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tacion de provincia, recomendando el órden y la unión, como lo hizo en la alocucion siguiente:

«Habitantes de la provincia. Cuando un general traidor osó enarbolar en la ciudadela de Pamplona el ominoso estandarte de la rebelion, vuestra diputacion provincial, accediendo à los deseos manifestados por las comisiones del Excmo. Ayuntamiento y de la Milicia Nacional de esta ciudad, acordó en union con aquel cuerpo municipal la formacion de una junta de vigilancia, que dejando espedito a las autoridades populares el despacho de los negocios que las leyes les cometen, cuidara de desbaratar los planes de los pérfidos que albergándo se en esta provincia trataran tal vez de secundar los movimientos de los rebeldes de Navarra. Felizmente la vietoria coronó las armas constitucionales; y el iris de paz brilló en todo el reino al aparecer en las provincias insurreccionadas el invicto Regente DuQUE DE LA VICTORIA.»

«Desde aquel momento la diputacion provincial conoció que la continuacion de la junta de vigilancia con el carácter de suprema que habia adop_ tado era innecesaria; y en sesion de 3 del corriente de consuno con el escelentísimo ayuntamiento y los comandantes de la Milicia Nacional resolvió que las atribuciones de dicha junta se limitasen á continuar el derribo de la cortina interior de la ciudadela, á algunos otros objetos anejos á la ejecucion de esta medida y á contribuir al fomento de la fuerza ciudadana. En estas circunstancias, como incidente estraordinario, vió lá diputacion circular una proclama de fecha 5 de este mes dada por la junta de vigilancia, que pudo ser producto del movimiento que se observó en las tropas y de las noticias alarmantes que corrian. El decreto de S. A. el REGENTE DEL REINO, espedido en Vitoria en 26 de octubre último y recibido en esta capital el dia 5 del actual que prescribe la disolucion de las juntas, ha sido cumplimentado, creándose una comision encargada de levar a cabo el derribo de la ciudadela con los medios necesarios. »>

«Habitantes de esta provincia: la diputacion no ha tenido otra mira que vuestro bienestar y el cumplimiento de vuestros deseos; estos requieren que las autoridades recobren el ejercicio de sus atribuciones, y vuestros votos estan cumplidos. Ella se complace ahora en repetiros las palabras de union y confianza que os dirigió en su primera alocucion de 8 de octubre; y quedad bien persuadidos de que no dejará de consagrar sus desvelos à vuestra felicidad, y que esta será sú único

norte. »

<«<Barcelona 7 de octubre de 1844.-El presidente, Dionisio Valdés. Miguel Belza.-José Borrell.-José Llacayo. -Antonio Giberga.—José Pascual.Antonio Miarons.-Mariano Borrell.-Manuel Cavanellas.

Manuel Pers.Francisco Boigas. -Felix Ribas. Por indisposicion del secretario, Ramon Just, subsecretario. »

Obedeciendo al fin las órdenes del Regente cesó la junta, y el general Van-Halen entró en Barcelona la mañana del 45, habiendo declarado en estado de sitio à aquella plaza; proceder bien estraño por cierto, siendo asi que sus habitantes acataron la disposicion del poder supremo.

No obstante esta medida extralegal, no se cometió desacierto alguno, si se esceptúa la disolucion del ayuntamiento y el desarme de algunos batallones de la Milicia.

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En Valencia tambien se derribó el torreon de la ciudadela, y fué fasilado el famoso gobernador carlista de Morella, conocido por D. Pedro el Cruel, cuyo renombre le adquirieron sus horrendos crímenes.

Como la junta de Barcelona, la de Valencia fué el blanco de la prensa retrógrada afrancesada, incansable en prodigar anatemas contra los que supieron levantarse á defender la Constitucion y las libertades patrias.

La Tribuna, periódico progresista de Valencia, relativamente a este asunto se esplicaba en estos términos: «Un amargo clamor parece haberse alzado contra las juntas de vigilancia instaladas en las provincias: somos demasiado amantes de la justicia, de las instituciones que nos rigen y del glorioso progreso de la nacion hacia la libertad para dejar de levantar la voz en favor de una medida, que si no ha combatido la rebelion en los puntos en donde se habia ya pronunciado, la ha ahogado en su orígen en aquellos en donde residian estas corporaciones; y puestas en alerta y con el brazo levantado, ha impedido que estallase el trueno de la cobarde traicion, la ha circunscrito á los solos puntos en donde dominaba, y ha facilitado la accion del gobierno para caer sobre ellos con todo el peso de sus inmensas fuerzas. Cuando no fuera sino està la ventaja que han acarreado las juntas, bastaba por sí sola para escitar el reconocimiento de los libres, y para imponer un respetuoso silencio á los enemigos del alzamiento de setiembre. Pero no ha sido asi. Las juntas de vigilancia, esas récias columnas del órden toscano, que á la vista del riesgo se han levantado por si solas en apoyo del gobierno establecido, y que no han permitido que diese el mas mínimo vaiven el grandioso edificio de nuestra libertad, son ahora el blanco de las quejas y la reprobacion de una pequeña parte de la prensa periódica. »

« Si los empleados tuviesen sus hojas de servicio, como hemos dicho ya en otra ocasion, en donde constasen sus vicisitudes políticas, el trabajo hubiera sido menos improbo, y hubiera podido tambien hacerse con acierto. ¿Qué razonable inculpacion puede hacerse à la junta? ¿Será el derribo del ominoso torreon de nuestra ciudadela? Sí, este es el grave pe

cado de la junta de Valencia y la de Barcelona. Esos monumentos de opresion, erigidos por la arbitrariedad para sojuzgar á los pueblos, son todavia la esperanza de los fanáticos partidarios del poder absoluto; pero son incompatibles con las instituciones liberales; pesa sobre ellos el anatema universal, y confiamos con razon no será la nacion española la que mantenga esos padrones de oprobio y de ignominia.

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« La junta de Valencia, que cesó en sus funciones á la simple vista de la órden del Regente, no puede merecer inculpacion ninguna: la de Barcelona subsistia solamente despues de ella hasta terminar el derribo de la parte interior de su horrorosa ciudadela, y si una y otra son dignas de la gratitud de sus respectivas provincias, el mayor de sus timbres es la reprobacion de los enemigos del alzamiento de setierabre. »

La tranquilidad quedó completamente restablecida en estas dos populosas ciudades, aunque con vivo sentimiento de los enemigos de la patria, que desearan se hubiese prolongado aquel estado de agitacion, que desde luego hubiera inferido gravísimo daño en las filas de los libres.

Se gozaban sarcásticamente los enemigos de la libertad española; se alborozaban con infernal complacencia, creyendo que se acercaba la hora de una guerra á muerte entre los que peleaban bajo un mismo estandarte, el estandarte de libertad, de civilizacion y de progreso.

Era, pues, à todas luces conveniente y político que las circunstancias ó el estado en que por algunos dias se encontrara Barcelona cesase inmediatamente, y á este fin se encaminaron los esfuerzos del REgente, cuyo gobierno era el único responsable de los medios mas o menos acertados que se empleasen para la terminacion de aquella crisis trascendental é innecesaria.

La historia debe trasmitir á la posteridad clara Y distintamente que muchos de los actos que los realistas y afrancesados atribuyeron al soldado de Luchana, eran producto de sus consejeros responsables contra quienes se dirigian las censuras del partido liberal avanzado, que despues cayó en la insidiosa red tendida á su credulidad por los enemigos de nuestra prosperidad y gloria.

Hallándose muy próxima la narracion de lo ocurrido en el malhadado año de 1843, suspendemos nuestras observaciones sobre tan interesante asunto, y continuando en la justificacion de las medidas adoptadas por el gobierno del CONDE DUQUE, diremos que la prensa reaccionaria y ministerial de Paris acojió con entusiasmo la crisis de Barcelona, creyendo que ESPARTERO naufragaria en ella, presentándole por escollo la revolucion y la anarquía.

Afortunadamente en aquella ocasion salieron fallidas sus esperanzas.

El órgano autorizado del progreso, El Eco del Comercio estampaba á este propósito las siguientes notabilísimas palabras:

<«<Los últimos acontecimientos de Barcelona se han presentado á los enemigos del actual órden de cosas de España como una mina inagotable, en donde creen hallar medios abundantes para combatirlo, ya que las esperanzas concebidas en los primeres dias de octubre les salieron tan completamente fallidas. »

Hablando de las últimas ocurrencias, dijo últimamente el Journal des Debats, que ya se sabe es uno de los periódicos ministeriales de Paris: Si el regente reprime el movimiento de Barcelona, se acabó su popularidad; si no lo reprime, se acabó su poder. No le parece esto bastante á nuestro periódico, el de la suprema inteligencia, y dice: «Si ESPARTERO reprime el movimiento de Barcelona, se acabó su popularidad y su poder; si no lo reprime, se acabó su poder y su popularidad; » y para esto se funda en que se ha manifestado hostil contra la junta, y esto hay gentes en gran número que no se lo perdonan, con lo cual ha sufrido un tremendo golpe su popularidad; y lo ha sufrido su poder, porque no las ha castigado rápida é inexorablemente apenas se cometió el crímen. Nosotros estamos por el contrario muy seguros de que el poder y la popularidad del Regente se han afirmado cuanto era posible desde octubre acá, y que los sucesos de Barcelona están muy lejos de influir para que se disminuyan.

Este mismo objeto tuvo la creacion de la regencia que unos querian de tres personas y otros de una sola, pero todos con ESPARTERO. Todos y el pais con ellos quisieron y crearon una regencia constitucional, nadie un regente absoluto ó una dictadura; y como tal la aceptó y juró ESPARTERO. ¿Ha correspondido á tan alta confianza? ¿ha sabido conservar su popularidad y afirmar su poder, ó ha hecho algo que pueda debilitar aquella y este?

Lo hemos dicho otra vez, y nos complacemos en repetirlo ahora que se hace necesario: dificil es que el hombre mas instruido en los principios constitucionales Y mas amante de ellos los hubiera seguido con mas escrupulosidad que ESPARTERO, ¿Pero ha hecho algo fuera de la línea de su deber? Si: algo, y mucho ha hecho; y esto es lo que afirma mas su poder, y aumenta su popularidad: apenas amenazó el peligro contra la libertad, ofreció de nuevo su persona para salvarla; fué á buscar el peligro, y la ha salvado. No era este un deber de la regencia; pero lo era de español, y no dudó un momento en llenarlo: pudo sin responsabilidad como REGENTE mantenerse en la córte, y dar de acuerdo con sus ministros las disposiciones necesarias; y prefirió ir como soldado adonde le llamaba el peligro.

TOMO III.

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Esto es de un grande aumento á su poder y á su popularidad: esto no lo olvidarán los españoles.

Lo demas es de sus ministros; y en el asunto de Barcelona, si hubiese algun error, de ellos seria la responsabilidad, no del REGENTE. Se olvidan nuestros contrarios de esta circunstancia, creyéndola indiferente para los españoles; y aqui está su grande error. Prescindiendo de si respecto de Barcelona se ha procedido ó no como exigian ó permitian las circunstancias, sobre lo cual ayer dijimos nuestra firme opinion, del REGENTE no se exige ni se exigirá nunca como tal, sino que llene las condiciones constitucionales de su elevado cargo: y estas no le prescriben, no le permiten siquiera que en materias de gobierno obre por si, sino con el acuerdo y bajo la esclusiva responsabilidad de sus ministros. Siguiendo la marcha de la opinion del pais, consultándola cuando de ella dude, satisfara los deseos de la nacion; y cualesquiera que fuesen los errores, ó los descuidos de los ministros, ni el poder del REGENTE, ni su popularidad pueden padecer por ellos.

El 17 de noviembre decretó el REGENTE en Zaragoza la convocatoria de Córtes para el 26 de diciembre..

Urgia por demas la reunion de las Córtes, y el CONDE-DUQUE siempre solícito y atento à la voz de los pueblos no desoyó esta vez la justa demanda de los órganos de la opinion pública.

Decia asi el decreto:

«Deseando ardientemente se consoliden las instituciones liberales que la nacion se ha dado por medio de leyes sábias que sean convenientes y que ademas se propongan, discutan y aprueben cuantas otras sean conducentes para fomentar la prosperidad del pais y llevar la nacion al alto grado de esplendor y de grandeza á que por tantos titulos es llamada...»

Este alarde de patriotismo que tan sinceramente hacia el gobierno de ESPARTERO, no calmó la irritabilidad de los partidos; y en vez de ser aplaudida esta disposicion, fué censurada por no haberla realizado anteriormente, es decir, en medio de la espantosa crisis que produjo la rebelion de octubre.

Tristísimo cuadro por cierto ofrecia el partido setembrista al espirar el año de 1844!

Se vislumbraba en lontananza la tea de la discordia agitando sus llamaradas sobre las cabezas del valiente y virtuoso partido liberal.

La hora de una desunion completa habia desgraciadamente resonado y sobrecogido de terror á los hombres pensadores que supieron vaticinar la próxima ruina de las instituciones y el entronizamiento de un poder opresor y tiránico.

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