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do á Vischer, que puede leer, en sus respectivas lenguas, la Biblia, las Tusculanas, el Corán y la Ciropedia; determinaros el sentido de las edades, que Kaulbach reprodujo con su pincel y deciros luego el número de cuerdas de plata, que sujetaban la tienda, que con el rojo de su púrpura, retaba al ejército mandado por tres reyes, que acampo en las Navas; y que os embelesará lo mismo, describiéndoos el Alcásar de los siete colores y la Basilica de San Pablo (1), que Prudencio presentaba á los hombres futuros

sic prata vernis floribus renident, el retrato de Santillana de Ingles, el de los reyes Católicos de Rincón ó las custodias de Córdoba y Sevilla, que si os habla de los cristales, mármoles y mosaicos, en los que reverbera, con sus ascuas de oro, la lámpara en forma de cruz, con puntas fiordelisadas, suspendida de una bola de filigrana, en San Marcos (2). Si es tan insigne la juventud educada por Canalejas, Catalina, Castelar, Fernández y González, Salmerón, Coll Vehí y F. Castro; la juventud que educó ayer Revilla y educa hoy Menéndez Pelayo; si por causa de haber entrado las ciencias estéticas y la ciencia de la literatura comparada en los Ateneos, los estudios critico-literarios, «que más que otros influyen y labran en la razón y en el sentimientos, tienen brújula y base; si el genio y el gusto rechazan los exclusivismos; si el arte está en vísperas de ver reconocida su libertad purificadora; si borrados los anatemas que preocupaban la mente, y conturbaban la fantasia, el juicio se pronuncia, sin más inspiraciones que la belleza, que precede á lo bueno y marcha á la par de la fe, agradezcámoslo á la semilla que enterraron aquellos individuos en los surcos trazados por sus antecesores..., por un Lista!, por un Gallego!; agradezcámoslo entre otros á Borao,-que sabía enseñar, hacer amable el libro, crear la pasión del estudio, á lo que debió el respeto con que se le escuchaba, el amor que hubieron de profesarle siempre sus discípulos, de quienes fué amigo cariñoso, guía y consejero, bien distinto de los Lanfranchi que acibaran los dias de los Guido Reni y Zampieri, y de los Santafedes, Imperatos y Carraccinolos, que por ahi pululan, disimua lando malignidades, cual las que contribuyeron á afirmar á Ribera, en la senda de sus triunfos. Su lira, su péñola, sus trabajos históricos y filológicos, sus merecimientos como Profesor, rodean de luminosisima aureola el nombre de

(1) Erigida en Roma por la devoción de Teodosio.
(2) Mi sabio maestro, D. Francisco Fernández y González.

Borao; y sus anhelos, devociones y esperanzas, lo hacen venerable.

Deseaba su alma, la propagación de la cultura y la felicidad de su país; que la soledad no acongojase al mérito; ver la verdad y la belleza en el Capitolio; y unido a los que apetecían lo mismo, trabajaba con ellos. A este fin, él consagró por entero sú actividad incansable, á toda obra de utilidad pública: él promovió certámenes, en los que probaron su brio, y fiestas literarias en las que lucieron el garbo natural de su numen, el insigne vate de La Capilla de Lanuza, el argensolano Monreal, el castizo Mario de la Sala, el finísimo Matheu y el que, tan å deleite del buen decir, ha hecho justicia al honrado historiador Conde Robres (1): él inició en el templo de la poesia, á jóvenes del buen gusto de Salinas y de Paraíso, retirado á una ociosa Túsculo, con enojo del epigrama, habiendo nacido para sobrepujar á Príncipe; él fué tan caritativo de la gloria del prójimo, como el cantor del Dos de Mayo. Escribe Luis S. Juan Dulces cadenas; y apresúrase Borao á estimularle á la perseverancia. Pruduce Zapata aquel cuadro, que para copiarlo en el lienzo, habría que servirse de los pinceles de Velázquez y Rembrandt; y Borao desliza en el oído del nuevo sacerdote de Apolo, adelante! Llega Zorrilla al atrio del Pilar, trayendo ornados su laud y su pandereta con rosas de Méjico, reliquias de Roma, lirios de Florencia, tulipanes del Rhin, azahar del jardin de Lindaraja, camelias de Cintra y conchas de nácar de la bahía de Nápoles; y Borao le tributa honores de soberano del ingenio, en una sesión académica, en la que empezó a crearse un nombre, el filósofo distinguido que hoy regenta la cátedra de Andréu, en nuestra Universidad. A propuesta y expensas de Olózaga, señálase con un bronce, la casa de Quel en que naciese, «el pintor de las costumbres de la clase media y de los caracteres festivamente cómicos de su época», el que superó á Moratín é igualó á Quevedo en sal y gracia; y Borao, en versos tan acabados, como los de la Epistola del Capitán Quirós, celebra, que el vate contemporáneo de más franca espontaneidad, logre en vida (2), la honra alcanzada por Cervantes y Lope, dos siglos después de su muerte.

(1) D. Baldomero Mediano, uno de los críticos aragoneses que más recuerdan y quizás el que más recuerda, la severidad en la doctrina literaria, lo ático en el gusto, la asiduidad en el culto a la forma, de Borao.

(2) En el núm. 1 de la calle del Medio, en la villa de la Rioja, célebre por el autor de Marcela, se lee:-El 19 de Diciembre de 1796 nació en esta casa el fecundo y popular poeta D. Manuel Bretón de los Herreros.

Oh! el noble maestro vivió, procurándose ocasiones de traducir en obras sus deseos; bien dando impulsos en privado, bien sembrando ideas, en discursos elocuentísimos que suenan, como una música de amor; que se parecen á los rosales y jazmines por la finura de sus perfumes y colores; y que en su abundante doctrina revelan, que su autor unía á un gran sentido estético, un gran sentido moral.

Es Borao el escritor aragonés más respetable de nuestra época. El más popular también, por el cariño que siempre tuvo á su país.

Sin negar á Covadonga su importancia, ni à la Cruz de los Angeles que es enseña sólo comparable á la de Constantino, el árbol y los montes, amados en el corazón de nuestro compatriota, después del árbol del Gólgota y de los montes Olivete y Calvario eran, la encina de Sobrarbe y las cumbres, en cuyas rocas, en la base, escribieron nuestros padres leyes y en la cresta alzaron rey: reconociendo el heroísmo de Leónidas, la grandeza de César en Farsalia y de Aníbal en la subida á los Alpes, la muerte ejemplar de Turena y la no menos ejemplar de Dessaix, que llega al teatro de una lid empeñada, de rápidas maniobras, de terribles cargas de caballería y que ofrece un cuadro horroroso de fiebre, de dispersión, en el que hay contienda entre nubes que se buscan ó se cortan en el cielo, humo en la atmósfera, sangre en el campo..... llega!, se lanza, al frente de los escuadrones que en pos de él galopan, sobre la línea austriaca y la rompe, a la vez que el resto de los soldados de Bonaparte caen sobre las dos alas enemigas y las desbaratan, y saludado por el fragor con que iniciase la victoria y por los últimos cañonazos de la batalla, muere, ocultándose el sol para no verlo; D. Jerónimo hablaba con más calor de D. Jaime que del Rival de Pompeyo y del demoledor de Sagunto, del collado de las Panizas que de las Termopilas, del héroe de Muret que del héroe de Egipto; como hablaba con más entusiasmo de las rotas cadenas de Marsella que de las cadenas rotas en las Navas, del Cancionero de Urrea que de las Coplas de Jorge Manrique, del sincerísimo Conde de Aranda que de Campomanes, de Asso que de Ustáriz, de Lagasca que de Cavanilles, de José Leonardo que del Mudo; sin rebajar el pedestal en que se hallan colocados Luis Vives, P. J. Perpignan y A. García de Matamoros, el Pinciano á quien Marineo Siculo tenia por más docto que á Lebrija, Foxo Morcillo, León Hebreo, el astrónomo Alfonso de Córdova, el Newton español Jorge Juan, el Brocense, y Morales y Suárez y Saavedra Fajardo, las predilecciones del esclarecido Profesor eran para Antonio Agustín, escritor ele

gantísimo y jurisconsulto de tal alteza, que en él resucitaron, según Scoto, Paulo y el más sabio y puro amador de la justicia (1); Zurita, historiador eximio, entre los más eximios de España; B. y L. de Argensola que ciñeron los laureles de Horacio y de Salustio, delicia el uno de la Academia de los Ociosos y de la Poética Imitatoria, y el otro maestro de D. Nuño de Mendoza, del Marqués de Cerralbo, del Principe de Esquilache...; y aunque no participaba de sus ideas el biógrafo de Pignatelli, pronunciaba con orgullo los nombres del sobrio, nervioso y metódico Miguel Molinos; de Pedro Ciruelo, autor del primer tratado de Matemáticas que se escribió en España, luminar de las Universidades del Henares y el Sena, el más claro y limpio de los espiritus; y del aragonés, por su nacimiento ó por su origen, reducido á cenizas, a la vez que su libro, en la pintoresca colina de Champel, a la vista del azul y gracioso lago de Ginebra. Borao admiraba al Alfonso VI, en cuya época, podia una vejesuela caminar por todo el reino, sin peligro, llevando en la mano abierta sus tesoros; á los nobles que poseyeron palacios como el del Gran Canciller Pero López de Ayala y como el que, fundado por el salvador de D. Juan I en Aljubarrota, ensanchó el Almirante que no tenia par, engrandeció el experto caudillo e luz de discretos y enriqueció el que se hizo Duque del Infantudo, en la segunda batalla de Olmedo; mas admiraba con mayor delicia al Conde (2) que tradujo y comentó á Pomponio Mela, y escribió Discursos politicos para la educación de un Principe y los Comentarios de los sucesos de Aragón en 1591 y 1592, al prócer que ganó bandera y mosquetes en San Quintín y el sobrenombre de Filósofo Aragonés en la morada del sombrio Felipe ó á D. Alonso V, que representa el ápice político de nuestra nacionalidad, con la magnificencia que representa el literario, el Petrarca Valentino: él concedía coronas de luceros, á Píndaro y al Cisne de Mantua, á Racine y á Shakespeare, á Herrera y á Alfieri, mas según diria Lamartine, los Benjamines de esa familia universal é inmortal, que uno elige, para constituirse la parentela del alma y la sociedad de los pensamientos eran, un Blancas, un Martel, un Costa, un Latassa que vale un Plutarco, el P. Murillo, que escribía con el candor y sencillez sublime de Herodoto, el delicado Fr. Jerónimo de S. José, Liñán de Riaza que manejó el romance á lo Góngora, López del Plano, tan queri do del dulce Meléndez, todas las personalidades insignes en

(1) El inmortal Papiniano. (2) El de Luna.

sama, de la tierra que nunca ha faltado á su fidelidad, á los fueros del buen gusto, pues si pecó Gracián, si escribió el Apologético de la escuela del pernicioso cordobés y cultivo la prosa culterana, hay en su Criticon párrafos que persuaden, de que el sabor del terruño es aqui incompatible, con la perseverancia en el mal.

Nadie supo lo que Borao, de las cosas de Aragón. Conocía cual su propia casa los monumentos de éste, lo mismo la igle. sia de Alquézar y el Sepulcro de Calatayud, -plano en piedra y ladrillo de los lugares que más inspiraron á Chateaubriand y Lamartine,-que el palacio de Illueca y el castillo de Mesones, en hora bárbara destrozados; y hablaba con la emoción estética que Vasari del retrato de León X, de nuestros esmaltes y grabados antiguos, del altar mayor de la catedral oscense, de las pinturas de Claudio en el templo de la Mantería, de las de Goya, en la Basílica de la venerada Virgen que fué el Santiago aragonés, al inaugurarse el siglo.

Cuanto redundó en pro de nuestra riqueza espiritual y material, obtuvo su esfuerzo. Todo adelantamiento, toda mejora favorable a las letras, y en especial a las letras aragonesas, mereció tenerle de su parte. Fundó el primer periódico literario que han dado á luz las prensas de Zaragoza, y fué alma y mente de sus ateneos, academias, y centros artísticos. Literato, su nombre va unido al de la Biblioteca de Escritores Aragoneses, de la que es dignu Mecenas la Diputación provincial; y le debemos las biografias de Latassa, Pignatelli, Echeandia, Casamayor y Yanguas, escritas al modo que enseñó á narrar la vida de un personaje, el gran Navarrete, y las páginas en que esculpiendo con mágico buril, la efigie de López del Plano, convirtió en familiar lo que era antes, una curiosidad erudita. Crítico, ejecutó trabajos del valor de G. Urrea y D. Clarisel de las flores. El amor en el Teatro de Lope y los estudios sobre Moratin, el Quijote y el Centon Epistolario. Historiador, produjo una historia de nuestra Universidad, La Imprenta en Zaragoza y el Arbol de los Reyes y Principes aragoneses. Filólogo, dió á la estampa este DiccionaRIO, precedido de una Introducción admirable. Poeta, nos legó un Romancero, no terminado por desgracia; llevó á las tablas la gran figura del más batallador de los Alfonsos, escribió varios dramas, que son para la lectura, más que para la representación escénica. Escritor didáctico, enriqueció las bibliotecas con su Tesoro de la Infancia. Vicepresidente del Jurado y Presidente de una de las secciones de la Exposición Aragonesa, consagró sos vigilias á aumentar la gloria alcanzada por su país, en aquel certamen. Director del Liceo, hizo de aquella Sociedad

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