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El refran lo dice, y dice la verdad: «Dios los cria у

ellos se juntan.»

Aunque Caballero tenia los ojos muy pequeños, era largo de vista y conoció que al paso que iban las cosas, le quedaba poco tiempo de empleo al bueno de Carlos IV.

Dicho se está con esto que, cuando hallaba á Escoiquiz le saludaba con la mayor finura, y si le hacia el honor de detenerle

para cambiar con él algunas palabras, las de Caballero eran acusaciones contra Godoy.

Era diestro piloto, veia acercarse la tempestad, conocia la aguja de marear y no queria perecer en el naufragio.

Ya hemos visto que salvó á los cómplices del principe en el proceso del Escorial.

-Lo he hecho todo por mi señor el príncipe, dijo á Escoiquiz: algun dia sabrá S. A. quién soy yo, y se convencerá que estoy sirviéndole desde que soy ministro.

-No se echarán en saco roto esos servicios, contestó el canónigo.

Con efecto, apenas abdicó Cárlos Vi, Caballero fué ratificado en su empleo por Fernando VII, y el pueblo le victoreó en Aranjuez.

Bien es verdad que, haciéndole justicia, el pueblo que le conocía, exclamaba al victorearle:

-¡Viva el pícaro Caballero!

Eran ministros y por lo tanto compañeros suyos D. Pedro Ceballos, el P. Gil y Lemus, Soler y Olaguer Feliu.

Todos, escepto Soler y Olaguer, fueron confirmados en sus respectivos puestos. Soler, ministro de Hacienda, fué reemplazado por D. Miguel José de Azanza; y Olaguer, ministro de la Guerra, por D: Gonzalo O‘Farril.

Azanza habia desempeñado el cargo de virey en Méjico. O‘Farril habia mandado una division española en Tos

cana.

Soler, escelente hombre y entendido ministro de Hacienda, fué leal á Godoy y esto le valió su exhoneracion.

Ceballos, que estaba casado con una prima del principe de la Paz, y Gil y Lemus, ministros de Carlos IV, trabajaron de acuerdo con Escoiquiz, Caballero, los duques de San Cárlos y del Infantado y el conde de Montijo, para destronar al padre y colocar en su lugar al hijo.

-¡Bonitos ministros! exclamará el lector.
-Por desgracia han tenido imitadores, respondo yo.

Ellos fueron los que aconsejaron al rey que abdicara, y los que llevando a la presencia del monarca á los jefes de las tropas le hicieron oir por boca de estos que no se creian con medios

para sofocar la insurreccion. Cárlos creyó de buena fé que bastaria su renuncia hecha ya de palabra para conjurar la tormenta que habia estallado en torno suyo; pero los partidarios de su hijo no se contentaron con sus formales promesas, y le exigieron que aquella misma noche firmase su abdicacion.

Entonces pidió el rey que se convocase el Real consejo, o una diputacion al ménos de sus individuos, no para discutir las bases de su abdicacion, si no para extenderla desde luego con las debidas formalidades.

La pretension de Cárlos IV fué desatendida, y este se vió al fin obligado á firmar su renuncia, tal cual se la habian redactado.

Cárlos comprendió la indirecta y abdicó.

V.

Un dia despues de haber declarado solemnemente que era su voluntad tomar el man.lo del ejército y la marina, regalo á los conjurados con no menos solemnidad la siguiente declaracion:

«Como los achaques de que adolezco no me permitan soportar por más tiempo el gran peso del gobierno de mis reinos, y me sea preciso, para reparar mi salud, gozar en un clima más templado de la tranquilidad de la vida privada, he determinado, despues de la más séria deliberacion, abdicar mi corona en mi heredero y mi caro hijo el príncipe de Asturias. Por tanto, es mi real voluntad que sea reconocido y obedecido como rey y señor natural de todos mis reinos y dominios. Y para que este mi real decreto, de libre y expontánea abdicacion, tenga su éxito y su debido cumplimiento, lo comunicareis al Consejo y demás á quien corresponda.-Dado en Aranjuez á 19 de Marzo de 1808.-YO EL REY. »

Acto continuo fué reconocido y declarado Fernando rey de las Españas por su padre.

Terminada la ceremonia, el nuevo monarca se retiró á su cuarto seguido de los ministros, de los grandes que se hallaban de servicio en el Palacio, de los jefes de la guardia y de los demás amigos que le esperaban en las habitaciones inmediatas á la de la consagracion.

Las salvas de aplausos y de vivas extremecieron la real casa, correspondidas desde afuera por la soldadesca y por la gente amotinada.

Aquella misma noche fueron acordados los más de los de

cretos que despues vieron la luz pública, y el primero de todos, como prenda y muestra del sistema que deberia seguirse en el nuevo reinado, la cesacion de ventas de bienes eclesiásticos. Otros de estos decretos, adoptados con el objeto de adular á la plebe, suprimió un arbitrio temporal que durante la

guerra se habia impuesto sobre el vino; otro, con la mira de hacer más popular la nueva córte, mandaba destruir to-dos los animales destinados en los sitios reales à la montería.

VI.

En aquella misma noche se comenzaron á formar las listas de proscritos y á señalar los procesos que debian formarse desde luego. Tambien se dió encargo de buscar á toda prisa, así entre los papeles del principe de la Paz como en las varias oficinas de la guerra y del ejército, cuanto pudiese hallarse relativo al viaje proyectado de los reyes, al llamamiento de las tropas qne se habian hecho retirar de Portugal y Madrid para formar un campamento al Mediodía del reino, y á las disposiciones que se hubiesen dado ó preparado hostiles á la Francia, á fin de presentarlo todo al mismo emperador como una prueba de la censurable conducta de la antigua córte y de los sentimientos fieles y amistosos de la nueva, mandando tambien, para captarse las simpatías de Napoleon, que las tropas regresasen sin tardanza á su anterior destino, y finalmente, no solo se acordaron, sino que extendieron y firmaron los decretos que llamaban al servicio del nuevo monarca á los complicados en la ruidosa causa del Escorial, firmándose tambien las minutas de las cartas por las cuales Cárlos IV, dando cuenta de su abdicacion á

Bonaparte y á los demás monarcas y gobierno de Europa, quedóse más ligado á mantener el nuevo orden de cosas.

El rey, bajo el peso todavía de los sucesos que habian doblado su ánimo en los tres dias antecedentes, y sin constarle todavía lo que se habia tratado aquella noche, firmó todas las cartas que en la mañana del 20 le fueron presentadas por su primer ministro. Despues le mandó que volviese por la noche acompañado de Caballero para arreglar las condiciones con que debia estenderse la escritura de renuncia, y hacer legal, le dijo, lo que antes no lo fuese.

VII.

Cárlos IV hizo buscar un ejemplar de la escritura de renuncia de su abuelo Felipe V, y arreglándose á las disposiciones que aquel acto contenia; concibió el plan de condiciones y mandatos de la suya, en la que se establecian los artículos siguientes:

1. La observancia inviolable de nuestra santa religion católica romana, con exclusion de toda otra en sus Estados у dominios de ambos mundos.

2. La absoluta y rigorosa indivisibilidad é integridad de los mismos Estados y dominios de la monarquía, sin que ni al principe su hijo, ni á ninguno de sus sucesores, fuese nunca libre desmembrarlos, traspasarlos ó cambiarlos voluntariamente de manera alguna.

3. La buena y leal inteligencia con todos los gobiernos con quienes la España se hallaba en paz, y muy especialmente con el imperio francés, procurando siempre mantener la perfecta amistad y alianza contraida entre las dos nacio

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