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más actos de los hombres malvados contrarios á la santa fe.

Fué tratando el Concilio de todos los extremos incluidos en el discurso escrito del rey, ocupándose el cánon I de los desgraciados judíos. Para apartarlos de su creencia, no solo se ponen en vigor todas las leyes dadas anteriormente contra ellos, sino que se tienta su codicia , declarando a los que se convirtieren, libres de todas las cargas y tributos que como tales judíos pagaban al fisco, equiparándolos á los demás ingénuos. El cánon II se ocupa de los que sacrificaban a los ídolos; teniendo por idólatras á los que veneraban las piedras, encendian hachas, tributaban culto á las fuentes ó árboles y se hacian agoreros ó encantadores: manda que todos los obispos, presbíteros y jueces de causas civiles pongan el mayor esmero en averiguar el sitio en donde se cometan estos sacrilegios; y si alguno en defensa de los idólatras se opusiese á los sacerdotes ó jueces, de modo que no pudiesen corregir como debian, ni extirpar cual convenia los sacrilegios; y por el contrario no se uniese á los inquisidores, vengadores ó extirpadores de maldad tan grave, fuese anatema ante la indivisible Trinidad; y además si era persona noble, pagase tres libras de oro al sacratísimo fisco; si inferior, recibiese cien azotes; fuese afrentosamente decalvado y sufriese la confiscacion de la mitad de sus bienes. Trata el cánon III de los sodomitas, y si alguno de estos fuere obispo, presbítero ó diácono, prívesele del grado de su honor propio y condénesele á destierro perpétuo; y si fuere de cualquier otro órden ó grado quien se hallare envuelto en este pecado, sufrirá el rigor de aquella ley que se promulgó en contra de los tales (la castracion), quedando además separado del número de los cristianos, y despues de aplicarle cien azotes y decalvarle afrentosamente, salga desterrado para siempre.

Los demás cánones hasta el VIII tratan de asuntos de disciplina. Háblase en este de la defensa de la régia prole, mandando

que todos respeten á los hijos del rey, que nadie los mate con espada ni de otra ninguna manera ; que no se de consejo ó preste ayuda para derribarlos injustamente ó privarlos de sus cosas, ni nadie se atreva a imprimirles el sello de tonsura injusta: mucho se acordaba Egica de la intriga de Wamba. En este mismo cánon se prescribe, que en todas las iglesias se digan misas y se hagan plegarias diarias por el rey, exceptuando el dia de la Pasion del Señor. Esta disposicion se fundó en la epístola I de San Pablo á Timoteo. El dia de la Pasion es el Viernes Santo, en que no se celebran misas, pues aunque el Papa San Inocencio hizo extensiva esta prohibicion al Sábado Santo, actualmente se celebra misa solemne en este dia, misa que mas bien pertenece a la noche de la resurreccion, porque en la colecta se lee: «Deus qui hanc sacratissimam noctem gloriæ dominicæ resurrectionis illuminas.»

El cánon IX contiene la sentencia contra el obispo Sisberto. Ocupó este la silla Toledana despues de la muerte de San Julian, y parece que perteneciendo á una de las principales familias godas, conspiró para matar á Egica y sus hijos, y elevar al trono á alguno de sus parientes. Acúsale tambien Garibay de haberse atrevido á usar la casulla celestial

que

la Vírgen María vistió á San Ildefonso: el Concilio le degradó, excomulgó y condenó á perpétuo destierro y confiscacion total de bienes, reemplazándole con San Félix, arzobispo de Sevilla, y á este con Faustino, arzobispo de Braga. Se observa que en este cánon se da á los reyes el nombre de Cristos ó ungidos de Dios.

El X es de bastante importancia, y está dado en contra de los que profanan sus juramentos: así pues, el que faltare á la fe jurada al principe, ó tratare de perjudicar á la nacion y á la patria, quedaba privado con toda su posteridad de las dignidades palatinas, y era perpétuamente siervo del fisco. Se reconoce sin embargo la prerogativa ámplia, sin condicion ni restricciones, del derecho de gracia en el príncipe hasta para las penas canónicas. Pero si bien la primera parte del cánon trata de los deberes de los súbditos para con el rey, la nacion y la patria, la última se ocupa del deber en que está el mo

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narca de cumplir todas las constituciones de los Concilios; y si él ó alguno de sus sucesores no quisiera guardarlas ó cumplirlas, perezca para siempre toda su generacion, y carezca además por juicio divino de todas las cosas, y en el siglo, del honor presente; y por juicio de Cristo vaya a parar al infierno con el diablo y con sus sócios. Concluye el cánon con la ley X del Exordio del Fuero Juzgo, repetida hasta tres veces.

El rey sancionó todo lo dispuesto por el Concilio, y como á causa de una peste que los Padres llaman inguinal, no habian podido concurrir á él los obispos de la Narbonense, mando se reuniesen todos los sufragáneos de aquel metropolitano en la misma Narbona, y que despues de leidas las actas, firmasen por su órden los capítulos del Concilio.

El último Toledano se celebró el 9 de Noviembre de 694. No se sabe á punto fijo cuántos obispos concurrieron a él, aunque se supone fuesen lo menos sesenta y uno, sin los de la Narbonense, ni si asistieron palatinos, porque las suscriciones no han llegado hasta nosotros. Garibay supone que en el reinado de Witiza se reunió otro Concilio en Toledo; pero los expositores no consideran celebrados en esta ciudad mas que los diez y siete, entre los cuales el último es el actual. Siguiendo la costumbre que hemos visto en los anteriores sinodos, presentóse el rey Egica y entregó el pliego en que estaban incluidos los puntos de que deseaba se ocupase el Concilio. Manifestó en primer lugar, hablando de los judíos, «que por clara confesion de ellos mismos, habia sabido sin género alguno de duda, que de poco tiempo á aquella parte habian consultado á los otros hebreos que habitaban en las regiones ultramarinas, para que se pusiesen de acuerdo con ellos y en contra de los cristianos, acelerando de este modo el tiempo de su perdicion.» Sabemos además por este mismo discurso,

que Egica habia permitido á los judíos convertidos tuviesen esclavos cristianos, y que la conversion no fuera verdadera sino simulada. Pide remedio contra su perversidad, y lleva el fa

natismo y ódio hasta el punto de decir, que está dispuesto a que todos sean degollados (1). Indica se exceptúe de las medidas de rigor á los judíos de la Galia, por lo despoblada que se halla la provincia, interin no depravasen la santa fe. Exige se castigue á los sacerdotes que se atreven á decir misa de difuntos por personas vivas, y concluye : «encargando á la prudencia de los Padres, fallen los negocios de los pueblos que estos lleven á su audiencia, teniendo presente el temor de Dios; porque toda vez que la multitud de sábios es la que sana al mundo, no debe haber ningun motivo que pueda oponerse á su mente para ejercer la justicia; y ningun favor se sobrepondria para eclipsar la luz de la verdad, debiendo briHar sus fallos por la luz de la equidad, aplicando la justicia debida á los pueblos, de que recibiria una gran merced.»

Ocho cánones se hicieron, observándose en el I, la disposicion de que en los Concilios ulteriores se dediquen los tres primeros dias al ayuno y a tratar del misterio de la Santa Trinidad, de las demás cosas espirituales y correccion de costumbres de los sacerdotes, sin la asistencia de ningun seglar. Este cánon introduce la division de las triples funciones que vemos ejercian los Concilios de esta época. Separa la eclesiástica de las que practicaban como tribunales y legisladores, y niega á los seglares, es decir, á los palatinos, la intervencion y aun asistencia á los acuerdos y discusion sobre puntos de dogma y disciplina. El II manda que al comenzar la cuaresma, se cierren las puertas del bautisterio ; que estén selladas con el anillo del obispo, y que no se abran hasta la celebridad de la cena del Señor, cuando se desnudan los altares; dando la razon de que no conviene que en los dias de Cuaresma se permita la entrada donde no se puede ejercer el misterio debido: sin embargo, en caso de apremiante necesidad, era lícito administrar el bautismo. Las modernas pilas

(1) Aut si placet uniformi vestra sententia, falce inaneant justitiæ desecali,

bautismales se llamaban antiguamente bautisterios, y los griegos las denominaban lugares de iluminacion, porque entonces daban muchas veces al bautismo el nombre de iluminacion. Estos lugares tenian gran capacidad; porque siendo pocos los dias en que se administraba este sacramento, acudian muchos á bautizarse, y generalmente se hacia separando á los hombres de las mujeres, en distintas habitaciones ó cónclaves cerrados. Al prircipio solo hubo bautisterios en las ciudades episcopales; de donde procede, que aun en el dia, el rito de San Ambrosio no permite se haga la bendicion de las pilas la víspera de Pascua y Pentecostés, sino en la iglesia metropolitana, de donde las parroquiales llevan el agua bendita para mezclar con otra.

Manda el cánon III, que en adelante se observe en todas las iglesias de España y de las Galias, que cada pontífice ó sacerdote lave los piés de sus súbditos el dia en que lo hizo Jesucristo, imitando tan santo ejemplo; y el que no lo hiciese, quedase privado por dos meses de la comunion. Esta ceremonia nació de la antiquísima costumbre de lavar los piés á los viajeros, de donde pasó á ser una obra piadosa del cristianismo: muchos creen que el lavatorio tiene virtud espiritual y perdona los pecados. Los emperadores de Oriente celebraban esta ceremonia: en Roma se ejecuta por el Papa con gran ostentacion, y nuestros reyes siguen la misma costumbre el Jueves Santo. Los sirios y griegos la observan lo mismo que los latinos.

Era tal la ignorancia, estupidez y malicia de algunos sacerdotes, que celebraban misa de Requiem, aplicándola á sus enemigos, ó á aquellos por quienes se les mandaba decir, crcyendo que esto bastaba para matarlos. Tan vulgar necedad se castiga en el cánon V, disponiendo que si en adelante algun sacerdote obrase de este modo, sea depuesto del grado de su propio órden, y tanto él como el que le encargare semejante misa, fuesen encerrados perpétuamente, no dándoles la comunion hasta el fin de la vida. A juzgar por los sagrados textos

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