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Tesoro público bajo pretesto de encumbrar el Cuerpo de Guardias, en el que se gastaban sumas inmensas; y concediale Fernando privilegios onerosos al Estado y destructores del comercio, tales como el permiso que tenia juntamente con el baron de Kolly.... para introducir harinas en la isla de Cuba bajo bandera extranjera, y enriquecerse á costa de la miserable España. La intimidad entre el rey y su capitan de la Guardia era tanta, que en las audiencias públicas que daba Fernando, entendíase en secreto con Alagon, quién poniendo la mano en el pecho con disimulo, le daba instrucciones por medio de un alfabeto desconocido sobre las opiniones políticas del pretendiente; y el duque las recibia del monarca sobre las hermosas que presentaban sus solicitudes.

XVI.

Aquí tuvieron origen las aventuras de los cristales y de la porcelana rota por el heróico carácter de una señora de la primera nobleza, y otras ciento que andan en boca de todo el mundo, y que perteneciendo a la vida privada del hombre no entra en el dominio de la historia,

Recogidos los memoriales de los que en las audiencias solicitaban gracias, y retirado á su cámara el rey,

informábase de Chamorro y otros individuos de la baja servidumbre, de las cualidades del suplicante; y de este modo, dándoles pié á revelaciones, nació el influjo é intervencion de la camarilla en los negocios y repartimiento de los destinos. Y no habia poder que destruyese la idea formada por el rey en virtud de los informes de sus criados.

Allí es donde se estrellaban los esfuerzos de los ministros

mas queridos, quienes al proponer para un cargo público á personas beneméritas algunas veces, ó al someter el fallo de un negocio árduo, encontrábanse con el empleo dado ó la cuestion resuelta, sin que noticia tuviesen de la solicitud del agraciado ó del camino seguido en la marcha del acuerdo tomado.

El trato familiar del rey con Chamorro habíale inspirado gusto y apego a las costumbres y trato de las gentes de baja estirpe: la desenfrenada desenvoltura de una manola, la sal de una andaluza, su traje, su habla, despertaban su alegria, y observábase un sacudimiento general en sus fibras.

XVII.

Al paso, pues, que sus paseos de incógnito le agradaban bajo el aspecto de la galanteria, encubrian otro pensamiento político á los ojos del monarca.

Creia que con ellos lograba conservar el aura popular, porque sorprendiendo la mente del vulgo aquella abnegacion de sí mismo y de los honores, daba una idea grande del príncipe, que se hacia superior a la majestad que le rodeaba.

Visitaba las casas de los grandes, que le ofrecian espléndidos convites en cambio de un plazo de muchos años para no pagar sus deudas; los cuarteles, hospitales, cárceles y conventos de monjas y frailes, en los que edificaba á sus moradores por la piedad con que adoraba las imágenes, cubierto de escapularios, reliquias y otros objetos santos, y por los modales afables y cariñosos que empleaba con los cenobitas.

Alli solia asistir, despues de las fiestas religiosas con tanta pompa celebradas, á los banquetes que daban los frailes; y el

TOMO II.

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festin se terminaba en medio de la mas cordial alegría con una solicitud del prior á favor de algun sobrino suyo ó abijado del convento, que siempre era preferido por el monarca á los propuestos por sus ministros.

Asi escalaban los destinos del Estado, en alas del hábito religioso, los mogigatos é ignorantes; y con mas aliento cultivaban la detestable hipocresía, que encumbraba á los primeros puestos de España, que las olvidadas ciencias, que sumian en la miseria y el desprecio.

XVIII.

«¿Qué es lo que falta, dice Agustin Principe, para concluir este bien trazado retrato del rey, de los paseos nocturnos, tan amigo de las buenas caras como de los gordos mofletes, у

demás que se acaba de decir?» Otro rasgo, y es el siguiente:

«Ea 3 de Febrero (estamos ya en 1815), presentóse el rey con su capitan de Guardias en el Consejo de la Suprema Inquisicion, y tomando asiento al lado de los crueles ministros, y permitiéndoles sentarse, mandó continuar el despacho de los negocios, para participar de la dicha que gozaban aquellos verdugos de la humanidad, atormentando á sus semejantes. Entraron los relatores, y el monarca de España, descendiendo a la clase de inquisidor, sentenció, juntamente con los individuos del Consejo, diferentes causas, formadas á fracmasones, manifestando prudente celo por la honra de Dios, como dice el documento oficial en que se anunció al mundo tan sublime cuadro.

>El inquisidor general, obispo de Almeria, á quien pocos

dias antes habia S. M. condecorado con la gran cruz de Cárlos III en premio de su humildad apostólica, ofreció en seguida un magnífico banquete al monarca, para que recobrase el aliento perdido en la humanísima tarea de condenar here. ges. Y no contento Fernando con burlarse así de las luces del siglo, creó en 17 de Marzo una orden de Caballería

para

los ministros del Santo Oficio, concediéndoles el uso de una venera de honor. No nos parece tan horrorosa, concluye el escritor de quien tomamos todos estos trozos, no nos parece tan horrorosa la idea de Felipe II, que impulsado por el fanatismo religioso enciende las hogueras, como la de un desciendiento suyo, que no por conviccion suya,

sino
por

frio cálculo, arma el brazo gigante de la supersticion, y le inciensa con sus propias manos.»

XIX.

Lector, seamos francos; įtenia yo razon cuando al principio de este libro manifestaba que no habia mejor remedio para considerarnos los séres más felices del mundo, que descorrer el velo qve oculta la historia del reinado de Fernando VII?

Lo que asombra es que los españoles pudieran soportar tanta arbitrariedad, tanta abyeccion.

Miserables ministros aquellos, que presenciando de cerca las escandalosas orgías del rey y de sus favoritos, no protestaban y salvaban al menos su responsabilidad ante el jurado de la opinion pública, ante el fallo inexorable de la poste ridad.

Es asombroso el número de aventuras amorosas en que

Fernando desempeñó el papel de Tenorio, durante la primera parte de su dominacion absoluta.

En su repugnante sensualidad, no perdonaba medio de seducir lo mismo á la esposa que á la hija de familia.

Las escenas de prostitucion tenian lugar en casa de una mujer célebre en los fastos de la crónica escandalosa de Madrid, en la morada de Pepa la Malagueña, quien tenia á su vez una corte de pretendientes, y compartia sus ganancias con los que sostenian su amistad con Fernando.

Tambien llevaba por medio de lazos á su mismo Palacio å mujeres honradas, y una de estas fué la que prefiriendo la muerte á la deshonra, para librarse de él, en su misma Cámara, rompió las porcelanas y los cristales, dió gritos y así pudo salvarse de la deshonra, pero no de la persecucion.

XX.

Un dia vió á una mujer modelo de hermosura.

Vivia en la calle Ancha de San Bernardo, y era la eşpoša de un vidriero.

La famosa Pepa la echó el gancho inútilmente.
El marido recibió encargos de Palacio y los rechazó.

Los agentes de Fernando trataron con él y con ella, apurando estérilmente los sufrimientos.

En su rabia juró el tigre que la ingrata seria su víctima. Un dia dejaron los vecinos de ver a la vidriera.

Al cabo de algun tiempo se supo que habia partido de España, huyendo de las asechanzas del rey. Su

esposo fué objeto de las iras del galan defraudado, y

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