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La desunion del enemigo en tan críticas circunstancias, presentaba al DUQUE una ocasion propicia para llevar adelante su pensamiento de ocupacion; y aprovechándola ordenó inmediatamente estrechar el bloqueo que ya sufria la plaza, para lo cual colocó la brigada de vanguardia en la Hoz de la Vieja, á Zurbano en Armillas y á Durando entre Torrecilla y Vivel. El general Ayerbe ocupó con la tercera division los pueblos de Cabra y Palomar, los cuales por su posicion topográfica ofrecian ventajosa estancia para hostilizar al enemigo y guarecer á las tropas empleadas en el sitio. EsPARTERO Continuaba en Muniesa á donde se trasladó tambien el general en gefe del ejército del centro don Leopoldo O'Donell con el objeto de tener una entrevista. Al dia siguiente se puso en marcha este general para Camarillas y el 22 ocuparon las tropas los puntos mas inmediatos á la poblacion de Segura.

El 23 á pesar de haber amanecido el tiempo revuelto, salió el Duque de

Muniesa seguido de su brillante estado mayor y escolta, el primer bataHon del 2.° regimiento de la Guardia Real de infantería, el tercer regimiento de la misma, cinco compañías de ingenieros y algunas baterías rodadas y de á lomo. Con todo este séquito se dirigia á practicar un reconocimiento sobre el castillo de Segura. Al paso del general las tropas abandonaron sus respectivos cantones y se le incorporaron el 2.° bataHon del 2.° regimiento de la guardia de infantería quedó establecido en Muniesa. Enterado el DUQUE por sí mismo de las fortificaciones con que contaba el enemigo, señaló los puntos en que habian de levantarse las baterías. La artillería de los sitiadores dirigió tiros muy certeros contra el castillo, los cuales fueron débilmente contestados con algunas granadas y balas rasas que no causaron daño. El tiempo encrudeció de tal suerte que las aguas y nieves que caian sin intermision llegaron á hacer intransitables los caminos; pero resuelto ESPARTERO á no desistir de su empresa y acostumbrado ya à vencer á vencer esta clase de enemigos, dió órden para que empezasen los trabajos de las baterías. La columna de Zurbano, la brigada de vanguardia y el parque de ingenieros á las órdenes de su comandante general Cortinez, acamparon en una fuerte y elevada posicion inmediata al castillo: las demas tropas se retiraron á pernoctar en los pueblos de la Hoz y Maicas, en el último de los cuales se situó ESPARTERO.

La artilleria de grueso calibre salió de Muniesa el 24 escoltada por cuatro compañías del 2.o batallon del 2.° regimiento de la Guardia, y llegó à Cortés cerca de anochecido. Las fuerzas que habian quedado acampa→ das la noche anterior conservaron su posicion, y merced á la actividad de los impertérritos ingenieros amanecieron construidas cuatro baterías sin ser turbados los trabajos por el enemigo, a pesar de su proximidad á la fortaleza. Permanecia ESPARTERO en Maicas mientras se concluian los trabajos de sitio, y desde aquel punto intimó á la guarnicion de Segura se entregase á discreccion si no queria ser pasada á cuchillo. Como el tiempo lejos de mejorar era cada vez mas crudo se hubo de relevar la tropa acampada y al efecto se dieron las órdenes convenientes para que el 25 pasase la division de la Guardia á ocupar el puesto de la brigada de vanguardia y columna de Zurbano; asi se hizo. Entretanto la artillería que habia salido de Cortés se veia obligada á detenerse á cada instante por el estado malísi→ mo de los caminos en términos de ser necesario destinar un batallon de la vanguardia para auxiliarla, pero el afanoso trabajar de los oficiales encargados de su conduccion, secundado noblemente por el robusto brazo del soldado, consiguió dar cima á la árdua empresa y facilitar la llegada de las piezas á la vista del campamento.

En este mismo dia empezaron á jugar las piezas de á 8 y 12 sobre el castillo, , y lo hicieron con tanto acierto, que lograron acallar sus fuegos y TOMO III.

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derribar una parte de la obra nueva; pero las de grueso calibre no habian podido ser colocadas aun en batería por el deshecho temporal que reinaba. No arredró este al general ESPARTERO para montar a caballo y salir á examinar por sí mismo las obras de las baterías. Su intrepidez natural le llevó á menos distancia del fuerte de la de un tiro de cañon y no bien hubieron observado esta circunstancia los carlistas, cuando le dirigieron algunos disparos afortunadamente inútiles, pues que no causaron el mas leve daño ni á él ni á ninguno otro de los que le acompañaban. Pareciéndole conveniente reconcentrar las fuerzas dió órden para que las del mando de Zurbano y Durando se replegasen á Vivel y Fonferrada, y á Armilla y la Hoz vieja las de la tercera division que mandaba el general Ayerbe.

Era preciso colocar las piezas de grueso calibre en batería, y á pesar de que la operacion presentaba dificultades porque habian de ser conducidas á brazo contando ESPARTERO con la incansable actividad de sus subordinados ordenó que se llevase á cabo en el dia 26. No le defraudaron sus esperanzas, que la presteza de los gefes y oficiales de estado mayor fué tal para comunicar las órdenes y tal la de los distinguidos artilleros y demas auxiliares para cumplirlas que à las tres de la tarde del mismo 26 se hallaban ya montadas las piezas gruesas y distribuidas en cinco baterías de brecha. Ocupóse en darlas nombre el DUQUE DE LA VICTORIA quedando distinguidas con los de Constitucion, la primera; Isabel, la segunda; Reina Gobernadora, la tercera; Córtes, la cuarta y Victoria la quinta. Colocadas todas ellas en batería se marcó el punto á donde habian de dirigir sus tiros y se dió órden al cuerpo de artillería para romper el fuego á la señal de un cañonazo que apuntó el mismo DUQUE con mucho acierto. Asi se verificó todo con rapidez. Llegó la hora, sonó el primer cañonazo y tras él otros muchos vomitaron la muerte sobre las almenas de Segura. Sufrieron considerablemente las obras del primer recinto y los defensores sorprendidos de tan rápido estrago contestaron con debil fuego de fusilería. Previendo sin duda que el fin de aquella escena habia de ser trágico ó humillante por lo menos, pidieron permiso para espulsar del fuerte à varios particulares pudientes que tenian alli prisioneros, mas los sitiadores calculando que bajo aquel rasgo aparente de filantropía podia ir oculta la idea de fugarse algunos de los gefes principales disfrazados y pasando por paisanos, y conociendo por otra parte que no les estaba mal la presencia de aquellos huéspedes que consumian raciones y hacian mas afligida su situacion, negáronse á ello y con tinuaron incansables en sus trabajos. De admirar era el comportamiento de los generales, gefes y oficiales de artillería é ingenieros que como empeñados en ensanchar el catálogo de los innumerables hechos inmortales que ennoblecen la historia de sus cuerpos respectivos, trabajaban gustosos á porfia contribuyendo de una manera muy poderosa al feliz desenlace que estaba

reservado á aquellas operacionesr Las piezas de batir y las rodadas juguban á porfia y mientras las últimas destruian las cañoneras del castillo apagando sus fuegos, y echaban á bajo toda la serie de aspilleras del primer recinto, las primeras asestaban sus disparos sobre un formidable torreon que cubria la entrada, llegando á desmoronarle en términos que á las muy pocas horas hubiera resultado en él una brecha practicable. La infantería llenaba tambien cumplidamente la parte que la correspondia. Las compañías encargadas de hostilizar á los sitiados llegaron á tener tal tino que apenas podia uno de estos asomarse á las murallas para ofender á sus adversarios. Con la llegada de la noche cesó el fuego que tantos estragos habia causado en el celebrado baluarte de Segura. Atónito el carlista al comtemplarlos temió llegara el caso de perecer entre sus escombros: el toque à parlamento que se dejó escuchar en el campamento descubrió sus deseos de evitar tamaña desgracia. El sucesor del infortunado Macipe, nombrado gobernador del fuerte por voluntad de los amotinados, pidió al general Ponte, comandante general de nuestra artillería, que sirviera de intercesor con el general en gefe para que no se hiciese fuego al dia siguiente, pues en aquella noche pensaba reunir los demas individuos de la guarnicion, conferenciar con ellos y arreglar las cosas de tal suerte que concluyeran de una vez las hostilidades. Aquella noche se retiró ESPARTERO á Maicas, no sin dejar antes facultado al general Ponte para que como gefe superior del campamento pudiera entenderse con el que lo era de los enemigos.

Era el dia siguiente 27 San Baldomero. El esmero en el aseo y la pobre gala del soldado anunciaba desde muy temprano que se celebraban los dias del general: la decision que se leia en su semblante y el marcial continente que distinguia todo su porte, predecian que se habian de celebrar con sonora é importante victoria. Los cuerpos acampados, formados en sus puestos respectivos, esperaban con impacencia la señal de ataque, pero el toque de parlamento que otra vez sonó en el castillo hizo suspender toda demostracion de hostilidad de parte de los sitiadores. Salia ahora de la fortaleza el mismo gobernador en persona y avistándose con el general Ponte le entregó un oficio cerrado para que le hiciese llegar a mano del Duque. Corrió con efecto el pliego por conducto de un ayudante hasta el pueblo de Maicas, que era donde aquel se encontraba y apenas le hubo leido cuando encargó al general Ponte que manifestára por toda respuesta à los sitiados, que tenian el término improrogable de ocho minutos para rendirse á discreccion, contado aquel desde la notificacion del parte; y que trascurrido sin haberlo verificado serian irremisiblemente pasados á cuchillo. Asi les fué trasmitida la noticia por aquel general, quien de su cuenta añadió que como gefe de los sitiadores acampados romperia el fuego de artillería con doble fuerza y viveza si era posible de la que antes habia tenido, hasta lo

grar ver desmoronado el castillo sirviendo de sepultura á cuantos en él se encerraban. Tan enérgicas contestaciones no agradaron á los carlistas, quienes sabiendo que no tardarian mucho en llegarse á ejecutar prefirieron adoptar el medio que se les proponia y se entregaron á discrección.

Llegó en este momento ESPARTERO seguido de su estado mayor, la escolta y la brigada de vanguardia y fué recibido en el campamento con todos los honores de ordenanza. Al pasar por delante de los cuerpos les saludó con la marcialidad que le es propia; hizo en seguida señal para que dejasen de tocar las bandas y musicas militares, y arengó á todos los batallones particularizándose con el primero del primer regimiento de la Guardia al que habló de esta suerte: «Granaderos: vamos recogiendo ya el fruto de nuestros tra«bajos; en breve conseguiremos dar la paz á nuestra cara patria, y todo ello «será debido á vuestro valor y esfuerzo. Granaderos, viva la Constitucion, «viva la Reina, ¡vivan mis bravos camaradas!>>

Estas cortas pero enérgicas palabras fueron acogidas con regocijo por los valientes á quienes se dirigian y doblemente entusiasmados con ellas prorrumpieron en vivas y aclamaciones al general en gefe. Este dispuso que la ocupacion de la fortaleza se hiciese solemnemente y con todo el aparato y rigorismo que para tales casos la ordenanza del ejército previene. El primer batallon del primer regimiento de granaderos de la guardia de infantería usaba ya el pendon morado de Castilla que á los timbres gloriosos y honoríficos recuerdos que le legaron los tiempos remotos, unia el doble vafor de haber sido uno de los primeros que ondearon sobre los parapetos enemigos en la noche inolvidable de Luchana. Esta, pues, fué tambien ahora la bandera elegida por el DuQUE para anunciar sobre el antiguo torreon de Segura, el triunfo de las armas constitucionales. La primera y tercera compañía del primer batallon del segundo regimiento de la misma Guardia que habian pasado toda la noche anterior debajo de los muros del fuerte, fueron las primeras que le guarnecieron. Los defensores del castiHo salieron con todos sus equipajes, dejando las armas á la puerta, y para que fuesen vistos, se les hizo recorrer todo el campamento desfilando por delante de las tropas sitiadoras escoltados por una compañía de cazadores de Luchana y otra del regimiento infantería de la Princesa. Concluido este acto dispuso el general que pasasen á Zaragoza.

ESPARTERO entró en la fortaleza, y tomando en sus manos la bandera ya mencionada del primer batallon del primer regimiento de la Guardia, la. colocó encima de la muralla dirigiendo su voz desde alli á sus huestes vencedoras espresándose en los términos siguientes:

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