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ALOCUCION DEL CONGRESO.

El Congreso á los pueblos de la Nueva Gra

nada.

Teneis ya pueblos de la Nueva Granada, instalado el cuerpo soberano de la nacion por

el cual tanto habeis suspirado. ¡Pero en qué circunstancias y en qué época tan calamitosa ! Cuando los enemigos interiores despedazan el seno de la patria poniendo en movimiendo todas las pasiones incendiarias de que son capaces algunos pueblos bárbaros, que no estan bien penetrados de sus derechos. Cuando los esteriores engreidos con triunfos momentáneos , y que no son debidos á su valor, sino'á un acontecimiento desgraciado, aprovechándose de la suerte infausta de Carácas, y despues de haber teñido en sangre las ruinas que dejó aquel inesperado suceso , combinan tal vez planes sobre la Nueva Granada, y meditan traer á ella la devastacion que han producido por allá. Ellos encallarán seguramente en vues

tro patriotismo y aqui hallaran el castigo de su temeridad. Pero es preciso advertiros de los peligros, preveniros contra la seduccion, y Hamaros en auxilio del Congreso. No es ya esta la causa de vuestros opresores, y por la que hicisteis correr incautamente vuestros tesoros para salvarlos, y para que os forjasen nuevas cadenas. Es la vuestra , la de vuestra libertad, la de vuestros hijos y la de vuestra mas remota posteridad. Y si entonces hicisteis tan grandes sacrificios, hoy no podeis ser indiferentes á la suerte de vuestra única y verdadera patria. Corred pues à inscribiros en la lista de los verdaderos amigos de nuestra causa, de los verdaderos americanos, de los hombres libres que no nacieron para vivir humillados bajo un yugo estrangero y de tantos amos,

haber nacido solo en el otro emisferio se creian de una naturaleza y de un órden superior á vosotros. A vosotros á quien el cielo ha prodigado sus dones, enriqueciéndoos de todos los talentos y disposiciones necesarias para gobernaros y haceros felices à vosotros mismos. Apresuraos á depositar en el seno de

cuantos por

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la patria, parte de lo que ella misma os ha dado, y os va á fructifiar ciento por uno. Veo que privais á vuestros hijos del mas rico patrimonio, si por conservarles nuestra fortuna precaria dejais de adquirirles el don inestimable de la libertad. Ellos mismos os acusarán de injustos y desnaturalizados sino lo hiciereis asi. ¿ Para qué puede servir á un esclavo un tesoro escondido, sino es para vegetar miserablemente, pero sin lograr de ninguno de los verdaderos bienes que pueden hacer amable la vida y la sociedad ? Tampoco es cierto que disfrutareis de esos mismos bienes que tratais de conservar, si el barbaro conquistador viene á visitar vuestras moradas. Todo es poco para su codicia, y él procurará indemnizarse en vuestra fortuna de la que ha perdido en otra parte. Tributos ignominiosos, largas contribuciones os esperan que harán derramar tiernas lágrimas á vuestros hijos para satisfacerlas , encorvados bajo un yugo opresor. ¿ Pues qué? ¿ Habeis olvidado vuestra suerte en 300 años? ¿Habeis visto que se conviertan en vuestro provecho los tesoros inmensos que han

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corrido de la América para no volver jamas ? Una deuda nacional de mil millones de pesos ó muy cerca de ellos, á que alcanza en el dia la de España segun sus papeles públicos, va á caer sobre vosotros. Respirad si podeis bajo de este enorme peso. Haced cuentas imaginarias de lo que os quedará cuando se os cobre hasta por los suspiros que os arranque el dolor. No sereis vosotros los que conforme al mas sagrado derecho de los pueblos, os impondreis vosotros misinos vuestras contribuciones, sino un orgulloso estrangero, un gobierno despótico que os niega toda intervencion en los tenebrosos misterios de su política, á quien no podreis resistir, á quien jamas tendreis derecho de pedir razon de la inversion que ha hecho de vuestros dones, y que jamas los convertirá en provecho vuestro. Pero estos males no pueden alejarse si vuestros esfuerzos generosos no cooperan con los que hoy trabajan por vuestra libertad. Descansad tranquilos en el seno de vuestras familias, y en el reposo que otros no gozan, entregados á los cuidados de vuestra salvacion. Pero no los olvideis en la lucha que

sostienen por vuestra causa. Estended una mano generosa á los defensores de la patria que os dejan gozar de estos ocios, y que tratan de aseguraros esta misma tranquilidad. Pesad si cabe en la justicia, que cuando ellos se sacrifican y nada omiten por vuestra causa , vosotros mireis con indolencia su suerte y sus trabajos. ¿ Dormira tranquilo el pasagero en el barco que va a hacer naufragio, cuando ve que el marinero redobla sus esfuerzos para salvarle del peligro, y asegurarle una existencia que va a perder ? y a lo menos no enjugará el sudor de su frente : no estenderá una mano consoladora

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benéfica para renovar su espiritu , y para no verle desfallecer ? Si hubiese un hijo tan desnaturalizado y tan insensato que viendo lidiar á un padre con una fiera que

lo iba a devorar á él mismo, no le presentase todos los auxilios cuando lo llama en su socorro, creríamos que era un monstruo mas cruel que aquel con quien combatia; pues esta es la imágen del que a la patria desolada y en presa hoy de tigres feroces, no oeurre á prestar todos los auxilios que ella puede necesitar. Pero sino

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