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clamó del gobernador de Gibraltar dos bergantines de guerra, que entra→ ron y fondearon en el puerto, pasando en seguida una lancha esquifada á bordo del falucho contrabandista, el cual inmediatamente levó anclas y pasó á situarse en medio de los dos bergantines. Asi permanecieron el dia 5 de mayo hasta que al siguiente, siéndoles el viento favorable dió á la vela el contrabandista con uno de los bergantines, permaneciendo el otro en el puerto 24 horas mas. Semejante tropelía que no de diversa manera puede calificarse el súbito arrebato de los ingleses, debia llamar seriamente la atencion del gobierno, pero como entonces lo era la regencia provisional, sobre la cual pesaban tantas y tan serias atenciones, que á tan diferentes estremos tenia que acudir, no pudo concluir nada, sin embargo de que dejó dispuesta (y esto era ya bastante) la averiguacion ó comprobacion del hecho referido. Verificada esta en tiempo del ministerio Gonzalez, que desde su advenimiento habia hecho activar el espediente instruido, y resultando de ella que se habia cometido una verdadera violencia por el cónsul inglés, exigió del gobierno de esta nacion una satisfaccion por medio del ministro plenipotenciario D. Vicente Sancho. Los pasos dados por éste fueron tan acertados, que el gobierno británico satisfizo como era justo, al español con la destitucion y el arresto del cónsul. Quedaba asi completamente vengado el ultraje que la bandera nacional habia recibido; la reprobacion de la violencia del cónsul por el gabinete británico, y su consiguiente destitucion, le satisfacian cumplidamente. Pero mediaba una circunstancia que comprometia al gobierno del REGENTE á mostrarse generoso. El cónsul inglés habia defendido en otro tiempo contra el poder de Napoleon esa misma independencia española, que ahora acababa de ultrajar, los servicios que en clase de coronel prestó en aquella lucha, fueron importantes; el gobierno del REGENTE no podia olvidarlos, é intercedió con el británico á fin de que se le concediese la libertad y el empleo, aunque con la condicion de no servirle en territorio español. Accedióse á esta demanda, con marcadas pruebas de agradecimiento por el gabinete británico y el asunto quedó concluido con tanta satisfaccion de éste como decoro del español.

Ventajosas fueron al pais las leyes que las Córtes confeccionaron y sancionó el REGENTE sobre recaudacion de arbitrios provinciales y municipales, construccion de carreteras, y otras muchas que pudiéramos citar, entre las cuales descuella la de 28 de agosto sobre mejora de retiros. Indebidamente desatendida la suerte de los militares que en diferentes épocas y circunstancias habian derramado su sangre ó inutilizádose en las fatigas de la campaña en defensa de la independencia y de la libertad de su patria, esperábase con impaciencia el momento en que un gobierno justo satisfaciese una gran

deuda nacional, atendiendo al alivio de aquella clase olvidada hasta el punto de perecer de miseria muchos de sus individuos. El gobierno del REGENTE, no podia descuidar este asunto, y secundado noblemente por los esfuerzos de las Córtes aumentó las pequeñas dotaciones que disfrutaban los retirados, de una manera que no alcanzando á grabar el tesoro, bastaba á impedir la miseria que alcanzaba á millares de distinguidos veteranos. Asi fué que el presupuesto, lejos de grabarse, quedó beneficiado nada menos que en una rebaja de doscientos millones de reales para el año de 1841. Proporcionaron esta varias economías que se verificaron en todos los ramos de la administracion, y señaladamente en el de la Guerra.

La paz de que empezaba á disfrutar la nacion ofrecia al gobierno el tiempo y espacio necesarios para conciliar el sosten de la fuerza indispensable de ejército con las reformas que apetecian los pueblos para reparar en parte los inmensos sacrificios que durante la guerra civil habian soportado. El mismo estado de paz daba lugar á un exámen detenido y reflexivo para proporcionar el número de la fuerza armada á la poblacion de España, á la estension de su territorio, á su configuracion, á la naturaleza de sus fronteras, á la fuerza y poder de las naciones vecinas; circunstan– cias todas que ni habian podido observarse ni de consiguiente tener efecto aquella tan deseada proporcion por las vicisitudes políticas y guerras contínuas de que la nacion habia sido víctima en el trascurso de algunos años. Gran tino y circunspeccion exigia esta reforma; pero no tuvo inconveniente en tomarla sobre sus hombros el gobierno del REGENTE, proponiéndose no alterar las dependencias del ramo de la guerra en que iba á recaer, sino de un modo compatible con los derechos creados, y con la gratitud á que obligaban al gobierno los inmensos brillantes servicios prestados en la última campaña.

La institucion de la guardia real era ya de algun tiempo objeto de serios debates, considerada como reunion de cuerpos privilegiados, repugnaba á la naturaleza del de un gobierno libre, y destruia la buena armonía que debe reinar entre las diferentes partes que componen la fuerza pública, como quiera que una constante y dolorosa esperiencia hubiese enseñado al ejército á ver en aquellos cuerpos, no el galardon de sus servicios, sino el sitio de la comodidad donde los hijos mimados de la suerte y del favor disfrutaban de dobles distinciones, grados, sueldos y ascensos que sus hermanos de armas. El gobierno que debia conocer esto sin duda alguna, creyó sin embargo que no era llegado el instante de su total supresion, atendiendo mas que nada á los brillantes servicios que habia prestado en la última campaña; mas no por eso estaba en ánimo de consentir que continuasen los abusos que se habian introducido en perjuicio de los

buenos principios militares. La guardia real interior debia ser el primer objeto de la reforma: sabido es que la formaban el cuerpo de guardias denominado de la real persona y los alabarderos. El primero, compuesto de oficiales a quienes se obligaba á hacer el servicio de soldados y que en sus filas no podian tener otra consideracion mas que estos sobre ser anómalo, era contrario á los principios de la disciplina, los cuales no podian menos de resentirse en su aplicacion à individuos sujetos á la ciega obediencia que las ordenanzas exigen del simple soldado, pero que al propio tiempo disfrutaban de las consideraciones y preeminencias que las mismas señalan á todos los oficiales del ejército. Mas sencillo en sus formas, mas económico en sus gastos el cuerpo de alabarderos, que se compone de sargentos del ejército, debia sustituir al de guardias, tomando á su cargo todo el servicio, y viniendo á formar la única guardia interior.

Para esto recibió algun aumento, se varió su organizacion y de cuerpo de mero lujo y respeto, que habia sido, como lo indicaba el mismo armamento, vino á recibir otro que pudiera serle útil para defender con algo mas que su marcial continente el augusto alcázar que se le encomendaba. El tiempo no tardó en hacer justicia á esta prevision.

Como otro abuso perjudicial y digno de ser reformado, consideraba el gobierno del REGENTE la introduccion en la guardia real de las milicias provinciales. Eregir en permanente una fuerza que no debe serlo segun su instituto, era atacar las prerogativas del ejército, cuyos oficiales venian á ser de peor condicion que aquellos de provinciales á quienes cabia la suerte de venir á esa guardia. No menos inconvenientes ofrecia la guardia de artillería, que sobre destruir la buena armonía, la fraternidad que siempre ha existido en ese cuerpo facultativo, cuyos oficiales encuentran en sus mismas dependencias estímulos que satisfagan sus talentos y servicios, era demasiado imponente si habia de servir de puro lujo. El aspecto de una batería delante de Palacio, antes que grandeza solo podia producir espanto y terror. Viniendo, pues, á corregir estos abusos con ánimo decidido, quedaban suprimidos los cuerpos de provinciales y la artillería perteneciente á la guardia. Bajo estas variaciones la nueva guardia real era de una organizacion sencilla y de una fuerza proporcionada al resto del ejército. Dos regimientos de infantería y otros dos de caballería con la misma fuerza y el mismo número de batallones y escuadrones que los demas del ejército, era el total de cuerpos que habia de componerla. Estos se formaban de los regimientos anteriores, cuyos oficiales recibian colocacion por el órden de su antigüedad, permaneciendo de oficiales en ellos los que resultaban sobrantes, hasta que ocurriese vacante. Todos ellos venian á quedar bajo las órdenes de un general con el nombre de comandante general, un ayudante

general á sus órdenes, y los oficiales correspondientes para el detall del servicio. La parte administrativa y económica de los cuerpos de la nueva guardia quedaba á cargo de los inspectores generales de las armas respectivas.

El espíritu de reforma y economía no se detuvo en la guardia; alcanzó tambien al ejército. La infantería, que es el alma, el arma principal de la que todas las otras no son mas que ausiliares, la mas facil de organizar, la menos dispendiosa, la que admite con menos inconvenientes en sus filas mayor número de gente nueva, quedó reconstruida en veintiocho regimientos de tres batallones cada uno, pero sin la antigua distincion de línea ni ligeros, de modo que cada uno de ellos pudiese prestar las diferentes maniobras y servicios que señalan estas voces diversas. La caballería quedaba reducida á quince regimientos sin distincion de línea y de ligeros, cada uno de los cuales habia de constar como antes, de cuatro escuadrones y una compañía de tiradores. Creábase en esta arma un nuevo regimiento denominado de Numancia, así como en la de infantería siete batallones mas que habian de ser los terceros de los que antes eran regimiento ligeros. El gobierno se proponia colocar en ellos á los oficiales de la guardia que quedaban escedentes á consecuencia de esta reforma. A ella se sujetaban tambien los cuerpos de milicias provinciales. Altamente beneficiosa para el pais una institucion que le proporciona soldados instruidos en tiempo de guerra, sin grabar el erario en los de paz, habíase desnaturalizado en la campaña, en términos de no distinguirse del ejército, ya por los frecuentes pases de tropas y oficiales, ya por haber atendido de un modo igual á su reemplazo. Verdadera reserva del ejército habia de ser sin embargo, mucho menor su fuerza que la de este, atendiendo á la circunstancia de que en aquella época se contaba con otra institucion la de la milicia nacional que proporcionaba esa gran reserva, con la cual podia contar el gobierno para la defensa de la libertad y de las instituciones, no solo dentro de sus respectivos hogares, sino en otro cualquier punto donde su presencia pudiera ser necesaria, como habia sucedido en tiempos nada remotos. El REGENTE DEL REINO, que profesó siempre la mayor predileccion á aquella venerada institucion, contó con los servicios que pudiera prestar como un gran ejército de reserva, para no fijar sino en cincuenta el número de los regimientos provinciales que habian de subsistir, organizados en batallones sueltos como lo estaban anteriormente; y para que todas las provincias viniesen á quedar sujetas á los alistamientos se formaron siete de nueva creacion con los nombres de provincial de Zaragoza, Barcelona, Gerona, Tortosa, Alicante, Pamplona y Tudela. El que antes se denominaba de Alcázar de San Juan trocó su nombre por el de provincial de Madrid,

Todas estas disposiciones tan útiles, tan beneficiosas para el pais, que mas que ningunas otras probaban las miras pacíficas del Duque fueron sin en:bargo terriblemente combatidas por la prensa moderada, nacional y estranjera, que encontró motivo para calificar de revolucionario trastornador, y poco monárquico al gobierno, tal vez por haberse adelantado á trastornar la organizacion de los elementos con que se contaba para combatirle. Era no solo ingratitud la reforma de la guardia; era falta de respeto al trono, cuyo prestigio y decoro se querian menguar, segun el modo de hablar de los diarios moderados. Pero los hombres sensatos que persuadidos de la conveniencia y hasta necesidad de la reforma, despues de los grandes sacrificios que la nacion habia soportado, atendian al modo con que aquella se habia verificado, hallaban, que ni podia haber ingratitud donde ningun servicio beneficioso se habia puesto en duda, donde ninguna recompensa se habia denegado, ni injusticia donde ningun derecho se habia lastimado, ni menos deslealtad hacia el Trono en disposiciones, que siendo tomadas á nombre suyo debian hacerle aparecer á los ojos del pais como digno de su veneracion, de su aprecio y de su cariño, que es la verdadera fuerza que da prestigio á los reyes y consistencia á los tronos. Pero no era que ignorasen esta verdad, sino al contrario, que por muy demasiado conocida, tratasen de impedir su realizacion los enemigos del REGENTE, quienes adulaban al ejército, y muy singularmente á las clases privilegiadas de él, erigiéndose en sus patronos y defensores, para sembrar la discordia y provocar la anarquía entre los mismos individuos y cuerpos de la fuerza pública nacional, ya que atraerla toda á su partido no fuere facil, estando aun tan fresco el recuerdo de los brillantísimos laureles que á su cabeza habia sabido ganar el inclito DUQUE DE LA VICTORIA. Tantos y tan descubiertos y tan evidentes fueron los medios que puso en juego el partido aquel para conseguir el fin indicado, que llamaron la atencion del gobierno, y le precisaron á romper el silencio y á dirigir por el ministerio de la Gobernacion con fecha 3 de agosto una circular á todos los gefes políticos, escitandolos á no dejar impunes las aleves sugestiones con que se procuraba estraviar la opinion de los incautos, infundir recelos, y agitar nuevamente la tea de la discordia. El fundamento de semejante disposicion hállase comprendido en los siguientes párrafos de la circular.

«El gobierno de S. M. que ha mirado hasta con menosprecio las continuas sugestiones de los hombres mal avenidos con el afianzamiento de las instituciones liberales, no puede ya consentir cuando la deslealtad y la calumnia llegan á tal estremo, que la malicia de semejantes maquinaciones crezca al abrigo de la generosa tolerancia de las autoridades públicas. El pueblo español es sobrado justo y sensato para desconocer ni dejar por

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