolucion. Este dia se acerca, y vuestro general, que nunca os prometió en vano la victoria, os protesta con todas las veras de su corazon que jamás ha pretendido con mas seguridad los dias de gloria que os esperan. Una ojeada rápida que mi alma da en este instante sobre mi penosa vida, me recuerda la hora en que hace seis años capitaneaba quince hombres armados por mitad de palos y escopetas... ¿Podria pensar en la série de inauditos sucesos que se han seguido?... Pero la Providencia que se complace en humillar los soberbios, ha dirigido mis pasos. El Dios de los ejércitos, en cuyo nombre peleo, ha coronado con la victoria mi intencion pura, y la sangre de mi inocente madre derramada por su gloria, obtendrá, no lo dudeis, que el ejército compuesto de los valientes y leales compañeros de su hijo, confunda para siempre la soberbia de la revolucion que ha inundado de lágrimas y sangre nuestra hermosa patria. »

TOMO III.

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«Voluntarios ¡Fieles compañeros de mis trabajos y de mis glorias! La religion y el Rey piden numerosos esfuerzos de nosotros, y el Rey y la religion los tendrán. ¡Contadlos por victorias! Os lo promete vuestro general y camarada, á quien como siempre vereis pelear como capitan y como soldado. Viva la religion, viva el Rey =Cuartel general de Mirambell 7 de octubre de 1839. El conde de Morella. »

No eran estos solos los medios que empleaba Cabrera para recabar de sus subordinados la constancia que era una gran virtud ya en aquella temible coyuntura. Hubiérale hecho inconsecuente semejante conducta con la marcha que desde un principio se habia trazado; hubiérale desnaturalizado, si puede decirse asi, y obligádole á abandonar los instintos feroces á que se entregaba sin restriccion y venian á constituir su carácter. Contrastaban con sus palabras los hechos que de su órden se ejecutaban, y mientras aquellas parecian inspirar una completa seguridad en el éxito de la con-tienda que se iba á entablar con las falanges formidables de los libres, se obligaba á tomar las armas aun á los mismos que apenas contaban con fuerzas para sostenerlas. De la escrupulosidad con que se exigia el cumplimiento de este deber no se eximian ni los empleados del ejército carlista que desempeñaban alguna comision agena á las faenas de la guerra. La misma junta superior hubo de sujetarse á esta ley general, y de tomar parte en las fatigas del ejército con arreglo á la diversa clase y posicion de sus individuos. La ferocidad se ostentaba mas que nunca descompasada, y una série no interrumpida de hechos, que fuera prolijo referir, anunciaban que las últimas boqueadas de la causa carlista en aquellas provincias habian de ser por precision sangrientas.

Entretanto ESPARTERO observando una conducta hidalga, y altamente conforme a los títulos gloriosos con que le saludaba la Europa entera, marchaba digno mensagero de la paz, convidando á los desengañados con el goce de sus inestimables beneficios, amenazando á los rebeldes con el terror y la muerte que su misma audacia provocara. Como eran muchos los individuos de las filas carlistas que se manifestaban deseosos de abandonar su causa, dirigió desde Alcorisa una circular á todos los gobernadores y comandantes de los puntos fortificados, determinando la proteccion que habian de prestar á todos los rebeldes que se presentaran á indulto. Facultábase en ella á los gefes y comandantes mencionados, para espedir sus licencias absolutas á todos los presentados: señalábase á estos por via de gratificacion sesenta reales siendo de infantería y haciéndolo con sus armas respectivas, y la de ciento sesenta en el caso de verificarlo con el caballo, perteneciendo á esta otra arma; prometiase una buena recompensa á los gefes y oficiales que fueran presentados conduciendo la fuerza que correspon

diera á su graduacion, y en fin, dictábanse otras varias medidas que hacian de este documento una prueba completa de los filantrópicos sentimientos del Duque y de la marcha conciliadora que se habia propuesto seguir. Para los que desdeñando la favorable acogida con que se les brindaba, permanecian obstinados y reácios, prolongando el estado de luto en que la guerra civil habia sumido á España, empleáronse medios enérgicos, entre los cuales debe contarse la medida acordada por ESPARTERO de espulsar sobre Morella y los puntos inmediatos que ocupaba la faccion à todas las familias de los que se encontraban en las filas rebeldes, y de los que pretesto de su opinion realista abandonaban los pueblos al tiempo ó antes de llegar á ellos las tropas de la Reina.

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La ferocidad de Cabrera y sus secuaces y la necesidad de contestar con terror al terror que por todas partes desplegaba, venian á justificar esta determinacion poco ajustada por otra parte á los límites de severa justicia. Entre los parientes de los facciosos los habia no solo inocentes y desnudos de toda relacion con aquellos, sino tambien comprometidos en la defensa de la causa de Isabel II y la libertad. Los caribes acostumbrados à embriagarse con la sangre de sus mismos hermanos, habian de recoger con avidez la de los leales ó de no cuidarse de los que no lo fuesen aunque estuvieran en el círculo de sus parientes: pero si esto podia suceder y sucedia en efecto, las circunstancias espinosas de aquella guerra, pedian con urgencia el sacrificio de ciertas consideraciones, á la grande y conocida utilidad que habia de reportar la medida á que aludimos. El conflicto de los facciosos habia de ser grandísimo al ver que se les enviaba sus parientes, cuando por la estrechez de las circunstancias y por la multitud de gentes agrupadas hácia Morella, acababa de dar Cabrera una órden para que no se admitieran personas inermes, ni se las concediese refugio en ninguno de los puntos fortificados. Esto considerando la medida respecto á las tropas constitucionales; en cuanto á los facciosos, tenian bien merecida una disposicion cuyo objeto era el de nivelar las condiciones de los dos ejércitos beligerantes. Ellos estaban acostumbrados á hacer la guerra sin desdeñar ningun medio por inmoral ó reprobado siempre que fuese perjudicial al enemigo; sacrificaban á los pueblos en sus incursiones, escogiéndolos por víctimas de sus violencias y atentados y dejaban en esos mismos pueblos sus familias y allegados que eran otros tantos centinelas para vigilar la opinion del pais, los recursos con que contaba, y esplorar, en una palabra, todo cuanto pudiera ser favorable á sus correligionarios, los que empuñaban las armas. Semejante escándalo no podia tolerarse ni debia ser todo lenidad y miramientos, si habia de concluirse la guerra en aquellas provincias. Natural y muy conforme á equidad parecia el que las familias que no les retraian de su rebelde tarea, fuesen á servir de obstáculo á su subsistencia, y á despertar en su ánimo los senti

mientos de humanidad y de compasion si por fortuna les habia dotado de alguno la naturaleza.

Sin embargo de todas estas consideraciones que abogaban en pro de la determinacion mencionada, el DUQUE DE LA VICTORIA trató de autorizarla con el sello de la justicia y de revestirla de modo que fuese capaz de llenar las grandiosas miras que al dictarla se habia propuesto, fundadas en el bien de la causa nacional, en el castigo de los desafectos y obstinados, y en el pronto esterminio de las hordas de rebeldes que infestaban las provincias de Aragon, Valencia y Murcia. Al efecto dictó las siguientes aclaraciones á la circular del 28 de octubre que habia dado en Alcorisa:

1.

La medida de espulsion solo tendrá efecto con respecto á los padres, madres y mugeres de los individuos que estuviesen en la faccion, de tal modo, que si el hijo que estuviere en los enemigos fuere soltero, serán espulsados sus padres y familia que estos tuviesen bajo su potestad: si fuesen casados serán espulsados sus mugeres é hijos.

2. Quedan esceptuados de ella los padres y familias que acreditasen tener un hijo en las filas del ejército permanente, milicias provinciales ó cuerpos francos, aun cuando tuviesen otros en las filas de la usurpacion.

3. Los hijos que no obstante de que sus padres tengan otros en la faccion estuviesen inscriptos en las filas de la Milicia nacional, serán igualmente esceptuados en la medida de espulsion, mas no sus padres y familias, á no ser que aquellos deseosos de que sus padres permanezcan en sus casas y sus bienes no sean confiscados, entrasen á servir en los cuerpos del ejército, milicias provinciales ó francos, en cuyo caso serán declarados exentos sus padres y familias por el tiempo que los hijos permaneciesen en las filas de la lealtad.

4. Los hijos que se hallasen con la edad ó robustez necesaria para hacer uso de las armas, y cuyos padres y familias estuviesen comprendidos en la medida prevenida en la circular, serán esceptuados de la espulsion; mas quedarán sujetos á ella sus padres y familias siempre que los hijos no tomasen la determinacion indicada en la aclaracion anterior, cual es la de entrar á servir en nuestro ejército, que en tal caso serán esceptuados por el tiempo que se indica en la misma.

5. Serán igualmente declarados exentos de la espulsion y confiscacion aquellos padres y familias que, sin embargo de tener hijos en la faccion, acreditasen en debida forma haber prestado servicios importantes á nuestra causa, ó que su adhesion á ella fuese notoria; pero contribuirán con seis duros mensuales por cada hijo que tengan en las filas enemigas para atender á los gastos de la guerra.

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6. Los padres que tuviesen un hijo en la faccion y otro en su casa disfrutando la licencia absoluta por inútil, siempre que la inutilidad la hu

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biese adquirido sirviendo en nuestras filas, serán esceptuados de la medida de espulsion, y en este caso serán considerados tambien los que tuviesen hijos en su casa procedentes del convenio de Vergara por el tiempo que estos permaneciesen en ella, aunque tuviesen otro en la faccion; pero quedarán sujetos unos y otros al pago de seis duros mensuales para los gastos de la guerra por cada uno de los hijos que tuviesen en las filas rebeldes.

7. y última. Serán devueltos los bienes que se les hubiesen confiscado y admitidos en el pueblo de donde hubiesen sido espulsados aquellos padres y familias que regresasen á los mismos, trayendo consigo á los hijos que hubiesen sido causa de su espulsion.

De tales medios se valia ESPARTERO para inaugurar la guerra del Centro, que muy pronto habia de emprender al frente de su numeroso y aguerrido ejército.

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