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1.-Carta de Jerónimo de Ortal al Rey,

(Archivo de Indias, 54-4-2.) S. C. C. M.—Jerónimo de Ortal á quien V. M. mandó que le viniese á servir de gobernador en el golfo de Paria é otras provincias, humillmente besa los pies de V. M. y dice: que de la isla de Tenerife hizo saber á V. M. su pasada en seguimiento de la jornada de que salió de España y su relación por aquella de la gente que en dos navíos llevaba y plugo á Nuestro Señor que, partido de la dicha isla, sin naufragio ni escándalo ninguno, llegó á reconocer en veinte y seis días el Rio Dulce, que es á ocho grados del norte en la costa de la Tie. rra-firme é podrá haber hasta el golfo de Paria, cincuenta leguas, y ansí costeando la tierra, vino á la entrada del golfo, y costeó mucha parte de la dicha Isla, por haber noticia y lengua de donde estaba Antonio Se

deño con pocos cristianos que á la dicha Isla vino, puede año é medio, y no se dejó de hacer toda la diligencia que se pudo porque supo por cartas y nueva en la cibdad de Sevilla quel dicho Antonio Sedeño estaba en la dicha isla con algún trabajo y riesgo de su persona y de los pocos que allá estaban, y esto procuraba viendo que era servicio de V. M. ver los dichos cristianos y según la necesidad en que estovieran, detenerse allí para los ayudar é sacar del trabajo en que estovieran, lo que por cierto él procuro de haber lengua dellos y costeó la dicha Isla, que poco le quedó por ver, y ninguna razón ni lengua pudo haber de ellos hasta que llegó en el dicho golfo de Paria y surto en el ante la fortaleza

que

allí estaba supo de ciertos cristianos que allí halló de que adelante dará á V. M. razón dellos, como el dicho Antonio Sedeño podrá haber cincuenta días que dejó la Isla de la Trenidad por no se poder sustentar en ella

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los indios dalle mucha priesa é habelle muerto en veces ciertos cristianos, y ansí se vino al golfo de Paria á la dicha fortaleza, que podía haber hasta doce leguas de donde él tenía su asiento y en ella supo que podía haber treinta días que se había ido de allí con un navío pequeño á la Isla de San Juan con hasta veinte y cinco hombres, ques desde la Trenidad, por que los demás que en ella tenía se le hahían ido y dejádole, por la poca posibilidad que él tenía en la Isla é que la Isla era muy récia é según lo que ha visto della y la relación que se tiene de los muchos indios que hay, que sería menester trescientos españoles y en ellos gente de caballo para la conquistar, de lo que le pesó mucho; por que estando la dicha isla de la Trenidad con cristianos poblada, los de la provincia de Paria y de las otras provincias la tierra dentro estovieran más quietos é reposados, lo que no han hecho, como adelante V. M. verá.

El saltó en tierra en el golfo y halló en aquella fortaleza, que es una casa de tapias no bien repara, sino que, por no le quitar el nombre, no digo á V. M. cuatro paredes de tierra, caída, á don Alonso de Herrera con hasta treinta y cinco hombres entre dolientes y sanos, el cual tenía cargo de la justicia de allí por que fué teniente del Comendador Diego de Ordaz, difunto, á quien V. M. tenía por gobernador en aquella tierra, é ansí á él como á los otros les hizo saber á lo que V. M. le enviaba á aquellas partes é desde á dos dias que fué llegado tomó la vara de la justicia, aunque no dejo de creer por lo que adelante V. M. verá según aquella gente estaba enseñoreada y sin cabeza y las muchas des

órdenes que en aquella tierra se han hecho, como da la tierra señal dello, y en lo poco quél ha estado en ella ha visto é sabido, si tuvieran posibilidad y él no viniera con ciento é cincuenta hombres de guerra como allí puso, no tuvieran á mucho que esperaran otro inandamiento de V. M., y él tomó, como ha dicho, la justicia y procuró de saber lo que se había hecho en esta absencia y ha visto tantos malos recaudos que acordándose como dejó la tierra y la halla, le duele el alma acordarse dello, por que como V. M. sabrá por las informaciones que con esta van, cerradas é selladas, está la tierra alzada y tan de guerra como si nunca fuese hollada de cristianos y de religiosos, más de lo que fuera razón, y todos es

tos acaescimientos han sido después que Antonio Sedeño dejó la isla do ·la Trenidad y se vino al dicho golfo, y por pendencias viejas que Alonso de Herrera que allí estaba por teniente y él tenían, vinieron á no entender los unos ni los otros sino en prenderse las personas y hacerse mill desaguisados é dar ocasión á los indios á se desmandar y hacer lo que V. M. verá por las dichas informaciones, de lo que por cierto V. M. ha sido muy deservido, y si él hobiera llegado á tiempo, por que esto fué dos meses ántes que él llegase, pudiera ser que lo hobiera todo destorbado y dado órden en que V. M. se sirviera, porque Antonio Sedeño tenia poca necesidad de ir aquella provincia á mas de que en ella le favoreciesen en sus necesidades, como se había hecho, y no á ser señor della у de la justicia, y también el otro que en ella estaba pudiera guardalla sin escándalo de la tierra é otras cosas excesivas á que daba lugar é pui diera excusar: ya el dapño está hecho, como V. M. verá, y tengo por imposible poder remediarse á buenas sino con un muy recio castigo en los indios

por

los atrevimientos é cosas de hecho que han pasado, porque (l 'en los pocos días que allá ha estado, que ha sido casi un mes, ha procurado con dádiva é buenas obras y soltando algunos indios que halló presos de la tierra atraerlos al servicio de V. M., y ha sido todo y lo ve trabajo excusado, segund están enemistados. Da cuenta á V. M. para que de allá se mande lo que tiene de hacer y en este medio se gobernará lo mejor que pudiere y supiere, encomendándolo siempre a Nuestro Señor, que él pensó venir aquella tierra de pase, como siempre lo ha estado y tener en ella las espaldas seguras para saber los secreptos de la tierra adentro, que no son sino muy grandes, como V. M. verá y hallólo todo al contrario, teniendo la guerra sin la poder excusar dentro á las puertas.

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Y visto el estado en que estaba toda la tierra é habiendo noticia que mucha parte de la gente della estaba absentada y que se iban á la provincia de Uyaparia, ques cincuenta leguas de un río arriba que tenían de paso, con mala intención, para la hacer de guerra, como ellos estaban, le pareció que convenía darse mucha priesa y enviar á alguna gente á la dicha provincia á hacer asiento en ella por evitar que los indios no hiciesen lo que estos del golfo y también que para saber los secreptos de la tierra era por allí el camino, é ansí dió toda la diligencia que pudo é fué posible en efetuar lo que dice por que dentro de veinte é cinco días, que pocos más estuvo en el golfo, hizo cuatro bergantines al propósito de la entrada del río é con ellos é con una carabela en que fueron seis caballos despachó un capitán con ciento y sesenta hombres para que fuesen á la dicha provincia de Uyaparia á hacer á sus mantenimientos de biscochos é harinas é otras cosas de Castilla é con una istrución de lo que habían de hacer hasta que él llegase; é estando para despachar la dicha armada llegó un bergantín de la isla de Cubagua, que puede estar cuarenta leguas del dicho golfo, á le dar aviso como el Capitán Alderete, á quien él dejó en San Lúcar casi despachado para venir en su seguimiento, era llegado á la dicha isla con un galeón é le traía en él ciento y treinta hombres de guerra é para los recojer é dar órden en otras cosas que cumplían al servicio de V. M. en la dicha isla habiendo dejado la órden necesaria, ansi á los que iban el río arriba como á los que quedaban en la fortaleza, él vino á esta isla de Cubagua en donde agora está, y fué á trece días de Noviembre, en donde halló al dicho capitán con la gente que tiene dicha, tan buena é tan bien armada que no piensa haber salido para este efecto mejor de España, é todos hobieron mucho placer de le ver, porque éstos de estas islas no han dejado siempre ni dejan, si no les fuese á la mano, de destorbar, como hicieron en lo pasado á Diego de Ordaz, los que vienen á servir á V. M. Él en. tiende en hacer navios é aparejar todo lo necesario é tiene comprados en la isla de la Margarita ciertas yeguas é caballos para la jornada, aunque no se hace á poca costa en esta tierra, para ir á se juntar con toda la gente que para esta jornada ha traído de España y piensa en breve tiempo que se ha de hacer á V. M. tanto servicio, como nadie lo haya hecho en estas partes, por el grande aparejo é nuevas que de la tierra se tiene, y según son y tiene indios que le llevan á ello y tienen por cierto que cuando anduvieron con Diego de Ordaz, difunto, por el río no se estu

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vo ciento é cincuenta leguas de donde el capitán Pizarro halló á Atabaliba, porque los mismos indios que dice dan nuevas del por oídas de otros indios y de los hermanos que mató por tiranizarlos é señorearlos; é de los indios que V. M. le mandó recoger en esta isla para lenguas dos de ellos, que son caribes, dicen todo esto; é más, que ellos son de la provincia de Meta á donde le han de llevar, y dan tanta relación de oro y lo que hacen del después que lo sacan de una sierra, que parecería á la clara todo el oro del Perú venir de esta parte, é ansi en toda esta isla y con los pilotos que el trajo tanteando hasta donde llegaron por el río arriba, que bien fueron doscientas leguas, lo más de ello al sudueste, en demanda de esta Meta, é por bajar el agua tan de golpe no fué en su mano poder llegar á ella, é segund por donde corrieron y

de donde se volvió por la baja del agua, se hallaron debajo de la equinoncial en dos grados de la banda del norte, y estando Pizarro en siete grados de la equinoncial, como dicen dos de ellos, llegaron corriendo por tierra norte, no distarían los unos de los otros ciento é cincuenta leguas, y tiénese por cierto que la grandeza del oro está debajo de la equinoncial y haber llegado ellos tan cerca della les hace creer ser verdad lo que estos indios dicen y corresponde ansi lo que de la Española escriben, é también todos los indios de esta costa de Tierra-firme dan grandes nuevas de ello. Los que vinieron en esta jornada son trecientos hombres é veinte de caballo, toda gente lucida y de hecho: el se partirá de esta isla en fin del mes de Enero derechamente á Uyaparia á juntarse con la otra gente para que, placiendo á Nuestro Señor, en principio de Mayo que el agua está más crecida y dura cinco meses antes que torne á bajarse, encomenzará la jornada, y con el ayuda de Nuestro Señor, salidos de Uyapari, en veinte y cinco días le dicen las lenguas é guías que le pornán en la misma Meta, porque todos los navíos que él lleva, que piensa serán hasta nueve o diez, son todos de remos y en ellos van los caballos, y los navios son sotiles y hechos de arte que hallando algund mal paso que les pudiese estorbar, se podrán llevar sin trabajo por tierra: con las nuevas que se da della, que se tienen por ciertas, no se entenderá sino en atravesar la tierra y salir á esta banda del norte de la Tierra-lirme para que por acá sea el tracto é no por el río por donde agora lo van á descubrir; y no se deja de creer, según pilotos, que por el camino que el agora va se han de descubrir muy grandes secreptos de que V. M. ha de ser muy servido y siempre

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