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sobre una verdadera anomalía, un peligro evidente de choque entre los dos poderes. Pues aunque se colocáran en los bancos ministeriales Argüelles y otros diputados de talento y de prestigio, la falanje con que tenian que combatir era formidable y turbulenta, y lo que le faltaba de esperiencia y de tacto parlamentario, lo suplia la fogosidad, una palabra fácil en algunos, y en todos la resolucion y la constancia en no perdonar medio para deshacerse de los nuevos ministros y arrebatarles el poder. La comunicacion de su nombramiento en la primera sesion (1.° de marzo) fué recibida ya con visible desagrado.

Muy poco, pues, tardó en romperse el fuego entre la oposicion y el gobierno, antes que hubiese actos de éste que poder juzgar. Túvose por de mal agüero la salida del rey con su familia el 6 al real sitio de Aranjuez, porque se observaba que la ausencia de la córte era siempre presagio de alguna mala nueva. Así fué que en la sesion de aquel mismo dia trabóse dispula sobre el órden en que los ministros habian de leer la Memoria que cadı uno llevaba redactada sobre el estado de su ramo, opinando unos que fuesen

por el órden de las secretarías, otros que

indistintamente. El de la Gobernacion manifestó que no habiendo ley alguna que lo determinase, no tenian obligacion de atenerse á la práctica, y procedió a leer la suya el ministro de Morina, en razon á tener que acompañar al l'ey aquella tarde. Bastó este fútil pretesto para que

acto continuo se presentára una proposicion, que apoyó el señor Isturiz, concebida en estos términos: «Pe» dimos á las Córtes que manifiesten el alto desagrado » con que han visto la conducta del ministro de la Gobernacion de la Península en la discusion sobre el ór> den de leer las Memorias del ministerio. Por solos dos votos no fué tomada en consideracion, y en seguida se aprobó otra del señor Alava, reducida á que las Memorias de los secretarios del Despacho se leyesen por el orden con que éstos estaban designados en la Constitucion, y que si por un acaecimiento imprevisto no pudiese observarse precisamente este órden, se autorizase al presidente para que señalase la que debia leerse.

La admision del señor Escobedo produjo tambien largo altercado en la sesion del 7. Era Escobedo aquel jefe político de Sevilla desobediente á las órdenes del gobierno, y como tál sometido á una causa por su conducta con arreglo al acuerdo de las Córtes extraordinarias de 24 de diciembre último. Discutióse mucho sobre su aptitud legal, y por último se aprobó una proposicion del señor Oliver, para que declarasen las Córtes que aprobados los poderes de Escobedo entrase á jurar, sin perjuicio de lo que determinase el tribunal de Córtes.

Suscitó mayor debate en la misma sesion un oficio que leyó el ministro de Gracia y Justicia, participando que S, M. no habia tenido á bien sancionar la

ley de 7 de junio de 1821 sobre señorios, y la devolvia con la fórmula de: «Vuelva a las Cortes. Y al propio tiempo presentaba un nuevo proyecto de ley sobre la misma materia. Desagradable sensacion hizo lo uno y lo otro en la mayoría del Congreso, y vigorosamente lo combatió el señor Adan como atentatorio á las facultades de las Córtes, diciendo que jamás en la historia de las naciones libres se habia visto devolverse á los cuerpos deliberantes una ley negando la sancion, y presentando al mismo tiempo otra ley el poder ejecutivo, como si aquellos no estuvieran facultados para devolver la misma, segunda y tercera vez, á la sancion. Hiciéronse con este motivo diferentes proposiciones, acordándose por último que quedára sobre la mesa para resolver dentro de cuatro dias.

En la misma sesion hizo el diputado Canga Argüelles la siguiente proposicion. «Que las Córtes declaren que se examinen como más urgentes los asuntos que siguen: 1.° El arreglo de la Hacienda nacional, al cual está unido el de la dotacion del clero; 2.• La investigacion de las causas interiores y esteriores de la situacion política de la nacion, y los medios mas convenientes para asegurar la tranquilidad del Estado; 3.° El conocimiento radical de la situacion de las provincias ultramarinas, juntamente con las medidas adoptadas por el gobierno sobre este punto, á fin de tomar el partido mas espedito para establecer la tranquilidad en aquellos paises; 4.° Que mientras estos

puntos se discuten renuncien los señores diputados al derecho de hacer nuevas proposiciones; que el tiempo que deben durar las sesiones no se limite precisamente á las cuatro horas que previene el reglamento.» Declaráronse en efecto urgentes todos estos puntos, agregándoseles la formacion de las ordenanzas del ejército, y retirando el señor Canga el relativo al exámen de la situacion política del reino, por haber ya sobre ello otra proposicion pendiente.

Pero todo era escusado, pues lo que buscaba la oposicion no eran negocios urgentes, sino asuntos de censura para el gobierno. Así es que en la sesion del 9 (marzo) se presentó una proposicion suscrita por mas de cuarenta diputados, que decia: «Siendo tan » funestas las turbulencias que se advierten en las pro> vincias, y las reacciones contra el sistema constitu» cional, seguidas de procedimientos y persecuciones » contra patriotas beneméritos, piden á las Cortes los o diputados que suscriben se sirvan resolver: que los ► señores secretarios de la Gobernacion de la Penínsu »la, Guerra, y Gracia y Justicia se presenten en las » Córtes á dar cuenta al Congreso del origen de tales » procedimientos, y providencias que hayan dado en osu razon.» Apoyada y admitida á discusion, se acordó que los ministros se presentasen aquella misma noche en el Congreso. Hicieronlo así, y hubieron de responder á una lluvia de preguntas, observaciones, inculpaciones y cargos, que los diputados unos tras

otros les hacian; pero lejos de versar sobre puntos determinados y concretos, abarcaban vagas generalidades, á las cuales los ministros, hombres de talento que eran, respondian fácil y satisfactoriamente, aprovechándose hábilmente de la poca práctica parlamentaria de sus adversarios. Cuatro horas duró aquella especie de exámen en preguntas y respuestas ("), concluyendo la sesion con las siguientes palabras del presidente: «Las Córtes se han enterado por los señores secreta»rios del Despacho del estado en que se encuentra la » nacion, cuyos informes tendrá presente la comision, » para proponer á las Córtes lo que estime conveniente, » y éstas entretanto esperan que el gobierno tomará » las medidas necesarias para calmar la agitacion pú» blica, y para aliviar la suerte de algunos patriotas que gimen bajo el peso de la arbitrariedad.»

Habiendo fallado á la oposicion aquella tentativa, buscó otro camino para quebrantar al gobierno, pre

(1). «No bien se presentaron riguando que sabian do él los los ministros, dice un diputado de ministros. Empezaron en las galeaquellas Córtes, cuando empeza- rías á fastidiarse los amigos de rou los diputados a hacerles pre- preguntantes, y con el fastidio guntas sobre la situacion de las iba mezclado el coraje al ver en provincias de donde ellos venian, los de la opinion opuesta sonrisas y aun sobre la de ciertos lugares, de satisfaccion y desprecio. Envaque por lo comun eran los del lentonáronse los ministros con nacimiento ó de la residencia del ver tan flaco al enemigo que los interrogante. Quién preguntaba de acometía, de suerte que llegó Barcelona; quién de Orihuela; Moscoso (el ministro de la Gober. quién de Lucena. Repitiéndose nacion), al bacerle una pregunta este preguntar, y no queriendo sobre la situacion de cierta ciudiputado alguno quedarse igno- dad, á responder en tono de plárado ó dejar de dar satisfaccion á cido insulto, que no tenia novedad su pueblo, le sacaba á plaza, ave. en su salud.»

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