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hombres de los reinos, los nuncios apostólicos y los infantes Don Pedro y Don Juan Manuel. Varios fueron los proyectos que se propusieron en estas Córtes para arreglar las diferencias entre el rey de Aragon y la reina inadre Doña Leonor, los infantes sus hijos y D. Pedro de Egerica; pero todos fracasaron, viniéndose por último al acuerdo de jueces árbitros, que lo serian los infantes Don Pedro y Don Juan Manuel. En 29 de Octubre declararon los infantes árbitros como preliminar, que el rey debia perdonar y absolver á D. Pedro de Egerica

у á sus valedores y vasallos, por cuantos daños y ofensas hubiesen hecho despues de la muerte del rey Don Alonso; que el de Egerica debia hacer lo mismo respecto a los que hubiesen ofendido, y que despues de esta mútua condonacion de ofensas, se devolviesen al rico-hombre, las rentas que tenia secuestradas en Aragon, admitiéndole el rey á su servicio.

En cuanto a las diferencias con la reina Doña Leonor, acordaron los árbitros, se devolviese á la reina la posesion de todas las rentas y lugares que le habia dejado el rey Don Alonso por dote y cámara; pero que la jurisdiccion alta y baja fuese del rey. Al infante Don Juan se le deberian entregar los lugares de Castellon, Burriana y Liria, que el rey Don Alonso le habia dejado en su testamento, ó compensarle con otros. Por último y como término de este negocio, debian salir y salieron de prision D. Bernal, vizconde de Cabrera ; D. Jofre Gilabert de Cruillas, y D. Lope de Gurrea, á quienes D. Pedro de Egerica habia hecho prisioneros durante las pasadas turbulencias. Asi concluyeron por entonces las diferencias entre la familia real, á despecho de Don Pedro, que á todo cedió, por temor, segun parece, á los preparativos guerreros que para pasar á España hacian los reyes africanos de Benamerin, Marruecos y Treincem, que le obligaron á tener Córtes en Valencia.

La reunion convocada el año 1341 en el monasterio de 1341. Poblet, con motivo de las desavenencias del rey con su primo Don Jaime de Mallorca, no llegó á verificarse, ni aunque se

hubiese reunido, mereciera el nombre de Córtes; porque la
convocatoria no fué general a todos los prelados y ricos-hom-
bres, ni menos á los procuradores; pues solo estaban citados
los sindicos de Zaragoza, Barcelona, Valencia y Lérida.

Tampoco deben considerarse como Córtes, las reuniones 1313. particulares que el rey celebró por Diciembre de 1313, en

Teruel, Daroca, Calatayud y Zaragoza, que le concedieron
servicios extraordinarios y gratuitos para la guerra del Rose-
llon; si bien en Zaragoza hubo sus dificultades, pues al prin-
cipio se excusaron los representantes del vecindario, decla-
rando que no le darian ninguna cosa, ni le ayudarian, por ser
libres en su franqueza.

Ya hemos indicado en nuestra reseña histórica, las re-
yertas que surgieron entre el rey Don Pedro y los rei-
nos de Aragon y Valencia, por las órdenes del rey para el re-
conocimiento de la infanta Doña Constanza, como sucesora, y
por

la destitucion del infante Don Jaime, del cargo de gobernador y procurador general de los reinos. Prescindiendo ahora de lo acaecido con este motivo en el reino de Valencia, y ciñéndonos á las desavenencias del rey con la Union arago

nesa, nos ocuparemos, así de los preparativos de las célebres 1347. Cortes de Zaragoza de 1347, como de la legislatura mismia, en

que el rey se vió obligado à reconocer los derechos consigna-
dos en los privilegios de la Union.

Para tratar de concordar a los reinos y al rey, todos con-
venian en la necesidad de reunir las Cortes; pero los conseje-
ros íntimos del monarca, temian que la legislatura se celebrase
en Zaragoza, y aconsejaban se reuniese en cualquier otro pun-
to del reino de Aragon; facultad que ya dejamos dicho le con-
cedia la confirmacion del Privilegio General, hecha por el rey
su padre. Vacilábase no obstante, en si el rey deberia presen-
tarse inmediatamente en Aragon, ó si le convendria acudir
antes al Rosellon, por donde amenazaba sériamente su primo
el rey de Mallorca, con auxilio del francés. Decidiose Don Pe-
dro al último partido, y mandó que los ricos-hombres arago-

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neses le sirviesen en la guerra: creyeron estos ver alguna celada y se negaron á ello. El rey se acercó á los puntos amenazados por el mallorquin, pero dándole mucho cuidado el estado de las cosas en Aragon, determinó convocar las Córtes para el 15 de Agosto en un punto intermedio al teatro de la guerra y Zaragoza, eligiendo á Monzon. Sus parciales recibieron órden de hallarse allí el referido dia con cuantas gentes pudiesen reunir.

Negáronse nuevamente los de la Union á celebrar Córtes fuera del recinto de Zaragoza, y así lo manifestaron al rey, quien al fin accedió, señalando el mismo 15 de Agosto. Pero ya habia preparado anticipadamente una protesta hecha ante testigos el 9 de Junio en Perpiñan, declarando nulo y de ningun valor, cualesquier privilegios ó confirmaciones que se viese obligado á otorgar en Aragon, y las destituciones que le obligasen á ejecutar, de los caballeros y consejeros que te

mia en su casa,

Tales eran las intenciones y estado moral de Don Pedro, cuando se presentó en Zaragoza a celebrar la legislatura. El aspecto que presentaba la ciudad, mas era el de vasto campainento, que el de poblacion, donde tranquila y pacíficamente se iban á ventilar con toda libertad, grandes intereses. La mayoría de los pueblos de Aragon y Zaragoza á la cabeza, estaba allí en armaz. Los ricos-hombres con sus mesnadas en son de guerra, se hallaban divididos entre el rey y los partidarios de la Union: y los infantes Don Fernando y Don Juan habian acudido desde Castilla , en auxilio de la Union, al frente de quinientos caballos, que les habia dado el

rey

Don Alonso. Todos estaban animados de un mismo sentimiento en favor de las pretensiones de la Union, exceptuando los ricoshombres, que desconfiados unos de otros, se miraban con recelo y hasta deseaban venir á las manos.

Llegó el momento de abrirse las Córtes en la iglesia de San Salvador, asistiendo á ellas entre otros personajes, el embajador del rey de Francia y el nuncio de Clemente VI. Observose gran etiqueta en los asienlos; pero al entrar el rey, invadió el pueblo la iglesia, ocupándola toda y sentándose en el suelo, altares, gradas y hasta cornisas. El mismo rey Don Pedro dice en su historia, «que era tanta la gente, que en aquel dia estuvo en la iglesia de San Salvador toda la flor de Aragon.» Desde el principio se comprendió, que así aquella sesion como las posteriores, debian ser muy borrascosas, porque los procuradores de las ciudades y villas pertenecientes á la Union, se negaron á que tomasen asiento los de Teruel, Daroca y Calatayud, cuyas poblaciones no habian querido jurar la Union, mandando el rey se les pusiesen bancos separados.

Subió Don Pedro al púlpito y dirigió á las Córtes un mañoso discurso, en que procuró disculparse de no haber celebrado Córtes en Aragon desde que empezó á reinar, alegando principalmente, las guerras que habia tenido que sostener: que se hallaba animado de los mejores sentimientos, para guardar al reino, sus fueros, privilegios y libertades: dijo respecto a la Union, que era su intencion y voluntad, admitirla y estar con ella; que esperaba no se le exigiesen cosas que no pudiese otorgar, y concluyó haciendo grandes alabanzas de la nacion aragonesa. El obispo de Huesca por los prelados, y el infante Don Jaime por los ricos-hombres, respondieron cortesmente al monarca , guardando significativo silencio las universidades. Así comenzó la legislatura, sin que el primer dia se hiciese otra cosa. Apercibiéronse los de la Union, que el rey conferenciaba y trataba aisladamente con algunos ricos-hombres y caballeros, y acordaron, desconfiando de algunos, que nadie hablase individualmente con el rey, sino todos juntos y en corporacion; y segun el rey escribe en su historia, todos los ricos-hombres guardaron el acuerdo; pero si nos hemos de atener a los resultados, no creemos en la exactitud de su dicho.

Señaló dia Don Pedro para que continuasen las Córtes sus sesiones en el monasterio de los frailes predicadores; y en esecto, el dia señalado, concurrieron todos los de la Union, perfectamente armados y equipados; visto lo cual por el rey, prorogó la sesion al dia siguiente. Esta desconfianza de los de la Union era inspirada por los infantes Don Jaime, Don Fernando y Don Juan, segun manifestó al rey el Justicia Garci Fernandez de Castro; añadiendo, que los infantes decian ser costumbre antigua, que los asistentes a las Córtes fuesen armados. Allanáronse sin embargo á no concurrir de esta manera, pero acordaron que interin se celebrasen las sesiones, hubiese sobre las armas en las inmediaciones del convento, compañías de infanteria y caballería, compuestas de gente de la Union. Con estas precauciones se abrieron las Córtes el dia siguiente: el rey se presentó en ellas, y volvió á jurar, sin ser requerido, los fueros y libertades. Acompañaban al rey, el arzobispo de Tarragona, D. Bernardo de Cabrera y otros caballeros catalanes de su consejo. Esta compañía disgustó generalmente a todos los asistentes, quienes intimaron al monarca abandonasen el salon los acompañantes catalanes; exigiéndole además, destituyese á los consejeros naturales del Rosellon. Mucho se resistió Don Pedro á estas dos demandas, pero al fin tuvo que ceder, y el arzobispo con los demás catalanes, abandonaron el salon, dejando solo al rey.

Comenzóse á tratar de negocios, y la primera peticion de las Córtes fué, que el rey confirmase nuevamente el privilegio de la Union concedido por el rey Don Alonso, donde se man

el rey debia celebrar Córtes generales anualmente en Zaragoza durante la festividad de Todos los Santos; y que estas Cortes debian nombrar tambien anualmente, los consejeros del rey, con todo lo demás comprendido en el referido privilegio, que dejamos inserto en el reinado de Don Alonso. Negóse en un principio el rey á confirmar el privilegio, alegando que estaba ya revocado por prescripcion, et per non usum , no habiéndose hecho uso de él en mas de sesenta años, y ser notablemente perjudicial á la corona. Don Pedro tenia en esto razon, porque al confirmar Don Jaime el Privilegio General, se habia prorogado el plazo de reunir Córtes de dos en dos años, y se dejó al monarca la eleccion del

daba, que

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