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cesantes impurificados que cobraban asignacion, otra de los pensionados y pensionadas, y otra de las viudas de los empleados. Hecho todo esto con arreglo á modelos, y á prevenciones minuciosas que se les hacian, practicábase todo con un órden, una escrupulosidad, y una uniformidad y concierto hasta entonces desconocidos.

Terminó aquel año con la creacion de ud Quevo Consejo de Estado (28 de diciembre, 1826), del cual eran individuos natos los ministros, reservándose el rey la presidencia, y cuyas atribuciones eran proponerle y consultarle los planes para el arreglo y mejora de todos los ramos de la administracion, en lo civil, en lo militar, en lo económico, en todo lo relativo á marina, industria y comercio, á la conservacion de los derechos de la legitimidad, á los graves negocios de las provincias ultramarinas que se desprendian de la madre patria, á todo en fio lo importante y grave de la gobernacion del reino, que poco tiempo antes habia sido confiado á la real Junta consultiva de gobierno, que con la nueva creacion cesaba, por no tener ya razon de ser. Y este era sin duda el objeto, porque el personal de la Junta ni era ni podia ser del agrado del partido realista exaltado é intolerante, que habia vuelto á predominar desde la salida de Zea Bermudez del ministerio. Aunque st conserva ron en el nuevo Consejo algunos vocales de la Junta, los más fgeron sustituidos por personas y nombres que simbolizaban la intolerancia y el terror (1). Aparte de la significacion política de los más de los nuevos consejeros, que era funesta, el decreto contenia una cláusula recomendable, á saber, la inamovilidad que establecia, prescribiendo que los consejeros no pudiesen ser separados sino por delitos positivos, y gozáran de toda seguridad, «para que esio recelos (decia), temores, ni influjos de ninguna especie, puedan, como deaben hacerlo los vasallos fieles, espresar su dictámen y voto.) Condicion que deseariamos revistieran siempre cuerpos de esta indole.

Hemos seguido paso a paso la marcha de los sucesos de.este año en lo interior del reino. Fáltados dar una ojeada por lo que habia acontecido fuera, é interesaba é influia en la suerte de la peniosula, ya en las provincias españolas de allende los mares, ya en las naciones estranjeras de Europa con que estábamos más en relacion y contacto.

Sabido es, porque lo hemos hecho ya notar, el empeño de Fernando VII. en esta segunda época de su absolutismo, de querer sujetar y reducir á su

(1) Los consejeros nombrados fueron: el Leiva; don Juan Bautista Erro; don José cardenal arzobispo de Toledo; el obispo de Aznares; don Joaquin Peralta; don Pio EliLeon; el padre Fr. Cirilo Alameda; el gene« zalde, y los duques del Infantado y de San ral Castaños; el marqués de Villaverde; el de Cárlos, don Lu María Salazar, Calomarde, la Reunion; el conde de Venadito; don José Ballesteros y Zambrano, como ministros. Garcia de la Torre; don Francisco Ibañez de

obediencia, y mantener o reconquistar las colonias españolas de América, que ó se habian emancipado ya de la metropoli, ó luchaban todavía por alcanzar su independencia, cuya cuestion cometieron las Córtes el error de no acabar de resolver en el último periodo constitucional. Algun tratado de reconocimiento, hecho con más o menos legítimos poderes, llegó á España cuando aquél espiraba, y quedó por lo tanto indeciso. Fernando, que no reconoció nada de lo hecho por las Córtes, negóse tambien á todo pacto ó transaccion con los insurrectos americanos, sip mirar que le faltaban fuerzas y medios para reducirlos, cuando aquellos se habian proclamado ya libres, y establecido las repúblicas de Venezuela y de Colombia, de Chile y del Rio de la Plata, que en Nueva España solo se conservaba por nosotros el castillo de San Juan de Ulúa, y que solo en el vireinato del Perú teníamos un lucido ejército que peleaba gloriosamente, siempre con beróico depuedo, pero no siempre COD próspera fortuna.

Fiaba Fernando en la proteccion de los soberanos de Europa para domar la rebelion americana y recobrar sus antiguas posesiones ultramarinas; pero ademas de la vacilacion de las potencias, por encontradas consideraciones, deteníalos y los paralizaba, dado que táles hubieran sido sus deseos, la politia ca de la Gran Bretaña, cuyas declaraciones y cuya conducta hemos visto y podido juzgar en el capítulo precedente. Al fin el gobierno inglés dió á España el golpe de gracia de tanto tiempo meditado y con que la habia estado amenazando, con la declaracion (4.a de enero, 1825) de que reconocia como potencias independientes varios de los estados desprendidos de la dominacion española, baciendo conocer su resolucion por una nota dirigida a los agentes diplomáticos de todos los gobiernos con quienes estaba en amistad. Lo mismo habian hecho ya los Estados-Unidos, comprendiendo en una general declaracion á todos los que habian proclamado su independencia. En aquel mismo año se vieron los españoles que guarnecian el castillo de San Juan de Ulúa obligados á evacuarle por capitulacion (18 de noviembre, 1825), abandonapdo así el único punto que Espana poscia en el territorio mejicano.

La guerra del Perú era la que se habia sostenido con más empeño y con más gloria de parte de los generales y del ejército español. Fundábanse en ellos grandes esperanzas, y no pocas veces consolaba leer en la Gaceta de Madrid los partes de victorias y triunfos conseguidos allí contra los insurrectos por nuestros leales soldados. Pero faltaban las fuerzas navales y los recursos necesarios para reparar las pérdidas que tambien se sufrian, y para poder alcanzar la conservacion de un imperio tan lejano. En favor de los disidentes del Perú acudió de la república de Venezuela el general Simon Bolivar, acreditado entre los americanos como guerrero, y tambien como politico.

Conocióso esto auxilio en las operaciones de la guerra: en la batalla de Junin alcanzaron los peruanos una considerable ventaja sobre los españoles. Repusiéronse éstos sin embargo, merced á la inteligencia y á los esfuerzos de sus caudillos, entre los cuales sobresalia el valiente, activo y honrado don Gerónimo Valdés. Las cosas parecian ofrecer ya un aspecto favorable á las armas españolas: mas todas las esperanzas vinieron a desvanecerse en la batalla que por el nombre del valle en que se dió es conocida con el de batalla de Ayacucho, en que despues de haber andado vária la fortuna se declaró completamente en favor de los americanos, teniendo que capitular todo el ejército español, obligándose á abandonar aquellas regiones. Infortunios que vinieron á condensar y oscurecer las ya barto negras sombras del calamitoso reinado de Fernando VII.

En Francia, como hemos visto, habia sucedido á Luis XVIII., monarea que a pesar de haber acabado con las libertades españolas babia dado tantos consejos de tolerancia al rey Católico, su hermano Cárlos X., de menos alcances y capacidad, de más fanática devocion, más obstinado, más dado á sostener los privilegios de la nobleza, y por lo mismo más espuesto a perder los de la corona, pero tambien, por aquellas condiciones, más del agrado de Fernando VII., que no se veia importunado con consejos que contrariáran su carácter y las tendencias de su política. Sin embargo de esto, las relaciones entre las cortes de Francia y España no sufrieron alteracion esencial en este periodo.

CAPITULO XXI.

INSURRECCION DE CATALUÑA.

LA GUERRA DE LOS AGRAVIADOS.

1836.-1927.

instalacion del quevo Consejo de Estado. Temeraria invasion de emigrados.- Los ber

manos Bazan.-Su extermigio.-Fusilamientos.-Privilegios á los voluntarios realistas. - Tofluencia leocrática.-Lamentable estado de la enseñanza pública.-La hipocresia erigida en sistema.-Escepcion honrosa. ---Célebre y notable esposicion de don Javier de Burgos al rey.--Electo que produce.--Ascendiente del conde de España en la córle. - Viaje de SS. MM. á los baños de Sacedon.-Sucesos de Portugal.-Muerte de don Juan VI.-Conducta del infante don Miguel.—Renuncia don Pedro la corona en su bija doña Maria de la Gloria.-Otorga una carta constitucional al reino lusitano.- Disgusto y agitacion en los realistas portugueses españoles.—Proteccion de loglaterra á dona Maria de la Gloria.-Manifiesto del monarca español.- Movimientos en España conmotivo de los sucesos de Portugal.-Consejos del gobierno francés á Fernando.-Son desoidos.-Exigencias de los realistas exaltados.-Don Carlos y su esposa.-Los agraviados de Cataluña.-Pederacion de realistas puros.—Se atribuyen maliciosamente los planes de rebelion á los liberales emigrados.-Estalla la primera rebelion realista en Cataluña.-Es sofocada.-Fusilamiento de algunos cabecillas.—Proclamas y papeles que descubren sus planes.-Indullo.-Segunda y más general insurreccion.-Reuniopes de eclesiásticos para promoverla. Junta revolucionaria de Manresa.-Pónese á la cabeza de los sediciosos don Agustin Saperes (a) Caragol. - Alocuciones nolables.-Bandera de los agraviados.-Proclaman la Inquisicion y el exterminio de los liberales.-EL clero calalan.-Levantamiento de Vich.-Cunde la insurreccion en todo el Principado. -Resuelve el rey pasar en persona a Cataluña.-Vá acompañado de Calomarde.-Su alocucion á los catalanes. -Refuerzos de tropas.-El conde de España generai en jafe. -Van siendo vencidos los insurrectos.-Sorpresa grave del conde de España en un convento de Manresa.-Resultados de aquel suceso.-Guida de Jep dels Estanys. Entrada del de España en Vich.-Diálogo notable con aquel prelado.-Derrota de los rebeldes. -Curioso episodio de la célebre realista Josefina Comerford.-Pacificacion de Cataluña. -La reina Amalia es llamada por el rey.-Recibela en Valencia.-Festejos en esta exdad.-Misteriosos y borribles suplicios en Tarragona.-Pasan a Tarragona el rey yia reina - Prision y castigo de Josefioa.-Vá el conde de España á Barcelona.-Evacuan la plaza las tropas francesas.- Trasládanse a Barcelona los reyes. --Cómo son recibidos y tratados.-Primeras medidas del conde de España contra los liberales. --Síntomas de grandes infortunios.

Por suplemento á la Gaceta de Madrid de 17 de enero (1826) se anunció haberse instalado solemnemente el dia anterior el nuevo Consejo de Estado, creado por real decreto de 28 de diciembre último, presidiendo el rey la ceremonia y ocupando la silla del trono, y teniendo á sus lados á los infantes don Cárlos y don Francisco. El duque del Tofantado, como primer secretario de Estado y del Despacho, pronunció un discurso, del cual fueron las más notables las frases siguientes:

«De todas nuestras atenciones ningunas más sagradas que la de ser unos avigías constantes de la seguridad del trono, y la de conservar ilesos los legi«timos derechos que V. M. heredó con la corona de las Españas, evitando que «por persona ni so pretesto alguno sean desconocidos ó menoscabados. Sí; juaramos y prometemos á V. M. que no descansarémos mientras nos conste que «existen enemigos de vuestra soberanía, cualquiera que sea la máscara con aque se disfracen, ó do quiera que se oculten; aun en las cavernas tenebrosas «de su malignidad, allí los descubriremos, y los presentaremos a la innata aclemencia de V. M. Y concluia protestando que el Conssjo llenaria su mision con calma, con prudencia, con la más estricta imparcialidad, y libre de todo espíritu de partido.

Quiso la mala suerte para los liberales, que los primeros que dieran ocasion al gobierno para desplegar nuevamente su fiero rigor contra los que consideraba enemigos de la soberania, fuesen de la clase de los constitucionales emi. grados, que preocupados con una idea, ciegos en su delirio, y desconociendo desde el estranjero las circunstancias y el verdadero espíritu de su país, fas. cinados con la ilusion de que los aguardaban para unirseles á su llegada numerosos partidarios, se lanzaban á temerarias empresas, soñando facilidades y triunfos halagüeños. Tál les sucedió al coronel don Antonio Fernandez Bazan y su hermano don Juan, que con algunos otros jefes y sobre sesenta individuos

que los seguian, desembarcaron una noche en la costa de Alicante (18 á 19 de febrero, 1826), y cercaron al amanecer el pueblo de Guardamar, Muy pronto se abrieron sus ojos al desengaño. En lugar de los numerosos adictos que confiaban habian de levantarse en su favor, echáronseles encima los voluntarios realistas de la comarca, como apsiosos de devorar la presa que se les venia á las manos. Quisieron los invasores reembarcare se, mas como se lo impidiese el contrario viento, buscaron amparo en la áspera y quebrada sierra de Crevillente. Los gobernadores militares de Orihuela, Alicante y Múrcia, todos enviaron fuerzas contra ellos; los realistas

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