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Estendida la dominacion romana por toda la península española, muy pronto se difundió entre nosoltos su cultura, entonces poderosa, é inevitablemente hubimos de recibir los vencidos el idioma del Lacio; que siempre fué la lengua el vehículo y el símbolo de la civilizacion. Mas cuando ya era usual hasta en el pueblo el latin de aquellos tiempos, sobrevino una irrupcion no menos enérgica, que, si no pudo desarraigar de pronto ni las costumbres ni el habla romana, todavía imprimió un semblante nuevo al idioma, hibrido conjunto de voces latinas y maneras godas, que por ventura ha prevalecido hasta el presente, puesto que modificado por las muchas avenidas estrangeras que sucesivamente contribuyeron a enriquecer á aquel sin par idioma, en que habian de causar admiracion á la Europa los Cervantes, Calderones y Quevedos.

Nuevas zozobras, nuevo espanto, nueva y mas sundamental resorma que otra alguna vino á amenazarnos con la invasion árabe, á la cual justo es decir qne debemos la mayor parte de nuestra adelantada ilustracion en los siglos medios, asi como el desarrollo de todas las cualidades caballerescas que constituyeron un dia nuestro carácter, y que todavía se conservan, aunque muy atenuadas, entre noso

tros, como se conserva el aire de familia, ó como se distingue el tipo especial en el rostro de cada nacion y aun de cada territorio.

De la misma manera que el idioma latino, el cual por su difusion vino á llamarse, á poco de la invasion árabe, la lengua de los cristianos, esto es, la lengua nacional, la lengua en que estaba escrita la legislacion ó el Forum Judicum; de la misma manera, decimos, se generalizó entre nosotros el árabe, al cual (como dice el sabio Marina) hubieron de trasladarse hasta los libros santos, que ni aun los sacerdotes entendian, siendo cierto que en el siglo IX no habia sino uno para cada mil que comprendiese el idioma latino, cuando el caldeo era en muchos puntos de España del todo familiar. (1)

No en todos sin embargo. Los alentados españoles que, lejos de someler su cerviz al yugo musulman, fueron á refugiarse en lo mas arriscado de las montañas para preparar desde allí la mas obstinada y vencedora defensa que han presenciado los tiempos, salvaron con nuestra nacionalidad nuestro lenguage. Y no fueron solo las invencibles huestes de Pelayo las que conservaron el depósito del idioma: tambien los aragoneses, reunidos en las asperezas pirenaicas bajo la conducta de Garci-Gimenez (2), preservaron el latin gólico de la destruccion completa que le hubiera cabido si, como en las ciudades florecientes y aun en comarcas en

(!) Alvaro, amigo y biógrafo do S. Eulogio, se lamenta en su Indículo luminoso de que los latinos dejasen por el árabe su propia lengua. £:e irrebatible texto, aducido por Aidrete en el cap. 3. P. 1. de su Origen y principio de la lengua castellana (Roma 1606) y apoyado despues (P. II cap. 14) con muchos autores de gran nola, demuestra que ambos idiomas, el latin' y el árabe, nos fueron del todo vulgares, principalmente el primero.

(2) Recordamos baber visto indicada esta idea, por lo demas muy cbyia, en el famoso y muy apreciable Diálogo de las Lenguas.

teras de España, llegára á hacerse general el idioma de los árabes.

Cuál fuera aquel tosco lenguage, ó qué grado de perfeccion alcanzára, no es fácil decidirlo; pero convienen los doctos en algunos puntos que nosotros agruparemos brevemente. Parece que los godos no fueron poderosos á imponer ni aun á conservar su idioma propio, y tomaron por el contrario la lengua latina aunque en el estado mísero en que ya se hallaba, como que ya venia decayendo desde su mismo siglo de oro. (3) Las pérdidas que diariamente sufria el idioma del Lacio permitian que se infiltrase sin obstáculo tal cual influencia gótica, y de ese mùluo decaimiento, favorecido despues por elementos arábigos, rabínicos y francos, resultó una verdadera é informe fusion , en que sin embargo pret valeció el elemento latino (4); por donde los idiomas de engendrados se llamaron rómanos ó romances, ocasionah entre otros el castellano, que bajo este aspecto bien pode haber nacido en el siglo VIII, si puede llamarse idioma nura vo el que debió de hablarse en aquella época, de lo cual di sentimos nosotros francamente, por mas que lo hayan sostenido, pero sin documentos ni razones de algun peso, los

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(3) Habia, en efecto, un lenguage que llamaban los romanos militar y que ya prescindia algo de la declinacion: Cornelio Tacito se conduele de las pérdidas que habia sufrido la buena latinidad, S. Gerónimo alude alguna vez al decaimiento de la lengua latina, y S. Isidoro llama latin mixto al idioma corrupto originado por las conquistas: en cuanto a la universalidad de este latin en España, la demuestra Berganza de acuerdo (como ya lo hemos dicho) con Aldrete, aduciendo algunas razones y documentos atendibles, y probando que hasta las mugeres, y por consiguiente el pueblo, bian y entendian las escrituras latinas.

(4) Asi como el lenguage actual precede del latin españolizado, asi tambien hubo lenguage bárbaro que era español latinizado, como lo comprueba un documento de regular latin que Berganza vió traducido marginalmente a otra especie de latin macorrónico en que se decia bracaret por amplecteretur, mataret por occideret, ayat usuale lege por sit usus et lež.

eruditos Aldrete, Terreros y Andres (5). De todas suertes aunque fuese idioma vulgar, y aun cortesano al decir de Terreros, no le vemos hasta el siglo XII como lenguage escrito, y por consiguiente no podemos deducir de él sino lo que de este se desprende. Constanos, sí, de su existencia, como quiera que la demuestran las mejores inducciones filológicas, la declaran los mismos documentos latinos que repetidas veces se refieren al idioma que llaman vulgar ( rústico coino D. Alonso el Batallador), y sobre lodo la argüirian con su misma perfeocion relativa los primeros monumentos verdaderamente castellanos.

Pero antes de fijar la época á que estos se refieren, conviene anticipar dos observaciones diplomáticas, á saber, la falibilidad de muchos documentos en órden á su lenguage Ý, fecha, y la abundancia de documentos latinos y absoluta carencia de castellanos hasta los tiempos críticos á que nosotros referimos el uso del castellano escrito.

En cuanto a la primera de estas dos ideas, diremos que ha habido muchas piezas, lalinas en su origen pero verlidas mas o menos pronto al castellano, lo cual puede inducir á fácil error por la aparente conformidad pero verdadera disonancia entre la fecha y el idioma, de lo cual (en

(5) Terreros en su Paleografia, atribuida al P. Burciel, divide nuestra lengua en épocas ó temporadas, y en la segunda, que corre del siglo V al VIII

, supone su nacimiento, asi como en la siguiente hasta el siglo Xi su culfura: Aldrete asienta que de la corrupcion latina nació el idioma vulgar hasta que los árabes vinieron á modificarlo, si bien mas adelante establece al, cap. V de la P. I quo los godos estragaron la lengua romana aunque sin intcoducir la suya: el abate Andrés, ya que no concede al siglo viii los versos compuestos en alabanza de unos caballeros gallegos que vencieron con ramas de higuera á los moros que cobraban, el feudo de las cien doncellas, ni el poema en octavas à la pérdida de España que citó Faria en sus Comentarios á Camoens, supone del siglo XI los poemas del Cid y de Fernan Gonzalez é igualmente los versos del capitao porlugues Gonzalo Hermiguez dirigidos a su esposa Ouroana, como tambien la cultura de nuestra lengua.

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