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25 NOV 1971

BAAR

CAPÍTULO PRIMERO.

APERTURA DE LAS CORTES DE 1820.

I. Noticias biográficas del conde de Toreno desde 1813 á 1820.-II. Ceremonia

de la apertura de las Córtes.-III. Mensaje al Rey.

I.

Cerradas las Cortes extraordinarias, llamadas vulgarmente de Cádiz, no formó parte de las ordinarias, que inmediatamente se reunieron, el conde de Toreno, porque el art. 110 de la Constitucion decia: «Los diputados no podrán volver á ser elegidos, sino mediando otra diputacion. »

Habiendo pasado el Conde á Madrid en Enero de 1814, permaneció en esta capital hasta el 5 de Mayo del mismo año; en cuyo tiempo, llamándole á Astúrias asuntos propios y previendo los desgraciados acontecimientos que al instante sobrevinieron, se retiró á aquella provincia, donde no bien hubo llegado, cuando recibió la nueva de la disolucion de las Cortes ordinarias del año 14, junto con la prision de muchos de sus amigos, de la Regencia, de los ministros y de varios diputados: en vista de lo cual, y del aviso que tuvo de que se le iba á prender, resolvió abandonar á España. Se dirigió á Rivadeo, donde, con el auxilio de su amigo don Pedro Miranda Villamil, se embarcó para Lisboa en un buque portugués. Obligado por la contrariedad de los vientos á recalar en Vivero, pidió caballos á un amigo suyo y marchó por tierra á Lisboa, adonde, no sin alguna dificultad, llegó por fin á mediados de Junio. Esperando á ver cómo se desarrollaban en España los sucesos, se detuvo Toreno

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algunos dias sin decidirse á abandonar la Península; pero sabiendo que sin riesgo no podia permanecer más tiempo en ella, se embarcó para Lóndres el 1.° de Julio siguiente.

El gobierno portugués le buscó por todas partes; y no pudiendo encontrarle, descargó su persecucion contra todos los españoles que presumió habian tenido con Toreno relaciones de cualquiera clase. Tal fué entre estos D. José de Esquiaga, comerciante establecido en Lisboa, á quien obligó á abandonar su casa; descendiendo su encono hasta el punto de desterrar a un desdichado sastre que, sin conocerle, habia prestado al Conde, por su dinero, los servicios propios de su oficio.

Llegó á Lóndres como primer emigrado español, víctima de la insensata reaccion del año 14, aquel que primero arribó tambien en 1808, comisionado por Astúrias, en compañía de D. Andrés Angel de la Vega, á fin de solicitar del gobierno inglés auxilios para defender de las huestes de Napoleon, la independencia de la patria y el trono de Fernando VII. Así los sucesos hacen resaltar en la historia las contrariedades de la vida, la injusticia de los hombres y los más originales y curiosos contrastes que nacen de la política.

Permaneció Toreno en aquella capital hasta el mes de Diciembre, en que fué á París, afligido siempre con las desgracias de su patria, pero íntimamente convencido de que serian pasajeras; pues ni el sentimiento de la libertad podria ser ya destruido, ni existirian medios más seguros de lograr la restauracion nacional, que la ineptitud de los que gobernaban y los atentados cometidos: El desembarco de Napoleon en Francia le obligó á volverse á Londres, sin aguardar á que llegase á París. Una vez en la capital de la Gran Bretaña, recibió la noticia de haber sido sentenciado á muerte sin más calificacion ó expresion de causa que por lo

que resultaba del proceso, que no era otra cosa sino el cumplimiento de su deber como diputado en las Cortes exmo el proceso mismo: sin citacion, sin descargo, sin defensa, sin ninguno de los trámites que el derecho prescribe; la arbitrariedad, la injusticia, la trasgresion de todas las leyes, fué lo único que aparecia en esta causa, así como en las de todos los que entonces fueron perseguidos.

Decidida en Waterloo la suerte de Bonaparte y restituido segunda vez á su trono Luis XVIII, volvió Toreno á Francia á principios de Agosto de 1815, obligado por las circunstancias tristes de su situacion, y creyendo que su calidad de extranjero y su prudente conducta, bastaban á asegurarle, en época tan tempestuosa, contra los tiros que pu-. dieran asestarle la malignidad y la intriga.

A este tiempo el general D. Juan Diaz Porlier, cuñado del Conde, militar distinguido por sus eminentes servicios en la guerra de la Independencia, alzó en la Coruña el grito á favor de la Constitucion y se apoderó de aquella plaza. La tentativa fué infructuosa, y terminó con la muerte en un cadalso de su iniciador. Este suceso alarmó, como era natural, en circunstancias tan críticas, al gobierno de Francia. Sospechose que Toreno no ignoraba el proyecto, y la atencion se fijó en él y en los demas liberales españoles, los cuales tenian por enemigo, no solos al partido dominante, sino tambien al vencido y hasta á los agentes del español. En este estado de cosas se ve cuán difícil era evitar la persecucion; así fué que en Abril de 1816, y á pretexto de rumores que se esparcieron sobre- supuestas inteligencias de algunos liberales españoles de Bayona, con otros de Navarra, fué preso el conde de Toreno con todos los de su casa y con su amigo D. José Queipo, el cual, perseguido tambien, siguió á Toreno todo el tiempo de la emigracion. Ocupáronle sus papeles, como asimismo al general Mina, que fué igualmente arrestado. La naturaleza de alguna de las preguntas que se hicieron al Conde en el primero y único interrogatorio á que dió lugar el procedimiento, muestran á la par de su ridiculez la malignidad estúpi

de un plan que se concertaba para acabar con los Borbones de Francia, Nápoles y España: á lo que respondió Toreno, que interesado como ciudadano español en las cosas de su país, sabía muy bien lo que su honor exigia respecto de un gobierno como el francés, que le habia dado acogida en su desgracia, y que ni directa ni indirectamente tenia noticia alguna de lo que se le preguntaba. Que habia defendido con todo esfuerzo, como era notorio, la causa y los derechos de Fernando VII, con una conducta digna de ser imitada. En otra pregunta se indagaba, como en tono de cargo, si no era cierto que concurria con frecuencia á casa del duque de Wellington y del general D. Miguel de Alava: cosa singular, cuando su trato con los dos, y en especial con el primero, que tan eficazmente habia contribuido al restablec miento de los Borbones, parecia que debiera ser en aquellas circuntancias tan favorable á Toreno,

Como quiera que sea, no habiendo resultado cargo alguno contra los arrestados, ni del éxámen de sus papeles, ni de todas las diligencias y averiguaciones de la policía, fueron puestos en libertad al cabo de dos meses, sin la menor prevencion ni apercibimiento. Tal fué el término que tuvo esta persecucion que algunos atribuyeron en parte al embajador Peralada para hacerse lugar en la corte de Madrid, dando por lo menos márgen á esta sospecha la singularidad del interrogatorio. Aunque perseguido, no le faltaron á Toreno amigos muy respetables entre los mismos franceses, que, apreciándole cual merecia, se interesaron por él dándole pruebas muy singulares de afecto y estimacion. Tales fueron, entre otros, M. Térnaux y M. Bernard, Maitre des requêtes, quienes emplearon en favor suyo todo su crédito y valimiento.

Desde entonces continuó el Conde en París, pobre y oscurecido, dedicado al estudio, estimado de muchos hombres ilustres con quienes trabó relaciones, y sin que sus enemigos se atrevieran á inquietarle.

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