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CAPITULO II.

Movimiento del ejército mandado por el DUQUE DE LA VICTORIA.-Medidas adoptadas por Cabrera. Muerte del Conde de España.-Ataca el cabecilla Llangostera el pueblo de Barra china.-Proyecto de asesinato contra el DUQUE DE LA VICTORIA.

L DUQUE DE LA VICTORIA habia fijado su cuartel general en Muniesa, en cuya poblacion tuvo una larga conferencia con el gefe de las fuerzas del Centro D. Leopoldo O'donnell para tratar del nuevo plan de campaña que habia de seguirse, y sobre todo de la provision de víveres que escaseaban en el ejército constitucional. Las divisiones que le componian se estendian por Cariñena, Calamocha, Monreal y otros puntos contiguos, en los cuales permanecieron hasta el dia 20 de octubre que fué el señalado por ESPARTERO para el movimiento de la brigada de vanguardia de su grande ejército y el de las divisiones 4., 2., 3. y 4., las cuales con la 2. del centro marcharon à ocupar la linea trazada desde Calanda á Camarillas. Huyeron á presencia de las fuerzas leales las del ejército enemigo, sin que las ventajosas y formidables posiciones

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que ocupaban fuesen capaces de atajar la pavura que infundia en sus animos la marcha de los vencedores. El mismo Cabrera acompañado del cabecilla Polo huyó á la media noche del pueblo de Camarillas, contentándose con dejar algunas fuerzas en observacion de Montan y Candiel.

El bizarro general Leon, que debia de ocupar el pueblo de Calanda al tiempo de verificarse el movimiento referido de las tropas del ejército de EsPARTERO, se adelantó con una escasa fuerza de caballería para reconocerle, y al saber que los carlistas le abandonaban se adelantó sobre ellos sin reparar en la inferioridad de su gente, consiguiendo alcanzar la retaguardia compuesta de 350 infantes y 40 caballos, mandada por el caballecilla Bosque y causarla una pérdida de bastante consideracion en muertos, heridos y prisioneros. Despues de esta ligera escaramuza se ocupó en cumplir su mision, que era la de defender aquella parte de la línea y fortificar á Monroyo, mientras O'donell verificaba la misma operacion en el estremo opuesto.

division al mando inmediato de ESPARTERO ocupó á Mirambell y la del general Alcalá á Palomar para servir de apoyo á las otras.

Poseido de terror el inhumano Cabrera, y sin que el riesgo inminente que corria le arrancase una de aquellas terribles determinaciones que pueden haber sido presentadas por los suyos como prueba de su carácter enérgico y decidido, pero que en realidad no eran otra cosa que la satisfaccion de sus instintos feroces y sanguinarios empleados siempre contra el débil; abandonado, ahora decimos, de todo recurso y entregado á la desesperacion que debía causarle la sentencia fatal de completa destruccion que pesaba sobre su cabeza, se encerró entre Cantavieja y Morella dedicándose á entorpecer la marcha del ejército de ESPARTERO y retardar, ya que no era posible detener, el golpe fatal que le esperaba. Para ello destruyó todos los caminos que podian conducir á sus líneas, haciendo en ellos infinitas cortaduras y multiplicando los obstáculos que naturalmente presentaba el terreno con otros mil artificiales que pudo construir; pero enemigo irreconciliable de la humanidad, y consiguiente al papel de genio destructor que personificaba en esta nacion desventurada, no pudo dejar de apelar como siempre acostumbraba al sacrificio de los inermes y rendidos. Los infortunados prisioneros de Carboneras y otros puntos que permanecian en el Horcajo, fueron trasladados á Benifasá en los puertos de Beceite à pretesto de ofrecer mas seguridades para su custodia. Aspero el camino, la estacion fria, desnudos y exánimes aquellos infelices por el bárbaro trato que recibian de los enemigos, perecieron la mayor parte en el camino. Sin contar con los que se hallaban enfermos pasó de 50 el número de los que sucumbieron al hambre y al frio durante el tránsito. Los que tuvieron fuerzas para resistirle solo consiguieron trocar aquel género de muerte por otro mucho mas lento y horroroso, pues que distribuidos en tres depósitos, condenados á una com

pleta incomunicacion, eran entregados á todo linage de tormentos, los cuales se aumentaban en la misma proporcion en que iba acercándose el ejército de ESPARTERO y haciéndose mas angustiosa la posicion de los carlistas.

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La escasez de víveres, que hemos dicho ya se sentia en el ejército de la Reina, era tan grande, que se veia atenido á las remesas que se le enviaban. de Zaragoza, y este, como puede conocerse, era un obstáculo de considerapara hacer adelantos considerables. Sin embargo, los últimos que acabamos de reseñar proporcionaron á la segunda division la ocasion de coger en el pueblo de Gargallo unas 6,000 fanegas de grano, con cuya presa, hecha en buena ley de guerra, pudieron remediarse por de pronto las necesidades del ejército. No agradó mucho á Cabrera este golpe, y para evitar su repeticion dióse prisa á arrebatar todos los pocos efectos que habian ya quedado en el pais y á retirar á Cantavieja la mayor parte del ganado que los carlistas habian recogido en sus correrías por la Mancha.

Al mismo tiempo que tomaba todas estas determinaciones, el feroz caudillo de las fuerzas del Centro pensaba estrechar sus relaciones con otro de no menos fatal recordacion que la suya, con el sangriento conde de España, gefe superior en aquella sazon de las fuerzas facciosas que operaban en el territorio catalan. Pero la Providencia que habia destruido las fanáticas esperanzas de los que aspiraban á entronizar un sistema de gobierno tan opuesto á la razon y tan contrario á las leyes de la verdadera filosofia, menos podia consentir aun las atrocidades y violencias de los que olvidando todo principio de humanidad se erigian en verdugos de sus hermanos y los sacrificaban á su antojo; y hé aqui que una circunstancia altamente favorable à la causa de la libertad y á la de la pacificacion de aquellas provincias vino á hacer ilusorios los planes furibundos de Cabrera, contribuyendo poderosamente à la realizacion de aquel magnífico acontecimiento.

La division de los ánimos habia sido la preparacion que habia elegido ESPARTERO para su obra antes de emprenderla en las provincias del Norte; la division habia de jugar aqui tambien, si no del mismo modo al menos como una palanca poderosa que habia de dar empuje á los diversos medios que por necesidad se combinaban. Afortunadamente y sin necesidad de los heróicos esfuerzos del DUQUE DE LA VICTORIA trabajaban á las hordas catalanas serios disturbios, cuyas causas nacidas de su mismo estado no tardaremos mucho tiempo en indicar, pero bueno será que antes digamos que casi en los mismos dias en que tuvo lugar el suceso de que vamos á ocuparnos, circulaban entre la gente catalana, la aragonesa y la valenciana varios impresos, de los cuales tomaremos uno, dejando al buen juicio de nuestros lectores el calificar hasta qué punto pudo contribuir á la realizacion de la especie de revolucion que se verificó en las hordas catalanas.

Era esta una alocucion dirigida á las autoridades militares del princi

pado por el cónsul español en Perpiñan quien la atribuia à uno de los generales carlistas refugiados en Bourges dirigida á los facciosos de Aragon y Cataluña, que decia de esta suerte:

Catalanes, Aragoneses:

« Acordaos que sois españoles: dejad esas armas, que intereses que no son los vuestros os hacen conservar en vuestras manos para derramar sangre española. >>

«La causa de don Carlos murió para no volver á resucitar. Desde Bourges, en el centro de la Francia, implora como un gran favor del gobierno francés que le deje ir á Saltzburgo en el Tirol para vivir tranquilo con su familia. Don Sebastian está ya en Nápoles. »

<< Tan ageno don Carlos de pensar en continuar por sí la guerra ni en enviar auxilios estrangeros para que sus antiguos caudillos la sostengan, les ha autorizado para que hagan su sumision à la reina, pues no quiere que se derrame mas sangre española. »

«Si vuestros gefes os lo ocultan, os engañan, ya no defendeis la causa de don Carlos, defendeis la de aquellos. La guerra que hagais en adelante no tendrá mas objeto que enriquecer à vuestros gefes con el robo y el pillage, incendiar las habitaciones de vuestros hermanos y hacer correr su sangre inútilmente. Guando hayan saciado su ambicion, asolado el pais á que perteneceis os dejarán para ir á vivir cómodamente en Francia. >>

«No creais la llegada de ejércitos estranjeros que ni por mar ni tierra pueden pasar á España. Solo podrian ir por el aire, y esto conoceis que es imposible. Los reyes que sostenian á don Carlos no le pudieron enviar ejér– citos cuando su causa les daba esperanzas de éxito, ahora que las han perdido enteramente no hacen caso de él. La Holanda ha reconocido à la Reina doña Isabel II por Reina de las Españas y bien pronto la reconocerán las demas potencias. »

«¡Catalanes y aragoneses! Abandonad á esos gefes indignos de ser españoles. Corred à vuestras casas, la paz os espera, abrazad á vuestros padres. No deis lugar á que las tropas de la Reina os traten como á enemigos; si quereis estrecharlas en vuestros brazos estad seguros de que os recibirán como á hermanos. El convenio de Vergara es la base de la reconciliacion de todos los españoles. Lo que os digo es la verdad, creedme, pues os habla despues de haber tomado las órdenes de don Carlos de Borbon-Un general que fué de sus ejércitos. - Bourges 18 de octubre de 1839. »

A poco tiempo de publicada la anterior proclama, tuvo lugar el acontecimiento de que vamos á dar cuenta, que influyó poderosamente en la guerra del Centro.

TOMO III.

4

El nombre del conde de España, era mirado con horror de todos los catalanes, entre los cuales pocos habian que no llorasen la pérdida del padre del hijo ó del hermano sacrificado durante alguna de las diversas épocas de su aciaga dominacion. Liberales y realistas, todos habian corrido la misma suerte en los períodos de mando del conde, y al considerar la facilidad con que éste habia inmolado á los unos como el agente activo de un gobierno legítimo, á los otros como instrumento principal de una faccion usurpadora, quedaban pocos que no le detestasen de muerte, aborrecieran su odioso despotismo y se conjuraran contra él para vengar los atrocísimos crímenes que habia cometido. En medio de la diferencia de opiniones y de las necesidades de cada uno de los partidos que se hacian la guerra, no podia dejar de indignar los ánimos el ver que un hombre á quien ningun género de intereses ligaban á España, derramase con tanta abundancia la sangre de sus hijos; y si á pesar de esta consideracion (que en medio de su ferocidad no se habia podido ocultar á las hordas carlistas catalanas) habian estas aceptado su direccion y su apoyo mientras les habia sido necesario, ahora que esa necesidad cesaba, que la victoria se declaraba á favor del gobierno legítimo, que fracasaban los elementos de oposicion, que las escitaciones a favor de la causa leal se multiplicaban y que la bandera del despotismo rodaba ya hecha trizas en los campos de Vergara, ahora no podian menos de pensar en inutilizar para siempre al hombre funesto que si alguna ventaja les habia proporcionado, podia andando el tiempo hacérsela pagar con sangre, como habia sucedido en épocas anteriores.

Pero mas todavia que esta disposicion hostil de las hordas facciosas hácia D. Carlos España, contribuyeron á su desastroso fin las disposiciones de la junta facciosa; entre la cual y aquel cabecilla mediaban sérias diferencias nacidas del mismo estado en que una y otro vivian y de la sed de mando y el ansia de ser mas que con tanta fuerza se hace sentir en los períodos de lucha y de violencia.

La junta facciosa catalana estaba organizada de tal modo, que reasumia en si facultades las mas ámplias y omnimodas dejando muy pocas á los generales, los cuales mas bien que el carácter de gefes superiores desempeñaban el de meros mandatarios de aquella, á diferencia de la establecida en Aragon y Valencia, supeditada enteramente y dócil á las órdenes del cabecilla Cabrera. Nacia esta diferencia ya del distinto origen de las facciones de una y otra provincia, ya del carácter catalan áspero y menos facil de domar que el valenciano, ó ya tambien de los diversos antecedentes de los generales y de los motivos indicados, suficientes para que inspirando el uno gran confianza se viese privado el otro de la mas pequeña y sobre todo de los distintos progresos que habian hecho en la guerra.

El conde de España, de carácter déspota y altanero, no podia ver con

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