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leyes previsoras, de leyes que sean admiracion, no solo de Europa, sino del mundo civilizado, nada habreis conseguido si no habeis logrado preparar las costumbres de los pueblos para recibir esas mismas leyes. Las costumbres buenas requieren buenas leyes tambien; pero las leyes buenas son de todo punto ineficaces, son de todo punto estériles, son de todo punto viciosas, cuando las costumbres de los pueblos no están bastante preparadas á ser regidas por esas leyes. Aquí podria recordar la célebre y tan conocida frase de Horacio: Quid leges sine moribus duna proficiunt? ¿De qué sirven lası leyes? ¿Para qué queremos leyes completamente buenas, puesto que no hay costumbres que correspondan á esas leyes? Se ha dicho, en verdad, señores Diputados, que pueden florecer las virtudes fuera del alcance del Evangelio, y que la semilla fecunda de la moralidad puede producir grandes y copiosisimos frutos, aun cuando no sea regada por el agua cristalina y pura de la predicacion evangélica.

» Yo, señores Diputados, sostendré que efectivamente fuera de la Iglesia católica hay hombres honrados y quizá hay hombres virtuosos y santos. Ya veis cómo nosotros no somos tan intolerantes como suponeis; pero al decir que esto puede suceder fuera de la Iglesia católica, hablo del cuerpo de la Iglesia católica, hablo de personas que de buena fe, por error invencible, por preocupaciones de nacimiento y de educacion, inculpablemente se hallan fuera de la sociedad material católica, se hallan fuera de los vínculos materiales de union al episcopado católico y al Obispo de Roma.

>> Pero ahora bien, señores Diputados: las virtudes que florecer en esos respetables ciudadanos, esas virtudes se deben, no lo dudeis, esas virtudes se deben al catolicismo: esas virtudes se deben á la enseñanza y á la. virtud y á la gracia que se comunica al mundo por el cristianismo; pero ese cristianismo que se conserva puro, integro y esclusivamente en la Iglesia católica. Hé aquí por qué todos esos pueden y realmente en la hipótesis dicha pertenecen al alma de la Iglesia católica, aun cuando no la reconozcan; hé aquí como todos ellos están en el camino de su salvacion eterna; porque aun cuando fuera del cuerpo de la Iglesia católica están, puede muy bien suponerse, y yo piadosamente supongo, de algunos que mueren realmente unidos el espíritu al alma de la Iglesia católica.

>Pero fuera de esto, señores Diputados, fuera de esto, una sociedad de ateos, una sociedad de materialistas, una sociedad de hombres sin religion positiVa... ¡Oh, señores Diputados! Esta sociedad es una cosa horrible, es una cosa. espantosísima, es la mas funesta de todas las que yo puedo concebir é imaginar. Y cuando se trata de esta sociedad, despues de abandonar la virtud y la creencia católica, entonces se dice que esta sociedad no es tal sociedad humana.

>Recordad, señores Diputados, que a fines del siglo pasado creyóse llegado el momento de suprimir á Dios, creyóse llegada la oportunidad de que

la perfectibilidad humana ya no exigia la intervencion de Dios para el órden social. ¿Y qué sucedió? Despues que aquel monstruo de horror y sangre, Robespierre, trató de levantar yo no sé qué simulacro de órden social sobre las ruinas mismas del Ser Supremo, la sociedad atravesó lagos, rios y mares

de sangre, y tuvo necesidad de establecer una divinidad supletoria, hasta que al fin Francia se reconcilio consigo misma, reconciliándose con el buen sentido cristiano, reconciliándose con la doctrina de Jesucristo, reconciliándose con la Iglesia católica.

>Pero no creais, señores Diputados, que al espresarme yo en este sentido y usar este lenguaje venga á consignar paradojas y establecer doctrinas estrañas, cuando, por el contrario, 'as ideas que emito están perfectamente sostenidas, bastantemente confirmadas por todos los sábios del mundo que han honrado el género humano. Habla un escritor protestante de la necesidad de fundar la sociedad, todo el órden social, en los pueblos civilizados, en la ley natural, moral, religiosa, divina. De esta ley es de la que habla tan frecuentemente Ciceron en sus escritos, no solamente con todo el brillo y abundancia del arte oratorio, sino con la sensibilidad de un hombre de sentimiento esquisito, á la que agrega la gravedad y la constitucion del filósofo. «Hay ciertamente una ley verdadera (palabras de Ciceron), la recta ra»zon, conforme a la naturaleza difundida en todos, constante, sempiterna, »que llama á la raya del deber mandando, y prohibiendo aleja del fraude. De vestu ley á nadie le es lícito abrogar o derogar cosa alguna porque es inalte»rable. No por el Senado, ni por el pueblo podemos ser dispensados de ella; »ni hay quien pueda modificarla ó interpretarla. No: una debe ser su obser»vancia en Roma y otra en Atenas; una ahora y otra despues; sino que esa »ley sempiterna é inmortal debe contener á todas las gentes y en todo tiem»po, pues Dios, comun Maestro y Emperador de todos, es el inventor árbitro »y promulgador de esta ley; y quien no se somete á ella, degrada la natura»leza de hombre, y por esto mismo tendrá que llevar grandes penas, aunque »pudiera evadir todo otro suplicio establecido.>>

»Y no es solo Ciceron, el célebre orador romano, quien así habla, quien tanta importancia concede al elemento religioso, como gérmen fecundo de todas las virtudes que han de hacer posible la sociedad humana. Por no molestar demasiado la atencion de la Cámara voy á limitarme al testimonio del general Washington, en el discurso que pronunció sobre la necesidad de la religion; discurso pronunciado con motivo de la dimision que presentó de la Presidencia de los Estados-Unidos de América en 1796. Dijo así: «La »religion y la moral son las bases de todas las disposiciones y habitudes que »procuran el bien político, y en vano exigiria los elogios debidos al patriotis»mo quien intentase desquiciar esos dos grandes apoyos de la felicidad hu»mana, esos dos guias del hombre y del ciudadano. ¿Y cuál seria la seguri»dad de la propiedad, de la reputacion y de la vida, si el sentimiento de la »obligacion religiosa no fuese unido y vinculado con los juramentos, que son »uno de los cimientos de las decisiones en los tribunales?» Y despues, hablando este mismo lenguaje, desenvolviendo magníficamente esta misma idea, termina su discurso con estas notabilísimas palabras: «La razon y la »esperiencia no permiten lisonjearnos de que la moral pueda tener la fuerza »que le es propia sin los principios religiosos.>>

»Este brillante y magnífico testimonio no podia venir aislado, y hé aquí cómo resuena su voz en el eco imponente del célebre Pritot, que confirma

en notabilisimas frases las apreciaciones del Presidente Washington, diciendo:

«La religion y el derecho civil y penal son consecuencias de los princi»pios elementales del derecho público, y al mismo tiempo medios naturales »de que las sociedades y sus' legisladores se han servido y todavía deben >servirse para asegurar la ejecucion de estos principios.»

Y para que nada falte, señores Diputados, á la demostracion completisima de que el buen sentido en todas partes y en todas las épocas de la vida ha hecho la confesion esplicita de esta misma verdad, voy á invocar testi- . monios que, en la materia que debatimos, por nadie,' absolutamente por nadie pueden recusarse.

>El célebre Espinosa dice: «Es mejor que el pueblo cumpla sus deberes »por devocion que por temor.»

»Bayle dice: «La sociedad no existe sin el vínculo de la religion, y jamás »los súbditos son mas obedientes que cuando al propósito interviene el mi»nisterio de la Divinidad.»

»Hume dice: «No tengo por buenos ciudadanos ni buenos políticos aque»llos que desechan las relaciones religiosas con Dios, porque quitan á los »hombres el freno de sus pasiones, y abren la puerta á las infracciones de »las leyes de la equidad y de la sociedad.»

» Señores Diputados, estas palabras parece haber sido escritas para todos nosotros.

>> Veamos qué dice Voltaire: «Es absolutamente necesario que la idea del >>Ser Supremo, Criador, Gobernador, Remunerador y Vengador, sea esculpi»da profundamente en los ánimos de los hombres de todo el mundo.»

»Conforme con Voltaire dice Idelot: «La religion ha de ser la primera leccion y la leccion de todos los dias.»

Y en fin, señores Diputados, el famoso autor del sistema de la naturaleza dice: «No se fundó jamás Estado á que la religion'no le sirviese de base: »importa mucho al Estado que cada ciudadano abrace una religion que haga samar y aun cumplir sus deberes.»

»¿Y para que molestarus mas, se res Diputados, cuando no ha habido legislador político de mediana talla; cuando no ha habido persona que merezca el nombre de profundo pensador; cuando no ha habido hombre que uniendo al buen deseo patriótico una razon bastante ilustrada, no haya coincidido en todos los tiempos y en todos los lugares en el deseo de que la religion verdadera sea la base fundamental de todos los Estados?

>Señores Diputados, ¿quién de nosotros ignora los nombres de Dracon, Solon, Arkifides, Licurgo, Xenofonte, Platon, Minos, Pitágoras, y de tantos otros que al establecer sus Estados ó sus Repúblicas trataron de darles como fundamento ó asiento sólido, como base segura, la sancion religiosa, la sancion divina, de una religion que juzgaban haber sido promulgada por Dios? A este propósito podia yo recordar lo que decia Plutarco: «Recorriendo el mundo, decia, hallo ciudades sin murallas, ciudades sin rey, ciudades sin »casas; pero ciudades sin templos y sin dioses, eso nunca se ha visto ni se »verá jamás, porque, continúa, mas fácil fuera levantar una casa sin cimien

»tos que establecer y ase.star sobre bases sólidas una sociedad humana sin >religion.

»Ahora bien, señores Diputados: cuando estamos en posesion de la verdadi revelada; cuando conocemos la verdad religiosa; cuando sabemos positiva y' seguramente que la religion católica es eminentemente cierta, porque es la religion de Dios, y Dios es el autor de la religion y de la sociedad, puesto que Dios no se pone nunca en contradiccion consigo mismo, ¿no es triste, tristísimo, doloroso y amargo, y cruel para el corazon de los españo. les, el que hoy en España pueda, ni por un solo momento, ponerse en duda. la conveniencia y la necesidad de que nuestra nacion continúe siendo lo que, hasta aquí, un pueblo esclusivamente católico?

»Señores Diputados, ¿teneis alguna acusacion que dirigir, alguna quorella que entablar, algunos agravios que venga de la Iglesia catolica? ¿Recordais en vuestra Historia, historia de héroes, historia de martires, historia sin igual en los fastos de los pueblos civilizados, antiguos y modernos, una sola página de brillo, un hecho glorioso, una conquista importante, que no haya sido inspirada por la fe católica, que no haya sido vigorizada y Hevada á cabo, que no haya sido divinizada bajo la égida civilizadora del catolicismo? Si sois felices, si vuestros padres, si vuestros antepasados todos fueron venturosos bajo :esa profesion única del catolicismo, ¿por qué esa apostasia oficial, que apostasia oficial es decir en la católica España que deje de ser la religion católica ; la religion del Estado? ¿Por qué, señores, esto?

»¡Ah, señores Diputados![No se verifique entre nosotros el cumplimiento de una prediccion no divina, pero si de un hombre de gran talento, de un hombre eminente de Estado: «Un pueblo sin religion es un pueblo sin politi»ca, sin costumbres ni importancia social.»

»¡Oh, señores Diputados! Yo, que soy tan español como el que mas de vosotros; yo, que á nadie cedo en amor patrio; yo, que al través de esta sotana siento dentro de mi pecho arder el fuego del españolismo; aquí, na como ministro de Cristo; no como católico siquiera, sino únicamente como español, lamento que ni uno solo haya pensado que la religion católica dejara de ser la religion del Estado en España.

» Señores Diputados: resumiré todo mi pensamiento en esta sola fórmu-' la. Hijos somos de héroes que hicieron temblar al mundo; héroes que dominaron ambos hemisferios; héroes que hubieran conquistado infinidad de. mundos si infinidad de mundos hubieran salido de la mano de Dios. ¿Y hemos de ser una raza degenerada, convirtiéndonos en despreciables pig-. meos? Señores Diputados, ¿hemos podido olvidar así la Historia de nuestra patria?

»¿Qué hubiera sido de nosotros, si en momentos, críticos, si en momentos de una invasion estranjera, cuando tratamos de defender nuestra independencia, de reivindicarla, no hubiéramos tenido una bandera comun, la bandera de religion y patria?

»Si esa bandera hubiera estado hecha girones, si en esa bandera, al lado de la imágen de Cristo, se hubiera puesto la imágen de Mahoma, įhubierais estado aquí, señores Diputados? ¿Hubiese existido el Estado de España?

No; el Estado español que dominó al mundo no existiria ya, y en la HistoTia no se conservaria la memoria de nuestra patria.

» Yo recordaba el otro dia, señores Diputados, que el primer libre-cultista español fue Witiza, digno sucesor por cierto del tristemente célebre JuJiapo, el apóstata, que fue el primer libre-cultista del mundo. Y yo temo, señores Diputados (á nadie ofendo), yo temo que en España los que hacen traicion á Dios hagan traicion á su patria: porque yo no puedo concebir que se dé un culto supersticioso al patriotismo, y se rechace el culto verdadero que se debe dará Dios.

» Señores Diputados; nuestra nacionalidad peligrará, nuestra nacionalidad se perderá; tal vez no hoy ni mañana; no hablo del tiempo que nosotros hemos de vivir en el mundo, que propio es de políticos mirar mas alto, y descubrir horizontes dibujados en el porvenir; digo, señores Diputados, que vamos á dejar una triste, una lamentable herencia á nuestros descondientes; temo, ¿qué digo temo? sé y lo veo con horrible evidencia , sé que la posteridad ha de levantar un dia su voz, y recordando las sesiones de esta Cámara, no podrá esplicarse cuál fue el vértigo que se apoderó de nosotros para arrancar así de la Constitucion social de España la base fandamental, la base gloriosa, la base de nuestra grandeza, nuestra hermosa y envidiada unidad religiosa.

»;Ay de los pueblos, señores Diputados, que despues de haber conocido la verdad religiosa la abandonan por religiones efímeras é indignas del hombre, por lo mismo que son creacion suya, raquítica, miserable y mezquina! Yo de mí sé deciros, señores Diputados, que en el orden religioso y en el orden social nada veo fuera del catolicismo que pueda satisfacer mi razon, que pueda tener contento mi corazon; yo, señores, fuera del catolicismo no veo para el pueblo español, hoy todavía católico, no veo garantias de paz, garantías" de órden, garantías de obediencia á las leyes, garantías de respeto a la propiedad, garantías de defender á la sociedad; no veo nada, absolutamente nada de lo que debe entrar á constituir el orden social de un pueblo. Decid, decid á los españoles que todos ellos han nacido iguales, que nadie por su origen tiene derecho á imponerse á la voluntad de los demas, que nadie está facultado para restringir el círculo de acción, el ejercicio de esos que se llaman derechos individuales; decid eso, y suprimid acto contínuo el temor de Dios, el temor santo de Dios; porque, señores Diputados, las masas de nuestro pueblo no entienden el temor de Dios (y hacen muy bien en no entenderlo de otra manera), no entienden el santo temor de Dios sino conforme a la revelacion hecha por el mismo Dios; nuestro pueblo no adora, no sabe adorar á otro Dios que á Cristo; nuestro pueblo no entiende de esas elucubraciones mal llamadas científicas, que mas que á la razon ilustrada satisfacen el capricho y la vanidad de algunos hombres, no; nuëstro pueblo no entiende eso; nuestro pueblo es demasiado formal y sério,

porque nuestro pueblo es verdaderamente español. ¿Con qué vamos á sus(tituir y reemplazar la sancion de todas vuestras leyes, de todas vuestras disposiciones? ¿Qué direis al ciudadano español, qué direis al padre de fafamília, qué direis al español en todo el orden gerárquico, en todas sus po

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