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cargo que no pasaran á efectuar su venta hasta despues de trascurridos los quince dias siguientes al aviso, a fin de que dentro de este término pudiera resolver el Bibliotecario mayor, si convenia ó no comprarlas para la Real Biblioteca, lo que podria ejecutar, ajustándose con los dueños ó vendedores, ó bien por el tanto que ofreciesen otros compradores.

Por auto del Consejo de 15 de Febrero de 1773, y para evitar los perjuicios que se ocasionaban a los autores é impresores de las obras con la entrega de tantos ejemplares gratis, se mandó que no dieran más que uno para el Presidente del Consejo, otro al Ministro juez de imprentas, otro á la Real Biblioteca, otro a la del Escorial, otro al Censor, y el que correspondia con el original en las respectivas Escribanías de Gobierno; pero aun cuando esta medida venía á suavizar un tanto el auto del Juez de imprentas de 10 de Julio de 1713, no debió ser muy fielmente observada, pues por otro auto de 27 de Noviembre del mismo año de 1773, se vió obligado el Consejo á recordar su cumplimiento, dictando nuevas y severas reglas para la ejecucion de aquel precepto.

Expulsados de España los Regulares de la Compañía de Jesus, por decreto fecha en el Pardo á 19 de Enero de 1770 se erigió en lo que habia sido Colegio Imperial de dicha Compañía, y á la sazon se llamaban Reales Estudios de San Isidro de Madrid en Biblioteca pública la que habia en dicho Colegio, pero en tal concepto no se verificó su apertura para el servicio público hasta fines de 1785.

Ultimamente y por Real cédula de D. Carlos IV fecha en Aranjuez á 6 de Mayo de 1804 se establecieron Bibliotecas públicas en los Colegios de cirugia.

La Biblioteca Real, la más importante sin duda alguna de cuantas á principios del siglo actual tenian el carácter

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de públicas, habia ocupado desde 1712 hasta 1809, una especie de pasadizo que iba desde el antiguo Alcázar al Monasterio de la Encarnacion; pasadizo que se habia salvado del incendio que redujo á cenizas aquella Régia morada; pero habiendo decretado en el último de los citados años José Bonaparte la demolicion de varios edificios, para formar delante del Real Palacio la gran plaza que hoy se llama de Oriente, hallóse comprendida la Biblioteca entre las casas destinadas á desaparecer, y los libros y demás objetos, que se salvaron de la rapacidad de los franceses, fueron á

parar al convento de la Trinidad, actualmente Ministerio de Fomento, y allí permanecian hacinados cuando, en la sesion celebrada por las Córtes ordinarias el 27 de Octubre de 1813, se leia el proyecto, extendido por la Comision de Biblioteca de las Córtes generales y extraordinarias de 1810, cuyo articulado decia así:

«Artículo 1.o En cada capital de provincia, en la Península y Ultramar, se establecerá una Biblioteca pública que tomará su denominacion del nombre de la provincia,

Art. 2.° El establecimiento de estas Bibliotecas no obstará al de otras cualesquiera que las corporaciones ó los particulares quieran instituir, ni á la existencia de las que por fortuna se hayan salvado de los estragos de la presente guerra.

Art. 3.° Las Bibliotecas provinciales estarán bajo la direccion inmediata de sus respectivas Diputaciones de provincia y bajo la proteccion de las Córtes.

Art. 4.° Además de las atenciones que se les asignen por reglamento, y de aquellos precisos artículos de ciencias, literatura y artes que sirven de base á toda Biblioteca sábiamente instituida, será del primitivo instituto de cada una de estas Bibliotecas el reunir las obras impresas y manuscritos de los autores naturales de su provincia, y por punto general todas las que se hubieren impreso, sea cual fuere su autor, en los pueblos de su distrito.

Art. 5.° En cada Biblioteca provincial se hará igualmente

coleccion de aquellos libros más clásicos, nacionales o extranjeros, que traten de cosas de la provincia.

Art. 6.° Toda Biblioteca tendrá asimismo un monetario donde se custodiarán ejemplares de las monedas y medallas que se hubieren acuñado en alguno de los pueblos de su provincia, ó sean referentes á sucesos de que haya ésta sido teatro, ó por cualquiera respecto correspondan á la provincia ó á sus naturales.

Art. 7.° De las monedas ó medallas de que no se pudieren adquirir ejemplares, se procurará tener copias, de las cuales se hará coleccion, como tambien y en iguales térininos de las inscripciones antiguas y modernas.

Art. 8.' Para el régimen interior y gobierno económico de las Bibliotecas provinciales formará la Diputacion de cada provincia un reglamento, que elevará a las Córtes por medio del Gobierno, para que en su vista, y oido el dictámen de la Comision general de estudios, se adopte el reglamento que fuere inás adaptable á todas.

Art. 9." Cuando cualquiera de estas Bibliotecas tuviere ya usual y clasificado en órden de bibliografía cualquier caudal de libros impresos ó manuscritos, publicará el catálogo de ellos, de que pasará ejemplar a la Biblioteca Nacional y demás de provincia para su gobierno é inteligencia de los amantes de las letras, repitiendo esta operacion siempre que la Diputacion provincial lo crea conveniente.

Art. 10. Para enriquecer el fondo literario de las Bibliote. cas á las menores expensas de las provincias, los impresores y estampadores de cualquiera de los pueblos de su jurisdiccion entregarán en la respectiva Biblioteca, por medio del Jefe político, ó en su defecto del Alcalde constitucional, un ejemplar de todo impreso ij grabado, cualquiera que sea su tamaño o volúmen.

Art. 11. La Biblioteca de las Córtes, sobre las atribuciones especiales que la están asignadas como Biblioteca del Congreso Nacional, resumirá la de todas las provinciales con el carácter de Biblioteca Nacional española de Córtes.

Art. 12. En consecuencia será instituto de la Biblioteca Nacional española de Córtes, el reunir todas las obras impresas, estampadas y manuscritos de autores españoles, las obras es

critas en español; sus dialectos é idiomas provinciales, las que se hubieren impreso en alguno de los pueblos de la Monarquía española, y generalmente aquellos libros más clásicos que traten de cosas de España.

Art. 13. En el propio concepto de obras españolas se tendrán, por lo que han conducido al esplendor y progreso de las letras, las obras escritas de mano de los calígrafos ó pendolistas españoles, prescindiendo de su contexto y atendiendo solamente á lo material y primoroso de la escritura.

Art. 14. Lo mismo que se ha establecido en el artículo anterior respecto a las obras de caligrafía española, se entenderá de las de calcografía, por lo que han contribuido al adelantamiento de las ciencias. Haráse, pues, coleccion de todos los grabados de artistas españoles, y considerados como los manuscritos respecto de los impresos, aun de aquellos trabajos de pluma ó lápiz, preparados para el tórculo, háyanse ó no alguna vez estampado.

Art. 15. El monetario de la Biblioteca Nacional abrazará todos los objetos que respectivamente quedan señalados á los de las Bibliotecas provinciales.

Art. 16. La Biblioteca Nacional proporcionará á las de provincia aquellos ejemplares de obras impresas que tuviere duplicados y necesitaren las demás para completar su catálogo, con proporcion a la necesidad que haya en cada provincia.

Art. 17. Para afianzar más la conservacion de los manuscritos y que más contribuyan al comun aprovechamiento é ilustracion, la Biblioteca Nacional franqueará copia de sus códices á cualquiera Biblioteca que lo solicitare.

Art. 18. Cualquiera artículo de que careciere la Biblioteca Nacional española para el completo de sus atenciones, existiendo en alguna de las Bibliotecas del Reino, se trasladará á la Nacional, si esta no tuviere otro medio de adquirirle.

Art. 19. Los manuscritos autógrafos, ó las copias más antiguas ó auténticas que se hallaren de las obras españolas, se depositarán en la Biblioteca Nacional.

Art. 20. Lo mismo se entenderá respectivamente de las obras impresas en órden á sus ediciones más antiguas, genuinas y correctas.

Art. 21. Estará respectivamente al cuidado de los Bibliote

carios y sus dependientes el fijar el catálogo de los escritores nacionales y reunir todas las posibles noticias para ilustracion de la bibliografía española.

Art. 22. No se permitirá bajo ningun título ni pretexto sacar libro, estampa ni manuscrito alguno de las Bibliotecas provinciales.

Art. 23. Tampoco se podrá sacar libro, estampa ni manuscrito alguno de la Biblioteca Nacional de Córtes, si ya no fuere para el especial uso del mismo Congreso.

Art. 24. Cuando alguna de las Comisiones de las Córtes necesitare hacer uso en la sala de sus sesiones de algun libro, estampa ó papel de los que se custodian en la Biblioteca, el Bibliotecario le deberá franquear bajo recibo del Presidente de la misma Comision.»

Si al primer Monarca de la dinastia de Borbon en España cupo la honra de iniciar en la práctica la idea de las Bibliotecas públicas con la Real Biblioteca establecida en su propio Palacio, á las primeras Córtes generales y extraordinarias de la Nacion Española, en el presente siglo cupo tambien la gloria de haber intentado desarrollar, por la manera que revelan los artículos copiados, aquel nobilísimo pensamiento, tomando por base la existencia de una gran Biblioteca Nacional de Córtes, establecida en la propia residencia ó morada de las mismas; sin que en una obra de la indole de la presente deba omitirse tampoco el recuerdo de la Biblioteca del Instituto de Gijon, fundada por el ilustre Jovellanos en 1794, y enriquecida despues en 1811 con la particular de aquel eminente patricio, que fué asimismo uno de los más esclarecidos fundadores del moderno régimen representativo español.

En las sesiones públicas de 7 y 8 de Noviembre de 1813 fueron aprobados todos los artículos del proyecto tal y como los habia presentado la Comision, sin más excepcion que

la de sustituir en el art. 1.° á las palabras «en la

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