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tonces os bendecirán enagenados de gozo. Este será el mas halagueño tributo que pueden ofrecer á vuestros heróicos sacrificios. Y merecedores de justas recompensas no perdonará medio alguno para que os sean dispensadas vuestro general y compañero de glorias y peligros. -ESPARTERO.-Mas de las Matas 4 de febrero de 1840. »

Verificadas las elecciones bajo las influencias y manejos tan conocidos en este desventurado suelo, empleados ahora en favor del partido moderado que fué quien obtuvo el triunfo, celebróse la solemne apertura de las Córtes en el dia señalado de antemano, que era el 18 de febrero. Alarmantes eran los síntomas que ya se entreveian y hacian creer que aquella legislatura habia de ser borrascosa. No sino el dia despues 19 se presentó una proposicion firmada por Olózaga y otros varios diputados concebida en estos términos:

Dependiendo todas las operaciones necesarias para la constitucion del Congreso de la primera que es el nombramiento de las comisiones para revisar las actas; teniendo todas las provincias igual derecho á ser representadas en los cuerpos colegisladores en esta y todos los demas actos; no pudiendo considerarse completa la representacion nacional, cuando todas las provincias que no se hallen ocupadas por los facciosos no hayan tomado parte en la eleccion; y creyendo de nuestro deber no consentir vicio alguno que pueda producir una nulidad, cuyas consecuencias no es fácil prever, ni posible reparar, pedimos: que antes de proceder al nombramiento de las comisiones para la revision de actas, se pregunte al gobierno si la eleccion de diputados se ha hecho y completado en todas las provincias de la monarquía española, que no se hallan en el caso de la ley especial de 25 de agosto de 1837.»

El presidente del Congreso, Florez Estrada, se negó á dar cuenta de esta proposicion, fundado en el artículo 4.° del reglamento que previene se proceda al nombramiento de las comisiones; íbase con efecto á verificarle, pero antes de principiar á votar, Olózaga se levantó y dijo: Por mi parte no me creo en el caso de votar, saliéndose seguido de los demas firmantes. Los asistentes á la tribuna pública la evacuaron tambien profiriendo algunos gritos: y esta fué la primer señal de los desórdenes que á muy pocos dias habian de tener lugar dentro y fuera del sagrado recinto de las Córtes. En el dia 23 hallándose sujetas á discusion las actas de Córdoba y en ocasion de estar hablando el diputado Argüelles, partieron de la tribuna pública vivas aclamaciones que fueron reprimidas por aquel, manifestando á los que las dirigian lo mucho que le ofendian, y el decoro y respeto con que debian permanecer ante la representacion nacional. Pero como los diputados que si guieron á aquel distinguido patricio, anduvieron ó poco prudentes ó escasos de fortuna, fué el resultado que la quietud de la tribuna volvió á verse

segunda vez interrumpida no contentadose ahora con manifestaciones mas ó menos destempladas de aplauso, sino con voces y gritos estrepitosos. A vista de semejante destemplanza de parte de los espectadores, el presidente del Congreso mandóla despejar, acto que se verificó en medio de la mayor confusion que ya llegó á tomar el carácter de un verdadero tumulto hasta dirigir insultos á la mayoría de los diputados.

Cualesquiera que fuesen los vicios inherentes al origen de estos y á las circunstancias de su eleccion, nadie que de buena fé ame al gobierno representativo, será capaz de abonar semejante crímen, que no otro nombre merece la violacion del sagrado recinto en que se confeccionan las leyes del pueblo, y en el que se reunen sus representantes, los cuales son inviolables por sus opiniones segun la ley fundamental del Estado. Semejantes escenas que en último resultado tienden siempre à desvirtuar aquel precioso sistema, no podian ser hijas de la casualidad ni de realizarse de cuenta de los que las representaban. Organo de agenas inspiraciones aquel escaso auditorio, preparaba el camino á planes trastornadores y siniestros que habian de acarrear en último resultado la mina de la libertad, proporcionando pretesto á sus encarnizados enemigos para presentarla como incompatible con el honor y respeto debido á las venerandas instituciones que la sirven de escudo. Por lo demas se aprobaron en esta sesion las actas de Córdoba por 93 votos contra 41.

Debíanse discutir en el siguiente 24 las de la ciudad de Oviedo y fuese por el interés que ofrecian aquellas discusiones ó por el grande aparato de fuerza del ejército que discurria por las calles y circunvalaba al Congreso es lo cierto que la concurrencia á las tribunas y á las inmediaciones del edificio fué mucho mayor que en los dias anteriores. A pesar de todo, la discusion habia empezado y seguia tranquilamente sirviéndola de materia las actas de Asturias, cuando en ocasion de hallarse hablando el diputado Lopez levantáronse precipitadamente las gentes que se hallaban en la galería pública y se salieron tumultuariamente á la calle. Entonces se dejaron escuchar en el recinto del Congreso los gritos alarmantes, las voces de vivan y mueran que se proferian desde afuera. El presidente del Congreso dió por terminada la sesion de aquel dia; pero como esta determinacion no pareciese bien á muchos diputados que creian que la representacion nacional no debia aparecer como dominada por el miedo ó la violencia, se volvió á abrir aquella á sus instancias.

No se trató ya esta vez de las actas de Oviedo. La crítica situacion del Congreso, ocupaba seriamente los ánimos de aquellos diputados, los cuales interpelaban á los ministros ya por sus propios actos, ya por los de las autoridades de la capital y proponian las medidas que mas en armonía se encontraban con su opinion y con su temple. Pedian unos que se levanta

se la sesion, porque los acontecimientos que tenian lugar fuera del Congreso, privaban de la calma necesaria para deliberar. Opinaban otros por el contrario que debian permanecer reunidos y contestar con la calma, dignidad y acierto de sus medidas á los gritos desaforados de la muchedumbre que se agitaba en torno del Congreso.

Los señores Cantero y Olózaga que desempeñaban en aquellas circunstancias el cargo de alcaldes constitucionales se quejaron de que el gobierno no se habiera arrojado en sus brazos para reprimir los desórdenes y de que correspondiendo à la jurisdiccion de uno de ellos la demarcacion del Congreso, se hubiera apelado al auxilio de la tropa, sin haberlo puesto en su noticia con notable desaire hecho a la Milicia Nacional de la córte, cuyos honrosos precedentes, acreditada sensatez y amor al órden eran á la verdad mas que suficiente garantía para que el gobierno hubiese demandado con entera confianza el auxilio de tan beneméritos ciudadanos. A estas y otras interpelaciones del mismo género contestó el gobierno diciendo, que contaba con los medios suficientes para hacer efectiva la inviolabilidad de los diputados; que estaban tomadas las diposiciones convenientes, y por último que cuando fuera necesario no tendria inconveniente alguno en apelar á las personas particulares y autoridades locales.

El diputado Barrio Ayuso irritado por la conducta de las autoridades que ya tardaban en su concepto en dar cargas de caballería ó hacer tronar la artillería se produjo en estos términos: «Señores: hace una hora entera que dura el motin á las puertas del Congreso. Yo he visto á los amotinados quitar las armas á persona que las tenia en defensa del órden: yo he oido los insultos: yo he visto el tropel. ¿Qué seguridad puede tener nadie en este estado cuando no hay autoridad alguna? No hay seguridad y todo son declamaciones. No culpo al gobierno, porque no puede hacer otra cosa en este momento. Cuatro traidores, cuatro pillos, que no es el pueblo de Madrid, cuatro miserables son los que trastornan el órden. ¡Para cuándo son las cargas de caballería! ¡Para cuando se necesita la fuerza armada sino para. estos momentos! Todavia oimos las voces de esos infames traidores, y es una mengua que dure tanto un motin que se ha podido prevenir.» Entonces el diputado don Pascual Madoz se levantó de su asiento y dijo: «Es con efecto cosa harto sensible, señores, que aun no se haya podido contener ese motin. Si yo fuera ministro en momentos como estos ó perderia mi existen-. cia ó aseguraria en una hora el órden público. Yo señores, soy capitan de la Milicia: me honro con este encargo, y tengo por un insulto el que hasta ahora no se la haya llamado. ¿Se desconfiará, señores de esta milicia que tantas pruebras ha dado de adhesion á la Constitucion de 1837 y de amor al órden? ¿No hubiera ella salvado à la representacion nacional de este

conflicto?»

A proposito de las palabras de este dipu.ado debemos hacer aqui honorifica mencion de la fuerza de nacionales que cubria el servicio de piquete al Congreso y referir los hechos que tuvieron lugar fuera de su recinto. El gefe de aquella fuerza que pertenecia á la cuarta compañía del segundo batallon al presentarse en cumplimiento de su deber á recibir órdenes del presidente le habia dado las mayores seguridades de mantener el órden en las inmediaciones del Congreso y garantido la inviolabilidad de los diputados con sola la fuerza de su dotacion, prometiendo que ninguno de los voceadores osaria profanar el augusto recinto sin pasar antes por encima de su cadaver, Supo cumplir muy bien su oferta aquel pundonoroso oficial, pues que uniendo á los medios suaves y de persuasion algunas acertadas disposiciones, logró aventar los grupos á una buena distancia del edificio y establecer delante de él un cordon cuyos límites no fué osado á traspasar ninguno de los alborotadores. Celoso cumplidor de su deber volvió á dar cuenta al presidente de las disposiciones que habia tomado y ante él y el minist de Marina ofreció segunda vez perder su cabeza antes que consentir el mas pequeño desacato contra cualquiera de los diputados.

Entretanto y no bastando todas estas sinceras protestas á inspirar confianza á las autoridades, habian estas dispuesto que la fuerza del ejército que con prevencion se hallaba establecida en las inmediaciones del Congreso, y cuyo auxilio por innecesario habia sido rechazado por el gefe de los nacionales, bajase á situarse en el salon de! prado en union de diversos salvaguardias que circunvalaban el edificio de las Córtes. Estos movimientos de la tropa y la presencia de algunos individuos de la policía secreta soguian alarmando á la multitud que como en semejantes casos acontece se embravece ó se apacigua á merced de cualquier circunstancia insignificante. Habia contribuido á enfurecerla la acelerada conducta del gefe político que presentándose ante la multitud comenzó á reconvenirla en términos fuertes y destemplados y á amenazarla hasta llegar el caso de desenvainar la espada; con lo cual agoviada aquella acosó tanto al gefe que este hubo de refugiarse en el palacio de la representacion nacional.

Pero este hecho parcial anterior á la circunvalacion de la entrada del Congreso por la fuerza de nacionales no habia tenido trascendencia alguna y ya parecia haberse restablecido algun tanto la calma, cuando la autoridad militar recibió órden de hacer dispersar los grupos para que pudieran retirarse libremente los diputados. Apareció entonces el capitan general con su escolta en la plazuela de las Cortes y amonestó á la multitud para que se retirase. En seguida mandó fijar un bando que llevaba estendido á prevencion, el cual contenia la declaracion de la capital en estado de sitio. Otra vez se dirigió á los agrupados intimándoles la órden verbal de retirada, pero como estos no diesen muestras de obedecer los cargó con la escolta que le seguia, TOMO III.

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ocasionando algunas desgracias, entre ellas la de don José Palacios, individuo de la cuarta compañía de cazadores de la Milicia Nacional. Este malogrado jóven que acababa de regresar á la córte de uno de los pueblos de las inmediaciones y que habia concurrido á aquel sitio llevado de la curiosidad, pereció víctima de un lanzazo que le atravesó el cuerpo.

De tan trágica manera concluyeron estos acontecimientos que hubieran sido mucho mas sangrientos á no ser tanta la sensatez del pueblo de Madrid y de su benemérita milicia, que á pesar de haber sido injustamente olvidada, no desmintió en esta como en otras muchas ocasiones su amor al órden, su civismo y su lealtad.

El gobierno hizo reforzar la guarnicion de Madrid con la division del general Balboa que se hallaba en la provincia de Todelo en persecucion de facciosos. El capitan general de Madrid, don Alejandro Gonzalez Villalobos, dirigió una alocucion á los habitantes de la córte en la que despues de hacer una pintura del aparato hostil que presentaban los grupos á las inmediaciones del Congreso y de los gritos y mueras que fulminaban contra los diputados, justificaba la conducta que él habia observado de esta manera:

<«< Desacato tan punible y tan directo, decia, contra la sagrada institucion de las Córtes; ataque tan manifiesto á la inviolabilidad de los señores diputados; hechos tan escandalosos repetidos una y otra vez con inaudita emeridad, revelaban un plan combinado y profundo para atacar en su base la libertad de la representacion nacional, y la seguridad de sus individuos. »

«La autoridad pública, encargada de la defensa y salvacion de tan caros objetos, no podia permanecer inactiva en vista de semejante desórden. Por eso he dictado mi bando de ayer, declarando la capital en estado de sitio y he tomado otras medidas dirigidas á asegurar la paz y quietud de este benemérito vecindario. >>

Concluia esta alocucion manifestando la confianza que al capitan general de Madrid inspiraban, el apoyo del ejército, la franca cooperacion de la milicia nacional y el amor de todos los españoles á los principios fundamentales del gobierno representativo.

El ayuntamiento que se habia reunido en sesion estrordinaria la misma noche del 24 y que creyendo cumplir con su deber ó al menos hacer uso de un derecho concedido por la ley habia rechazado las órdenes que la autoridad militar le habia dirigido para que cesase en sus reuniones, dirigió al trono una esposicion sobre los acontecimientos de aquellos dias, en la cual son notables los párrafos siguientes:

«El ayuntamiento, señora, ha visto con dolor que sin la mas minima advertencia al pueblo por las autoridades competentes, de que iban á tomarse disposiciones hostiles, se ha hecho un uso infausto de la fuerza ar

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