El gran poeta del siglo de oro español: Fray Luis de León

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Instituto de las Españas en los Estados Unidos, 1924 - 158 páginas
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Página 71 - Y como codiciosa de ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar, corriendo se apresura. Y luego sosegada, el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada de verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo. El aire el huerto orea, y ofrece mil olores al sentido, los árboles menea con un manso ruido, que del oro y del cetro pone olvido.
Página 97 - Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado, y con pobre mesa y casa en el campo deleitoso, con sólo Dios se compasa, ya solas su vida pasa ni envidiado ni envidioso FRANCISCO DE LA TORRE Pocos datos biográficos.
Página 112 - Quien mira el gran concierto De aquestos resplandores eternales, Su movimiento cierto, Sus pasos desiguales, . Y en proporción concorde tan iguales : La luna cómo mueve La plateada rueda, y va en pos de ella La luz do el saber llueve...
Página 53 - Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido...
Página 123 - Acude, corre, vuela, traspasa el alta sierra, ocupa el llano, no perdones la espuela, no des paz a la mano, menea fulminando el hierro insano.
Página 124 - Virgen y Madre junto, de tu Hacedor dichosa engendradora, a cuyos pechos floreció la vida: mira cómo empeora y crece mi dolor más cada punto.
Página 114 - ¡Oh desmayo dichoso! ¡oh muerte que das vida! ¡oh dulce olvido! ¡durase en tu reposo sin ser restituido jamás a aqueste bajo y vil sentido!
Página 120 - Pastor santo, tu grey en este valle hondo, escuro, con soledad y llanto, y tú rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro ! ¿ Los antes bienhadados, y los agora tristes y afligidos, a tus pechos criados, de ti desposeídos, a dó convertirán ya sus sentidos? ¿Qué mirarán los ojos que vieron de tu rostro la hermosura, que no les sea enojos? quien oyó tu dulzura, ¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Página 59 - Virgen que al alto ruego no más humilde sí diste que honesto, en quien los cielos contemplar desean: como terrero puesto, los brazos presos, de los ojos ciego, a cien flechas estoy que me rodean, que en herirme se emplean ; siento el dolor, mas no veo la mano, ni me es dado el huir ni el escudarme; quiera tu soberano Hijo, Madre de amor, por ti librarme.
Página 115 - ¿No ves cuando acontece turbarse el aire todo en el verano? el día se ennegrece, sopla el gallego insano, y sube hasta el cielo el polvo vano. Y entre las nubes mueve su carro Dios ligero y reluciente horrible son conmueve, relumbra fuego ardiente, treme la tierra, humíllase la gente. La lluvia baña el techo, envían largos ríos los collados; su trabajo deshecho, los campos anegados miran los labradores espantados.

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