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CAPITULO XXVI.

Situacion de los negocios.-Segundo ministerio constitucional.- Declaracion

del Congreso de Laybach. - Marcha de los austriacos.-Derrota de los napolitanos.-Entrada en Nápoles el 26 de marzo.-Sesiou en el Congreso con este motivo.—Revolucion en el Piamonte y su término.-Alzamiento de facciones en España.--Hostilidades secretas contra la Constitucion.—Disturbios en la Coruña y Barcelona.--Nueva sociedad secreta.- Trabajos legislativos.Crímenes de conspiracion.--Modo de enjuiciar á los cogidos con las armas en la mano.- Envío de dinero a Roma.-Extincion del cuerpo de Guardias de Corps. -Reemplazo del ejército.-Ley constitutiva del mismo.- Reduccion del diezmo.-Señoríos.- Arreglo de Hacienda.-Instruccion pública.-Cierran las Córtes la segunda legislatura. -Sesion régia.

Abrió la segunda legislatura de las Cortes una nueva época en

la historia que estamos recorriendo, de marcados caractéres, de presentimientos tristes para los que sin el calor de pasiones y partidos, contemplaban el sério y grave compromiso en que estaba empeñado el porvenir de España. Habia sido el año trascurrido desde marzo de 1820, comparativamente de ilusiones, de alegría, de halagüeñas esperanzas. Los liberales tenian fé viva en sus doctrinas, confianza en la solidez de las instituciones, conviccion profunda de que serian inútiles todos los embates de sus enemigos, contra la falange impenetrable de sus apasionados. Si algunas nubes pudieron oscurecer de tiempo en tiempo el horizonte, no habian empañado del tɔdo el resplandor del dia. Bien sabian los hombres de alguna esperiencia , familiarizados con la historia, que no cambian las naciones repentinamente de vida pública, sin, sacudimientos; que no se plantean sistemas de reformas radicales, sin resistencias y porfiadas pugnas; que el espíritu de libertad es de suyo inquieto y bullicioso; que es quimera pretender que los hombres han de usar la palabra y la pluma en todas ocasiones, sin dejar nunca el compás de la prudencia. Confiaban, pues, en el porvenir, aunque á trueque de algunos sinsabores, con la ilusion de que su patria habia sido, en fin, llamada á ocupar el alto puesto que le habia asignado la naturaleza, entre las grandes naciones de la Europa. El año en que hemos entrado vá á rasgar el velo de muchas ilusiones , entristecer muchos ánimos, inspirar temores sérios á los que piensan bien, y gozo feroz á los enemigos jurados de la libertad ilustracion de España. Van estos incansables adalides, á levantar pendones mas pronunciados y animosos; los ardientes apasionados de la libertad, á mostrarse mas turbulentos á fuer do desconfiados; y los hipócritas de todos los partidos que pululan en las revoluciones, a tener la ocasion mas favorable para empuñar armas que no les pertenecen. La Constitucion, materialmente combatida por tantos enemigos, vá á ser atacada en el palenque de la discusion y del raciocinio, en cuya lid perderá para muchos el prestigio, condicion indispensable para hacer á todo código de leyes duradero. Serán frecuentes los alborotos, alternativas las derrotas y los triunfos, interminable el clamoreo, no demasiado infrecuentes los escesos, siendo muy corto el número de las provincias en que no se vean escenas de conflictos. Por fortuna, pues no ha sido este el motivo que ha guiado nuestra pluma, nos vemos sin el compromiso de entrar en desagradables pormenores; ni seria fácil describir con interés acontecimientos uniformes, sin causa conocida , muchas veces sin resultados importantes, sin los grandes y marcados rasgos que ocupan tan dignamente á la musa de la historia.

Conformándose el Rey con la propuesta del consejo de Estado, nombró el 4 de marzo el nuevo ministerio, compuesto de Don Eusebio Bardají y Azara, para Estado (lo habia sido ya en tiempo de la Regencia); D. Mateo Valdemoro (de la junta consultiva) para Gobernacion de la Península; D. Ramon Feliu (exdiputado de las constituyentes) para Ultramar; D. Vicente Cano y Manuel, para Gracia y Justicia; D. Antonio Barata, para Ha

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cienda ; D. Tomás Moreno, teniente general, para Guerra; y Don Francisco de Paula Escudero, para Marina. Todas eran personas muy recomendables, ventajosamente conocidas por sus antecedentes, con opinion de liberales y patriotas. No los acogió el público con desagrado, y sinó tenian los compromisos de los antecesores , ni podian estar tan identificados como ellos con las leyes fundamentales, de cuya ejecucion se hallaban encargados, se creyó por algunos, que no siendo para el Rey objetos de tan injustos ódios, se templaria su animosidad contra la misma Constitucion, que confundia tal vez con sus personas; mas no era la via de la suavidad, de la indulgencia, de la persuasion, la que podia conducir á este objeto deseado. Poco a poco se iban cerrando los caminos trazados por la ley, para atender a la conservacion de la ley misma.

Fué recibido por las Cortes el nombramiento del nuevo ministerio sin muestras de gran satisfaccion, mas tampoco con visible desagrado. La exoneracion del anterior habia dejado muy hondas impresiones, para que fuesc aquel, objeto de muchas simpatías. Sin mostrar á pesar de esto que daban demasiada atencion á un cambio de tal naturaleza, continuaron el curso natural de los negocios, unos nuevos, otros que ya partian de la anterior legislatura. Mas antes de entrar en el corto análisis de sus trabajos, pasaremos á objetos que llaman mas nuestra atencion en las actuales circunstancias.

En Troppau primero, y en Laibach despues, se habia decretado, como ya hemos dicho, la destruccion á mano armada de la Constitucion de Nápoles, á menos que la nacion no la aboliese voluntariamente por sí misma. El Rey de aquel pais se hallaba en el seno de los plenipotenciarios, protestando contra la violencia que se le habia hecho: gobernaba el reino en su ausencia el duque de Calábria, que parecia muy decidido á favor de la Constitucion, y gozaba gran popularidad entre los mas ardientes liberales. Se presentaba el pais, sobre todo la capital, muy animosa , en medio de la tormenta que rugia de lejos; se pronunciaron en la asamblea nacional discursos elocuentes, protestando contra las pretensiones odiosas de la Santa Alianza; se hi

cieron preparativos de defensa; se alistaron tropas, que tomaron entusiasmadas la direccion de la frontera. No seguian por esto los austriacos, menos impávidos su marcha : el designio era fijo: inevitable el tiro, contra los napolitanos liberales asestado. En 15 de febrero se habia publicado en Viena la declaracion del Congreso de Laibach; era la trompeta del ángel de la muerte. No hay que analizar este documento de muy largas dimensiones; pocos argumentos eran necesarios, cuando se iban á apoyar en el irresistible de las bayonetas. El derecho del mas fuerte!

Los austriacos llegaron al fin al Garellano; los napolitanos aparecian firmes en sus resoluciones. Se aguardaba á todos los momentos un conflicto; no sabemos si merece verdaderamente este nombre, el que se trabó al fin entre los austriacos y napolitanos. Arrollaron la disciplina y táctica de los primeros, al desórden y falta de esperiencia que caracterizaba á los segundos; lo mismo sucede, siempre que en campo raso se dan choques entre tropas tan diversas. Sin embargo; la derrota de los napolitanos fue tan pronta, y tan completa su dispersion al verse al frente del ejército invasor, que se puede achacar á mas faltas que la del saber y disciplina. Sin encontrar embarazos en su marcha, avanzaron los austriacos. El 26 de marzo entraron en Nápoles donde quedó derribado el sistema constitucional, apelando a la fuga los principales promotores, que no pudieron ser cogidos.

Causó este suceso una impresion dolorosa en la Peninsula. Se achacó á traicion, á cobardía de los gefes, á inteligencias que los austriacos tenian en su campo, á soborno de las tropas constitucionales, á mil causas. ¿Quién ignora los infinitos elementos de desórden que en semejantes ejércitos, apresurada y revolucionariamente organizados, se aglomeran? Cualquiera cosa, los desordena y acaba con su fuerza moral, que es la ruina de la física. Ya veremos en nuestra España ejemplos mas funestos de una verdad, que confirma la esperiencia de los siglos..

En la sesion de 8 de abril, se comunicó á las Cortes por el gobierno la noticia. Hé aquí lo que el ministro de la Gobernacion de la Península dijo con este motivo. «S. M. no cree que deben mirarse como de la mayor importancia los últimos sucesos de

Nápoles, y que aunque las circunstancias no son iguales, para consolidar la obra de nuestra libertad, manda sin embargo, que los ministros velen muy particularmente, por si los enemigos del sistema tratan de alterar la tranquilidad pública , proponiendo á las Cortes lo que por sí no puedan resolver; que compadece la situacion del rey dglas Dos Sicilias, porque rodeado de un ejército estranjero, no podrá menos de llevar a sus pueblos las calamidades que llorarán en su persona; que la opresion y las consecuencias necesarias de la invasion estranjera, no son medios para que los reyes obren con libertad, ni para que aseguren á sus súbditos lo que estos pueden exigir; que conoce cuán funesto puede ser , no solo para los pueblos sino para los mismos príncipes, la desgracia de aparecer con poca delicadeza en la observancia de sus palabras y juramentos; y que por este motivo se complace en decir nuevamente por mi conducto, que cada vez está mas resuelto a guardar y hacer guardar la Constitucion, con la que mira identificados su trono y su persona. "

El presidente respondió, que las Córtes no podian menos de complacerse en la manifestacion que S. N. habia hecho con este motivo de sus sentimientos, y esperaban de los señores ministros, que tomarian todas las medidas que estuviesen en sus facultades, proponiendo á las Córtes las que no lo estuviesen, no solo para sostener en todo tiempo la libertad de la nacion, sino para consolidar mas y mas el sistema constitucional. »

Se presentaron las palabras del Rey con un aire de sinceridad, que sedujo por el pronto a los que pasaban por mas incrédulos y desconfiados. El Sr. Moreno Guerra manifestó, que enmedio del dolor que habia causado á sú corazon el estado de seis millones de habitantes que reclamaban su libertad, habia tenido mucha satisfaccion en oir el mensage de S. M. , por el cual se veia la union del Rey constitucional de España con el pueblo; que no habia espresion en él, que no fuese digna de 'es. cribirse en los mármoles y en los bronces; que S. M. aparecia como un verdadero español; y llamando la atencion del Congreso para saber como habia sucedido aquella desgracia en Nápoles, dijo, que no veia falta de valor en el pueblo napolita

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