Cuentos

Portada
Siglo XXI, 2004 - 173 páginas
Fue un niño sumamente sensible e inseguro. Expulsado de la Universidad y después del ejército, la literatura y el periodismo fueron su único camino. Entre frecuentes depresiones, alcoholismo y pérdidas amorosas, encontró tiempo para crear el género del cuento policial y desarrollar las formas más modernas del cuento fantástico. Pocos días antes de su segunda boda murió en la calle víctima de un “delirium tremens”. “El gato negro”, “El corazón delator” y “Los crímenes de la calle Morgue”, incluidos en este volumen, forman parte de las joyas de la literatura universal.
 

Comentarios de la gente - Escribir un comentario

Calificaciones de los usuarios

5 estrellas
4
4 estrellas
2
3 estrellas
0
2 estrellas
0
1 estrella
0

Crítica de los usuarios - Marcar como inadecuado

Nada mal

Crítica de los usuarios - Marcar como inadecuado

La carta robada, es uno de los casos que Lacan analiza y le da el nombre la "La Carta Forzada de la Clínica".... un sentido que es ni más ni menos que el siguiente: "La carta a jugar que el prestidigitador fuerza al espectador a extraer, mientras éste cree elegirla". o también "Una solución impuesta por otro o una acción que hay que cumplir a pesar de uno" (Frida Saal) 

Los 5 comentarios »

Páginas seleccionadas

Contenido

Sección 1
7
Sección 2
16
Sección 3
22
Sección 4
29
Sección 5
46
Sección 6
79
Sección 7
111
Sección 8
156
Sección 9
173
Derechos de autor

Términos y frases comunes

Pasajes populares

Página 4 - Retirado en la paz de estos desiertos, Con pocos, pero doctos, libros juntos, Vivo en conversación con los difuntos Y escucho con mis ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, O enmiendan o secundan mis asuntos, Y en músicos callados contrapuntos Al sueño de la vida hablan despiertos. Las grandes almas que la muerte ausenta, De injurias de los años vengadora, Libra, oh gran don Joseph, docta la Imprenta.
Página 4 - O enmiendan o secundan mis asuntos, Y en músicos callados contrapuntos Al sueño de la vida hablan despiertos. Las grandes almas que la muerte ausenta, De injurias de los años vengadora, Libra, oh gran don Joseph, docta la Imprenta En fuga irrevocable huye la hora; Pero aquélla el mejor cálculo cuenta, Que en la lección y estudios nos mejora.
Página 19 - El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme. Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante...
Página 16 - Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada,...
Página 17 - ... noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarle mientras dormía. Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo, ¡Pensar que estaba...
Página 17 - ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra,...

Acerca del autor (2004)

There has never been any doubt about Poe's enormous literary significance, but, with regard to his ultimate artistic merit, there has been considerable disagreement. To some he is little more than a successful charlatan, whose literary performances are only a virtuoso's display of stunning, but finally shallow, effects. Others, however, are struck by Poe's profound probing of the human psyche, his philosophical sophistication, and his revolutionary attitude toward literary language. No doubt both sides of this argument are in part true in their assessments. Poe's work is very uneven, sometimes reaching great literary heights, at other times striking the honest reader as meaningless, pathetic, or simply wrong-headed. This is not surprising, considering the personal turmoil that characterized so much of Poe's short life. Poe was extreme in his literary views and practices; balance and equilibrium were not literary values that he prized. Scorning the didactic element in poetry, Poe sought to separate beauty from morality. In his best poems, such as "The City in the Sea" (1836), he achieved an intensification of sound sufficient to threaten the common sense of the poetic line and release a buried, even a morbid, sense that would enchant the reader by the sonic pitch of the poem. Defining poetry as "the rhythmic creation of beauty," Poe not only sought the dream buried beneath the poetic vision---Coleridge had already done that---but also abandoned the moral rationale that gave the buried dream symbolic meaning. The dream, or nightmare, was itself the content of the verse. Some readers, however, such as T. S. Eliot, have found Poe's poetry extremely limited, both in its content and in its technique. While it is true that Poe was one of the few American poets to achieve international fame during the nineteenth century, critics point out that his influence on such literary movements as French symbolism and literary modernism was largely through the superb translations and criticisms of his writings by Baudelaire (see Vol. 2), Mallarme (see Vol. 2), and Valery (see Vol. 2). Poe's theory of the short story, as well as his own achievements in that genre, contributed substantially to the development of the modern short story, in Europe as well as in the United States. Poe himself regarded his talent for fiction writing as of less importance than his poetry and criticism. His public preferred his detective stories, such as "The Murders in the Rue Morgue" (1841), "The Mystery of Marie Roget" (1842--1843) and "The Gold Bug" (1843); and his analytic tales, such as "A Descent into the Maelstrom" (1841), "The Black Cat" (1843), and "The Premature Burial" (1844). His own preference, however, was for the works of the imagination, such as "Ligeia" (1838), "The Fall of the House of Usher" (1839), and "The Masque of the Red Death" (1842), tales of horror beyond that of the plausible kind found in the analytic stories. Just as with his poetry, however, readers have been strongly divided in their appreciation of the deeper worth of Poe's fiction. For many, they are at best merely an effective display in Gothicism, good horror stories, an enjoyable experience in vicarious terror, but nothing more. This was the view of Henry James, that other great nineteenth-century master of the ghost story, who claimed that "an enthusiasm for Poe is the mark of a decidedly primitive stage of reflection." But others have found in these carefully crafted pieces something far more profound, a way of seeing into our unconscious, that place where, for a while at least, terrifying conflicts coexist. As Poe so well put it himself in the preface to his Tales of the Grotesque and Arabesque (1840), "If in many of my productions terror has been the basis, I maintain that terror is not of Germany but of the soul.

Información bibliográfica