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mada, y derramado la sangre de los ciudadanos indefensos. Un miliciano nacional que tenia el aprecio de sus compañeros ha sido víctima de tan violenta medida. >>

«No reconoce el cuerpo municipal otro órden de proceder legalmente en casos semejantes que el que marca la ley de 17 de abril de 1821, cuyas solemnidades prévias ni aun se han anunciado al vecindario de esta capital. Los estados escepcionales, de triste recuerdo en otras poblaciones, no pueden tener cabida en la metrópoli de la monarquía, abiertos los cuerpos colegisladores y vigente el artículo 8.° de la Constitucion, que solo para ocasiones muy diferentes permite la suspension de ciertas garantías, con las precauciones que en el mismo se establecen. >>

«El ayuntamiento que desea sinceramente la conservacion del órden y la represion de los escesos, juzga que es el mejor medio de conseguirlo la estricta observancia de las leyes, y al paso que está firmemente decidido á cooperar á cuanto se dirija á este fin, lo está igualmente á no consentir ninguna medida anti-constitucional que menoscabe sus atribuciones municipales. »

Este documento en que tan severamente censuraba el ayuntamiento la conducta del gobierno y protestaba contra sus ilegalidades, causó una viva sensacion en el público siendo objeto de sérios y reñidos comentarios. La prensa de todos los colores se ocupó de él y le debatió largamente. Empeñáronse cuestiones porfiadas sobre las atribuciones de las municipalidades, sobre el modo de esponerlas, sobre la conveniencia de esa esposicion. Partiendo no de un solo principio, los papeles progresistas elogiaron la conducta del ayuntamiento que apellidaron justa, reconociendo en él, no ya el derecho sino la obligacion de conservar en toda su pureza los derechos de sus representados, oponiéndose á cualquier desman con que el poder amenazara violarlos. El haber prescindido del ayuntamiento constitucional de Madrid para sostener el órden de las calles y plazas de la poblacion, el no haber contado con la fuerza cívica que dependia de él inmediatamente, justificaba sus quejas à juicio de aquellos papeles, y le daba derecho para volver por sus atribuciones vulneradas. Negaba semejantes atribuciones lą prensa moderada, y dando que los ayuntamientos fuera de las facultades concedidas por la ley para entender en los asuntos económicos y administrativos de los pueblos, no tenian ningunas para intervenir en la politica, calificaba de rebelde la conducta del ayuntamiento de Madrid. Hé aquí como se esplicaba uno de los diarios moderados, el Mensagero del 29 de febrero.

«Ese documento, aludia á la esposicion, irrespetuoso y maligno en su redaccion, inexacto en sus asertos, y mas dirigido á alentar á los trastornadores públicos que lanzaron alaridos de muerte contra la representacion

nacional á los umbrales mismos del respetable palacio del Congreso, que á robustecer como debiera en tan críticos momentos la autoridad del gobierno de las leyes, es el milésimo padron de oprobio que erigen los concejales de Madrid en su propio desdoro. >>

y

De tan diverso modo calificaba la prensa de uno y otro color la conducta del ayuntamiento. Nosotros abandonamos al buen juicio de nuestros lectores el cuidado de discernir de que parte se encontraban la razon y la justicia.

Antes de volver la vista á las operaciones militares que dieron tan alto renombre al general ESPARTERO, nos hemos de hacer cargo de un hecho en que tambien figuró y tuvo ocasion de probar sus leales sentimientos y la oposicion que estaba dispuesto á hacer á todo aquello que de cualquier modo viniese á contrariar los juramentos sagrados que tenia prestados. Habíase establecido en la ciudad de Lisboa una junta con el título de Protectorado español de la dignidad é independencia peninsular. Su objeto no debia corresponder sin duda á tan pomposo dictado porque fué muy corto el periodo que de esta secreta asociacion se ocupó la prensa y alguno que otro diputado en las Cortes. El presidente de la junta don Pedro Lazar y Martin dió al público copia de una felicitacion que acababa de dirigir al DUQUE DE LA VICTORIA. Habíala éste con efecto recibido y entregádola al olvido á juzgar por su silencio, cuando habiendo añadido Lazar en las columnas del Eco de Aragon que habia sido recibido con sumo agrado por ESPARTERO se vió precisado á contestar á aquella alusion sirviéndose de las columnas del mismo periódico para dirigir el comunicado que sigue:

<< Señor redactor del Eco de Aragon. Muy señor mio: He visto en el número 464 de su periódico la copia que se dice literal de la felicitacion que me ha dirigido don Pedro Lazar y Martin, que se titula presidente de la muy ilustre órden Protectorado español de la dignidad é independencia peninsular; y esta publicacion me obliga á manifestar del mismo modo cuáles son mis sentimientos respecto de sociedades secretas, y mas particularmente sobre la que se nombra en dicha felicitacion. »

(

Es cierto me fué dirigida, aunque el original difiere de la copia en alguna particularidad, como la «de acogerla con el agrado que supone tengo manifestado en otras ocasiones. » Yo no puedo acoger con agrado lo que se permiten hombres que se constituyen en sociedad de aquellas que la ley reprueba, aun cuando los principios que proclamen estén en perfecta armonía con la bandera que he jurado sostener. Los verdaderos amantes de la Constitucion de 1837, de Isabel II y de la regencia de su augusta madre, no necesitan de conciliabulos clandestinos para defender estos caros objetos. Establecidos por la voluntad de la nacion con las garantías de la ley funda

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mental, se haria reo de alta traicion cualquiera temerario que osase atacarlos, ó que maquinase para destruirlos. Todo español puede libremente denunciar á los que lleguen á ser convencidos de este crímen, y no solo pueden sino que es un deber hacerlo. >>

«Obrar de otra suerte por los que se tienen por liberales, da lugar á que se tema que las intenciones no son tan puras como se preconizan, y los miembros de esta sociedad de nombre tan retumbante, merecerian bien de la patria y mi particular estimacion, si en vez de buscar prosélitos y difundir los delirios de liturgias misteriosas que reprueban las luces del siglo, y mas que todo la establecida libertad, viniesen al ejército á defender patrióticamente los principios proclamados contra los feroces enemigos que retrasan la pacificacion general. Yo les daria un fusil como atributo el mas honroso y les pondria en ocasion de que recibieran el sello mas recomendable combatiendo contra los rebeldes. »

«Y si algunos por su edad ú otras causas no pudiesen resistir las fatigas del soldado, podrian presentarse con la frente elevada en los puntos donde crean subsiste las sociedades secretas que tratan de desunirnos, y hacer el importante servicio de descubrir los clubs tenebrosos donde maquinan, sorprender infraganti á los malvados y entregarlos á los tribunales para que pudiesen recibir el condigno castigo, medio eficaz y justo de destruirlas. »

«Ruego á V., señor redactor, se sirva dar lugar en su periódico á esta manifestacion, y quedará agradecido su afecto seguro servidor Q. B. S. M. -El DUQUE DE LA VICTORIA. »

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CAPITULO V.

Movimientos del grande ejercito.-Toma de los fuertes de Segura, Castellote y Aliaga, y otros puntos parciales.

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LEGÓ por fin el momento de emprender las operaciones de la última campaña, las cuales habian de dar principio por la toma de Segura segun los planes del DuQUE DE LA VICTORIA. Al efecto habia éste mandado activar la fortificacion de los puntos que constituian la linea militar de Alcorisa á Castelserás y dado las disposiciones convenientes para que se hallasen prontos à servir el tren de batir y

parque de ingenieros establecidos en Zaragoza. El brigadier don Manuel de la Concha con la vanguardia y un escuadron prestó señalados servicios amparando los convoyes en que debian trasladarse á Muniesa mientras que los bizarros gefes Zurbano y Durando favorecian el pais y redoblaban su actividad para hostilizar la guarnicion rebelde. El general en gefe rompió la

marcha el 18 de febrero seguido de su cuartel general, la escolta y un batallon en tanto que la primera brigada de la primera division de la Guardia de infantería que debia seguirle, pernoctaba en Alcorisa y la segunda en Andorra, siguiendo la misma direccion dos baterías rodadas que con anterioridad se habian movido desde Alcañiz. Al general Puig Samper le habia reservado doce batallones y cuatro escuadrones para operar con ellos en la línea de Alcorisa. Sin tropiezo continuó ESPARTERO su movimiento hasta llegar al mencionado punto de Andorra, en donde pernoctó trasladándose el dia siguiente á Muniesa con el cuartel general y cuatro batallones de la Guardia. La primera brigada de la primera division, tres escuadrones de húsares y las baterías rodadas se acantonaron en Oliete.

Al mismo tiempo que se verificaban todos estos movimientos, tenia lugar en el interior del castillo de Segura un acontecimiento que habia de influir. poderosamente en la suerte de las armas constitucionales y de facilitarlas el camino para llegar á la ocupacion de aquella inespugnable. fortaleza. Hallábase en ella de gobernador un tal D. M. Macipe, antiguo campeon del ejército carlista que por su decision habia merecido á Cabrera la mayor confianza, como lo probaba la colocacion en aquel tan importante destino. Tenia el gobernador á sus órdenes para guarnecer el fuerte dos compañías de granaderos del 6.° batallon de Aragon, una del 2." y otra del de Guias. En el dia 18 bajó del castillo á la plaza á evacuar una comision del servicio acompañándole los guías pero sin armas. Fatal habia de serle aquella salida, pues no bien se habia verificado, cuando temerosos sin duda los del castillo que se estrechase cada vez mas el bloqueo que hasta entonces habia sufrido ó que tal vez llegara á ser un sitio formal, comenzaron á dar pruebas insignes de descontento y á amagar con una sublevacion que no tardó mucho en estallar. Algunos individuos de tropa propalaron la voz de que el gobernador Macipe era traidor à la causa de D. Cárlos y trataba de entregarles á los enemigos, y como semejantes rumores tardan tan poco en cundir y son acogidos con facilidad increible, las compañías del 6." y 2.° acudieron tumultuosamente á las armas y dieron el grito de muerte contra el gobernador. Aprovechándose entonces de la ausencia de éste y de la circunstancia de ballarse desarmada la compañía, cerraron la puerta del fuerte y se prepararon á ejecutar su aleve intento en la persona del primero. No tardaron en conseguirlo; apenas le divisaron acompañado del mayor de plaza y un ayudante, cuando á la voz de mueran los traidores hicieron una descarga, de la que resultaron víctimas estos tres gefes carlistas. La compañía que no habia querido tomar parte en el motin, quedó hecha prisionera de guerra, y espulsada ignominiosamente del castillo la infeliz viuda del gobernador que de tan trágica manera habia finado la existencia.

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