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VIIDAK MILIOTARS

Y POLÍTICA

DE ESPARTURO,

OBRA DEDICADA

A LA EX-MILICIA NACIONAL DEL REINO

POR

UNA SOCIEDAD DE EX-MILICIANOS DE MADRID.

TOMO III,

MADRID.—1845.
SOCIEDAD TIPOGRÁFICA DE D. Benito HORTELANO Y COMPAÑIA.

Pasadizo de San Ginés, número 3.

Spautos 14.5 (3)

HAN HARU

MAR 15 1961

1

CAPITULO 1.

Marcha ESPARTERO de Logroño para las provincias de Aragon y Valencia.-Nueva distribu

cion de las fuerzas de su ejército.-Esposicion dirigida a la Reina Gobernadora.-Entrada en Zaragoza.-Alocucion dirigida a los habitantes de Aragon y de Valencia.—Proclama de Cabañero.

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o menos feliz que la de la guerra del Norte fué la solucion de la célebre cuestion de fueros de que hemos dado cuenta en las últimas páginas del tomo anterior. Iniciada esta por el sentimiento unánime y espontáneo de los diputados al darse cuenta en las Córtes del convenio de Vergara, ratificada por el respetuoso mensaje elevado al trono, babia sin embargo venido á perderse como otras mabas en

el intrincado laberinto de la mitica y á

corromperse al servir de arma á los dos partidos contendientes. Y cuando cambiada del todo su faz, difundia la alarma en el Congreso y era elevada á mas altas regiones por los celosos representantes del pais, ventilándose en ella no ya el interés de las provincias Vascongadas, no los estatutos y prácticas que habian de regirlas, sino la ley fundamental del Estado, cuya próxima conculsion parecian anunciar las apariencias, hé aqui que un movimiento hidalgo y generoso de esos que siempre han caracterizado a los españoles, de esos que solo son capaces de sentir los pechos españoles, conjura la deshecha tormenta que amenazaba destruir los sazonados frutos de Vergara y

paz olvi

trueca en risueña y pacifica perspectiva la que antes era présaga de discordia y eterna lucha.

Diputados españoles son los que proporcionan á la patria tan venturoso dia; diputados españoles los que al grito mágico y encantador de dan divisiones de partido y se refunden y aunan en uno solo grande, poderoso, nacional.

Su duracion no habia de ser larga, y cuando la nacion se entregaba al entusiasmo que producia la reunion de la gran familia española, labrábanse tal vez las causas de una desunion mas honda é intestina. Pero no hagamos anticipaciones inoportunas, que el curso natural de los sucesos nos dirá cómo vino á romperse una liga de cuya duracion parecieron ser garantes la lealtad y patriotismo que la habian formado.

Los prósperos acontecimientos del Norte no habian consumido el cáncer desolador de la guerra civil sostenida con mas o menos calor, mas o menos probabilidades de buen éxito por los partidarios de D. Carlos en todas las provincias del reino. Las esperanzas de estos habian buscado como su último asilo las de Aragon y Valencia, en donde la falta de recursos para atender al ejército de operaciones por una parte, y por otra los actos repetidos de ferocidad con que atemorizaba al pais el inhumano Cabrera, tenian envalentonada á la faccion.

Disponíase a destruirla el DUQUE DE LA Victoria y á justificar mas y mas el merecido título de PACIFICADOR con que no sin razon le saludaban los pueblos todos de esta vasta monarquía. Para conseguir tan importante fin, se ocupó despues de celebrado el convenio, de la organizacion del ejér cito destinado á seguirle a las provincias del centro.

Componíase este de 44,000 infantes y 3,000 caballos distribuidos en cuatro divisiones en la forma siguiente: La primera division mandada por el general conde de Belascoain constaba de tres brigadas, la primera de las cuales marchaba á las órdenes del brigadier don Francisco Javier Ezpeleta, á las del de igual clase don Santiago Otero la segunda , y á las de don Manuel Concha la tercera. Reunia esta division una fuerza de nueve batallones, y á ella iba afecta una batería rodada de cañones de á 12 y otra de obuses de á lomo , el regimiento de caballería de Borbon y el escuadron de lanceros ingleses. La segunda division á las órdenes del general don Francisco Puig Samper y distribuida en dos brigadas, de las cuales eran gefes los brigadieres don Francisco de la Torre y don Rafael May, llevaba seis batallones y la batería de obuses de á lomo que hasta entonces habia tenido la brigada de la Guardia Real Provincial. La tercera division marchaba á cargo

del general don Francisco de Paula Alcalá con once batallones que formaban tres brigadas, siendo el gefe de la primera el brigadier D. Federico Roncali, de la segunda el de la misma graduacion D. Atanasio Aleson , y de la

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