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labra, al que debe lord Byron, las fantasías que á Constantinopla y á Venecia. Es innegable! La pompa de Lucano, la delicada ternura de Gutierre de Cetina, las silvas del Petrarca de la rosa, la poesia de Arguijo, veinticuatro del Sevilla y Apolo según Rodrigo Caro... (Adonis diria yo) de los vates de su época, el colorido del Racionero pintor, escultor, arquitecto y espedachín, enseñannos, que tan claros varones nacieron, en las alegres campiñas del país de sonrosada atmósfera, en que Granada,-la de las mil torres, erguidos alminares y soberbios palacios ,emporio un tiempo de los comerciantes de todo el mundo,-dió al árabe el encantado cielo de Damasco, el suave clima de la Arabia Feliz, los frutos del Hejiaz, las esencias de la India, las minas del Catay; asombró al conquistador cristiano con sus aliceres, sus telares y su alcaicería; y en que Córdoba encanta, con su mihra, en el que, envuelto en un paño de seda, sobre una silla de aloe, se guardaba el Mushaf (1) de oro y piedras preciosas, alumbrado por una lámpara de la labor más exquisita.

Las vegas de Mantua, reprodúcense embellecidas en las églogas virgilianas y el terror de Roma de los días en que naciesen Horacio, Ovidio y Tibulo, expresado está, en la tristeza que caracteriza el genio del cantor de la vid, del Desterrado en Tobos, y del noble, sencillo y dulce protegido de Mesala:-es imposible mirar las estalactitas de un techo morisco, ó la suave claridad que penetra, en los edificios árabes, por los calados atauriques, teñidos de azul, púrpura y oro, que prestan á los rayos los cambiantes del iris, ó la Alhambra, apoteosis la más bella de la tienda; sin acordarse de las cuevas y grutas del Yemen, del fresco pozo y racimos de dátiles del oasis, del mar de bronce del templo salomónico, de la sublime melancolia de los monumentos que retratan las aguas del Nilo y de los espectros solares de la India; ni los haces de columnas, que cual la doncella de Beocia, sostienen cestillas de flores, sin volver los ojos á los sauces del Éufrates y á las palmeras que entrelazan sus ramas, en Palestina: Grecia, que con su armo. niosísima costa, su empíreo inspirador, sus montes perfumados, y sus bruñidos mármoles, nos dice, que fué el taller y la vivienda en que el Buonarroti, el Milton y Mozart del Universo, pensó é hizo una obra de arte más sublime, que las artes mismas,-pues las esculturas, los templos, los cuadros, las danzas, el paisaje, los valles de la península,

(1) Códice escrito por Otman, según Maccari.

en que el ruiseñor coloneo puede cantar en la adelfa de Apolo y arrullan en el olivo de Minerva, las hijas de las palomas que llevaban la ambrosia al dueño del Olimpo, son bocetos de las maravillas que en la naturaleza han dejado el buril y los pinceles de Dios, de la orquesta sublime del espacio, en la que son notas las estrellas, de las melodías de la luz, entre las que es el alba la más pura, - Grecia!, está viva en los versos del Poeta Natural, en la oda de Pín. daro, cual lo estaria, sin las impiedades de los siglos, en la Venus del amable Velázquez de Cos, en la Helena de Zeuxis y en la Minerva del Homero y Hesiodo del cincel, cuyo piter inspiró á Séneca, non vidit Phidias Yoven, fecit tamen velut tonantem: y el Ramayana, Biblia poética oriental, tesoro de la inspiración religiosa y heroica de Valmiki, código de la belleza en la literatura sánscrita, epopeya narrativa, al lado de la cual parecen la Iliada y la Encida, lo que una estatuilla de Pradier junto al David, convence, de que fué creada en un mundo de continentes tan vastos, que perderíase en ellos la patria de Aquiles «como la hoja en el bosque»; en el mundo de las religiones «que reducen á la proporción de un juego infantil las mitologias occidentales», y de la lengua que, «rota en mil trozos, ha dado origen a las que enorgullecen á los pobladores de esta última Thule del orbe»; en el mundo de una muchedumbre de razas, entre la que podrían marchar, sin ser percibidos, el ejército que triunfó en Ysso y el que venció en Farsalia; en el mundo de los misterios, de las pagodas, de las puranas, de los sacerdotes, sabios, astrólogos y guerreros que llenaron con sus nombres, los más viejos anales; en el mundo, en fin, de los ríos sagrados y de los árboles contemporáneos del globo, que tiene en sus playas el nardo y el incienso; en sus golfos, la perla y la concha nacarada; el canelero en sus jardines; y en su interior, un cielo, sembrado de astros, pues pedazos de cielo y de sol, son los zafiros y diamantes, encontrados en sus entrañas.

É igual puede decirse del libro que las razas del desierto reconocieron asombradas, como revelación divina y cuyas máximas sabía de memoria el muslín, desde su niñez; del libro que las tribus tenían por un dechado de elocuencia y que si no transformó, influyó muy mucho en las letras arábigas, y sobrepujó á las Muallakat; del libro, en fin, que, pobre en su pensamiento, deslumbró con sus imágenes, encantó y arrebató á una parte del linaje humano con la magia de su retórica; y que, clarin bélico, el más electrizador, que ha sonado nunca, base de una civilización célebre, fué ilevado por el árabe, en la pica de su lanza, á todas las regio

nes que el azahar perfuma:-al Corán aludo. Leed las páginas, en que Mahoma describe, un paraíso, cuyo suelo cubre un tapiz de alazor y musgo; embellecen bosques por los quecirculanceiros embalsamados y alegran fuentecillas y ríos del cristal más puro: ó las que contienen el cuadro del tremendo día, en que estremecida la tierra; deshechas en polvo las cumbres; disipado el mar en llamas; rotos los peñascos; arrollados los cielos; temblorosos los ángeles; sin aliento los hombres, en su ansia por convertirse; encane. cidas las cabelleras infantiles; ábrese el libro del destino; suenan las trompetas espantables y los enemigos de Dios caen encadenados, en un abismo de fuego:-ó las en que represéntasenos al justo, adornado con ricos brazaletes y ropas de seda, sobre almohadones de brocado, en las praderas de la bienaventuranza; donde el plátano frondoso y el loto sin espinas le regalan plácida sombra perenne, y deliciosa fruta, árboles de cuyas reices brotan arro. yicos de blanca leche y dulce miel, y le recrean la vista, palacios que resplandecen con el oro y la plata de sus muros; y, en liendas de púrpura, bordadas de pedrería, inmortales mancebos le escancian vinos, que hacen perlas, en copas cinceladas en hermosos diamantes, a la vez que virgenes de negros ojos le ofrecen enloquecedoras gracias, dulces sonrisas y miradas de amor!..... ¿Verdad que no pudo ser otra la creencia, del que tuvo, templos como el de la Kaaba, próximo al pozo de Zenzen; edificios como los de Medina; diques como el de Mareb (1); quintas de recreo como el Jeneralife, ciudades como la Meca y como la construida por las hadas, cerca del lugar que sombreó el plátano de César, celebrado por Valerio: del que hizo fér. tiles nuestras vegas; mejoró la vía romana; construyó acueductos, puentes, aljibes, castillos, palacios, y atalayas como la de Alcalá la Real; dió á la España de la Cruz quienes le fabricasen telas, joyas, porcelanas, objetos de marfil y de maderas ricas; del que influyó de tal suerte en las costum- · bres, usos, trajes, artes y ciencias del cristiano, que éste aceptó el idioma y la escritura del invasor alarbe, en sus contratos con él: del que prestó á sus enemigos, artifices, para que les fabricasen fortalezas, espadas, monasterios y basílicas; y escantillones y plantillas, para que labrasen la torre del Carpio, las Salas de la Galera, de las Piñas, del Solio y de los Reyes en Segovia, la Cartuja del Paular, la morada del Justiciero-Cruel en la que es visible el molde de

(1) Su rompimiento causó la destrucción de una tribu.

las yeserias de la Casa Real de Granada, las sinagogas, hoy iglesias de Sta. Maria la Blanca y el Tránsito de Toledo, en cuyos edificios la inscripción hebrea alternaba con otras de caracteres vulgares y aun cúficos arábigos: del que sabio ayer, vive hoy en la mayor barbarie y sólo conserva de Andalucía una tradición confusa, por la que, en el desierto, trasmítense de padres á hijos, las llaves de sus antiguas moradas (1), para cuando en las almenas bañadas, con amortiguado fulgor por la estrella de Soheil, que aun se levanta sobre las espumas del mar en el mediodía (2), se enarbole segunda vez, el estandarte que, defendido por soldados que llevaban la malla en el pecho, el arco á la espalda, el turbanle á la cabeza, el alfanje al cinto y en la mano descomunal lanza, asustaron al Augústulo visigodo? Si, las líricas improvisaciones del Profeta, únicamente poseyó la magia de inspirarlas, el igneo zafiro del cielo, en que fué fundida la media luna que, en las llanuras de Sidonia, contemplo atónita, una litera de marfil, llevada por dos mulas blancas, en la que, bajo una cúpula de piedras preciosas, temblaba Rodrigo por su vida y sus tesoros, a pesar del inmenso ejército, del enorme aparato de pertrechos y provisiones que le rodease; y entre la laguna de la Janda y Jerez, oyó la arenga célebre de Tarick, interrumpida por los gri. tos de júbilo y entusiasmo de la hueste á quien se dirigia; vió primero rasgos de valor digno de los tiempos de Ataúl. fo, Walia y Wamba y una resistencia obstinadísima; después desordenada fuga, en la que, entre una muchedumbre de apiñados turbantes, cascos, pendoncillos, estandartes y banderas, flotaba la basterna que no tardó en desaparecer, cual nave que taladrada por el rayo, pierde el equilibrio y se sumerge; y más tarde un campo que resplandecía, como si hubiera sido de rico metal, ¡tantos eran los cadáveres con anillo!; por doquier la solemne y misteriosa pareja del dolor y el silencio; hundido en el fango del Guadalete, según la crónica, Orelia (3) con silla de oro y rubies; á su lado una sandalia de esmeraldas; y más allá, una sombra ence. rrando en el misterio el sepulcro del último vástago de la

(1) A. F. de Schack. (2) Es creencia popular en Oriente, que el poderío de los árabes fué obra de la estrella Soheil 6 Canopo, en movimiento hoy hacia el Sur. Cuando por la procesión de los equinoccios la estrella se pierda para Europa, no será el palacio árabe un montón de ruinas, como cree el ilustre Schack. Eso no sucederá, viviendo D. Rafael Contreras; y mientras la raza de este útil español no se extinga, tendremos Alhambra.

(3) Nombre del caballo del rey D. Rodrigo, según D. Rodrigo.

monarquia, que, poseyó una civilización la más grande que habíase conocido, desde la hora tremenda en que crujió el Capitolio y subió a su cima el bárbaro con la tea incendiaria, preludiando un diluvio de fuego y de sangre; içivilización de la que salváronse nada más, en el naufragio de la España vencida por los tostados hijos de la Arabia, la urna que conservaba el óleo de Recaredo, el Fuero Juzgo y los libros de S. Isidoro el hispalense.

Y el árabe de fantasía apasionada de lo maravilloso; traductor de las presas del saber y del numen de la antigüedad; que ávido de hermanar las hermosuras faraónicas y sasanidas con la severidad ateniense y corintia, el fausto de Bizancio y la opulencia monumental visigoda, fusionó el arte de la tierra donde el sol tiene su cuna y el arte de la tierra donde el sol se pone: el árabe que en Medina Az-zahra eclipso la fama de los edificios de Al-Raschid, y de los palacios de Cosroes, y que juzgando la suntuosidad y el lujo, la gracia de las virtudes, brilló en galantes fiestas, en deslumbradoras zambras y ejercicios caballerescos; sirvióse de la argenteria de Bizancio para sus festines, de las telas de la India para sus tiendas, de la púrpura de Tiro, recamada de oro, para combinarla con sus mallas de acero, de los perfumes orientales para aumentar la voluptuosidad de sus baños: el árabe caballeresco y generoso en su heroísmo, delicado é indomable, hospitalario, esclavo de su esclava; que juzga un deber sacratisimo el cumplir la palabra empeñada, una inspiración celeste la filantropia: el árabe, cortesano en sus victorias, que da albergue, en sus alcázares, á una cohorte de poetas, que ya inmortalizan en sus versos, las victorias de Omar y Abubeker, la trajedia de los Omniadas, las épicas conquistas de El-Mansur, la sabiduría de Alhakem, ya cantan los hechizos de Zahara ó las lágrimas lloradas por Cinda sobre el regio cálamo nupcial de un enemigo de la fe de sus padres; y que guerrero y bardo, tiene por admi. rador un pueblo y femeniles ternuras por recompensas; el árabe heroico y sensible, que vive para el amor, los combates y la galanteria; de fe profunda; ciego en su entusiasmo; frivolo en sus placeres; grande en sus empresas; magnífico en el modo de ejecutarlas; y en el que ejerce la misma fasci. nación el harem que el campo de batalla, la transparente randa que el tambor, el añafil y el atabal: el árabe amanti. simo del cuento, de la música; y en cuyas moradas fueron el mejor adorno mandolinas, tiorbas, harpas de cuerdas de plata y laúdes cuajados de pedreria: el árabe que erigió el templo máximo de Mohammad III, el alcázar de Said en Má. laga...; st!, está vivo!, existel, y estará vivo y existirá siem

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