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con sus hechos las contínuas protestas de no querer apelar á otros medios que los que les suministr aba la ley, pero nada estraña para el que conozca la índole de los partidos, sus cualidades comunes y las circunstancias en que todos ellos convienen. No contaban por cierto, al observar semejante conducta, que aquella misma proteccion que tan lisongeramente les sonreia, era una arma de dos filos, á la cual no era lícito recurrir sin esponerse á perecer víctima de la audacia con que se habia empuñado; que cuando los elementos de órden estable se subvierten y corrompen envuelven por lo general en su ruina al que sin ellos solo ha podido conseguir un triunfo efimero y pasagero, que cuando las cosas se sacan de su quicio haciéndolas servir á fines á que naturalmente no están destinadas, cuando se destruye la armonía que debe existir entre los constitutivos del todo social, los males que de aqui se originan alcanzan á todos produciendo ese estado de confusion y de desórden en que se pierden las doctrinas, fracasan las creencias, viniendo á ser en último resultado el descrédito de los partidos, el armat con que estos han corrido al suicidio. Pero aunque evidentes estas reflexiones, han tenido y tienen por desgracia poca fuerza para batallar con la falange de pasiones que les hacen la guerra, y hé aqui esplicada de un modo muy sencillo la causa de la lucha vergonzosa que se agitaba en la época á que nos referimos.

Las escitaciones de los unos y de los otros, las poco consideradas adulaciones, la especie de culto idólatra que se tributaba al héroe, cuyo mas hermoso timbre era el de haber sabido conservar la posicion que le cuadraba en medio de los disturbios políticos en que se ardia su patria, conciliando las exigencias de la lealtad con los severos deberes que le imponia la ley militar que á fuer de primer soldado habia siempre acatado y cumplido; todos estos medios consiguieron por fin que su influjo llegase á hacerse sentir en el terreno de la política y contribuyese al éxito de las elecciones segun la inteligencia ó interpretacion que recibia de los partidos.

Con efecto, á mediados del mes de diciembre apareció el siguiente documento, inserto en el periódico á quien iba dirigido:

«En el Eco del Comercio del 2 de este mes, número 2041, se manifiesta que los ministeriales esparcen las voces que el DUQUE DE LA VICTORIA ha aconsejado las ilegalidades que ellos ponen en planta, y que se prepara á sostenerlas con la fuerza. >>

«El DUQUE DE LA VICTORIA lamenta y siente como español honrado los estravíos de la razon, las animosidades de los partidos y el encono que parece se desarrolla en el dia con mas fuerza, en medio de los sucesos que tanto debieron infiuir para que la reconciliacion hubiese sido general, franca y sincera. >>

« Asi lo creyó al leer la célebre sesion de 7 de octubre: esperimentando

su alma un sentimiento de gozo, parecido al que disfrutó al estrechar en sus brazos en Vergara á los que habian sido contrarios à la causa que defiende; y persuadido de que la union entre los miembros del congreso y secretarios del despacho era tan pura como convenia al bien de la patria, esperó lleno de confianza que la armonía habia de presidir necesariamente en todos los actos y cuestiones, dilucidándose con calma y argumentos de sana lógica, lo mas útil y conveniente para que la nacion saliera del estado lastimoso á que la han reducido funestos acontecimientos. Supuesta la mejor intencion en los ministros y diputados, aun cuando difiriesen en los medios, se prometió que animados de un mismo deseo, libres ya de pasiones sacrificadas al bien comun, se mirarian, por una parte, los actos de los consejeros de la corona como consecuencia precisa de las circunstancias que no desvirtuan la ley fundamental, cuando los resultados corresponden á las medidas escepcionales y cuando se deja ileso el principio sometiendo los actos á la aprobacion de los cuerpos colegisladores. >>

«Y por otra parte confió tambien en que se retirarian ó modificarian los proyectos despues de una razonada discusion, que diese lugar al convencimiento de si eran útiles ó perjudiciales, sin que apareciese ni aun la sombra de querer ser esclusivos, sosteniendo con empeño lo que la razon no aconsejase. »

«Conviene advertir que estos no son mas que juicios de un buen deseo, una opinion aislada que no envuelve la censura ni de los ministros, ni de los diputados; porque estraño el DUQUE DE LA VICTORIA á todo lo que no es su principal mision, carece de todos los antecedentes necesarios para calificar los hechos, y solo quiere que el público se convenza de que toda voz que se esparza sobre su intervencion en los negocios del Estado carece de fundamento y de verdad: que por su opinion particular no se hubieran disuelto las Cortes, pudiendo estas y los consejeros, segun su concepto, haber hermanado los estremos, que menos ha influido en remociones que tiene por perjudiciales mientras que el funcionario no falta al cumplimiento de su deber: que tampoco ha ofrecido sostener con la fuerza actos que sean contrarios à la Constitucion de 1837, al trono de Isabel II y á la regencia de su augusta Madre, y que firme en sus principios y tan amante de la independencia nacional como celoso de que se acaten y respeten aquellos caros objetos, no espera se atreva nadie á combatirlos, ni por lo tanto que se quiera distraer al ejército de su principal atencion, que es la de destruir á los feroces armados enemigos, que todavia retrasan la pacificacion general, lo cual deberia haber sido un freno para las pasiones y parciales intereses, á fin de que no sirviesen de instrumento á la prolongacion de la guerra. >>

«Sírvanse vds. dar lugar en su periódico á esta manifestacion, y quedará agradecido s. s. q. b. s. m.-FRANCISCO LINAGE. »

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Grande fué la sensacion que causó este comunicado en los partidos que se disputaban la victoria en las urnas electorales. El ministerio que contaba en último caso para llevar adelante sus planes con la espada del general ESPARTERO, veia en un instante deshechas sus esperanzas á pesar de las salvedades que contenia aquel documento, y del espíritu de neutralidad de que parecia querer revestirse: quedábale todavia una sola, la de que el brigadier Linage, por quien aparecia suscrito, hubiese obrado de cuenta propia; mas pronto el tiempo vino á desvanecer esta última ilusion y á demostrar palmariamente que el secretario de campaña habia sido el órgano fiel de los sentimientos y opiniones de su general. Los progresistas le acogieron con entusiasmo y repartieron con profúsion mirándole como una prueba de conformidad con sus principios ó cuando menos como garantía de la aprobacion de su conducta en aquellas circunstancias y del triunfo á que aspiraban en la contienda electoral, no pudiendo ya pesar en ella á favor del gobierno la espada del DUQUE DE LA VICTORIA.

Al llegar aqui la historia nos ofrece un hecho interesantísimo que debe servir de saludable leccion al pais para aprender lo que deba esperar de ciertos hombres que á titulo de un mentido patriotismo le han subyugado adormeciéndole con sus cantos, lison geando sus deseos hasta conseguir una posicion elevada en medio del lujo y la abundancia, desde la cual han podido insultar impunemente su escesiva credulidad y befarse de aquellas mismas doctrinas que tan sagradas eran para ellos mientras les servian de escala para labrar su fortuna. Celebrábase una reunion de electores en el salon de columnas de la casa de Ayuntamiento de la corte el dia 45 de diciembre, en que fué recitado en la misma el comunicado de Linage, y no se habia aun abierto la sesion, cuando levantándose el Sr. Gonzalez Bravo, que era uno de los concurrentes, con aire de triunfo, dijo:

« Todavia no está constituida la junta; por consecuencia lo que voy á leer no tiene que ver con las elecciones, ni se toca en nada con este negocio. » «Acaba de llegar á mis manos un periódico, el Eco de Aragon (1), y en él se inserta un artículo que debe interesar á los amantes de la libertad y abatir á cuantos con distintos pretestos quieren hacer la guerra al sistema constitucional. » L

Despues de estas palabras testuales leyó Bravo por dos veces la comunicacion, prodigándola los mayores elogios y contribuyendo con sus maneras y gestos á aumentar los aplausos con que fué recibida de aquella concurrencia. Contábase tambien en ella D. José Nocedal, bien conocido por su patriótico y bien aprovechado celo, y no queriendo ocultar su alegría en

(1) Periódico progresista que se publicaba en Zaragoza y al que lo mismo que al Eco del Comercio fué dirigido el comunicado de que se habla.

Томо III

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aquella coyuntura, se levantó diciendo con decision: « Yo pido á los editores de los papeles liberales progresistas que lo pongan mañana en sus números con letras GORDAS, muy GORDAS que sean inteligibles á todos. » En seguida para que no se creyera por algun mal intencionado que se contentaba con hablar añadió: « yo me suscribo por 500 egemplares.» Y como si todo esto pareciera poco, volvió á decir: « Me parece que hoy mismo deben ser tomadas por nosotros todas las bandas de las músicas de Madrid y que debemos pasar á dar una serenata á la señora duquesa de la Victoria. Yo no tengo inconveniente en decirlo. El documento que se ha leido me ha enagenado en términos que me han saltado las lágrimas de placer y de gozo, y esta misma comision encargada de circularlo puede cuidar de reunir los músicos y de dirigir esta demostracion. Antes me he suscrito por 500 ejemplares de esta comunicacion, sea el que quiera su valor me suscribo ahora tambien por 100 reales. Es útil que cada uno tome un buen número de ejemplares, que se circule con profusion y que los vean si es posible los aguadores. >>

El deseo de separar de nuestra imparcial tarea todo lo que pueda oler á personalidad y el de no dar á ciertos personages una importancia que jamás debieron tener, nos veda aqui estendernos en reflexiones y establecer cotejos entre las palabras de entonces y la conducta de ahora. Sirvan sin embargo estos hechos de saludable escarmiento al pueblo español, y enseñenle á conocer que el verdadero civismo está casi siempre reñido con el orgullo y la declamacion, que los que sin mision alguna espresa se constituyen en directores suyos consagrándole como objeto de una adoracion idólatra, son casi siempre enemigos mas temibles que los que envidiosos de sus prerogativas empuñan las armas para combatirle de frente que acompañado de la modestia el mérito real y efectivo, los hombres en quienes se reunen circunstancias capaces de hacer su felicidad no han de ser buscados entre esa turba de embaucadores políticos, que deseosos de figurar hacen empeño en ocurrir al paso en todas partes sin que les sea mas grato desempeñar el papel de ardientes y apasionados tribunos que el de satélites asalariados del mas rudo despotismo.

Volviendo ahora á la protesta del general Linage, diremos que si no podia ser calificada como un acto de rebeldía, porque solo pudiera haber existido en el caso hipotético de que el secretario de campaña hubiese publicado de su propio motivo los sentimientos del general en gefe, y lejos de haber sido asi se habia convidado á éste à manifestarlos y dejadole por consiguiente en ámplia libertad para encomiar los actos del gobierno ó desaprobarlos si los conceptuaba dignos de censura, era una prueba insigne del lamentable estado á que habia conducido à la nacion el deseo de sostener las miras interesadas de los partidos. Pugnando por aparecer el uno como

celoso defensor del órden y de las ideas de buen gobierno, conculcó las leyes de ese órden que tanto vociferaba, provocando la opinion de un general en materia enteramente estraña á sus funciones. Solícito defensor el otro de las inmunidades y garantías que tienen por objeto asegurar los derechos de los asociados poniendo un dique á los arranques de la fuerza, faltó visiblemente á sus principios, adulando esa misma fuerza que pudiera tambien servir para contrarestarlos y fiando mas en ella que en el curso progresivo de las ideas y de los buenos principios liberales; y mientras uno y otro partido al separarse asi de sus respectivas doctrinas buscaba el apoyo del DUQUE DE LA VICTORIA, y mientras éste por una consecuencia de esa misma aberracion consideraba como necesaria su intervencion, si puede dársela este nombre, era demasiado exigir que permaneciese pasivo, que renunciase á manifestar sus sentimientos, que diese motivo á calificar de indiferencia su silencio. Era no solo justo, era necesario que hablase; asi quizá se le habia hecho comprender, y el mismo deber de lealtad que han combatido sus émulos, le ponia en precision de descubrir francamente su opinion. El gobierno á quien no acompañaban seguramente las cualidades de inteligencia y atinada direccion; el gobierno que se manifestaba á los ojos de la nacion sin sistema en su marcha, sin identidad de principios en los individuos que le componian, el gobierno que habia probado falta de energía suficiente para manejar el timon del estado en tan procelosas circunstancias, el gobierno se habia presentado ante el DUQUE DE LA VICTORIA como un niño que pide le echen los andadores. Si al satisfacer este deseo del gobierno, aquel ilustre caudillo le dió una direccion poco conforme á la que queria, pudieron caber en él las quejas sobre el acierto, jamás las de deslealtad y rebeldía. Con esta comparacion vulgar, pero exacta, describimos nosotros la posicion del general ESPARTERO y la calificacion que merezca su conducta en el hecho á que hemos aludido.

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